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2. BRIEF DE LA PROVINCIA DE MANABÍ

2.15. Individuo y sociedad

2.15.1.LA FAMILIA69

Al tiempo que la familia, configurada sobre la base de las concepciones de parentesco de cada grupo social, constituye un primer espacio de socialización y de aprehensión de la cultura, define el carácter de las relaciones sociales de sus miembros dentro de la sociedad en su conjunto. De esta manera, establece una doble dinámica cuyos efectos se sienten a su interior, a través de la enculturación, y fuera de ella, por medio de las redes que se tejan a partir de sus características externas.

En el primer caso, en ausencia de una intención explícita o, dicho de otro modo, sin que haya una conciencia clara al respecto, quienes la conforman tomarán parte activa en la configuración de la identidad de los nuevos miembros, recreando escenarios y situaciones acordes a los valores socio culturales interiorizados.

Dentro de ello, cobrarán importancia pequeños gestos y discursos tornados sutiles en el ejercicio de su repetición. Así, dentro de la familia, la sola observación del comportamiento de los otros o la percepción de las expectativas en torno al propio, plasmadas en acciones tan cotidianas como la asignación de tareas o las sanciones a la conducta, orientarán aspecto de los diferentes papeles que se exige asumir a cada individuo dentro del conjunto de las relaciones sociales.

En el segundo caso, en cambio, será simplemente la configuración de la familia, con la amplitud o estrechez de sus límites, la que definirá su ampliación, el establecimiento de vínculos fuera de ella y las distintas formas de hacerlo.

69 MARTINEZ, Juan, La Cultura Popular en el Ecuador: Manabí, Centro Interamericano de Artesanías y Artes

2.15.2.RELACIONES ENTRE LOS MIEMBROS AL INTERIOR DE LA FAMILIA

El papel que se exige asumir a los miembros de la familia, tanto a su interior como en la sociedad en general, está mediado, en buena parte, por las formas de organización de la producción, de un lado, y las concepciones de género, de otro, ambas en constante interacción y recreadas al interior de la dinámica antes descrita. 70

Como se apreciará con más detalles en el acápite correspondiente, dentro de los grupos sociales de nuestro interés, en especial, el de los montubios o los cholos pescadores, la organización socio productiva involucra desde temprana edad, tanto a hombres y mujeres adultos como a sus hijos e hijas. Como nos comentaron algunos de nuestros informantes, la reproducción biológica muchas veces atiende a las necesidades de contar con manos suficientes para la reproducción social. De esta manera, la maternidad se concibe como condición necesaria de la feminidad, exigiéndose a la mujer “dar” hijos. Evidentemente, si bien tanto hombre como mujer intervienen en su concepción, es sobre ella que recaen las presiones y la sanción social. Entre los motivos para “cambiar de mujer” nuestros informantes citaban muchas veces la demora en el embarazo.

Dentro de esta concepción, el cuidado y enculturación de los hijos e hijas recaerán en su mayoría sobre las mujeres, a excepción de la enseñanza de aquellas actividades que dentro de la división sexual del trabajo solamente los hombres pueden enseñar a sus hijos varones. Si bien tales circunstancias exigen a la mujer permanecer buena parte del tiempo en el hogar, algunos factores, entre los que se cuentan la participación directa de todos los miembros de la familia en las tareas de la reproducción social, o la difícil situación económica de los grupos sociales de nuestro interés, lleva muchas veces a la necesidad de que hombres y mujeres busquen un trabajo remunerado, determinando otras formas importantes de presencia social de la mujer en ámbitos distintos de aquellos relacionados con el papel de madre que se les ha asignado. Aunque esta

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situación coadyuva a una mayor participación de la mujer en el espacio público, no puede dejar de mencionarse, sin embargo, que demanda también un doble esfuerzo. Por su parte, dentro de las concepciones de masculinidad el “hacer hijos” será propio de un “verdadero hombre”, argumento que sacan a relucir los padres durante sus conversaciones de la vida cotidiana, en las que muchas veces mencionan orgullosos cuántos hijos tienen. Sin embargo, liberados en buena parte, de la responsabilidad de su cuidado y enculturación, en términos generales, a los hombres se les asigna muchas veces el papel de “proveedores”, situación matizada, como se expuso anteriormente, por las nuevas y diferentes formas de presencia social de la mujer.

Finalmente, como se mencionó antes, también bajo la mediación de las concepciones de género vigentes, a los hijos e hijas se les exige asumir desde temprana edad, seis o siete años, el papel de sujetos sociales a través de la participación activa al interior del hogar en las tareas de reproducción social.71

2.15.3.FAMILIA Y COMUNIDAD

Dentro de la provincia de Manabí, en los ámbitos de nuestro interés, las nuevas parejas prefieren independizarse, constituyendo la familia nuclear la unidad de residencia más frecuente. La formación de nuevos hogares que ello conlleva, no resta importancia, sin embargo, a las relaciones con los miembros de la familia más amplia, esto es, a las elaciones con los abuelos, padres, hermanos, tíos o primos hermanos, lo que se evidencia en la búsqueda de ocasiones de reunión o en normas implícitas como la presencia de todos los miembros en momentos trascendentes de la vida de alguno, así como en situaciones difíciles. Quienes se han establecido en lugares distintos de su lugar de nacimiento, procuran visitarlo cada oportunidad: “la tierra nos sigue uniendo”. El proceso descrito establece un conjunto de familias nucleares emparentadas entre si y en continuo contacto lo que circunscribe un espacio de acción e intercambio social en términos del cual se resolverán las necesidades de todo tipo, inclusive de índole económica. A su vez ello permite un repliegue parcial de cada familia al interior de la

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sociedad. En algunas zonas rurales de Manabí, especialmente, existen incluso familias con tendencias a la endogamia, cuyas normas o preferencias prescriben dicho repliegue. En ellas se favorece el matrimonio entre primos hermanos, que renueva a la familia y le da continuidad en el tiempo únicamente a partir de la progenitura de sus propios miembros, estableciendo o reforzando también vínculos entre determinados parientes que de una u otra forma contribuirán a la sobre vivencia de las nuevas unidades. Muestras de dicha tendencia son apellidos que perduran generación tras generación, haciéndose tradicionales en algunos puntos específicos de la provincia, como “Mieles”, en Olmedo, o “Zambrano” en Calceta, cantón Bolívar, para solo citar unos contados ejemplos. Otras muestras de esta tendencia son ratificadas por la rica tradición oral manabita, a través de “dichos” como el que pudimos recoger en Olmedo: “la cuña para ser cuña, debe ser del mismo palo; el amor para ser firme debe ser entre primos hermanos”.

Sin embargo, en algunos casos como el de los recintos que conforman la parroquia Membrillal, en Jipijapa, estudiado por Espinosa (1990), las nuevas generaciones prefieren no depender de los vínculos tejidos al interior de la familia, optando por buscar pareja fuera de ella.72

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CAPITULO III