• No se han encontrado resultados

Las indicaciones de Tiberino en la llegada a Italia

Profecías con destinatarios humanos

2.6. Tiberino a Eneas (8.18-85)

2.6.1. Las indicaciones de Tiberino en la llegada a Italia

En el principio del libro 8 se encuentra una profecía emitida por una divinidad itálica, como en el caso de Fauno en el libro 7. Se trata de un espíritu ancestral, motivo por el cual se le adjudica el adjetivo senior en 8.32317. Como todas

las divinidades fluviales y marinas, recibe el epíteto de caeruleus (8.64)318. Del

carácter divino emana su capacidad profética, que lo lleva a afirmar, en 8.49, haud incerta cano.

Lo primero que hace Tiberino es confirmar que el lugar donde está Eneas es efectivamente el destino de su viaje, certificando de esta manera el cumplimiento de los anuncios recibidos con anterioridad (8.39):

hic tibi certa domus, certi (ne absiste) penates.

Aquí tienes una morada segura (no desistas), seguros penates.

Eneas ha llegado, por fin, a la tierra hesperia largamente anhelada. En segundo lugar, afirma que Eneas debe permanecer tranquilo y no tener miedo de la guerra,

puesto que “todas las irritaciones e iras de los dioses se han retirado” (8.40-41: tumor omnis et irae / concessere deum). Estos versos han sido muy discutidos, puesto que semejante afirmación no condice con las acciones desplegadas por Juno a lo largo del poema y en especial en el libro anterior, en el que ha instigado el estallido de la guerra a través de su mediadora, Iris. Eden (1975: 25) opina que la falta de veracidad no constituye una fuente relevante de objeciones ya que era esperable

317 Eden 1975: 22, Gransden 2003: 83.

318 Clausen (2002: 158) señala que aquí el río se describe así porque aparece en su calidad de divinidad, no como elemento del paisaje del mismo modo que en 7.31. Allí el narrador lo define

que un dios mintiera con el objetivo de animar a un mortal319. Lyne (1987: 83) y

Gransden (2003: 84-85) coinciden con esta apreciación. El enunciado de Tiberino no es literalmente verdadero pero de todos modos resulta efectivo y logra

reconfortar a Eneas, objetivo primordial en esta situación de desconcierto. O’Hara

(1990: 31-35), por el contrario, coloca el acento en la verdad del anuncio puesto que su hipótesis de lectura de las profecías está centrada en su carácter deceptivo. Lo

que dice Tiberino “is simply not true”320 y logra animar a Eneas en tanto le hace

creer que la ira de los dioses puede ser controlada y vencida (8.61: supera) mediante la plegaria y el sacrificio.

Si bien coincidimos en que la afirmación de Tiberino no es verdadera, podemos presentar dos objeciones al planteo de O’Hara. En primer lugar, no es cierta en esta instancia de la trama pero se cumplirá al final del poema, puesto que en el libro 12 Juno, aun con condiciones, dará su anuencia. El problema estaría, en todo caso, en el empleo del verbo concedo en pretérito perfecto, mediante el cual el dios río presenta la acción como ya ocurrida. No obstante, puede alegarse aquí que interviene la visión panóptica de los dioses321. Tiberino contempla la acción en el

futuro de su cumplimiento.

En segundo lugar, no es cierto que la pietas de los hombres no reciba ninguna respuesta ni recompensa: ¿cómo se explica, por ejemplo, la lluvia de Júpiter sobre las naves luego de que Eneas elevara una plegaria solicitando ayuda ante el incendio? Si bien Juno sólo al final del poema abandonará su oposición a los troyanos, no es adecuado presentar los rituales humanos como acciones vanas que no encuentran en la esfera divina ningún tipo de respuesta.

En tercer lugar, Tiberino establece un signo que hará las veces de ratificación de su mensaje322: Eneas encontrará una cerda blanca rodeada de sus

319Eden 1975: 25: “Misrepresentation is permitted and expected”.

320O’Hara 1990: 32.

321 Manetti 1987: 29 y 2010: 15.

322 8.42: ne vana putes haec fingere somnum (“para que no pienses que a estas cosas vanas las ha

treinta crías que le señalará el sitio donde Ascanio fundará Alba Longa (8.43-48)323.

De esta forma, el dios río pone a disposición de Eneas algo que el lector conoce desde el comienzo del poema gracias a la profecía de Júpiter a Venus324.

Finalmente, Tiberino le enseña a Eneas (8.50: docebo) de qué manera proceder para vencer las adversidades325. Debe buscar como aliado al rey Evandro

(8.51-56) y elevar ofrendas a Juno para que cesen sus iras (8.59-61)326. Esta última

indicación ya había sido dada por Héleno, pero el pacto con Evandro constituye una novedad. Como bien observa Henry (1989: 110), lo que Tiberino propone es que Eneas, de una vez y para siempre, se reconcilie con sus viejos enemigos divinos y humanos, Juno y los griegos, los destructores de Troya. Se cumple así lo anunciado por la Sibila en 6.96-97: Via prima salutis / (quod minime reris) Graia pandetur ab urbe (“el principal camino de la salvación se abrirá, cosa que tú menos crees, a partir de una ciudad griega”).

Así, se observa que una divinidad local avala la presencia de Eneas en Italia no en calidad de invasor, tal como quiere Turno, sino como un nativo que regresa a su patria (8.36-37):

O sate gente deum, Troianam ex hostibus urbem qui revehis nobis aeternaque Pergama servas

Oh, hijo de la estirpe de los dioses, que nos traes de regreso a la ciudad troyana de los enemigos y conservas eterna a Pérgamo.

En esta invocación Tiberino reconoce la ascendencia latina de Eneas y, mediante la expresión revehis nobis, lo coloca en el lugar de un héroe local, de un restaurador

323 Sobre el signo de la cerda blanca y sus antecedentes en la tradición, cf. Putnam 1965: 113, Eden

1975: 27-28, Henry 1989: 110 y Smith 2005: 48. 324 Cf. 1.267-277.

325 Cf. Otis 1964: 333.

326 Para Putnam (1965: 112), la repetición del verbo supero indica una conexión entre el Tíber y la ira

de Juno: el río parece estar diciendo que su corriente no puede ser vencida, que Eneas no puede remontarla, hasta que se hagan los sacrificios a Juno. Esto es lo que sucede después de llevarlos a cabo, en 8.84-87.

esperado en el Lacio327. Se refuerza, pues, nuestra propuesta de lectura de la

profecía de Fauno. ¿Puede ser Eneas considerado un externus, luego de estas palabras de Tiberino que ofician como respaldo de las divinidades de la tierra itálica a los troyanos? En palabras de Thornton (1976: 116), “the river god of his future homeland becomes his first ally”.

2.6.2. El omen de la cerda blanca y su significado

El auxilio otorgado por la divinidad local a Eneas se manifiesta en otro elemento central. Tiberino describe el signo que se aparecerá a Eneas y al mismo tiempo proporciona las claves para su interpretación; es decir, se coloca en el lugar de intermediario para dar un significado a la visión de la cerda blanca junto a su cría, que puede considerarse un omen en sentido amplio.

Cicerón (Div. 1.102) define los omina como una clase particular de adivinación como proveniente de la palabra humana:

Neque solum deorum voces Pythagorei observitaverunt, sed etiam hominum, quae vocant omina.

Y los pitagóricos observaron no sólo las voces de los dioses, sino también las de los hombres, a las que denominan “omina.

Bouché-Leclercq asocia este tipo adivinatorio con el cledonismo griego, es

decir, con la disciplina dedicada a interpretar “la palabra humana empleada por la

Providencia como signo enigmático” (2003: 126)328. El omen propiamente dicho es,

pues, la emisión de la voz humana que oficia de vehículo al mensaje divino; de aquí la orden favete linguis durante el desarrollo de los rituales. Era esencial el lugar del receptor, quien debía otorgarles un sentido positivo (bonum, faustum, acceptum,

327 Cf. Fordyce 1977: 208.

laetum) o negativo (malum, infastum, adversum, obscaenum) a las palabras escuchadas.

Sin embargo, la adivinación ominal no se limitaba a los signos a través de la palabra, sino que se extendía a otros tipos de presagios fortuitos329. En este sentido

amplio analiza el concepto Bailey (1935: 11ss), quien lo define como “indicaciones accidentales” acerca del futuro.

La aparición de la cerda blanca, pues, pertenece al mismo tipo de signos que las serpientes que salen del mar y matan a Laoconte en el libro 2, los caballos que observan los troyanos al llegar a Italia en el libro 3 o el fuego que se apodera de los cabellos de Lavinia en el libro 7. Ahora bien, en dichos casos los signos o han sido interpretados de modo incorrecto o han sido tan confusos y ambiguos que los humanos no han podido adjudicarles un significado único. Aquí, en cambio, por primera vez Eneas será capaz de reconocer el signo gracias a la descripción de Tiberino, de conocer el significado del omen y de actuar adecuadamente, elevando plegarias a las ninfas y al río, y realizando el sacrificio correspondiente (8.68-85). Eneas avanza en su conocimiento y obtiene aquí, en palabras de Smith (2005: 49),

“una visión verdadera del Lacio verdadero” (nuestro subrayado):

Questions as to the optimism or pessimism of Tiber’s words now become less important than the validation that his physical appearance and the discovery of the sow provide. The epic has moved away from deceptive visions of a false Troy at Buthrotum, where Aeneas received the prediction of the sow, to true vision of the true Latium, which Tiber and the sow represent.

Como consecuencia de la realización de los ritos, el dios cumple la promesa realizada en 8.57-58 (ipse ego te… ducam, “yo mismo te conduciré”) y suaviza su corriente para que los enéadas puedan llegar a la ciudad de Evandro (8.86-96). El libro 8 comienza con el fundador de la estirpe remontando el río de la futura

ciudad de Roma y se cierra con el escudo de Vulcano, donde Augusto, segundo fundador de la ciudad, doblega los ríos de los últimos confines del imperio330.