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La increíble fuerza que hay en la magia, su origen y algunas de sus aplicaciones

Antes de que se pueda explicar cómo se llevan a cabo la caminata sobre el fuego y otras acciones mágicas y cómo participan en éstas tres elementos invisibles, que hasta el día de hoy todavía no son conocidos por la psicología moderna, hay que decir algo sobre la creencia religiosa de los Kahunas.

El “secreto”, la médula de la enseñanza, que ha sido transmitida de un mago a otro, se puede designar en esencia como psicología aplicada. Porque el elemento puramente religioso se puede considerar como muy escaso, especialmente si partimos de la definición de religión en el mejor sentido moderno.

El Dr. Paul Tillich, profesor de teología filosófica en el Union Theological Seminary, escribe: “La magia es un tipo especial de interrelación entre fuerzas limitadas; la religión es la relación humana con la fuerza ilimitada, con lo ilimitadamente grande y superior… Magia es el empleo de fuerzas interiores, religión, en cambio, es el sometimiento al poder trascendente”.

Todas las religiones están mezcladas con magia. La oración es magia. Todo lo que hacemos para obtener beneficios en esta vida o en la siguiente, pertenece al campo de la magia. Por medio de magia obtenemos algo de áreas supranormales. La religión, en cambio, es veneración de un ser superior y la aceptación incondicional de lo que él nos da, sea agradable o desagradable. Aunque los Kahunas trajeron a la Polinesia los relatos de Adán y Eva, de la creación, del diluvio, etc., de la fuente de tales historias – del valle del Nilo y de sus países vecinos – no compartían la idea de un dios patriarcal personal.

Según la enseñanza de los Kahunas, la capacidad humana de comprensión es incapaz de comprender formas de consciencia que no corresponden a la propia y que son superiores a ésta. Por eso consideraban todos los esfuerzos humanos por imaginarse un ser superior divino, definitivo y severo, como una inútil pérdida de tiempo. Por cierto estaban convencidos de la existencia de un ser creador superior, pero no lo veneraban.

Tomemos como ejemplo una flor. Ella puede hacerse solamente una idea vaga de la vaca que está sobre el pasto, si es que lo hace siquiera. La vaca puede tener solamente una idea vaga de la naturaleza del pastor y sus motivos. Por eso el pastor, si está convencido de la existencia de un creador superior del universo, puede imaginarse a ese ser solamente parecido de algún modo al ser humano. Aunque él solamente puede formar en sí la imagen de ese “gran ser humano” en conceptos vagos, si es que lo hace siquiera, le teme y le reza, con la esperanza de obtener beneficios; trata de sobornarlo con sacrificios o autosacrificios en forma de abnegaciones; se esfuerza por obedecer órdenes que supone que provienen del “ser supremo”; por fin él venera a ese ser.

En forma análoga, el mundo invisible de los espíritus y de los seres espirituales significa para nosotros más o menos lo mismo que nuestro mundo significa para el pez que está en el mar. El pez apenas está consciente del mundo que se encuentra fuera de su zona acuática. Pero a medida que ascendemos en la escala de la inteligencia, nosotros, que provenimos de la tierra y del aire, podemos comprender al pez que está en las profundidades del agua, aunque no podamos compartir con él, como lugar para vivir, las profundidades en las que vive.

Los Kahunas suponían que tanto encima como debajo del plano humano de consciencia se apilan muchos otros planos de consciencia. Pero a la mayoría de esos planos le dedicaban poca atención. Una excepción era solamente el plano que está directamente sobre el humano.

En ese plano habita lo que podemos designar como supra-Yo o Yo superior. Los Kahunas le daban diferentes nombres. Uno de los más preferidos era Aumakua, lo que traducido significa algo así como “espíritu mayor, paternal, sumamente confiable”. Así como padres es un concepto que se refiere a dos personas, Aumakua se pensaba compuesto por una parte masculina y una femenina. Todas las oraciones y ritos se le dedicaban a Aumakua. Pero como éste se consideraba parte del propio ser - tal como nosotros consideramos el supraconsciente o el subconsciente en la forma actual de pensar -, el “espíritu paternal” no era venerado, sino QUERIDO. No se le ofrecían sacrificios. No se le trataba de sobornar. Éste, por otro lado, no les impartía órdenes a los Yoes inferiores, sino que entre ellos reinaba una relación de amor recíproco y de confianza recíproca, es decir, la misma relación que normalmente existe entre padres e hijos.

Si eran necesarias oraciones a entidades aún superiores, se sabía por sí mismo, de acuerdo con las enseñanzas lógicas de los Kahunas del “espíritu paterno”, cuándo eran necesarias y cómo se tenían que ofrecer. El Yo superior hacía entonces lo que nosotros no podemos hacer, porque nuestra mente se encuentra en un nivel inferior de desarrollo y solamente dispone de capacidades menores.

A causa de esa posición, basada en un pensamiento claro y simple, los Kahunas permanecieron siempre sencillos y libres de dogmas humanos. Pensaban siempre en forma clara y objetiva, y se lo podían permitir, porque poseían un sistema psico-religioso práctico que funcionaba bien. Y un sistema eficaz deja poco espacio para imprecisión y especulación dogmática.

Este práctico sistema, que servía de base a la magia de los Kahunas, impedía que surgiera en ellos alguna necesidad de tener discusiones filosóficas. Por eso ellos no tenían ningún redentor, ninguna salvación, no tenían ni cielo ni infierno. No tenían revelaciones religiosas con libros donde está escrito: “Así dice Dios…” Sí, no tenían en absoluto libros; hasta la era moderna su idioma jamás se escribió.

Aunque sólo pocos de nosotros pueden tener la ambición de caminar sobre el fuego, ese antiquísimo rito es de gran importancia para nosotros, porque demuestra en forma muy evidente el hecho de que existe una fuerza mágica, que puede ser puesta en acción si dominamos los métodos para su aplicación.

La mayoría de nosotros oran por bendiciones de diferentes tipos. El conocimiento del “secreto” nos trae de inmediato resultados definitivos, que son superiores a todo lo que obtenemos normalmente con las oraciones que conocemos. Nosotros no podemos, por ejemplo, adquirir invulnerabilidad al calor o al fuego por medio de una simple oración. ¿Es necesario entonces que se diga todavía lo importante que es para nosotros estudiar la enseñanza de los Kahunas transmitida desde la antigüedad?

Recordemos que el Dr. Brigham ya había analizado los fundamentos de la magia antes de que los comprendiera bien. Él me había inculcado poner atención en tres elementos, (1) una forma de consciencia que (2) se valía de un tipo de fuerza y que (3) hacía actuar esa fuerza a través de una substancia invisible de tipo físico.

El Aumakua, la parte supraconsciente de nuestro ser, desempeña un papel importante en la entrega de inmunidad frente al fuego. La fuerza de la que él se sirve en su trabajo, es llamada

Mana por los Kahunas, y para nosotros es conocida como fuerza vital. Ésta parece ser de

naturaleza eléctrica y muestra fuertes características magnéticas. La substancia invisible a través de la cual actúa la fuerza vital se llama Aka o “substancia corporal tipo sombra”.

Como nosotros ya sabemos que existe algo así como una fuerza vital, deseo comenzar mi descripción de la enseñanza HUNA, haciendo referencia a algunas cosas que ya son conocidas

acerca del tipo y de la aplicación de esa fuerza. A continuación nos dedicaremos a cosas acerca de las cuales los Kahunas sabían más. Después discutiremos sus explicaciones.

Al hacerlo se comprobará que los conocimientos de los Kahunas también pueden explicar muchas cosas que hasta ahora todavía no estaban claras en el campo de la investigación psíquica. Los tres elementos: consciencia, fuerza y substancia invisible, nos dan al mismo tiempo los tres parámetros con los que podemos medir todo tipo de magia. Con las siguientes exposiciones eso se nos aclarará cada vez más.

Caso 7

(Diversos)

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