COMPENDIO DEL CAPÍTULO
62 I NTERVENCIÓN PSICOSOCIAL
En cualquier caso, debemos tener en cuenta que en una gran mayoría de los programas de intervención los resultados afectan a toda la población, incluso cuando la intervención se lleve a cabo sólo sobre unos cuantos elementos de ella. En ese caso, tales elementos deberán ser adecuadamente seleccionados para que el cambio de toda la población diana sea un éxito.
2.5. Ejecución
Durante la ejecución del programa, los sujetos reciben el tratamiento correspondiente. Aunque no corresponde a este capítulo la descripción detallada de lo que es una intervención en sí misma (véase el Capítulo 8), sí pa- rece oportuno señalar algunas cuestiones.
Aunque pueda resultar obvio, una parte importante del éxito en la ejecución del programa va a depender de cómo se haya realizado el diseño. En este apartado queremos resaltar un aspecto que nos parece fundamental: el adecuado compromiso entre la especificidad y la flexibilidad en la implementación del programa. Un pro- grama correctamente diseñado debe permitir a todos los agentes implicados en su desarrollo conocer con cla- ridad cuáles son los objetivos, qué tareas deben realizar, cómo y en qué plazos deben llevarlas a cabo y con qué recursos cuentan para ello.
Por otra parte, a nadie se le escapa que a la hora de llevar las ideas a la práctica siempre surgen situaciones imprevistas que requieren una respuesta adecuada o eficaz para no poner en peligro el desarrollo de la inter- vención. En este sentido, el diseño y la preparación de los agentes implicados en su ejecución se debe realizar con un margen de flexibilidad suficiente como para poder afrontar con éxito ese tipo de situaciones.
Un planteamiento en la línea de esta idea es el de Achúcarro y San Juan (1996), para quienes resulta clave que antes de iniciar el programa se prepare a entrevistadores y animadores o ejecutores teniendo en cuenta: a) la demanda; b) recursos comunitarios; c) el caso objeto de intervención; d) la evaluación inicial; e) los profe- sionales-mediadores, y f) los ajustes en el programa.
Si no somos cuidadosos en el diseño de la intervención podemos encontrarnos con casos como el que se ve- rá en el Capítulo 19, donde la autora nos muestra las consecuencias de un programa inadecuadamente planifi- cado, el Programa La Casa. Una de sus finalidades consistía en la asistencia terapéutica y en la prevención del consumo de sustancias psicoactivas en un contexto comunitario. Al examinar las acciones propuestas para al- canzar los objetivos del programa, se encontró que éstas estaban poco especificadas, que no habían sido des- critas pormenorizadamente y que no se habían organizado de una manera articulada. Como consecuencia, una parte importante de las actividades programadas no alcanzaron los resultados esperados, fueron modificándo- se sobre la marcha e, incluso, desaparecieron.
2.6. Obtención de datos, medida, procesamiento de la información
y establecimiento de los resultados
En esta fase deberemos prever cómo registrar y editar los datos, cómo los codificaremos, cómo los tabulare- mos y cómo los analizaremos. Deberemos tener en cuenta que los datos habrán de ser transcritos a resulta- dos y los resultados habrán de ser relatados a fin de dejarlos establecidos para recogerlos en el informe final. En las siguientes páginas hablaremos de éstas y otras cuestiones, que podemos resumir en el siguiente cua- dro, no sin antes recordar que en el Capítulo 15 hay un amplio epígrafe expresamente dedicado a este tema (véase 3.2.2).
Cada constructo que aparezca en nuestro diseño ha de ser medido. Si vamos a comparar personas sanas con enfermas, ¿cómo definimos sano?; ¿cómo recogeremos esa información? Si deseamos saber la fuerza de atrac- ción de un programa de educación para la salud y creemos que atraerá más a personas con un nivel educativo más alto, ¿cómo mediremos el nivel educativo?
Algunas veces ocurre que las variables parecen sencillas de medir y, sin embargo, plantean problemas inesperados. En un estudio sobre auto-examen de mama en el que interesaba saber si las mujeres que asis- tían al programa habían tenido instrucción previa, se les preguntaba: «¿Les ha enseñado alguien la técnica
del auto-examen de mama, alguna vez antes?» Si la respuesta es SÍ, «¿quién?». Muchas mujeres contesta-
ban «SÍ», pero luego resultaba que sólo habían leído un folleto acerca del tema o se lo había comentado una amiga. Obviamente, estábamos entendiendo cosas diferentes por enseñar. En la búsqueda de las medidas de nuestros constructos o variables, deberemos emparejar las medidas con los objetivos y las cuestiones de la intervención.
Un problema común es decidir cuál es el resultado. El programa puede estar diseñado para cambiar una con- ducta, pero el resultado de interés puede ser un cambio en el estatus de salud. El ejemplo más simple lo tene- mos en los programas de pérdida de peso. Tales programas se centran en algún cambio de conducta, tal como usar una tasa lenta de ingesta, o en algún cambio cognitivo. Su objetivo global es la obtención de una reducción del peso. Pero hay otro resultado: implicar al sujeto en la conducta de comer lentamente, o en pensar de otra forma.
Un ejemplo de otro estilo lo puede representar un programa para incluir el auto examen de mama en muje- res pertenecientes a un grupo de riesgo. La razón para recomendar esta práctica es mejorar la detección precoz del cáncer de mama. La detección del cáncer de mama presenta, sin embargo, varios problemas como resulta- do medible. Un problema importante es que el diagnóstico de cáncer de mama sólo se puede hacer sobre la ba- se de los resultados de la biopsia y nunca sobre la base de la palpación (sea auto-examen o examen clínico). El auto-examen de mama puede encontrar nódulos, espesamientos o cambios en la mama. Por ello el resultado de estatus de salud correcto por el auto-examen es la detección de tales cambios. La detección de cáncer de mama sería una medida inapropiada en este caso.
Deberemos también emparejar las medidas con la población a investigar y preguntarnos si podrán los suje- tos proporcionar toda la información que les vamos a pedir y si hay alguna manera de reducir el esfuerzo, tra- bajo y tiempo que supone contestar cuestionarios demasiado extensos. También hay que emparejar las medidas con el diseño. El diseño nos dirá si las medidas están registrando variables independientes, dependientes o de control. Las preguntas más importantes son: ¿acerca de qué deseamos saber?; ¿deseamos medir el estatus de salud, la conducta, las reacciones psicológicas o cognitivas, o el entorno? Las respuestas sólo las puede dar el equipo de trabajo. El debate que precede a la respuesta es muy importante y nuestro diseño debe realizarse con una idea clara de cuál es la medida dependiente. Dibujar un modelo del diseño con una indicación de lo que