3 2 LA RELACIÓN ENTRE CERVANTES DE SALAZAR Y CORTÉS A pesar de que el propio Cervantes reconocía en su testamento que había
4. LAS CREENCIAS Y PERSONALIDAD DE CERVANTES DE SALAZAR
Es posible que Cervantes viera en la carrera eclesiástica un medio para cumplir sus ambiciones, aunque podríamos afirmar, a la luz de su biografía, que sus logros fueron más bien modestos. A pesar de que Cervantes era todavía lego cuando llegó a México en 155128, se ordenó sacerdote en 1554. Completó su formación en 1566, año en el que se doctoró en Teología.
Además de su puesto de canónigo, destaca su nombramiento como consultor del Tribunal de la Inquisición en México, del que tomó posesión el 14 de agosto de 1572. Como mínimo, sabemos que asistió como consultor a varias reuniones del Santo Oficio celebradas entre octubre de 1573 y marzo de 157529. Nuestro autor aspiró además, sin éxito, a la chantría de la catedral de México30.
Hay una carta del arzobispo de México, Pedro Moya de Contreras, fechada el 24 de marzo de 1575, en la que, además de una breve descripción de la personalidad de Cervantes, se mencionan sus infructuosas pretensiones para ascender en la jerarquía de la iglesia mexicana:
Agrádale la lisonja, es liviano y mudable, y no está bien acreditado de honesto y casto, y es ambicioso de honra y persuádese que ha de ser obispo, sobre lo cual le han hecho muchas burlas. Ha doce años que es canónigo; no es nada eclesiástico, ni hombre para encomendarle negocios31.
La descripción deja bien a las claras que, al menos en opinión del arzobispo, Cervantes era un hombre ambicioso y poco fiable. Algunos años antes, Alonso de Montúfar, antecesor de Moya de Contreras en el arzobispado, también criticaba que Cervantes fuera «hombre viejo y de poca experiencia en las cosas del coro e iglesia»32.
28 Millares Carlo, A. Estudios, op. cit., pág. 27.
29 México en 1554. Ed. de O´Gorman. Op. cit., págs. XXIV-XXV. 30 Millares Carlo, A. Estudios, op. cit., pág. 35.
31 García Icazbalceta, J. Bibliografía mexicana del siglo XVI. México: Librería de Andrade y
Morales, 1886, pág. 55.
32 México en 1554. Ed. de García Icazbalceta. Op. cit., pág. XV. Aunque Icazbalceta atribuye
esa afirmación a Alonso de Montúfar, otros autores como Millares Ostos (Crónica, 1985, pág. XVI) dudan de que este fuera el autor de ese informe, del que sería tan solo el recopilador.
Para autores como García Icazbalceta, no obstante, estas opiniones han de ser valoradas con cierta cautela, pues en cuanto a la ambición y al gusto por la alabanza, Cervantes no demuestra tenerlos más que cualquiera de los hombres de la época, «en un siglo en que la modestia no era virtud común entre los literatos»33.
También Icazbalceta duda de que las capacidades de Cervantes fueran tan limitadas como dicen sus superiores en el arzobispado, cuando la Universidad de México tuvo a bien nombrarlo rector en dos ocasiones34. En un determinado momento, incluso, Cervantes de Salazar desempeñó simultáneamente los cargos de rector, catedrático de Retórica, cronista, consejero del Santo Oficio, auditor y representante del cabildo de la catedral de Puebla35. No parece, por lo tanto, que fuera un hombre al que no se le pudieran confiar responsabilidades, cuando fue capaz de simultanear tantos cargos.
Sí que debió de caracterizarse Cervantes de Salazar, al menos a su llegada a México, por tener un carácter algo despilfarrador, lo que le supuso la ruptura con su protector y pariente, Alonso de Villaseca. Nuestro autor reconoce en uno de sus testamentos haberse gastado durante los años que vivió entre «cuatro o cinco mil pesos», lo cual supone poco menos que una fortuna si consideramos que el sueldo de un profesor de retórica en aquella época era de ciento cincuenta pesos anuales36.
Sea como fuere, la figura de Cervantes se nos presenta llena de contrastes: Por un lado, es despreciado por sus superiores y acusado por el pariente que le acogió, debido a sus ambiciones y a su vida disoluta. Pero por otro lado, también se muestra atento y generoso con sus familiares en España, a quienes envía numerosas donaciones37.
33 Ibid.
34 García Icazbalceta, J. Bibliografía, op. cit., pág. 56. 35 Crónica, 1985, pág. XXXV.
36 Id., pág. XIII. A pesar de los reproches de su primo hermano Alonso de Villaseca, lo cierto es
que nuestro autor siempre trató de prosperar en México, y no parece que se limitara a vivir de las rentas de su primo, como podría deducirse de sus acusaciones. Además, sabemos que Cervantes de Salazar había donado unas tierras que poseía en Arcicóllar a Teresa Gutiérrez y a Pedro de Villaseca, madre y hermano del poderoso Alonso de Villaseca, de manera que parece que nuestro autor trató por todos los medios de congraciarse con su familiar.
37 En la colección de cartas recibidas por Cervantes de Salazar que publicó Millares Carlo,
podemos rastrear algunos indicios que dejan entrever que nuestro autor debía de ser un hombre de carácter fuerte. Resulta especialmente interesante la correspondencia entre Cervantes de Salazar y Eugenio Manzanas, a quien debía de unirles cierta relación (Conway apunta que podrían ser familiares), por haber sido el padre del segundo una especie de tutor de
De él dice Gaos que «sabía ser buen amigo y que contaba, igual aquí que en su patria, con muchos que lo eran suyos y lo estimaban muy sinceramente»38. Y, a pesar de ello, en una de las cartas que escribe Francisco de Valmaseda a Cervantes de Salazar, le advierte de los enemigos que tiene en la Ciudad de México, y que impiden que consiga otros logros superiores a la canonjía: «He sabido —dice Valmaseda—, que el daño le ha venido a Vm. de esa ciudad; e de quién, no lo sé»39.
Nos encontramos, por lo tanto, ante una figura con luces y con sombras, con un hombre culto aunque no sobresaliente, que marchó a México en busca de un puesto que colmara sus grandes aspiraciones —nada menos que obispo, según la carta de Moya de Contreras—, y que, sin embargo, nunca llegó a sentirse satisfecho con sus logros.