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La interpretación: “entre” cita y enigma

¿Cuál es el lugar de la in terp retació n ? C om encem os con esta pregunta que titula u n célebre capítulo del escrito de Lacan “La direc­ ción de la cura y los principios de su poder" (1958). ¿Qué sentido darle? En u n a prim era instancia, la inercia del espíritu crítico de la obra en cuestión nos lleva a la suposición de que se tra ta de u n planteam iento acerca del “lugar" que la interpretación tenía en la com unidad analí­ tica en la época de su publicación. No es u n a lectura imposible. No obstante, cabría insistir en la pregunta y explorar otra pendiente posible de la m ism a, que nos lleva a interrogar acerca del lugar -dónde actúa­ la. interpretación en su vertiente clínica, ¿sobre qué superficie realiza el analista el acto interpretativo?

Entonces, para responder a esta pregunta específica, cabe afirmar que la interpretación tiene u n lugar cuyo soporte es lo que Lacan llama “nuestra doctrina significante”,1 que subordina al sujeto a la función significante -com o sujeto del significante- y, por lo tanto, sobornado por él; es decir, que es en el territorio fundado por el discurso pronunciado por el analizante - e n sus puntos de fractura, tal como Freud nos enseñó a reconocer el punto dé emergencia de las formaciones del inconsciente-,

1. Lacan, J. (1958) "La dirección de la cura y los principios de su poder” en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002, p. 574.

sometido a la regla fundam ental, que el analista encuentra la superficie donde se asienta el acto interpretativo. Sólo a partir del despliegue de dicha superficie puede ubicarse el soborno del sujeto por el significante.

Este “soborno” fue esclarecido por Lacan en “Posición del incons­ ciente” (1964), al afirm ar lo siguiente:

“...toda vez que el deseo hace su lecho del corte significante en el que se efectúa la m etonim ia, la diacronía... retorna a la especie de fijeza que Freud discierne en el anhelo inconsciente. Este soborno [...] proyecta la topología del sujeto en el in sta n te del fa n ta s m a [...] lo que es por no ser otra cosa que el deseo del O tro ."2

La interpretación, entonces, ubica el punto fantasm ático en que el sujeto se encuentra detenido.

Asimismo, de acuerdo con Lacan en “La dirección de la cura...”, podría decirse que la interpretación es un decir esclarecedor, que su producción es de alzo nuevo, y que a esta novedad sé la efectúa como una transmu- tación en el sujeto.3

Con estos elementos, podemos explicitar u n a definición “estricta” de la noción de interpretación:

"La interpretación, para descifrar la diacronía de las repeticiones incons­ cientes, debe introducir en la sincronía de los significantes que allí se com ponen algo que bruscam ente haga posible su traducción -precisa­ m ente lo que perm ite la función del Otro en la ocultación del código, ya que es a propósito de él como aparece su elem ento faltante.”4

De este modo, traducción por introducción brusca de u n elemento faltante, la interpretación opera en la sincronía significante para trans­ mutar la repetición diacrónica en la topología fantasm ática del sujeto. La interpretación debe producir algo nuevo a partir de alcanzar el goce fantasm ático que captura al sujeto. Dicho de otro modo, la interpre­ tación debe operar en la efectuación m eto ni mica del deseo (como insa­ tisfecho o imposible) en el fantasm a. Ahora bien, esta afirmación nos

2. Lacan, J, (1964) "Posición del inconsciente” en Escritos 2, op. c it, p. 823.

3. Lacan, J, (1958) “La dirección de la cura y los principios de su poder” en Escritos 2, op, cit,, p. 574.

conduce al cuestionam iento acerca del modo en que este decir del dispo­ sitivo analítico puede lograr efecto semejante.

Con el propósito de dar cuenta de este aspecto específico de la inter­ pretación, com entarem os u n breve recorte de u n m om ento de u n tra ta ­ miento, para ubicar la alteración del goce fantasm ático que produce la interpretación. En este caso en particular, dicho movimiento se .realiza a través de la aperturaJiacia el equívoco -desde la determ inación que proponía una interpretación edípica, saldo de u n tratam iento previo- de la cadena significante. Retomaremos esta consideración en un apartado posterior, de acuerdo con la concepción del sujeto propuesta por Lacan en el semíncírio 11. No obstante, antes de dar cuenta de esta efectuación de la interpretación en u n caso clínico, realizaremos un breve rodeo sobre una conocida sentencia lacaniana, referida al seminario 17, donde se sostiene que la interpretación se encuentra entre la cita y el enigma. Esclarecer el sentido de esta afirmación es de m áxim a im portancia, no sólo porque permite salvar ciertos extravíos habituales en el modo de entenderla, sino porque perm ite situar lo que llamaremos “dos condi­ ciones" de la interpretación analítica y aproximarnos, entonces, al modo en que la interpretación posibilita la introducción de la novedad.

Asimismo, para concluir, propondremos un apartado dedicado a la cuestión de las relaciones entre interpretación y acting out, dada su impor­ tancia para la práctica clínica en función de u n a coordenada singular: el tiempo de la interpretación.

Dos condiciones de la interpretación

En el tramo final de la clase del 17 de diciembre de 1969, en el semi­ nario 17, Lacan desarrolla u n a concepción singular de la interpretación, al ubicarla entre cita y enigma. Si destacamos este carácter de “en tre”, es porque consideramos que no se trata de ver en la cita y el enigma dos modos de la interpretación, sino dos condiciones de la misma. De este modo, para dar cuenta de la estructura de la interpretación es preciso poder definir, en prim er lugar, qué son la cita y el enigma, para que la definición inicial -de la interpretación- no redunde en una mera dupli­ cación del problema.

De acuerdo con Colette Soler (1984), la cita podría definirse como un saber patente, que pone en suspenso la relación entre el decir y lo dicho a través de la enunciación:

“La cita [...] es m ás b ien u n en u n ciad o de saber afirm ado, salvo que se refiere el en u n ciad o a u n n om b re de autor. La cita, al ser referida a u n n om b re de autor, in trod u ce la d im en sió n de la e n u n c ia ció n , u n a e n u n ­ cia ció n laten te que hay que hacer surgir."5

En sentido estricto, la cita sanciona que algo fue dicho, indicando la posición y la sujeción de aquel que profirió el enunciado; por lo tanto, la cita devela u n más allá de lo dicho, a través del recurso a la enunciación, y esto es independiente de la materialidad del significante. La cita, desde este p un to de vista, es u n a función -que, a su vez, tiene u na estructura- que puede prescindir de las aproximaciones descriptivas que la definan com o u n “recorte de los dichos", "tom ar las mism as palabras", etc. Por ejemplo, podría considerarse como u n caso de cita, en el historial del Hom bre de las ratas, aquel m om ento en que éste -luego de com unicar que a los doce años había pensado en la m uerte del padre como u n modo de granjearse el cariño de un n iñ a -, revolviéndose contra la posibilidad de expresar u n “deseo” con dicha idea, Freud le objeta: "Si n o era un deseo, ¿por qué la revuelta?”.6 La intervención de Freud se dirige directa­ m en te a la enunciación y confronta al Hombre de las ratas con su propio decir. De este modo, en la cita se trata de develar la verdad latente del enunciado.proferido. Asimismo, como una consideración lateral, puede advertirse cómo la interpretación es u n soporte fundam ental del cumpli­ m iento de la regla fundam ental. Dicho de otro m odo, la interpretación es u n modo capital para que el analista sostenga el discurso analizante.

Lo mism o podría decirse del enigma, aunque en otra dirección, Un enigm a no es m eram ente u n acertijo, sino u n a verdad cuyo saber se encuentra elidido. Es el caso, por ejemplo, del enigma de la esfinge a Edipo. Pero tam bién de los refranes (tan útiles, al igual que las canciones, a la h o ra de intervenir como analistas). ¿Quién sabe lo que realmente quiere decir que “a caballo regalado no se le m iran ios d ientes"?Y, sin embargo,

5. Soler, C. (1984) “Sobre la interpretación” en Acto e interpretación, Buenos Aires, Manantial, 1984, p. 18,

6. Freud, S. (1909) A propósito de un caso de neurosis obsesiva (El hombre de las ratas) en Obras completas, Vol. X, Buenos Aires, Amorrortu, 1988, p. 142.

la frase no deja de ser efectiva, sum am ente verdadera. No por la indica­ ción de la enunciación, dado que, a diferencia de la cita, el enigma no tiene una estructura deíctica, sino porque indeterm ina el referente para que sea el hablante quien defina el sentido de ese decir -nuevam ente, puede verse cómo aquí tam bién la interpretación es u n sostén capital de la asociación libre-:

“El enigm a c o n siste en form ular u n a en u n c ia ció n , que n o es de nadie, y que n o corresponde a n in g ú n en u n ciad o de saber. En otras palabras, el en igm a es verdad sin saber. O , sí así lo prefieren, es la verdad cuyo saber es laten te o su pu esto. Producir el en u n ciad o queda a cargo del oyen te.”7

Un ejemplo de intervención enigmática, por parte de Freud, en el mismo historial del H om bre de las ratas, puede entreverse a continua­ ción de la secuencia anteriorm ente com entada, cuando aquél, defen­ diéndose de la intervención freudiana, dijera que la revuelta se debería a “sólo el contenido de la representación: que m i padre pueda m orir”;8 en este punto, la respuesta de Freud no se hace esperar: “Trata a ese texto como a uno de lesa m ajestad".9 Con esta especie de refrán, Freud da a entender que se castiga lo mismo a aquel que insulte al Emperador que

a aquel que diga que castigará a quien insulte al Emperador. T an to en u n

caso como en el otro, im porta el estatuto de acto del decir en análisis, más allá de quien lo diga. En este caso, el efecto es de indeterm inación de la consistencia de la posición discursiva del Hombre de las ratas, que n o podía, reconocerse como deseante en su decir.

De este modo, en sentido estricto, cabría afirm ar que ni la cita ni el enigma son modos de la interpretación (y m ucho menos son lo que habi­ tualm ente creemos que son -la cita, u na m era repetición de las palabras del paciente; el enigma, u n a frase capciosa-), sino que son condiciones del decir interpretativo. Condiciones necesarias, pero no suficientes. Tenemos la idea de que las interpretaciones más interesantes son aque­ llas que producen este doble efecto: indican la enunciación, e indeter- m inan el sentido. En ambos casos el decir dé la interpretación es un acto que sostiene el cum plim iento de la regla fundam ental. En relación con

7. Soler, C. (1984) "Sobre la interpretación” en Acto e interpretación, op. cit., p. 18. 8. Freud, S. (1909) A propósito de un caso de neurosis obsesiva (El hombre de las ratas) en

Obras completas, Vol, X, op. c it, p. 142. 9. Ibid.

el prim er aspecto, la interpretación confronta al paciente con su decir; en el segundo aspecto, la interpretación concierne al ser hablante con su acto. Como u n ejemplo de u n a interpretación que cumple con las dos condiciones no hay más que pensar en aquel m om ento, u n a vez más, del tratam iento del hombre de las ratas -en que a éste le gustaría preguntar cómo es que la idea de la m uerte del padre pudo acudirle interm iten­ tem ente a lo largo de su v ida- cuando Freud le responde; “Si alguien plantea u n a pregunta así, ya tiene aprontada la respuesta. No hay más que dejarlo seguir hablando".10

El caso Juana

Juana expresa entre sollozos que ha hecho m uchos cambios en su vida. Tenía u n empleo y lo h a dejado para dedicarse a su vocación artís­ tica, pero se encuentra detenida. Su “inseguridad” la lleva a no tom ar decisiones y actuar en función de lo que quiere.

Juana com enta que realizó u n tratam iento de una duración de cuatro años. En él h a concluido que su madre la protegió demasiado y que n un ca la estimuló para que em prendiera nada. Ella siempre le presentó el m undo com o algo peligroso. Según lo que ha trabajado en su trata­ m iento eso se debe a la historia familiar que la precedió.

Antes de que naciera Juana, en esa familia un herm ano nació con u na enferm edad hereditaria m uy lim itante y de mal pronóstico. Dicha enferm edad implicó que los padres de Juana estuvieran constantem ente al cuidado del niño. El n iñ o n o podía estar en contacto con el m undo, sin que se pusiera en serio riesgo su vida. Este herm anito fallece tem pra­ nam ente y Juana viene al m u nd o después. Alentada por su terapeuta ha averiguado todo lo posible en relación a este herm ano: características de la enfermedad, tratam iento que recibió, la actividad de sus padres en rela­ ción a los cuidados del niño. Ha llegado inclusive a solicitar la historia clínica de su herm ano, la cual guarda en u n cajón de su habitación.

Se concluye en ese tratam iento, entonces, que la protección excesiva de la m adre tiene como base la experiencia anterior con su hermano. Ella h a nacido después que él y, por lo tanto, ha recibido una serie de cuidados

extremos para que n o corriera igual suerte. Explica eso tam bién, según Juana, que se sienta por m om entos culpable bajo la sentencia: "En lugar de él viví yo”. "Estoy muy triste y ya no se qué hacer con eso. Me pongo a llorar todo el tiem po”. En ese instante se rasca la cara y dice: "Ves, me rasco tanto que m e lastimo, la enfermedad de m i herm ano tenía que ver con la piel. Se le hacían lastimaduras al m ínim o contacto”.

Juana sostiene que ha finalizado ese tratam iento, entre otras razones, porque estaba cansada, triste y que nada cambiaba. En este punto, el analista le dice que lo que h a concluido es evidentemente fruto de un trabajo muy intenso con respecto a reconstruir las circunstancias que la precedieron, pero que eso ha quedado de tal m anera que pareciera explicar todo lo que le sucede. Como si su historia estuviera escrita en aquella historia clínica que ha guardado. "Me pregunto -dice el analista- si el detenimiento se justifica enteram ente por la historia que me h a relatado". Unido a esta cuestión pregunta cuánto tiempo después del fallecimiento del herm ano nace ella. “Dos añ o s”, dice Juana. Sorprendido, el analista exclama, para referir su dicho a la enunciación: "1¿Dos años?!”,

En la siguiente entrevista se presenta con otro semblante y manifiesta que se siente más aliviada. Pensó que su detenim iento tiene otras aristas a pensar más allá de su herm ano.

En cuanto a la prosecución de sus proyectos piensa que ella da muchas vueltas para actuar y que se le va el tiempo. Le da algo de rebeldía hacer las cosas en el tiem po que le exigen los demás, "me da como pereza”.

El analista interviene con u n a afirmación que busca u n efecto enig­ mático: "Si me permitís, el rascarte se podría pensar bajo una nueva pers­ pectiva a la luz de lo que dijiste hoy”, Juana se ríe.

A partir esta entrevista se comienzan a trazar las coordenadas del dete­ nim iento. Es decir, se hace u n recorrido por las circunstancias en las que "da vueltas”, “se rasca” antes de salir de su casa.

Juana comienza a pensar que lo que le sucede se presenta m ás fuerte­ m ente cuando sabe que en el lugar en el que va a participar "hay m ucha gente”. Aparecen, entonces, en ese público figuras críticas, otros que silen­ ciosamente dicen, en el terreno de la suposición, cosas que la degradan.

“Las miradas me dan ganas de escaparme. Demasiado control por lo que los demás piensen de mí. Como si me retaran”, Las suposiciones comienzan a poner en causa la detención.

Recuerda el modo en que se desenvolvía en su grupo de amigas durante la adolescencia. En él, expresa, se sentía disminuida y "poco lanzada”. Sobre todo cuando salían y alternaban con muchachos.

"Cuando me gustaba u n chico me costaba hacérselo notar, daba vueltas, me quedaba en silencio”. En general se lo hacía n otar a sus amigas, cuestión que repetidam ente devenía en que u n a de ellas se quedaba con el chico.

La detención en general se vincula con alguna dolencia física; de preferencia gástrica, que la aísla de sus actividades. A partir de algunas situaciones vivenciadas durante el tratam iento, se construye u n patrón para las dolencias.

Juana explica que, como compensación por perm anecer en los espa­ cios en donde “le agarra cosa”, come "a los atracones”, por lo que tiene que retirarse unos días hasta que se siente mejor.

En una ocasión, tras recibir elogios por su producción artística, le pasa "esa cosa” que la incómoda, pero no entiende bien qué es. Al salir de la situación, se indigesta por comer de más, cuestión que atribuye a esa circunstancia elogiosa, pero vinculada a distintas "causas” que en rigor son rótulos sobre su ser. "Tengo dificultades para aceptar que me vaya bien. Soy obsesiva. Soy culpógena. Soy histérica...”.

El analista sugiere que le faltan pocos diagnósticos para com pletar las opciones psicopatológicas conocidas. Juana se ríe y dice que no sabe cómo llam ar a lo que le pasa, pero que se lo quiere quitar de encima. El analista le dice que llam ar lo que le agarra "la cosa” es bastante más preciso que nom brarlo con u n a categoría diagnóstica. Además, cabría pensar que, por las circunstancias en las que le agarra, "la cosa/' pareciera relacio­ narse con un m om ento en donde ella se m uestra seductora.

El sujeto de la interpretación

A medida que Juana despliega su discurso llama la atención la consis­ tencia de la serie causal que explicaría su padecimiento de acuerdo con lo decantado en el tratam iento anterior. El rol que se le da al lugar determi­ nado para la paciente por la historia de esa familia. ¿Es este el objetivo de u n análisis? ¿Buscamos en la historia a un sujeto plenam ente determi­ nado por el lugar en que "éste h a sido esperado por el O tro ”? ¿Nuestra

acción es la de establecer esa constelación y confirm ar su rol patógeno? Nos preguntam os, ¿qué posibilidad existe de que se produzcan diferen­ ciases! el análisis se dirige al reconocimiento de u n saber sobre lo que ha determinado al sujeto? Porque a esto se reduciría la interpretación si se sostiene la dirección de la cura en ese sentido.

Se tra ta de u n a posible concepción de la interpretación, atada a una concepción de la O tra escena. O tra escena histórica presente en el discurso fam iliar que determ inaría plenam ente los destinos del sujeto. Pero, de acuerdo con lo dicho en el prim er apartado del este capítulo, no sería este papel confirm ador el que le toca a la interpretación. Ésta apunta a la alteración de las relaciones del sujeto con cierta posición fantasm ática. La interpretación -al m enos en el comienzo de u n trata­