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Capítulo I: El Comité de Integración del Macizo colombiano como actor social

1.2 Hacia una caracterización del Cima como actor social

1.2.4 Identidades y definición de contextos de injusticias y soluciones

Se enfoca aquí el tema de la identidad desde una perspectiva intersubjetiva y estratégica, es una construcción histórica y renegociada tanto de un nosotros como de una diferenciación frente a otros (Giménez, 2008). La identidad colectiva puede entenderse como representaciones compartidas por un grupo. Para los fines de este trabajo es posible reconocer tres clase de identidades: de clase, territorial y política.

En cuanto a la definición de un nosotros, la creación de identidad colectiva del Cima se da fundamentalmente a partir de 1991 en adelante. Posteriormente, esta identidad se redefine, incorporando no sólo la identidad regional maciceña, sino también las mujeres, los jóvenes y la identidad campesina. La identidad colectiva supera además la base territorial del Macizo geográfico. Podría plantearse a modo de hipótesis que se ha ido configurando una triple identidad: una identidad política

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que se refiere a la pertenencia a la organización social Cima (identidad cimeña), la cual se pone en juego en la delimitación y competencia frente a otras organizaciones sociales o en la afirmación de principios frente a la cultura política predominante; una identidad regional, ambiental y cultural maciceña que revindica el territorio, las comunidades y su defensa frente a políticas y proyectos estatales o de actores capitalistas; una identidad de clase social definida como identidad campesina, la cual, se agencia en la lucha por el reconocimiento de derechos, formas de vida y economía campesina.

La definición de un contexto de injusticia ha sido permanente por parte del Cima así como la asignación de las responsabilidades y la calidad de adversario al Estado, al modelo neoliberal y a las empresas multinacionales. Estos marcos de significado han sido dinámicos y se han ido definiendo en el proceso de lucha del Cima. En el primer periodo de 1980 a 1990, la definición de contextos de injusticia se enfoca en el diagnóstico de la precaria situación y el sistemático olvido institucional en que se encuentran los habitantes a nivel local. Se centran en: los niveles de necesidades básicas insatisfechas y las precarias condiciones de vida, poniendo de relieve la deuda social acumulada; y en el estado de los mecanismos de participación política y social completamente deteriorados por el monopolio de los partidos tradicionales y el clientelismo. Este tipo de diagnóstico se encuentra en las subculturas de oposición prevalentes en los movimientos cívicos y campesinos que durante la década de 1980 se desarrollaron a nivel nacional. También, se ponía de relieve una grave situación económica, de violencia y descomposición social producto de la bonanza coquera y amapolera, de mediados de la década de los ochenta. Se trataba de visibilizar las comunidades olvidadas sistemáticamente por la institucionalidad y superar la visión del Macizo como un referente puramente geográfico y ecológico.

Con la articulación del Cima y en medio del paro de 1991 se empieza a evidenciar la voluntad y necesidad de construir una identidad maciceña: canciones, música, arte, encuentros culturales, dialectos maciceños, saberes campesinos, se incorporan en los relatos y principios del Cima. En el paro de 1991, surge la marcha

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del Macizo (considerada como el himno del macizo) y la bandera del Macizo colombiano (verde, la naturaleza, azul, el agua y amarillos, la riqueza). Se comprendió entonces la importancia de la identidad en el proyecto de integración regional y la construcción de la misma se hace autoreflexiva. Se fortalece así un relato centrado en la integración política, cultural y territorial de las comunidades que habitan el Macizo colombiano. La integración de las comunidades se plantea como estratégica para confrontar al estado y lograr respuesta a sus demandas.

Después de 1993, se empiezan a revaluar los listados de demandas, de un discurso reivindicativo, para configurar uno en torno al desarrollo acorde al Macizo, cuyos ejes se centran en lo cultural y lo ecológico. En ello se simboliza el Macizo colombiano por elementos de su riqueza natural y cultural: el agua como fuerza integradora, montañas, paramos, el jaguar, los duendes, la ruana, el poncho, el sombrero, la gorra, el machete y el bastón. Esta identidad se funda en el reconocimiento de simbolismos, saberes agrícolas, prácticas económicas y culturas provenientes de diversos sujetos campesinos, indígenas, negros y mestizos asentados en el Macizo.

El Maciceño, este nuevo hombre y mujer, antes que ser una mezcla de sangres, es fusión de culturas, de ríos, de montañas y de páramos, de necesidades y de acuerdos violados, de la ternura y la berraquera de la solidaridad. La manta de mil colores continúa tejiendose en este proceso de integración y sigue acogiéndonos (Pladamasur).

Tal discurso se sintetiza en documentos como el Plan de Vida, Agua y Dignidad, Plademaco y Pladamasur. También se construye en las asambleas en forma de mandatos organizativos, de vida digna, territoriales, y de integración. En lo político se proponen formas de democracia directa y asamblearia donde los voceros deben obedecer los mandatos de las comunidades. Lo político se entiende como la capacidad organizativa, fundada en los principios de autonomía, movilización, lenguaje propio e identidad. Esto configura una identidad organizativa la cual se distancia de la cultura política predominante cimentada en el clientelismo y la negación de la participación de los sectores excluidos. No obstante lo anterior no significa que se escape a este tipo de prácticas. Los contextos de injusticia y responsables siguen siendo similares al período anterior pero con la perspectiva de

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que no debe negociarse con el Estado proyectos específicos sino un plan con una idea de desarrollo propia.

Después de 1999, se incorporan a los relatos los temas de género y juventud. Debido a la situación de militarización agenciada desde el Estado, toman fuerza temas relacionados con los derechos humanos y la resistencia anti militar de las mujeres y jóvenes. Por las afectaciones del territorio, cultivos y fuentes de agua derivadas de la política estatal de fumigaciones, el Cima desarrolla temáticas en torno la dignificación de la planta de coca y el desarrollo alternativo. Desde el 2000, se profundiza el discurso de lo agroambiental con propuestas y proyectos orientados a fortalecer la economía campesina, las practicas agroecológicas, las huertas caseras y el desarrollo de fincas de referencia agroambiental. Y durante esa década y en los últimos años, se configura un discurso que denuncia los problemas y amenazas generadas por el modelo de globalización neoliberal, megaproyectos productivos y forestales, las leyes de despojo y la entrada de multinacionales mineras al Macizo. Frente a esto, se fortalece el tema del campesinado como sujeto de derechos, la defensa del derecho al territorio y la forma de vida campesina.

Estos temas no son ajenos a los desarrollados de movimientos y organizaciones nacionales y globales como el CNA, la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones, del Campo (CLOC), Maela, Vía Campesina. Tampoco, lo son a configuraciones teóricas como la agroecología o la ecología política. Por ende, se observa el tránsito de la definición de contextos de injusticia y soluciones de orden reivindicativos, puntuales, locales y reactivos a otros donde se amplía la palestra de temas nacionales y globales, de corte proactivo cimentado en la forma de vida y territorialidad campesina, sin abandonar el arraigo local por referencia a la maciceñeidad, el plan de vida propio y la integración. Esta dinámica está fuertemente influenciada por razones estratégicas, por la articulación del Cima con las organizaciones y movimientos mencionados, y por su competencia frente a otras organizaciones sociales locales y nacionales las cuales desarrollan reivindicaciones en torno a las reservas campesinas, los resguardos indígenas y los consejos comunitarios como formas de territorialidad. El Cima, compite con o busca recoger

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tales discursos y reivindicaciones. Como queda visto la definición de contextos de injustica que justifican y acompañan el accionar del Cima son cambiantes y están influenciados por diversos entornos y actores con los cuales se compite, articula o confronta.