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4 8 LA INFLUENCIA DE LA CRÓNICA EN OTROS AUTORES

Como queda apuntado en otro lugar de este trabajo, la Crónica de Cervantes de Salazar no se publicó por primera vez hasta 1914, por lo que tuvo una influencia muy limitada en los autores contemporáneos o posteriores a Cervantes de Salazar469.

No obstante, sabemos que fue utilizada por el cronista Antonio de Herrera y Tordesillas como fuente para la redacción de sus Décadas, según él mismo reconocía al desglosar los documentos que había empleado para redactarlas. El cronista de Cuéllar afirmaba que, entre otros textos, utilizó «las Memorias del Doctor Cervantes, deán470 de la Santa Iglesia de México, varón diligente y erudito, los cuales [sic] sé cierto que no vio el autor que ha sacado una Monarquía Indiana»471. Herrera, de esta manera tan tajante, descartaba que fray Juan de Torquemada, autor del mencionado texto, hubiera tenido acceso al texto de Cervantes de Salazar472.

Como queda dicho, el manuscrito de la Crónica fue llevado a España por el licenciado Valderrama en 1566. En los años siguientes, pudo ser consultado por Juan López de Velasco, que en aquella época desempeñaba el cargo de Cronista Mayor de Indias. En una carta de Catalina de Sotomayor, pariente de Cervantes de Salazar, se menciona que «el libro tiene Joan López de Velasco»473, afirmación con la que aludiría al manuscrito de la Crónica. Pocos días después, el 4 de mayo de 1575, Catalina de Sotomayor reconoce que «el libro no he podido cobrar de Joan López de Velasco; con todo, procuraré que le lleven con estas cartas»474.

469 En la «Noticia de los escritores de la Historia Antigua de México» con la que Clavijero prologaba

su Historia antigua, el jesuita incluía una breve entrada sobre Cervantes de Salazar en las que reconocía que «el cronista Herrera alaba las Memorias históricas de México, escritas por ese literato; pero no sé de ellas otra cosa» (Clavijero, F. J. Historia antigua de México. México: ed. Porrúa, 1964, pág. XXIX.

470 Lo cierto es que Cervantes de Salazar no fue deán de la iglesia, sino canónigo. 471 Herrera, A. Década VI, libro III, cap. XIX.

472 No obstante, resulta evidente que hay numerosos párrafos en el texto de Torquemada que

guardan gran similitud con fragmentos en la Crónica, aunque la explicación, como veremos en las correspondientes entradas en el glosario, se basa en que tanto Torquemada como Cervantes de Salazar utilizaron como fuente, entre otros, un mismo documento: los Memoriales de Alonso de Ojeda, ahora perdidos.

473 Fechada el 14 de abril de 1575, en Millares Carlo, Cartas, op. cit., pág. 125. 474 Id., pág. 129.

La relación de Cervantes de Salazar con Luis López de Velasco era fluida, como queda de manifiesto en algunas cartas que se han conservado. En una misiva fechada el 25 de octubre de 1569, Catalina de Sotomayor le informaba a Cervantes de Salazar que «Francisco de Valmaseda y Juan López de Velasco son grandes amigos de Vm. Y cierto yo les debo mucho en estos negocios de Vm., que me ayudan en todo lo posible»475.

López de Velasco fue nombrado cosmógrafo y cronista mayor de Indias el 20 de octubre de 1571 y pocos meses después, el 16 de agosto de 1572, el rey Felipe II expidió una real cédula que ordenaba al virrey de la Nueva España, Martín Enríquez, que remitiera todos los documentos que trataran sobre la conquista, ya que se había «proveído persona a cuyo cargo ser recopilarlos y hacer historia de ellas», en referencia a la figura de López de Velasco. La cédula continuaba de la siguiente manera:

Por lo cual os encargamos que con diligencia os hagáis luego informar de cualesquier personas, así legas como religiosas, que en el distrito de esa Audiencia hobieren escripto o recopilado o tuvieren en su poder alguna historia, comentarios o relaciones de alguno de los descubrimientos, conquistas, entradas, guerras o factiones de paz y de guerra, que en esas provincias o en parte dellas hobiere habido desde su descubrimiento hasta los tiempo presentes, y asimiesmo de la religión, gobierno, ritos y costumbres que los indios han tenido y tienen, y de la descripción de la tierra, naturaleza y calidades de las cosas della, haciendo asimismo buscar lo susodicho o algo dello en los archivos, oficios y escriptorios de los escribanos de gobernación y otras partes a donde pueda estar y lo que se hallare originalmente si se pudiere476.

No había justificación, por lo tanto, para que Cervantes de Salazar continuara su historia, que había sido llevada a España unos seis años antes. La esperanza de nuestro autor para que su Crónica tuviera cierta difusión se limitaba al provecho que pudiera sacar de ella su amigo Juan López de Velasco, que sin embargo parecía más ocupado en mediar —infructuosamente— para obtener algún nombramiento para Cervantes de Salazar.

El fracaso de estas mediaciones no podemos atribuirlo a que López de Velasco no tuviera influencia en la Corte. Más bien al contrario, sabemos que gozaba de la

475 Id., pág. 43.

confianza de Felipe II, quien le encomendaba numerosas tareas de responsabilidad477.

En una de las cartas que le escribe López de Velasco a Cervantes de Salazar intuimos una mención a la Crónica, cuando advierte que «deseo grandemente que Vm. prosiga la escriptura de los libros que va haciendo hasta acabarlos de escribir y sacarlos a la luz, porque todos sirvan de testigos de que no se quede en tinieblas el autor dellos478, y de lo que en esto fuere haciendo, siendo Vm. Servido, me mande dar aviso, porque yo pueda dar cuenta de ellos»479.

Sin embargo, no parece que López de Velasco se aprovechara del manuscrito de la Crónica para redactar su tratado de Geografía y Descripción Universal de las

Indias, que permaneció, paradójicamente, en tinieblas, hasta su publicación en 1894.

Tras el trabajo de López de Velasco, el cargo de cronista-cosmógrafo fue dividido, de manera que en 1591 Juan Arias de Loyola fue nombrado cronista y Ambrosio de Ondériz, cosmógrafo. En 1595, este último asumió de nuevo las dos funciones, ya que Arias de Loyola había sido cesado por haber incumplido el compromiso de escribir una historia de las Indias. Tras Ondériz, los dos cargos se separaron definitivamente y en 1596 el cargo de cronista recayó en Antonio de Herrera, siendo este el primer cronista que verdaderamente asumió la ingente tarea de recopilar la historia de las Indias, plasmada en su Historia general de los hechos

de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales, conocida también como las Décadas, que fueron publicadas en cuatro

volúmenes, entre 1601 y 1615.

Herrera había nacido en la localidad segoviana de Cuéllar, alrededor de 1550. En su juventud, formó parte del servicio del príncipe Vespasiano I Gonzaga, quien le introdujo en los círculos del rey Felipe II. En 1596, como queda dicho, fue nombrado Cronista Mayor de Indias. La carrera de Herrera se desarrolló casi totalmente en la corte, donde gozó de gran posición y reconocimiento, como demuestra el hecho de

477 Véase Berthe, J. P. «Juan López de Velasco, Cronista y cosmógrafo mayor del Consejo de Indias:

Su personalidad y obra geográfica», en Relaciones, 75, verano 1998, vol. XIX.

478 Este comentario, y el hecho de que López de Velasco fuera el primer editor del Lazarillo, en 1554,

fue interpretado por J. L. Madrigal como una sutil referencia a su verdadero autor, lo que le llevó a atribuir a Cervantes de Salazar la autoría de la novela (Madrigal, J. L. «El autor del Lazarillo», en

Revista de libros, Segunda época, número 107, noviembre de 2005). Posteriormente, Madrigal

corrigió su hipótesis («Notas sobre la autoría del Lazarillo», en Lemir, núm. 12, 2008, pág. 145).

que fuera nombrado cronista frente a otros reputados candidatos como el historiador vasco Esteban Garibay o el poeta aragonés Bartolomé Leonardo Argensola.

Tras la muerte de Felipe II en 1598, Herrera continuó desempeñando el cargo durante todo el reinado de su sucesor, Felipe III (1598-1621), y los primeros años del de Felipe IV, hasta su muerte en 1526.

Para la redacción de las Décadas, Herrera consultó una abrumadora colección de testimonios, que él mismo refiere en un capítulo de la Década VI480.

Por orden del rey Felipe II, Herrera tuvo a su disposición prácticamente todos los documentos conocidos hasta entonces sobre la conquista de México. Se sabe que consultó intensamente los testimonios de Díaz del Castillo, Gómara, y Las Casas, y el propio cronista menciona haber consultado otros textos de autores como el obispo Zumárraga, Muñoz Camargo o Motolinia. Sin embargo, a pesar de haber contado con tan ingente bibliografía, la obra de Cervantes de Salazar es, en palabras de Bosch García, «la que utiliza fundamentalmente [Herrera] para la confección de las Décadas»481, al menos la parte de ellas dedicada a la conquista de la Nueva España.

Cervantes de Salazar fue el cronista de preferencia de Herrera, que solo consultó a otros autores cuando el relato de la Crónica se quedó escaso482. A partir del episodio en el que las tropas de Cortés se enfrentan a las de Narváez, Herrera prescinde casi totalmente de los otros historiadores y se centra en el texto del humanista toledano483. Todo ello es aún más sorprendente si consideramos el importante catálogo del que disponía Herrera, como ya hemos apuntado, lo que demostraría, siendo generosos, cierta indolencia o falta de compromiso en su tarea de compilar las diversas fuentes.

En resumen, en el proceso de redacción de su historia de la conquista de la Nueva España Herrera «preparó una bibliografía y la empezó a utilizar en los

480 Herrera, A. Década VI, libro III, cap. XIX.

481 Bosch García, C. «La Conquista de la Nueva España en las Décadas de Antonio de Herrera y

Tordesillas», en Estudios de Historiografía de la Nueva España, México: Colegio de México, 1945, pág. 149.

482 Ibid.

483 En palabras de Millares Ostos, «leer estos capítulos de la conquista en Herrera equivale a estar

primeros capítulos, hasta que por algún motivo fue eliminando las obras y se quedó al final con una de ellas que va copiando con toda fidelidad»484.

Los ejemplos de esta copia son continuos, como veremos en las diferentes entradas del glosario. Por lo general, Herrera adopta el texto de Cervantes de Salazar sin demasiadas modificaciones, exceptuando la persistente sustitución de todas las alusiones a los españoles o los nuestros del texto original de Cervantes de Salazar, transformados en castellanos en el texto de Herrera.

Así, cuando Cervantes menciona el mercado de los indígenas, dice que «llaman los indios al mercado tianguistli, y los españoles le llaman tiánguez, sin mudarle como en otras muchas cosas, su antiguo nombre»485. El texto es modificado mínimamente por Herrera: «Llaman los indios al mercado tianguystli, y los

castellanos le llaman tianguez, sin mudarle, como en otras muchas cosas, su antiguo

nombre»486.

En otro lugar de la Crónica, leemos que

Tuvo también gran cuenta Motezuma con el servicio de los españoles, y tanta, que aun hasta el proveerse de las necesidades naturales, les señaló unas casas487.

El párrafo aparece adaptado de la siguiente manera en las Décadas de Herrera:

Tuvo también en cuenta Motezuma con el servicio de los castellanos, que aun hasta para proveerse de las necesidades naturales, les señaló unas casas488.

En el ejemplo que sigue, apreciamos el esfuerzo que hizo Herrera para diluir en su versión cualquier alusión personal que aparecía en el texto del humanista toledano. Así, el primero adaptaba uno de los párrafos en los que Cervantes aludía al testimonio directo que le ofreció Montaño, uno de los conquistadores de la Nueva España, a propósito de su ascensión al Popocatepetl. El texto original de la Crónica era el siguiente:

Entró luego otro compañero, y de seis veces que entró sacó cuatro arrobas poco más, de manera que por todas eran doce arrobas, que les paresció que bastaban para hacer buena cantidad de pólvora, y así determinaron de no entrar más, porque, según me dixo Montaño, era cosa espantosa volver los ojos hacia abaxo, porque aliende de la gran profundidad que desvanecía la cabeza, espantaba el

484 Bosch García, op. cit., pág. 151. 485 Crónica, 1914, pág. 303.

486 Herrera, A. Década II, libro VII, capítulo XV. 487 Crónica, 1914, pág. 335.

488 Herrera, A. Década II, Libro VIII, cap. IV. El texto aparece practicamente igual en la Monarquía indiana de Torquemada (Libro IV, cap. 51). Véase también la entrada MAXIXATO en el glosario.

fuego y la humareda que con piedras encendidas, de rato en rato, aquel fuego infernal despedía489

En la versión de Herrera, ese «según me dixo» se transforma en un «según decía» mucho más ambiguo:

Entró luego otro compañero, y de seis veces que entró sacó cuatro arrobas poco más, de manera que por todas eran doce arrobas, que les paresció que bastaban para hacer buena cantidad de pólvora. Determinaron de no entrar más, porque, según Montaño decía, era cosa temerosa volver los ojos hacia abaxo, porque allende de la gran profundidad que desvanecía la cabeza, espantaba el fuego y la humareda, que con piedras encendidas, de rato en rato, despedía490

Cabe señalar que en algunas ocasiones el texto original que emplea Herrera ni siquiera es de Cervantes de Salazar, ya que este, a su vez, había copiado anteriormente a Gómara. En siguiente ejemplo, Gómara hablaba de las provisiones que enviaron los de Tlaxcala a los españoles, antes de librar batalla con ellos:

Les enviaron luego trescientos gallipavos y doscientas cestas de bollos centli, que es su pan ordinario, que pesaban más de cien arrobas; lo cual fue gran refrigerio y socorro para la necesidad que tenían491.

Este párrafo es después adaptado por Cervantes de Salazar de la siguiente manera:

Inviaron luego trecientos gallipavos, docientas cestas de bollos de centli, que ellos llaman tamales, que pesarían más de cient arrobas, lo cual ayudó en gran manera al trabajo de los nuestros y socorrió a la estrecha nescesidad que padescían492.

Posteriormente, el fragmento es tomado por Herrera, quien también incluye la mención a los tamales que incorporaba Cervantes de Salazar sobre el texto original de Gómara:

Enviaron trescientos gallipavos, doscientas cestas de bollos de centli, que ellos llaman tamales, que pesarían doscientas arrobas de pan, que fue gran socorro para los castellanos, según la necesidad en que se hallaban493.

En un artículo publicado en 1945, Bosch García494 establecía una completísima

comparación de las diferentes fuentes empleadas por Herrera en la parte dedicada a la conquista de la Nueva España que aparece en las Décadas. Del estudio se deduce que la influencia de Díaz del Castillo y Cervantes de Salazar se alterna en los libros II, III, IV y V de la Década II.

489 Crónica, 1914, pág. 758.

490 Herrera, A. Década III, libro III, cap. II.

491 López de Gómara, F. México, op. cit., pág. 99. 492 Crónica, 1914, pág. 211.

493 Herrera, A. Década II, Libro II, cap. VI. 494 Bosch García, op. cit., pág. 145-202.

Sin embargo, para la redacción del libro VI de la Década II, el testimonio de Bernal se difumina y Herrera recurre casi únicamente al texto de Cervantes de Salazar, y en particular a los capítulos que van desde el 27 al 53 del Libro III de la

Crónica.

Del mismo modo, el libro VII de la Década II de Herrera está basado directamente en el texto que aparece en los capítulos 54 al 63 del libro III y los capítulos 1 al 23 del Libro IV de la Crónica.

Herrera toma también información de los capítulos 26 a 36 del Libro IV de la

Crónica para redactar gran parte del contenido del libro VIII de la Década II. Del

mismo modo, el libro IX se inspira en los textos incluidos entre los capítulos 40 al 65 del libro IV de la obra de Cervantes de Salazar.

Finalmente, el libro X de la Década II se basa en los textos que se incluyen entre los apartados 66 y 134 del libro IV. Estos capítulos no están copiados de forma literal, sino resumidos. Del mismo modo, Herrera sintetiza los capítulos del libro V de la Crónica para la redacción de los capítulos finales del libro X de la Década II y casi todos los de los libros II y XXIII de la Década III.

En definitiva, la Crónica es la fuente principal de la parte referente a la conquista de México que aparece en las Décadas de Herrera, de forma que, parafraseando a Jiménez de la Espada495, la obra de Cervantes quedó sepultada en la de Herrera. Paradójicamente, escondida entre las páginas de Herrera fue como la

Crónica de la Nueva España pudo sobrevivir durante siglos, ser leída y así llegar a

influir en otros historiadores, como Torquemada496, en lugar de permanecer oculta y anulada hasta su primera publicación en 1914.

495 Id., pág. 151.

496 Según apuntaba Millares Ostos, Torquemada «revisó con detenimiento las Décadas II y III del

Cronista de la Corona», Crónica, 1985, pág. XXXII. Al igual que Cervantes de Sazalar con respecto a Gómara, Torquemada también tomó buena parte del contenido de Herrera al tiempo que criticaba su obra (véase León Portilla, «Fuentes de la Monarquía indiana», en Monarquía indiana. México: UNAM, 1983, vol. VII, pág. 113). Sobre la influencia de la Crónica de Torquemada, véase Gurría Lacroix, J. «Aprovechamiento de la Monarquía indiana en los siglos XVII, XVIII, XIX Y XX», en Monarquía

6. LOS AMERICANISMOS 6. 1. CONCEPTO

El Diccionario de la Real Academia Española define americanismo como un ‘vocablo, giro, rasgo fonético, gramatical o semántico que pertenece a alguna lengua indígena de América o proviene de ella’.

Ya desde los primeros años de la conquista, los españoles sintieron la necesidad de recurrir a préstamos indígenas para describir la nueva realidad que tenían ante ellos, tras haber entrado en contacto con objetos y animales desconocidos para los que no tenían denominación. Esta necesidad por describir nuevos elementos supondrá que muchos de los préstamos adquiridos sean sustantivos, siendo pocos los casos en los que se incorporarán adjetivos o verbos497.

Sin embargo, y aún a pesar de que muchos de los objetos americanos resultaron ser nuevos para los conquistadores, no es menos cierto que muchas de las realidades a las que se enfrentaron los conquistadores no eran novedosas para ellos: «No podemos pensar —dice Zamora Munné—, que los conquistadores y primeros colonizadores al llegar a América no sabían lo que era un huerto, una cuerda, un cordel (como objeto y como medida lineal), una piedra o una parrilla»498. Y aun así, los conquistadores recurrieron a préstamos de las lenguas autóctonas para denominar algo que ya conocían mucho antes de ir a América, como conuco para referirse a ‘huerto’, cabuya para ‘cuerda’, ceboruco para ‘piedra’ o barbacoa para ‘parrilla’. Se servirán de estas palabras para definir una realidad que ya les era conocida. A partir de estos ejemplos podríamos afirmar, siguiendo la terminología de Saussure, que se establece un nuevo significante para un significado que no era nuevo.

En otras ocasiones, los conquistadores inventaron nuevas palabras (como

armadillo para referirse al tatú o piapoco para el tucán) o recurrieron a palabras ya

conocidas (como cuando se denomina tigre al ocelote) en los casos en los que les fue posible establecer similitudes entre una nueva realidad y otra ya conocida por los

497 Zamora Munné, J. C. «Indigenismos en la lengua de los conquistadores», en Hesperia. Anuario de