3. Un panorama contemporáneo Todo lo dicho hasta ahora necesita ser completado con un breve bosquejo de la situación contemporánea
3.2. NACIMIENTO Y DESARROLLO DE LA PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD: UNA ANTOLOGÍA POST-CONSTITUCIÓN
3.2.1. El impacto de la psicología diferencial de la inteligencia
El progreso en el estudio de la personalidad ha estado irremediablemente unido al estudio de la inteligencia. Así Pelechano (1991a) dice:
(La psicología científica de la personalidad ha ido) renqueando y un poco detrás del estudio de la inteligencia (ahora "procesos cognitivos"), por lo que gran parte de la historia de la psicología de la personalidad habría que hacerla en comparación a, o mirando a la historia de la psicología de la inteligencia: cuando ésta se hace factorial, aquella lo intenta; cuando ésta se intenta transformar en "procesual", la personalidad sigue mansamente esta tendencia, si bien con unos años de retraso. Cuando, finalmente, aquélla hace crisis, ésta no le anda a la zaga y cuando, finalmente, se llega a una situación de compromiso, en ambos casos se cultivan, entreverados, dimensiones, procesos, factores, estudios de laboratorio y estudios de campo, sin que se haya logrado una síntesis integradora y superadora.
La idea expresada por el autor del texto transcrito no tiene aún un reflejo físico, completamente elaborado, vía su discusión escrita. A pesar de las repercusiones que tuvo el estudio de la inteligencia para
el avance de la psicología de la personalidad (como se intentará mostrar), no hay ningún texto que las recoja como tal. Sí hay pequeños retazos (p.e., Bermúdez, 1985a; Mischel, 1968, 1976), pero resulta sorprendente, por ejemplo, que en la obra de Eysenck y Eysenck (1985) titulada Personality and individual differences. A natural science approach que dedica un capítulo completo a exponer los orígenes históricos para su teoría (El desarrollo de un paradigma), no se hable para nada del beneficio de la consideración que de las "diferencias individuales" se realizó a principios de siglo ni en ese capítulo ni en el dedicado expresamente a la inteligencia como componente de la personalidad (La dimensión cognitiva: la inteligencia como componente de la personalidad). Sin embargo, a pesar de haber hecho la denuncia, el objeto de este trabajo no es hacer una historia exhaustiva de la disciplina sino justificar su utilidad y viabilidad como asignatura dentro de los planes de estudio de la carrera de Psicología. Por ello, muchos hechos quedarán sin exponerse sacrificando la precisión y el detalle a la idea general.
Pero antes, una mínima contextualización. Recuérdese que, a mediados del siglo XIX, la psicología se encontraba en sus albores como disciplina científica. Por una parte, como se comentó más arri- ba, la psicología filosófica dedicaba sus esfuerzos al estudio de los fenómenos de conciencia a través de la introspección. Junto a ello, la versión experimental científica se ocupaba de las sensaciones y sus asociaciones como medio de conocer el mundo y al yo, de co- nocer sus contenidos. Por otra parte, los investigadores y/o teóricos de la corriente mecanicista-positivista, interesados también en el es-
tudio de las sensaciones, se acercaron a la biología y la física para utilizar los métodos de estas ciencias naturales y aplicarlos a su ob- jeto de interés, que en parte, eran las facultades mentales. Por lo tanto, dos son las opciones científicas para el estudio psicológico del hombre: (i) el estructuralismo wundtiano y (ii) el experimentalismo neuropsicológico, en estrecha relación con la medicina, en su forma de psiquiatría.
Estamos en la época de Sir Francis Galton (1822-1911), Hermann Ebbinghaus (1850-1909), Emil Kraepelin (1856-1926), Alfred Binet (1857-1911), Karl Pearson (1857-1936), J. McKeen Cattell (1860-1944), Charles E. Spearman (1863-1945) y Wilhelm Stern (1871-1938). Cada uno de ellos colaboró, desde su área de estudio al desarrollo de la conceptualización y medición de la inteligencia, al desarrollo de las técnicas estadísticas y la aplicación de ambos avances al estudio de la personalidad, subyaciendo a todo ello el estudio de las diferencias individuales (interés que por otra parte nunca manifestó Wundt57).
Todos esos autores, y muchos otros no mencionados, tuvieron contacto con dos desarrollos del conocimiento, uno teórico y el otro procedimental. Nos estamos refiriendo a (a) la presentación y difusión de las teorías evolucionistas de Lamarck y Darwin, y (b) en cuanto al desarrollo de formulaciones matemáticas (b.1) lo sucedido en el observatorio de astronomía de Greenwich entre Maskelyne y su
57 Comenta Pelechano (1997) que cuando J.M. Cattell planteó a Wundt la posibili- dad de considerar como objeto de estudio científico las diferencias individuales, Wundt le contextó con un despectivo rein Amerikanisch!.
ayudante Kinnebrook en 1796, analizado con más de 20 años de retraso (Boring, 1950) por Bessell, quien formuló la "ecuación personal" y (b.2) la formulación de la "ley normal de error", a partir de la ecuación anterior, por parte de Gauss y Laplace y su posterior aplicación por Quetelet a la distribución de datos humanos, biológicos y sociales58.
También todos ellos estaban interesados, de forma directa o in- directa, en el estudio de las facultades mentales. Sin embargo, no to- dos coincidían en cuál era el cometido de la psicología. Como primera posible categorización de los autores en función de su objeto concreto de estudio, se pueden establecer dos grupos: aquellos centrados en la investigación científica de las facultades mentales cognoscitivas- intelectuales (el pensamiento en forma de memoria, atención, etc.) y aquellos otros más preocupados por las facultades caracteriológicas. Se ha dicho que era una posible categorización porque a finales del siglo XIX y comienzos del XX, se suponía un cierto isomorfismo entre facultades intelectuales y facultades temperamentales.
Dentro del grupo más interesado por las facultades mentales- intelectuales, se pueden distinguir, a su vez, dos subgrupos: por una parte, los psicólogos estructuralistas, bajo la dirección de Wundt, se
58 Muy brevemente: Bessel tuvo noticia del despido de Kinnebrook por parte de Maskelyne en el observatorio de Greenwich tras la lectura de una historia publicada en 1816 en el Zeitschrift für Astronomie de von Lindenau. Se interesó por el problema que suponía la diferencia entre dos observadores en el registro del paso de una estrella, y realizó múltiples comparaciones entre sus registros y los obtenidos por otros astrónomos, incluido Gauss. El análisis de los resultados que obtuvo condujeron a la formulación de la "ecuación personal".
centraron en la medición de las sensaciones en sus distintas variantes (acústicas, visuales y táctiles, principalmente), de la percepción (del tiempo y del espacio) y de los tiempos de reacción diferentes por tipo de sensación (no por tipos de personas), y todo ello con un interés en la mente generalizada, de forma que lo importante era la generalidad y no la individualidad.
Por otra parte, los experimentalistas ingleses y franceses, herederos del asociacionismo de J.S. Mill (ya defensor de las diferencias individuales) junto a los investigadores estadounidenses, que acudían a Leipzig a trabajar con Wundt, tenían más interés por el estudio de las diferencias individuales en las facultades mentales (a) puestas de manifiesto a raiz de los incidentes en el observatorio de Greenwich con respecto a los tiempos de reacción y (b) aquellas intra- especies que podían derivarse a partir de las diferencias inter-especies descritas en el libro The origen of the species by means of natural selection de Darwin.
Los logros conceptuales, metodológicos y procedimentales conseguidos por este último grupo en el estudio de las facultades mentales (inteligencia) y las diferencias individuales, pusieron de manifiesto, entre muchos otros muchos aspectos, los siguientes:
1. La diversificación a la hora de conceptualizar la inteligencia (bien como una habilidad claramente heredada o bien como un conjunto de habilidades en cuya génesis jugaba un importante papel la influencia social).
2. La viabilidad de pruebas (tests mentales, originalmente diseñados por Galton y adaptadas, entre otros, por J.M. Cattell y Binet) que operacionalizaran el concepto de inteligencia, que evaluaran esa/s habilidad/es en los hombres y que fueran sensibles a las diferencias existentes.
3. La posibilidad de aplicar la metodología de la ciencia natural al estudio de las habilidades mentales; concretamente el análisis factorial desarrollado por Spearman basándose en la correlación de Pearson que éste autor formuló a partir de la regresión a la media de Galton.
4. La agrupación de las habilidades mentales en factores, generales (los encontrados siguiendo el procedimiento de Spearman) o de grupo (utilizando las orientaciones de Thorndike y de Thurstone) que reflejaban la relación entre distintas habilidades, es decir, aquello que tenían en común y que las diferenciaba de otras, y que permitían elaborar modelos jerárquicos para ellas59. Es decir,
hallazgo de agrupaciones monofactoriales y multifactoriales para un mismo constructo, la inteligencia.
5. Como consecuencia de lo anterior, el factor o factores podían utilizarse para localizar a los individuos en un contínuo en función de la puntuación obtenida en el factor (era por lo tanto, una clasificación cuantitativa y no cualitativa)
59 Al modelo jerárquico más simple de factores de grupo y un factor general, Sir Ciril Burt incorporó dos más, concluyendo en una estructura de cuatro niveles: factor general, factores de grupo, factores específicos y factor de error (cfr. Carpintero, 1978).
6. Todo lo anterior permitía analizar las posibles diferencias en las habilidades mentales en función de la herencia, de la raza, de la edad60 y del nivel social.
Todas estas conclusiones tuvieron una rápida repercusión en el área de la personalidad. Una antología de dichas consecuencias referidas a la delimitación del concepto de psicología de la persona- lidad es la siguiente:
1. Se diseñaron pruebas al estilo de las elaboradas por Galton (pruebas de asociación libre, cuestionarios y escalas de calificación), para medir la personalidad. Por ejemplo, Kraepelin y sus alumnos midieron así la personalidad de pacientes psiquiátricos; y Heymans y Wiersma (1909) la personalidad de individuos normales.
2. Se usó un procedimiento predecesor del análisis factorial actual para analizar los datos obtenidos con las pruebas anteriormente mencionadas y que permitían extraer factores intelectuales y de personalidad, no solapables (se estremecía así, en cierto grado, el isomorfismo anteriormente mencionado). Así, Heymans y Wiersma (op. cit.) aislaron tres factores (emotividad, actividad y función primaria-función secundaria, referentes a la personalidad); Webb (1915), bajo la dirección de Spearman, obtuvo dos factores: el factor g de inteligencia, ya aislado por Spearman, y factor w de
60 Binet y Simon publicaron por primera vez el test mental Binet-Simon en 1905, diseñado, principalmente, con el objeto de obtener normas para diferentes edades para las capacidades intelectuales, a lo que Binet denominó edad mental.
voluntad. Este último era asimilable a estabilidad emocional e independiente del factor g, lo que llevó a Webb a hipotetizar que existía un segundo factor, de gran generalidad, que destacaba el “carácter” de la actividad mental, diferente del lado puramente intelectual; y Garnett (1918) obtuvo una estructura tri-factorial, que incluía los dos factores de Webb más un tercero al que denominó ingeniosidad (cleverness, c). Estos cuatro últimos autores pertenecían a la escuela de Londres (Eysenck, 1970) donde la técnica factorial usada era la diseñada por Spearman y, como consecuencia indirecta de ello, se aislaban factores generales. Por contra, la escuela de Thurstone obtenía estructuras multifactoriales de personalidad. El propio Thurstone (1934) obtuvo cinco factores que agrupaban 60 rasgos y R.B. Cattell (1943), con una cierta distancia temporal, obtuvo, 15 factores de personalidad, incluyendo uno que representaba características temperamentales de la inteligencia.
3. El estudio de las diferencias individuales junto al análisis factorial, condujo, en la psicología de la personalidad, a considerar que los factores aislados eran (a) dimensiones-rasgos (ya fueran aprendidos o heredados) contínuos; es decir, al igual que en la inteligencia, las diferencias entre los hombres eran cuantitativas y no cualitativas; (b) dimensiones que se encontraban organizadas jerárquicamente, subsumiendo unas a otras y (c) los individuos se distribuían, en función de sus puntuaciones, en las dimensiones- rasgos según la curva normal de Gauss.
4. Como una influencia, más a largo plazo, la consideración de la existencia de diferencias individuales en la inteligencia, traspasadas a la personalidad, usando variables demográficas como fuentes de diferencias, ha permitido hipotetizar y comprobar empíricamente, que algunas variables/rasgos de personalidad podían explicar las diferencias individuales en inteligencia.
5. Finalmente, la cercana relación entre ambas disciplinas se observa en resultados concretos, considerando que los principales teóricos en psicología de la personalidad también han propuesto su teoría sobre inteligencia; por ejemplo, L.L. Thurstone, J.P. Guilford, H.J. Eysenck o R.B. Cattell. En el cuadro 3.1 se presenta una enumeración de los factores temperamentales e intelectual/competenciales propuestos en los modelos teóricos de esos investigadores, restringiendo el campo sólo a la parte correspondiente a individuos adultos y a las dimensiones temperamentales consideradas básicas.
Cuadro 3.1. Modelos teóricos de temperamento e inteligencia elaborados por el mismo teórico
TEÓRICO TEMPERAMENTO INTELIGENCIA/COMPETENCIAS
L.L. Thurstone
(1887-1955) 5 factores sin denominación con-creta (Thurstone, 1934) 7 aptitudes mentales primarias (comprensión verbal, fluidez ver- bal, numérico, espacial, memoria asociativa, rapidez perceptiva, inducción) (Thurstone y Thurstone, 1941)
R.B. Cattell (1905-1998)
16 factores de primer y ocho de segundo orden (QI exvía-invía, QII
ajuste-ansiedad, QIII patemia-
cortertia, QIV pasividad-
independencia, QV sencillez-
prudencia, QVI realismo frío-
subjetividad pródiga, QVII inteligen-
cia, QVIII factor real del super-ego)
(Cattell, Eber y Tatsouka, 1970)
Inteligencia fluida e inteligencia cristalizada (Cattell, 1963)
H.J. Eysenck (1916-1997)
3 superfactores (E extraversión, N neuroticismo, P psicoticismo) (Ey- senck y Eysenck, 1985)
Inteligencia A (biológica), inteligen- cia B (social), inteligencia C (test de inteligencia) (Eysenck, 1987)
J.P. Guilford 11 factores de primer orden y 4 de segundo (actividad social, extra- versión-introversión, estabilidad emocional, disposición paranoide) (Guilford, 1977)
120 factores organizado es espa- cio tridimensional (5 operaciones x 4 contenidos x 6 productos) (Guil- ford, 1967)
V. Pelechano 8 factores de segundo orden (bási- cos; E extraversión, N neuroticis- mo, R rigidez [formado por 3 facto- res], H hostilidad [formado por tres factores])
Modelo de inteligencias múltiples: verbal, quinestésica y social (per- sonal e institucional). El trabajo más productivo en inteligencia socio-personal (intra e interperso- nal): sabiduría popular, estrategias de afrontamiento, habilidades interpersonales (Pelechano, 1996c)
Las repercusiones del estudio de las diferencias individuales en inteligencia sobre la psicología de la personalidad, también conllevaron el cuestionamiento de algunos supuestos: por ejemplo, se tuvo que reconceptualizar la estabilidad temporal de la personalidad o temperamento a la vista de los cambios producidos en la inteligencia en el proceso de maduración; la utilización de tests para medir la personalidad y los correspondientes análisis estadísticos y teóricos, plantearon las primeras insatisfacciones con respecto a los criterios de bondad de las pruebas (fiabilidad y validez); el debate sobre el número y el tipo de factores-rasgos necesarios para explicar la personalidad, también podría tener su origen en esta época como reflejo de las distintas estructuras factoriales halladas. Todas estas cuestiones, la estabilidad de la personalidad, la bondad de la metodología de evaluación, los modelos jerárquicos en cuanto a número de niveles y número de rasgos por nivel, y muchos otros, siguen siendo actualmente objeto de polémica entre los propios teóricos de la personalidad. Un claro ejemplo de lo que se acaba de mencionar, respecto a cuestiones teórico-conceptual-metodológicas, se puede encontrar en Cattell (1990), Eysenck (1991), McCrae (1989) y Zuckerman (1992)
3.2.2. La eclosión de la terapia de conducta y la crítica a la psicología de la personalidad
La terapia de conducta, como disciplina académica y como actividad práctica de la psicología clínica, tiene algunas conexiones
con la psicología de la personalidad. Sin embargo, no es el estado actual de la relación lo que nos interesa porque, como indica el epígrafe, nuestro objetivo es el análisis de la relación que ambas áreas de la psicología mantuvieron cuando la primera de ellas irrumpió (por esto lo de “eclosión”) reclamando su situación como rama del conocimiento científico.
Situados en ese contexto (fechado en las décadas de los años 30 a los 60 de este siglo), las técnicas que la modificación de conducta (o terapia, sin entrar en detalles sobre la denominación “correcta”) utilizaba, emanaban de las teorías del aprendizaje, lo que nos permite centrar aún más el tema que nos ocupa. Aquellas teorías del aprendizaje cuyo objetivo común era explicar la génesis de la conducta para modificarla y controlarla, se pueden dividir en dos grandes grupos: las radicales o “negadoras de la personalidad” y las “defensoras de la personalidad”.
1. La negación de la personalidad: Entendemos por teorías