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III AMPLITUD SEMÁNTICA DEL SHEOL

EL CONCEPTO DEL CASTIGO ULTRAMUNDANO

C. III AMPLITUD SEMÁNTICA DEL SHEOL

Los textos canónicos veterotestamentarios utilizan variados términos para referirse al lugar de los muertos, éstos nos proporcionan una caracterización más vasta del Sheol que serán tenidas en cuenta en la configuración del Infierno cristiano.

a) El Sheol como tumba subterránea:

“Mi cama está entre los muertos, soy como los cadáveres acostados en el sepulcro…”

“Señor no me confundas después de invocarte, confundidos sean los impíos y precipitados a la mansión del silencio “43.

“Quiero descender enlutado donde mi hijo al lugar de los muertos”44. b) El Sheol como pozo, como entidad ctónica devoradora:

“El lugar donde van los muertos ensanchará su apetito y abrirá su enorme boca para tragar a esa gente adinerada”45.

“Si Yavé obra milagro, si la tierra abre su boca y los traga con todo lo que les pertenece […] y se los tragó la tierra”46.

“se abrió la tierra y se tragó a Datán, se cerró sobre Abirón y los de su bando…”47. Esta imagen geofísica del Sheol dará lugar a posteriores concepciones de la entrada al Infierno asimilada a lugares concretos. Su función devoradora será crucial en la conformación de un motivo iconográfico medieval: la Boca del Infierno.

c) El carácter, abismal del Sheol:

“Me pusiste en lo más profundo de la fosa, en un lugar oscuro, en un abismo inmenso”48.

“Lánzalos a lo profundo de la tierra, yo los lanzaré ahí donde están los que bajan al sepulcro…”49.

“Porque tu piedad ha sido grande, me sacaste del abismo de la muerte”

“Señor tu sacaste mi alma del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa”50.

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PODELLA, Th. Op. cit. p. 143. 43 Salmos 88, 4 y 55; 31, 17, respectivamente. 44 Génesis 37, 35. 45 Isaías 5, 14. 46 Números 16, 30 y 33. 47 Salmos 106, 17. 48 Salmos 88, 4. 49 Ezequiel 32, 18. 50 Salmos 87, 13; 30, 4.

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Esta profundidad permitirá desarrollar la idea de distintos niveles descendentes del Infierno cristiano, al punto tal de concebir un Infierno superior y uno inferior acorde con la gravedad de los pecados.

d) El Sheol como lugar de reposo y refugio:

“Allí descansan los que se hallan agotados, incluso los prisioneros son dejados tranquilos…”

“Ojalá me escondieran en el lugar de los muertos y me ocultaras allí hasta que cese tu ira”51.

Esta concepción derivaría en el reposo y gozo eterno de los justos.

Esta concepción ctónica del Más Allá (tumba, pozo, abismo) connota un lugar en tinieblas y polvoriento, sin rastros de fuego punitivo. Las acepciones que siguen lo relacionan con las entrañas de un animal y con un lugar acuoso.

e) El Sheol como lugar transitorio:

“…Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez y dijo: En mi angustia llamé a Yavé y me respondió. Desde el lugar de los muertos llamé […] me habías arrojado al abismo…”52.

El texto asimila las entrañas del animal con el Sheol, lo destacable es que ante las plegarias y el arrepentimiento de Jonás, Yavé lo salva, ésta posibilidad de purgar los pecados por arrepentimiento genuino y por la oración brindaría una tercera instancia ultramundana en la concepción cristiana. Asimismo el tiempo que Jonás pasa en el vientre de la ballena, fue homologado al Descenso de Cristo al Infierno y su posterior resurrección53 y fue interpretado como prefiguración de la resurrección general54.

Evoquemos en este punto que los antiguos egipcios habían imaginado una bestia cuadrúpeda con cabeza de cocodrilo (Ammit) que devoraba a quienes no pasaban exitosamente el juicio55. También Hesíodo asignó al cerbero una función devoradora en las puertas del hades56. Lo mismo para la prefiguración de la muerte en la figura bestial de Mot en Siria ugarítica57. Pero estas engulliciones eran definitorias ya que ningún condenado muerto podía salvarse por medio alguno.

También como lugar transitorio el Sheol hebreo se asoció con el agua o mar:

51 Job 3, 17-18 y 14, 13. 52 Jonás 2, 2-3. 53 Mateo 12, 40. 54

San Irineo de Lyon (c. siglo II) en su Adversus Haereses expone que Dios permitió que el hombre fuese tragado por la gran serpiente, homologada con Satán, no para perecer totalmente sino para preparar el plan de su salvación; el hombre salvado por voluntad de Dios se puede levantar de la muerte y glorificarlo. Esta exégesis le permite afirmar que de acuerdo con una asociación tipológica entre el Viejo y el Nuevo Testamento, Jonás es el tipo de la resurrección de Cristo y de toda la humanidad. Para la resurrección y salvación como escapatoria de las fauces devoradora de Satán, véase SCHMIDT, G. The Iconography of the Mouth of Hell, London, Associated University Press, 1995, pp. 53-54.

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Remitimos al apartado A. I. y en particular a la nota 20. 56

Hesíodo, Op. cit. p. 55. 57

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“Invoqué a Yavé […] cuando me rodeaban las olas de la muerte, cuando los torrentes de la perdición me habían sorprendido, los lazos del Sheol me habían cogido…”58.

“La muerte me rodeaba, los torrentes de la perdición me asustaban, los lazos del lugar oscuro me rodeaban”59.

En ambos casos es el rey David, quien ruega a Dios por su salvación. La homologación del lugar de los muertos con el agua alude a la marea primordial, al caos primigenio, “con lo que alcanza el más estrecho parangón con los mitos de culturas vecinas, que explican como fueron sometidas las aguas del caos primordial y las fuerzas que vivían en ellas”60. A saber, en el ciclo ugarítico de Baal se narra su combate y triunfo sobre la divinidad acuática Yam; también la derrota de la bestia marina Tiamat, vencida por el dios mesopotámico Marduk61. Estos combates míticos son comparables con la victoria de Yavé sobre el antiguo dragón y Leviatán en textos proféticos y de plegaria62; homologables con el poder de Dios, sobre “los torrentes de la perdición” de los textos citados.

Con respeto al caos primordial el poema babilónico de la creación (Enuma Elish) revela que sólo existían el agua dulce (Apsu y masculino) y el agua salada (Tiamat y femenino) en las condiciones primordiales del universo; el dios Ea vence a Apsu y su hijo Marduk derrota a Tiamat (monstruo y agua primordial), corta su cuerpo en dos mitades y crea los dos hemisferios del mundo63. Yavé, en su unicidad todopoderosa creó el cielo y la tierra, el día y la noche, y dijo:

“Haya un firmamento en medio de las aguas y que separe a unas aguas de otras”64. El Sheol relacionado con fuerzas primitivas marítimas, será un lugar “transitorio” sólo por intervención divina ante los ruegos de personajes especiales (David); ampliando el comentario, si bien Yavé no fue concebido como señor del reino de los muertos, está facultado para injerir en él:

“Yavé da muerte y vida, hace bajar al lugar de los muertos y volver a la vida” “Aunque bajen hasta el infierno de allí los sacará mi mano”...

“Si subo a los cielos, allí te encuentro; si duermo con los muertos, estás presente”65.

Por otra parte, aunque en el Sheol hebreo no se preveían recompensas ni castigos, a juzgar por las súplicas de Jonás y David subyace la idea de que ser enviado al lugar de los muertos era un castigo, no el sentido de un lugar de tormentos, sino que morir implicaba quedar apartado y abandonado “por” Dios66.

58 II Samuel 22, 5-6. 59 Salmos 18, 4. 60

PODELLA, Th, Op. cit. p. 149. 61

Véase ELIADE, M - COULIANO, I. Op. cit. p. 85. 62

Isaías 51,9 y Salmos 74, 13. 63

BOTTERO, J. Op. cit. p. 53. 64

Génesis 1, 6. 65

I Samuel 2, 6; Amós 9, 2 y Salmos 139, 8, respectivamente. 66

Ambivalente, por cierto, con la concepción del Sheol como lugar de reposo, tal como lo manifestara Samuel en el relato de la nigromante de En-dor, o lo deseara Job para esconderse de la cólera divina.

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f) El Sheol como clausura porque desde allí no se puede alabar a Dios.

“Porque después de muerto nadie te recuerda, en el lugar oscuro nadie te alaba” “Pues los muertos no te alaban ni te celebra la muerte…”

“¿Se levantarán ellos para alabarte? ¿Se hablará de tu bondad o de tu fidelidad en Abaddon?”67.

El abandono de Dios y la imposibilidad de comunicación con Él, sumado al carácter devorador que arrojaba a los hombres a las regiones abismales de la tierra o el mar; todas estas concepciones paralelas al mero término Sheol (š'we) redimensionan el concepto hebreo del Más Allá y nos permiten ampliar la perspectiva con respeto a la

opinio communis que consideraba que el Sheol hebreo era una idea imprecisa e

impermeable a influencias de culturas vecinas68. Por el contrario, y a partir de lo visto hasta aquí, los escritores bíblicos lo concibieron con un notable sentido espacial y con una innegable connotación de castigo: ser arrojado al sheol subterráneo o subacuático (por muerte o por castigo divino), ser devorado por el pozo, o por una bestia, quedar excluido del reino de Dios; en definitiva, ir al sheol era un castigo en sí mismo. Pero el pensamiento hebreo no se detiene en la entrada del lugar de los muertos, sino que indagaría en lo que ocurría allí.

C. IV. LOS CUESTIONAMIENTOS A LA JUSTICIA DIVINA

En páginas precedentes nos habíamos referido al concepto central de la justicia divina, basada en el pacto de Yavé con el pueblo de Israel. En Deuteronomio y Levítico se catalogaban las recompensas y bendiciones por obediencia a los mandamientos y preceptos divinos; paralelamente y con todo rigor, se preveían los castigos por desobediencia. La ley tenía jurisdicción terrenal, después de la muerte ambos grupos descendían a un lugar común y compartían una suerte común. Pero como la justicia divina terrenal no se cumplía dado que los que infringían los mandamientos o los hombres codiciosos en la comunidad judía del exilio babilónico no eran castigados y los israelitas seguían siendo sojuzgados por pueblos extranjeros, “el descontento con lo dicho por el Deuteronomio fue el primer estímulo para explorar lo que vendría a ser el denominado Infierno”69.

El profeta Malaquías cuestiona el funcionamiento de tal justicia:

“No sirve de nada servir a Yavé. ¿Qué hemos ganado con guardar sus mandamientos si después andamos tristes ante él? Por eso llamamos felices a los prepotentes que aún haciendo el mal están bien firmes y cuando provocan a Dios, no les pasa nada70.

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Salmos 6, 5, Isaías 38, 18 y Salmos 88, 10-4, respectivamente. 68

Véase RICHARD, M. “Enfer”, en Dictionnaire de Théologie catholique, París, Letouzey, 1913, pp. 39- 50.

69

BERNSTEIN, A. Op. cit. p. 154. 70