Profecías con destinatarios humanos
2.4. Fantasma de Anquises a Eneas (6.752-892)
2.5.1. Los signos en el palacio de Latino y la consulta a Fauno
Las acciones del libro 7 se ponen en marcha con el desembarco de los troyanos en Italia y su llegada a los reinos del Lacio. En virtud de estos sucesos, ocurren dos portentos en el palacio de Latino (7.59-80). El primero (7.59-67) consiste en un enjambre de abejas que se apodera de la copa del laurel consagrado a Febo. El segundo (7.71-78) ocurre mientras el rey y su hija Lavinia están cumpliendo un rito frente al altar: el fuego se apodera de la princesa y envuelve sus cabellos y vestiduras con llamas y humo. Las interpretaciones que formulan los vates de palacio no son concluyentes. En el primer caso (7.68-70):
continuo vates «externum cernimus» inquit «adventare virum et partis petere agmen easdem partibus ex isdem et summa dominarier arce.»
A continuación dice el vate: “Vemos que se acerca un varón extranjero y que
un ejército busca las mismas regiones desde esos mismos lugares y domina
la más alta fortaleza”.
id vero horrendum ac visu mirabile ferri: namque fore inlustrem fama fatisque canebant ipsam, sed populo magnum portendere bellum.
Dijeron que era verdaderamente horrendo y admirable de ver: pues anunciaban que ella misma [= Lavinia] sería ilustre por su fama y sus hados, pero que para su pueblo anunciaba una guerra enorme.
Estos presagios pueden recibir tanto una valoración negativa como positiva293. Son negativos si se entiende la llegada del extranjero y del ejército como
una invasión al Lacio, y el fuego y el humo como señales de destrucción pero, por otro lado, el ascenso de las abejas a la cúspide del árbol sagrado y el fuego que distingue a Lavinia auguran un destino glorioso, por lo cual poseen un lado positivo294.
La valoración de los signos no resulta, por lo tanto, unívoca e inconfundible. Ambos despiertan la admiración y consternación de quienes los presencian (cf. mirabile dictu en 7.64 y visu mirabile en 7.78). Lo auspicioso y lo nefasto se unen en estos portentos, y una interpretación no descarta a la otra. Al fin y al cabo, la guerra y la destrucción son el precio del triunfo y el renombre futuro.
La ausencia de una interpretación unívoca en los signos del palacio lleva al rey Latino a pedir el auxilio del dios Fauno, su padre295. Se trata de una divinidad
romana muy antigua, que recibía culto en el Palatino como deidad bienhechora (su nombre se explicaba como derivado de qui favet), protectora de los rebaños y los pastores, que luego fue asimilada al Pan griego296. Este aspecto rústico del dios es,
293 Cf. Reckford 1961: 258-260, Lee 1979: 69 y La Fico Guzzo 2005: 216.
294 Reckford apunta que ambos signos se refieren a otros sucedidos en la primera parte del poema.
Las abejas remiten a los cartagineses que construían la ciudad de Dido; más adelante, en 12.587-592, el humo ahuyentará las abejas. El fuego sobre la cabeza de Lavinia recuerda al signo de Iulo en Troya en 2.681-686, aunque en el caso de la princesa latina el humo resulta un elemento menos optimista.
295 Existen varios pasajes del libro 7 en donde se alude a este vínculo entre Fauno y Latino: 7.47 (se
afirma que Latino es Fauno et nympha genitum Laurente Marica), 7.213 (Ilioneo llama a Latino genus
egregium Fauni) y 7.368 (Amata se refiere a la profecía como Fauni…iussa parentis).
296 Cf. DAGR: “Faunus” (t. II, pp. 1021-4), Bailey 1935: 35ss., Rosivach 1980: 140-141, Turcan 2000: 63ss., Grimal 2001: 193-194 y Bouché-Leclercq 2003: 902ss.
según Rosivach (1989: 140-1), el que se subraya en la presentación de Latino a fin de explicar, mediante su genealogía, el carácter pacífico de su reinado (7.46-47):
Rex arua Latinus et urbes iam senior longa placidas in pace regebat.
El rey Latino, ya anciano, gobernaba los campos y las plácidas ciudades con una paz duradera.
El segundo aspecto de Fauno es el de dios oracular, atributo que se revela en el pasaje que aquí analizamos, donde es llamado fatidicus genitor (7.82). Servio explica su nombre como derivado de la palabra griega φω ή, ya que este dios no anuncia a través de signos, sino mediante su propia voz, lo cual se confirma aquí. Ante el pedido de Latino, subita ex alto vox reddita luco est (“una súbita voz se escuchó desde lo profundo del bosque”, 7.95). Este tipo de profecías, en las que se prescinde de todo intermediario entre los dioses y el ser humano receptor, es lo que Bouché-Leclercq (2003: 901ss) denomina “vaticinio al modo itálico”297.
Se otorga aquí un lugar de relevancia a la mención y descripción de elementos rituales, de modo de conferir al pasaje una atmósfera religiosa. El escenario de la consulta de Latino es el lucus, bosque sagrado (7.82), en donde se encuentra la fuente de Albunea (7.83). Se trata de un sitio oracular tradicional (7.85-86):
Hinc Italae gentes omnisque Oenotria tellus in dubiis responsa petunt.
Aquí piden respuestas los pueblos itálicos y toda la tierra enotria en momentos de vacilación.
297 Si atendemos al esquema de G. Manetti, se elimina el componente del hombre o mujer en estado
de posesión que oficia de canal de comunicación. Existe un signo emitido por el dios que llega directamente al destinatario, encargado de adjudicarle un significado adecuado mediante el proceso de interpretación. Podemos hallar otro ejemplo de este tipo de adivinación en el anuncio de Apolo en 3.93-98, que trataremos en la tercera parte del trabajo.
El pedido se acompaña de un sacrificio realizado según las prescripciones rituales (7.93: rite). Nótese el uso del verbo macto, “inmolar”, y la descripción de la cantidad y tipo de animales empleados (centum lanigeras… bidentis, “cien ovejas lanudas de
dos años”).
Por otra parte, la invocación se efectúa de acuerdo con un procedimiento específico que, tradicionalmente, han seguido los pueblos itálicos para solicitar las respuestas de Fauno. Es central el paralelismo establecido entre la conducta habitual del sacerdote (7.86-91: sacerdos…cum tulit et… incubuit stratis somnosque petivit) y las acciones de Latino (7.92-95: hic et tum pater ipse petens responsa Latinus…iacebat), para señalar la observación de un ritual. Se trata de la incubatio o ἐ ί , una forma especial de oniromancia298. Aquí los sueños proféticos no
son enviados por los dioses de manera fortuita, sino como respuesta a una pregunta definida formulada por el consultante. Para obtener la contestación del dios, era necesario que quien la pidiera observara una serie de comportamientos relativos a la comida, la bebida y al modo de dormir, de modo de preparar el cuerpo adecuadamente299. Latino, en este caso, cumple con la costumbre de
recostarse sobre las pieles de los animales sacrificados para lograr acceder al contacto con lo divino (7.86-95):
huc dona sacerdos cum tulit et caesarum ovium sub nocte silenti pellibus incubuit stratis somnosque petivit, multa modis simulacra videt volitantia miris et varias audit voces fruiturque deorum
conloquio atque imis Acheronta adfatur Avernis. hic et tum pater ipse petens responsa Latinus centum lanigeras mactabat rite bidentis, atque harum effultus tergo stratisque iacebat velleribus: subita ex alto vox reddita luco est.
298DAGR: “incubatio” (t. III, pp. 458-60), Bouché-Leclercq 2003: 221.
Una vez que trajo hacia aquí las ofrendas, bajo la noche silenciosa se recostó sobre las pieles extendidas de las ovejas sacrificadas y buscó los sueños, el sacerdote ve que muchas imágenes revolotean de modos sorprendentes, oye varias voces, disfruta del coloquio de los dioses y le habla al Aqueronte, en el profundo Averno. Aquí también entonces el mismo padre Latino, buscando respuestas, inmolaba según el rito cien ovejas lanudas de dos años y, apoyado sobre sus lomos, yacía en las pieles extendidas; una súbita voz se escuchó desde lo profundo del bosque.
La correcta realización de los pasos da como resultado la comparecencia del dios, que otorga al rey una respuesta acerca de Lavinia. Asimismo, la descripción de las acciones de Latino ubica su consulta en el ámbito de la divinatio, en la cual ciertamente cabe esperarse cierto grado de ambigüedad que el receptor debe dilucidar.