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la ineptitud lógica y el sentimiento moral de la indignación

de la Filosofía Política: el giro aplicado desde la inmanencia

1. Indicios de la problemática del giro aplicado de la inmanencia

1.2 la ineptitud lógica y el sentimiento moral de la indignación

Problemáticas sociales actuales como la corrupción, la pobreza, la desigualdad social, la inmigración, el desempleo, el narcotráfico, los conflictos armados internos, la desaparición forzada, las crisis humanitarias y alimentarias, las restricciones a la libertad de prensa, la apatía electoral, los totalitarismos, la exclusión social, los problemas ambientales, etc.; son consecuencias de los vacíos y las deficiencias que hoy se observan en las formas de gobierno, de los Estados, del propio desarrollo de la soberanía de la inmanencia y de la trascendencia; sin duda la realidad lleva a deliberar sobre el déficit ontológico que funda la complejidad sobre la que la existencia de los individuos y el colectivo en general transcurre, móvil para las acción de la sociedad civil global.

Zygmunt Bauman describe la manera como los individuos han asumido su libertad, situación que aquí se relaciona con el déficit ontológico enunciado. Efectivamente, Bauman enfatiza en que hemos fundamentado la creencia de que somos libres, por ende, el tema de la libertad se considera un asunto que “ya ha sido abierto, cerrado y (salvo por algunas pequeñas correcciones aquí y allá) resuelto del modo más satisfactorio posible (…) no sentimos la necesidad (una vez más, salvo algunas irritaciones ocasionales) de lanzarnos a la calle para reclamar y exigir más libertad o una libertad mejor de la que ya tenemos”32. Más aún, contrario a la

seguridad que tenemos de ser libres, creemos que no somos capaces de producir cambios en el mundo sobre el manejo de los asuntos del mismo, de la política, peor aún “…también creemos que, si fuéramos capaces de producir un cambio, sería fútil, e incluso poco razonable, reunirnos a pensar un mundo diferente y hacerlo existir si creemos que podría ser mejor que el que existe”33.

Es un contrasentido ser libres para no ejercer el derecho que cohabita con esa condición, aspecto que destaca la ontología de la elección, por eso, continuando la idea de Bauman, “si la libertad ya ha sido conquistada, ¿cómo es posible que la capacidad humana de imaginar un mundo mejor y hacer algo para mejorarlo no haya formado parte de esa victoria?, ¿y qué clase de libertad hemos conquistado si tan sólo sirve para desalentar la imaginación y para tolerar la impotencia de las personas libres en cuanto a temas que atañen a todas ellas?”34; es un equívoco, el mayor, creernos libres y no gestionar respecto

a nuestra existencia, es una “ineptitud lógica” en tanto que “somos capaces de vivir con esa contradicción; más aún porque casi nunca reparamos en ella y, cuando lo hacemos, no nos preocupa especialmente”35.

Bauman colige el tema de la “ineptitud lógica” con la distinción que hace Pierre Bourdieu de dos tipos de conocimiento, el “cínico” y el “clínico”: el primero, corresponde a la idea de que si el mundo es como es “pensaré en una

32 BAUMAN, Zygmunt. En busca de la política. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2001, p. 9. 33 Ibíd.

34 Ibíd. 35 Ibíd.

estrategia que me permita explotar sus reglas para mi provecho, sin considerar si es justo o injusto, agradable o no”36; y el segundo, aplica cuando “puede

ayudarnos a combatir más efectivamente todo aquello que consideramos incorrecto, y dañino o nocivo para nuestro sentido moral”37.

En vista de los recursos teóricos que deben anudarse al giro ontológico aludido es necesario erigir un trasfondo ético a la sinrazón que Zygmunt Bauman ilustra sobre el ejercicio de la libertad, aquí se propone la teoría del sentimiento moral como el marco con el que se determinan los trazos éticos emancipatorios de los movimientos sociales con los que se restituye el sentido de la libertad.

Sin duda la teoría del sentimiento moral es la vía que permite recoger la complejidad y el reduccionismo que genera la “ineptitud lógica” con la que se ha abordado el tema de la libertad actualmente, atendiendo la solicitud de un giro aplicado, como lo propone John Keane para la filosofía política, insistiendo en que se trata de un “…pequeño regalo a todas las personas interesadas en la importancia práctica de las ideas”38, que debe situarse de

cara al tema ético que el individuo día a día enfrenta en su accionar, en la praxis, que la sociedad civil global en cabeza de los movimientos sociales deja ver frente a la necesidad de elegir responsablemente y directamente sobre aspectos relevantes del mundo de la vida.

El eje de la teoría del sentimiento moral son las pasiones y los sentimientos, pilares a los que se circunscribe una cadena de valor que, atendiendo los análisis psicológicos de corte empirista, determina la naturaleza humana individual que toca, entre otros, a los sentimientos de simpatía, empatía, solidaridad, y al espectador juicioso o imparcial como elemento metodológico moderador que permite, pese a la subjetividad que caracteriza a cada individuo, llegar a la determinación del sentimiento moral para enlazar las individualidades y alcanzar aspectos morales que permitan la cohesión social, y la acción colectiva.

36 Ibíd., p. 10. 37 Ibíd.

Las éticas naturalistas y materiales, en las que se incluye la teoría del sentimiento moral, generan una vía alternativa a las éticas formales para llegar a develar los “sentimientos sociales de la humanidad”39; por esta vía es

fundamental desarrollar el sentimiento de la justicia que es relevante para la felicidad individual; en este caso la noción de justicia se asume como un deber y un derecho social que compromete la posibilidad de la realización de los individuos por cuanto liga “…un igual derecho a todos los medios conducentes a la felicidad, excepto en la medida en que las inevitables condiciones de la vida humana y el interés general, en el que ésta incluido el de todo individuo, ponen límites a ésta máxima, límites que deberían determinarse de modo estricto”40.

Por lo tanto, el sentimiento moral que los individuos despliegan bajo condiciones y contextos determinados se constituye en el derrotero para la acción legislativa, política y la reflexión ética; el tejido de éstos aspectos da consistencia a la ontología encarnada o roja, entramado que establece que la elección de los individuos, finalmente, generará la concordancia, sin forcejeos, sino por la fuerza propia de la naturaleza humana, del sentimiento subjetivo y la posibilidad de una realidad ética objetiva incuestionable como es el “sentimiento humanitario social”.

En la actualidad un buen ejemplo que prueba la relevancia de la teoría del sentimiento moral es el manifiesto que Stephen Hessel presentó en el 2010, escrito que ha impactado positivamente en la comunidad en general al punto que ha generado organizaciones importantes como es el movimiento 15 M que surgió en España. El título del texto de Hessel, “indignaos”, recoge el estremecimiento con el que se llama al cambio “…la peor de las actitudes es la indiferencia, el decir yo no puedo hacer nada, yo me las arreglo”41; pues

“...sin duda, al comportarnos así, perdemos la capacidad de indignarnos y el compromiso que nace de ella”42; recordando el planteamiento de Zigmund

39 STUART, John. El utilitarismo. Madrid: Alianza, 2007, p. 132. 40 Ibíd., pp. 136-137.

41 HESSEL, Stephen. Indignaos. Traducción de María Belvis Martínez García. Disponible en: http://

www.attacmadrid.org/wp/wp-content/uploads/Indignaos.pdf, p. 5.

Bauman, por esta vía se da fuerza a la “ineptitud lógica” que recoge el “conocimiento cínico”.

Reconocer la capacidad individual y colectiva de indignarse es imbuirse en el nervio que el sentimiento moral determina para la existencia humana, al indignarse se está atendiendo al complejo que la solidaridad y a la idea de justicia que obra sobre el individuo y el colectivo en general, énfasis ético base de la acción política de los sujetos que se asocian en un colectivo que los movimientos sociales formalizan, en este caso el objetivo es desarticular los engranajes instituidos de la soberanía trascendental para que se dé paso a la vitalidad que el sentimiento moral restituye desde la inmanencia; en este sentido es propio afirmar que el giro aplicado que aquí se ilustra destina a la ética como condición sine qua non para la filosofía política, queriendo decir que hablar de lo inmanente requiere la simbiosis de la ética del sentimiento moral con lo político, lo social, lo antropológico y lo ontológico.