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Ibiá., p 267 18 Ibid., p 270.

y restos transferenciales

17. Ibiá., p 267 18 Ibid., p 270.

Como veremos en el siguiente apartado, implica esto tam bién que los hallazgos producidos en el análisis no redunden en la constitución de u n saber coagulado, sobre todo en los casos en donde la necesaria sepa­ ración entre el saber y la doctrina del analista n o se lleva a cabo.

Restos transferenciales

En u na segunda referencia de "La dirección de la cura..." Lacan afirma que la concepción que u n analista tenga de la transferencia y de la inter­ pretación se vincula directam ente con la dirección de la cura y con las consecuencias del análisis. En dicho texto, Lacan ilustra este punto con un caso de Ernst Kris, habitualm ente conocido como el "Hombre de los sesos frescos'’.

En este apartado nos proponem os explicitar la referencia anterior de Lacan, a partir de u n análisis específico del caso clínico en cuestión, prestando especial atención a los saldos de saber de un tratamiento ante­ rior. El caso del Hombre de los sesos frescos es u n caso privilegiado en la bibliografía analítica no sólo porque ejemplifica las coordenadas de ocurrencia de u n acting out en la cura como respuesta a u n a determ i­ nada intervención del analista, sino porque testim onia asimismo de u n prim er análisis del paciente. En principio no pondrem os aquí el acento en el modo en que Lacan explica la ocurrencia del acting-out, en función: de la intervención de Kris -q u ien niega que el paciente sea u n plagiario (tal como sus tentaciones lo sugerían)-, sino que lo tom arem os desde otro sesgo, esto es, a partir del saber decantado del prim er tratam iento del paciente. Apuntaremos a pensar el modo en que los saldos de saber del tratam iento anterior podrían ubicarse como sostén de la inhibición que el paciente presenta en el m om ento de inicio del tratam iento con Kris y, quizás tam bién, del posterior acting o u t En últim a instancia, este apartado se propone form ular una arista específica del concepto de trans­ ferencia en función de la pregunta por la term inación del tratam iento. Dos fuentes perm iten o bten er datos del p rim er tratam ien to del Hombre de los sesos frescos. Por u n lado, u n artículo de su prim era analista, Melitta Schmideberg, titulado "Inhibición intelectual y tras­ tornos del apetito", quien m enciona al paciente dentro de u n a serie de casos que confirm an la tesis que el artículo sostiene. Por otro lado, el

texto mismo de E. ICris. Cabe considerar ambas referencias de modo sepa­ rado, para luego interrogarlas de modo conjunto.

M. Schmideberg resum e el drama subjetivo del modo siguiente:

"Un p acien te que en la pubertad había robado, e n ocasion es, prin cip al­ m en te dulces y libros, m ás tarde retuvo determ inada in clin a c ió n al plagio. D ado que para él la actividad estaba con ectad a co n robar, el trabajo c ie n ­ tífico c o n el plagio, p u d o elud ir estos im p u lsos reprensibles por m ed io de u n a am plia in h ib ic ió n de sus actividades y esfuerzos in telectuales."19

La tesis de la autora - e n rigor se trata de u n a hipótesis que tom a de ICarl A braham - podría ser expresada del modo siguiente: "La función asimiladora de com er prepara la posterior com prensión intelectual'’. Por otro lado, tam bién se inform a de lo siguiente: “Todos los casos de in h i­ bición intelectual que he analizado rem itían a u n a inhibición anterior del apetito”.20 Por lo tanto, su conclusión es la siguiente:

“En general, puede decirse que los factores orales in fluirán de u n m od o favorable en el desarrollo in telectual, cu an d o la avidez oral sublim ada en la p u lsió n de saber sea verdaderam ente in tensa, pero n o si suscita, co m o co n secu en cia de su sad ism o, angustia o sen tim ien to s de culpa.”21

Siguiendo esta reconstrucción argum ental del artículo de M. Schmi­ deberg podría decirse que para un "buen desarrollo intelectual", la avidez oral, las mociones correspondientes a la etapa oral, deben ser subli­ madas, cuestión que no se llevaría a cabo si estas “tendencias producen angustia y sentimientos de culpa". La serie causal queda expresada del siguiente modo:

Mociones orales intensas sublimadas Pulsión de saber-> Buen desarrollo intelectual Mociones orales intensas producen angustia y culpa->Inhibición intelectual.

El Hombre de los sesos frescos aparece, entonces, mencionado como un caso que confirm a u n a regla. De este modo, según Schmideberg,

19. Schmideberg, M, (1934) "Inhibición intelectual y trastornos del apetito” en Textos de Referencia de la Asociación de Psicoanálisis Biblioteca Freudiana de Barcelona, 1986, p. 5. 20. lbid., p. 2.

la inhibición intelectual del paciente queda explicada por ese factor pulsional oral intenso y la culpa que promueve. La inhibición sería u n modo de eludir los impulsos reprensibles.

Puede atenderse, en este punto, a la segunda de las referencias de este prim er análisis: la reconstrucción hecha por Kris a partir de lo que el paciente dice de su prim er tratam iento cuando consulta con u n segundo analista. El dram a subjetivo, en esta segunda ocasión, es presentado en los siguientes térm inos:

“En el m o m e n to de su segu n d o análisis, u n paciente, u n joven cien tífico de u n o s 30 años, ocupaba exitosam en te u n a respetable p o sició n acadé­ m ica, sin poder alcanzar u n a p osición m á s elevada debido a su in cap a­ cidad para publicar alguna de sus prolongadas in vestigaciones. Esta, su queja principal, es lo que lo llevó a buscar n u ev a m en te análisis."22

En pocas palabras, se tra ta de u n a consulta por u n a inhibición. Respecto de su prim er análisis, se afirma lo siguiente:

"El tratam ien to in icia l había producido considerables m ejorías, pero los m ism o s problem as aparecían bajo u n a n ueva luz [...]. Recordaba c o n gratitud su análisis prevÍQ que había m ejorado su potencia, d ism inu id o sus in h ib icio n es sociales, y producido u n m arcado cam bio en su vid a.”23

Por otro lado, cabe destacar u na suerte de efecto didáctico de ese prim er análisis:

“En su prim er an álisis h abía aprendido que el m ied o y la culpa le im p e­ d ían ser productivo, y de que él siem pre quiso apropiarse, robar, tal c o m o lo había h ech o en su pub ertad ’. Estaba bajo la presión c o n sta n te de u n im p u lso a usar ideas de los otros -la s de u n joven colega..."24

Resulta interesante el m odo en que es enunciado aquello que habría decantado del prim er análisis. En él, el paciente parecía haber consoli­ dado u n saber, “había aprendido" algo con respecto a u n a de sus tenden-

22. Kris, E. (1951) “La psicología del yo y la interpretación en la terapia psicoanalítica”