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Transformación de un futuro no deseado en uno deseado

Comentarios preliminares:

Deseo aclarar lo más posible ese mecanismo de la magia superior, porque para nosotros es de gran importancia. Casi todas las vidas humanas son un caos. Sería muy importante para nosotros si pudiéramos eliminar ese caos.

Yo tomo este caso de mi propia experiencia y garantizo que cada detalle está descrito completo y en forma correcta. El resultado, que representa un suceso importante de mi vida, lo puedo demostrar en cualquier momento.

Circunstancias:

En el año 1932 mi negocio de fotos en Honolulu sufría intensamente por la depresión económica y la disminución del turismo. En vista de la amenazante pérdida de mi subsistencia,

me dirigí a una Kahuna para pedirle ayuda. Esa Kahuna, una hawaiana de 54 años, yo ya la conocía hacía tiempo. Cuando le dije que yo estaba en dificultades, se puso de inmediato manos a la obra y examinó qué se podía hacer para mejorar mi situación. Entramos a su pequeño comedor y nos sentamos a la mesa. Mientras ella escuchaba fumando, le presenté mis problemas.

Si yo no quería dejar que la situación llegara a una bancarrota, tenía que emprender una venta total del negocio, junto con la bodega y el inventario. El único que en Honolulu podía comprar mi negocio a un precio conveniente era mi competidor. Él poseía un negocio de cámaras mucho más grande y antiguo que el mío.

Yo ya había ido tres veces donde mi competidor y había intentado inducirlo a comprar mi negocio a un precio muy bajo. Pero no había logrado interesarlo. También le había encargado la venta a un corredor y le había pagado para eso. Él tampoco tuvo éxito. Parecía que yo perdería todo. Mi contrato de arriendo estaba a punto de expirar, y no se podía pensar en su prolongación por cinco años más, con el correspondiente pago adelantado.

Cuando yo había explicado todo y había respondido algunas preguntas, la mujer Kahuna me pidió que reflexionara intensamente y que le dijera con exactitud cuál era mi deseo para el futuro. Reflexioné una vez más todo detalladamente y le dije que quería venderle mi negocio, con bodega e inventario, a mi competidor, por solamente 8.000 dólares. Eso, incluso en ese tiempo tan malo, era una oferta conveniente. Además, yo quería ayudar a mi competidor a unir su negocio con el mío. Después quería regresar a la costa y dedicarme a mis trabajos como escritor. La sanadora hizo todavía más preguntas. Después dijo: “Si ahora todo resulta así, ¿está también entonces seguro de que no cambian sus planes?”. Me explicó que yo no debía pasar por alto posibles casualidades, que tenía que evaluar cada paso y tener en cuenta minuciosamente sus posibles consecuencias. Yo tenía que reflexionar incluso los más pequeños detalles e imaginarme cómo repercutiría cada uno de ellos en cada una de las otras partes del plan.

Esas reflexiones eran necesarias para la correcta formulación de la “oración” dirigida al Yo superior. Las formas de pensamiento de la oración tenían que permanecer completamente libres de duda e incertidumbre. Tenían que ser elaboradas en forma clara, tajante y definitiva. Cualquier descuido de uno de los puntos de vista podría después hacerse notar como perturbación en el efecto del plan.

Según su experiencia, dijo la sanadora, la mayoría de las personas envían permanentemente al Yo superior un enredo de deseos, planes, temores y esperanzas que se contraponen entre sí. Diariamente, y a menudo incluso cada hora, muchas personas cambian su opinión acerca de lo que desean y quieren tener. Pero como el Yo superior tiene que formar nuestro futuro del promedio de todos esos pensamientos, que habitualmente los encuentra mientras dormimos, nuestro futuro no puede ser otra cosa que una mezcla de sucesos y contra-sucesos, de las llamadas casualidades, de felicidad y desgracia. Sólo aquel que decide claramente lo que desea y se mantiene en esa decisión y trabaja siempre buscando el propósito al que aspira, le puede ofrecer al Yo superior las formas adecuadas de pensamiento, de las cuales éste pueda formar el futuro de tal manera, que corresponda a la planificación y al trabajo perseverante.

Después de una conversación de una hora, la sanadora estaba satisfecha. Anunció que primero tomaría contacto con el Yo superior y le preguntaría si el plan puede llevarse a la realidad. En vez de los habituales aparatos para mirar en un cristal, ella tomó un vaso lleno de agua y le raspó media cuchara de té de raíz de jengibre, para enturbiar el agua y expulsar posibles espíritus que hacen ruidos que pudieran estar cerca. Con la uña del pulgar ella raspó pequeñas astillitas de una raíz de jengibre fresca, que había traído del jardín en la tarde, pocas horas antes de la sesión. La sanadora pidió entonces un dólar de plata como adelanto por sus honorarios. La moneda actuó como estimulante físico para su Yo inferior, porque representaba una recompensa por trabajo y servicio. Frente al Yo inferior ésta se presentó como algo bueno. El dólar fue colocado debajo del vaso con agua. Luego ella le dio sombra a sus ojos para que no le diera la luz de la

lámpara del techo y se quedó sentada un rato ahí, mirando constantemente la superficie del agua turbia.

Muy pronto comenzó a ver imágenes y a recibir comunicaciones por medio de una suerte de voz interior. Por algunos momentos permaneció en un estado como de trance. Después despertó para decirme lo que había visto y para hacer nuevas preguntas. De ese modo transcurrieron de siete a ocho minutos.

Las visiones en el cristal eran todas de tipo simbólico. Si las cosas simbólicas eran de aquellas que por experiencia sabía que eran buenas, entonces ella contaba con una respuesta favorable a mis planes. Ella dijo que vio que se abría una puerta. Un poco después vio una gavilla de trigo. Preguntó qué significaban esas cosas para mí y si yo estaba pensando en ellas. Con eso ella quería solamente estar segura de que esas cosas no las leía en mi mente, sino que se las habían sido entregadas por el Yo superior a través del Yo inferior.

Cuando estuvo convencida de que la respuesta era favorable, dijo: “Dios me dice que su oración es escuchada. La puerta está abierta. Su camino no está demasiado bloqueado, aunque tampoco la puerta estaba siempre bien abierta. Ahora preguntaré qué tenemos que hacer por nuestra parte”.

Nuevamente miró fijamente el agua y cayó en el estado en el que veía con sus sentidos psíquicos. Vio a mi competidor, que por lo demás era un antiguo amigo mío. Ella describió su apariencia y examinó en una conversación conmigo si precisamente lo había visto a él. Vio su oficina detrás de la tienda y también comprobó sus detalles conmigo. Además, vio al corredor al que yo le había pagado para vender mi negocio y que no lo había logrado. A través de ese examen psíquico de la situación se había hecho tarde.

“¿Le ha causado usted daño a alguien?”, preguntó la sanadora. “¿Por qué la puerta no está completamente abierta y por qué su camino está un poco bloqueado?”. Yo no podía acordarme de haber perjudicado a alguien y se lo dije. “¿Tiene usted la sensación de que el precio de 8.000 dólares por la tienda es demasiado alto?”, fue la pregunta siguiente. Yo le aseguré que consideraba el negocio sumamente correcto.

“Entonces son justamente las pequeñas ideas de pecado que lo corroen desde adentro y que son atribuibles a la escuela dominical o a otras enseñanzas eclesiásticas”, decidió ella. La mayoría de las personas buenas tienen eso, especialmente aquellas que toman en serio sus deberes con la iglesia. Para deshacerse de esos sentimientos de culpa y dejar libre el camino hacia Dios, usted tiene que ayunar durante tres días hasta la una de la tarde, y mientras ayuna tampoco debe fumar. Después de tres días hágale una donación a alguien que tiene una emergencia o entregue una cantidad con fines caritativos. Pero esa donación tiene que ser tan grande, que usted llegue a sentirla dolorosa, - es decir, que corresponda a casi más que sus recursos. Eso le dará profundamente en su interior la sensación de que ha hecho lo suficiente para saldar todos sus pequeños pecados. Una vez que haya hecho todo eso, venga nuevamente hacia mí.

La sanadora prescribió entonces excelentes estimulantes físicos, para hacer creer al Yo inferior en mí, que eso expiaba aquello que él creía tener que considerar como pecado. Yo no había podido averiguar de qué se podrían haber tratado esos complejos de culpa, pero finalmente me fue indiferente.

Durante los tres días siguientes efectué las indicaciones que se me habían dado y sentí que las estipulaciones eran suficientemente severas, como para impresionar a mi Yo inferior en no poca medida. Porque yo estoy dotado de un buen apetito y en ese tiempo era un gran fumador. Entregué mi donación al Ejército de Salvación, que según mi opinión es una buena organización caritativa.

Una tarde fui otra vez donde la sanadora y me senté con ella en la mesa redonda. Otra vez ella utilizó el vaso con agua, y después de pocos minutos vio nuevamente la puerta. Pero esta vez estaba bien abierta y con eso indicaba que mi camino ya no estaba bloqueado. Ella retiró el vaso

y preguntó nuevamente por mis planes. Si habían cambiado mis planes. Si yo todavía estaba convencido que deseaba tener todo exactamente como le había dicho esa vez.

Cuando le aseguré que mis planes seguían siendo claros e invariables, se dispuso a pronunciar la oración dirigida al Yo superior.

Cuando un Kahuna le rezaba al propio Yo superior y le pedía ayuda para otra persona, la oración iba directamente al Yo superior de esa otra persona. De ahí se expresa la creencia de que todos los Yoes superiores están conectados entre ellos de una manera que no conocemos y que apenas podemos imaginar. Ellos son “muchos en uno” y “uno en muchos”. Forman una unidad aunque estén separados. Entre ellos tienen vínculos que son más estrechos que el de las abejas en el panal. Ellos saben trabajar como unidad y sin embargo, cada Yo superior trabaja en forma completamente individual. Por cierto nosotros no podemos comprender eso, pero sobre la base de resultados que se han logrado por medio de contactos con el Yo superior, ese conocimiento parece concordar de la mejor manera con lo que podemos comprender de él.

Para prepararse para la oración, la sanadora se levantó y caminó lentamente de un lado para otro, respirando intensamente. Después de algunos minutos se detuvo al lado de la mesa y dijo tranquilamente que ahora quería pronunciar la oración por mí ante Dios; y entonces – como si mirara en la lejanía - comenzó a hablar en idioma hawaiano, lentamente, en forma insistente y con gran fuerza. Dijo la oración una vez, luego la repitió dos veces más.

La oración fue pronunciada tres veces consecutivas, con la formulación más exacta, palabra por palabra y pensamiento por pensamiento, con completa fuerza de voluntad sugestiva concentrada. El Yo inferior fue inducido de ese modo a transmitirle al Yo superior las formas de pensamiento de la oración cuidadosamente formada y claramente formulada.

Bajo la orden del Yo medio de la sanadora, el Yo inferior produjo el contacto con el Yo superior. El vaso con agua no se necesitó más, porque en ese momento ya no se esperaba ni se pedía ninguna respuesta. Cuando la sanadora hubo pronunciado tres veces la oración, se sentó y se fumó un cigarrillo. Descansó de su esfuerzo. Ella había juntado mucha fuerza vital adicional y había enviado la oración como una cadena de formas de pensamiento en una corriente de intensa fuerza vital.

Poco después el vaso con agua entró nuevamente en acción. Ahora se trataba de establecer qué tipo de comunicaciones enviaría el Yo superior y qué tipo de instrucciones impartiría.

En la superficie del agua del vaso apareció una escena en la que pasaban diferentes cosas. La sanadora reconoció lo que el Yo superior había determinado para mi futuro. El antiguo futuro ya había sido anulado y había sido construido uno nuevo.

El antiguo futuro habría contenido sin duda todas las fallas económicas que me habían parecido inevitables, que había temido y que me había imaginado vívidamente con inquietud. Mi antiguo futuro probablemente se habría desarrollado también de acuerdo con éstas, si el Yo superior no me hubiera ayudado a hacer desaparecer las amenazantes malas perspectivas y a dirigir mi nuevo futuro por una mejor trayectoria.

Nosotros no sabemos con exactitud cómo el Yo superior forma el futuro de los Yoes inferiores y medios que él cuida como “vigilante” y “espíritu paternal”. Sólo podemos suponer que las formas de pensamiento formadas por nosotros, de alguna manera son utilizadas para modelar la imagen del futuro. Por lo menos nuestras formas de pensamiento le manifiestan al Yo superior lo que esperamos, lo que tememos, lo que deseamos y lo que planeamos. Parece que nuestro futuro se forma de aquellas formas de pensamiento, y por cierto sin deterioro de nuestro libre albedrío. Queda a nuestra disposición ejercer nuestro libre albedrío. Mientras no pidamos ayuda, no se nos puede dar, porque de lo contrario se anularía el libre albedrío. Por cierto no podemos decir por qué eso es así, pero podemos comprender que una ley así tiene mucho sentido.

Como nuestra capacidad para pensar es limitada, no nos podemos formar ningún concepto de un futuro de materia invisible, un futuro, que pese a eso contiene todos los sucesos y

circunstancias, cuya materialización transcurrirá minuto a minuto, hora tras hora, día a día, hasta el momento en que el bosquejo invisible del futuro se “cristalice”. Tal vez el futuro sea generado de manera similar a como son generados el cuerpo de sombra del Yo inferior y medio y las formas de pensamiento. Tal vez formas de pensamiento se desarrollan hasta transformarse en sucesos futuros. Los Kahunas no sabían nada exacto al respecto y nosotros tampoco lo sabemos. Sin embargo, mientras sepamos que el futuro de alguna manera se lleva a cabo de tal modo que – en cuanto haya obtenido forma – puede ser previsto y MODIFICADO, sabemos todo lo que necesitamos saber. La sanadora vio en el vaso con agua mi nuevo futuro y me dijo, a raíz de esas imágenes, lo que yo tenía que hacer y cuando tenía que hacerlo. Ella parecía saber por qué los sucesos que de algún modo estaban conectados con visiones psíquicas, ocurrían en forma psíquica. El método habitual del Yo superior de hablar por medio de símbolos, no fue aplicado en este caso.

Ella vio que yo iba donde mi competidor con un papel en la mano. Dijo que en el papel estaba anotada toda mi oferta de venta, con precios y todos los detalles. Dijo que Dios le había comunicado que mi competidor era un hombre que deseaba ver todo escrito y que de lo contrario diría “no”, por una costumbre arraigada.

“Entonces escriba todo”, me indicó. “El próximo martes a las 14.15 hrs. vaya a visitarlo. Él estará en su oficina, sentado en su escritorio sin hacer nada. Usted pone la hoja de papel sobre la mesa y dice: ¿Podría leerlo por favor? Yo vuelvo en diez minutos aproximadamente. Entonces retírese y visítelo nuevamente después de diez minutos. Él ya habrá terminado de leer la hoja y le dirá que va a comprar su negocio”.

Para mí todo eso era de una increíble especificación hasta el más mínimo detalle. Le pregunté cómo podía saber todo eso, y ella me dijo que me veía haciendo eso en mi futuro y que Dios le había dado a entender por qué la proposición tenía que ser por escrito.

Yo estaba sorprendido por las indicaciones y prometí hacer todo exactamente al pie de la letra. El martes siguiente a las 14.15 hrs. entré al negocio de mi competidor con mi oferta de venta escrita a máquina minuciosamente en todos los puntos. Encontré a mi competidor, como estaba previsto, sentado en su escritorio sin hacer nada. Coloqué el papel delante de él y le pedí que lo examinara; dije que regresaría en diez minutos.

Cuando regresé después de diez minutos, él me esperaba dispuesto. “Estoy de acuerdo”, dijo él. “Primero le entrego un cheque por cien dólares, para que el trato tenga carácter de obligatorio. Después usted puede preparar tranquilamente el contrato de venta”. De ese modo se cerró el convenio, con ayuda de la sanadora y del Yo superior. El precio nombrado en la oración fue aceptado. Yo permanecí todavía por algún tiempo con mi amigo competidor y le ayudé a unir mi negocio con el suyo.

Cuando todo había terminado, le informé a la mujer Kahuna acerca de todo el transcurso del asunto. Le cancelé lo que estaba dispuesta a recibir, y eso fue bastante poco, si se considera el gran servicio que me había hecho.

Algún tiempo después, cuando casi había terminado con el manejo de mis asuntos comerciales y quería viajar a California, la sanadora echó un vistazo en mi futuro, para ver claramente la otra parte de mis planes, que se refería a mi desempeño como escritor. Nuevamente formuló una oración y pidió que se me permitiera escribir. Después examinó el futuro con ayuda del Yo superior. Lo mismo que ella había hecho esa vez en el caso de la venta del negocio, lo hizo ahora para mis trabajos literarios.

“Usted escribirá ocho libros”, dijo ella después de una larga mirada en su improvisado aparato para mirar en un cristal. “Eso alcanza hasta donde los dioses me dejan ver ahora. Ocho libros”. Suspiró. “Pero usted tendrá que reunir mucha paciencia. Hay un largo tiempo entre el primer y el octavo libro. Ocurrirán muchas cosas. No será siempre fácil. Pero los últimos cuatro libros le serán más fáciles que los primeros cuatro, y saldrán más rápidamente uno tras el otro”.

Esa mirada en el futuro que la sanadora hizo para mí, se remonta al año 1932. En el año 1947 estaban terminados los primeros cuatro libros.

Comentario adicional:

El sistema psicoreligioso del “secreto” (Huna) es de principio a fin un sistema útil. No tiene ninguna pretensión de comprender o explicar cosas que tienen que ver con el ser supremo divino, y cuya comprensión no le ha sido dada en ningún caso a nuestra capacidad para pensar.

Huna se basa en el sentido común y ofrece posibilidades prácticas de aplicación. Aquí se nos brinda un sistema que está libre de dogmas y esquemas que no son de utilidad práctica para nosotros.

XX

El Yo superior y la sanación de acuerdo

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