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Capítulo 9. Un estudio de caso sobre la atención de usuarios/as de drogas en la

9.2. Modos de transitar los padecimientos

9.2.1. Iniciación en el consumo

9.2.1.1. LOS VARONES

La mayoría de los usuarios varones, asociaron su iniciación en el consumo de sustancias con grupos de pares pertenecientes a la escuela, el barrio, o con los que frecuentan la concurrencia a la cancha, a recitales o a jugar al futbol.

En algunos casos operó de manera significativa, durante la primera ingesta, la presión grupal, ya sea explícita o implícita, donde los integrantes del grupo que consumían ofrecían a los otros iniciarse en el uso de drogas. La connotación valorativa jerarquizada de aquellos que consumían, considerados portadores de coraje, valor, y atributos semejantes, incita a la iniciación en el uso como indicador de pertenencia al grupo. Asimismo, según nos relatan los varones, son pocos los casos en los que el inicio es asociado a la necesidad de evadirse de problemáticas de índole familiar, laboral, escolar, etc. Más bien hacen referencia a la cuestión de integración social, curiosidad y desafío. De este modo, se apartan de ciertos estereotipos presentes en el discurso oficial, en particular, los que esgrimen como una de las motivaciones para el consumo la búsqueda de elementos que les permita evadirse de la realidad que les toca vivir. Como veremos a continuación, este tipo de motivaciones es más frecuente en el caso de las mujeres. Los varones no ven una causalidad tan marcada y encuentran explicaciones alternativas que están más ligadas a la inclusión en redes sociales, a estar “en la calle”, a conquistar el ámbito público, lugar que será el privilegiado para este género.

¿Con quién empezaste a consumir?

17° M-19101: con un amigo ahí del barrio

¿Cómo fue esa primera vez?

17° M-19: nada como le decía, salí a bailar y justo estábamo 102 en la puerta, ya venía de bailar, y estaba en la puerta de mi casa y yo ya le había dicho que ya había consumido marihuana, que si me daba para fumar y fume con él.

¿Pero vos no habías consumido todavía?

17° M-19: no

¿Y por qué le dijiste que si?

17° M-19: porque quería fumar, tenía ganas de probar

¿Y pensaste que si no le decías que ya habías probado no te iba a dar?

17° M-19: y no sé, capaz que no.

¿Por qué te parece que empezaste a consumir?

17° M-19: porque veía que todos lo hacían… por curiosidad. Quería probar y bueno probé y ya digamos que una vez que probas, entraste… después es difícil salir.

101 A fin de garantizar el anonimato de los/as informantes se utilizó un código de identificación

compuesto por el número de orden en que se realizaron las entrevistas, seguido del sexo del/a entrevistado/a y la edad (por ejemplo: 1° M-39). Cuando la redacción así lo requería, se utilizaron seudónimos para hacer referencia a las narrativas de los/as informantes.

102

¿Por qué pensás que tenías ganas de probar?

17° M-19: que se yo... por curiosidad… por estar ahí y mi amigo se prendió el cigarro de marihuana y para no… yo tampoco quedarme, como es la palabra, para no... porque… quería estar igual que él, así como cuando fumo... de curiosidad.

***

¿Por qué te parece que empezaste en ese momento, y con este tipo de sustancia [marihuana]?

12° M-42: Porque no pensé, porque era algo nuevo, por curiosidad eh... en esa época, prácticamente no había drogas en la calle como hay hoy, no cualquiera se drogaba.

¿Qué año era?

12° M-42: 1984, 85.

Los mandatos sociales de género habilitan a una mayor posibilidad de poder social y vincular en los varones. Siendo el ámbito público el espacio privilegiado para ellos. Las primeras salidas a los boliches, a los recitales, a encuentros sexuales, parecen hacer del consumo de alcohol y drogas, uno de los elementos vehiculizadores en las relaciones interpersonales, que los adolescentes y jóvenes varones utilizan en la interacción con otros/as. Mediante un proceso de socialización y ritualización donde los jóvenes aprehenden, se amoldan a las prácticas grupales para poder pertenecer, ser legítimos y no ser excluidos. Los códigos, normas -implícitas o explícitas-, establecen las condiciones del vínculo, mediante estrategias sutiles de control intragrupo.

¿Por qué crees que consumiste vos? ¿Cuáles fueron los motivos?

21° M-26: que se yo…, ninguno, ninguno, no sé, porque no vamos a caer en esa de que tengo un problema..., porque te digo la verdad, no se... yo lo probé y me gustó, pero… ¿por qué llegué a probarlo?, por curiosidad, por curiosidad.

Fue buscar algo más allá del alcohol, que yo ya lo conocía, digamos no, y si me preguntas ¿por qué tome alcohol por primera vez? y porque nosotros del grupo de chicos, nos juntábamos, la pasábamos de las 10 de la mañana a las 5 de la tarde jugando a la pelota y bueno un día dijimos "¿che vamos a salir el sábado loco?, tenemos 12, 13, 14 años" y "bueno, vamos a una matiné", y bueno, fuimos a una matiné... y "¿vamos a comprar algo para tomar, porque todos toman, vamos a tomar algo a ver qué pasa?", bueno y así... empecé.

***

15° M-23: y me empecé a juntar con gente más grande, gente más grande que yo, que consumía. Al principio no me llamó la atención, yo fumaba cigarrillos, y no... y bien viste, yo estaba bien y de repente fumé una seca, me gustó, me hizo mal pero me gustó.

¿Qué fue lo que te gustó?

15° M-23: o sea, el mambo, el tema ese de quedar loco, ¿entendés? De no saber dónde estaba parado, estaba en otro mundo, no, estaba en el mundo ese de risa, tranquilo y callado, estaba en el mundo de la boludez, o sea, me reía de cualquier cosa, hablaba esto, el otro. Siempre fui medio tímido, a veces, entonces eso como que me desprendió más también, a la vez, entonces me hizo hablar más, me hizo ir más al frente, y me enloqueció más también.

11° M-36: empecé a tomar [alcohol] con un grupo de amigos, empecé… ¡sí! ya rondaba el cigarrillo en ese grupo, era un grupo de la primaria, que ya nos conocíamos de la primaria, y ya fumábamos, viste? Ya desde quinto grado, fumábamos tabaco, pero ya éramos los locos, los rebeldes de la primaria, no nos echaban… por que no.

Sin embargo algunos informantes advierten la existencia de factores personales que inciden en que el consumo continúe en el tiempo y no quede en la mera experimentación.

21° M-26: Claro lo que pasa que... debe tener algo que ver con la personalidad o algo, porque de esos 5 o 6 amigos y yo sólo salí consumidor, digamos, ¿no?, entonces..., bueno yo y... este chico R..., claro, pero bueno, él llegó un momento que dijo "bueno, probé, me gusto y ahora no quiero más", ¿viste el que probó y salió? Bueno, yo en vez de probar y salir…, seguí.

9.2.1.2. LAS MUJERES

Un elemento que sobresale al releer las entrevistas y organizar la información, y que además impacta por su alta proporción, es que la mitad de las mujeres entrevistadas han sufrido una o más violaciones en su adolescencia y juventud, con efectos destructivos u obturadores de su subjetividad. Este hallazgo coincide con numerosas investigaciones, algunas de ellas muestran que las mujeres que abusan de alcohol tienen 1,95 más riesgo de haber sido víctimas de abuso sexual (Romero, et al, 2001); que la violencia doméstica está asociada al consumo de alcohol (Miller, et al, 1990); al igual que la violencia de género impacta en la calidad de vida de las mujeres (Valdez y Juárez, 1989), manifestándose por medio de diversos malestares, entre los que se encuentra la depresión, la ansiedad, los trastornos de estrés postraumáticos, el abuso de alcohol y/o drogas (Zilberman y Blumee; 2005) y algunos de ellos con consecuencias fatales como el homicidio y el suicidio.

Sin ganas de vivir, sin recibir apoyo terapéutico post trauma, en algunos casos humilladas, negadas y rechazadas por sus familias al ser el perpetrador un integrante de la familia. En otros casos tratando de borrar de sus mentes el hecho. En estas mujeres el consumo de sustancias, incluido el alcohol, funcionó en los momentos de mayor ansiedad y crisis. El uso intensivo, en algunos casos, estuvo acompañado de autocastigos como cortarse el cuerpo, intentos de suicidio y “crisis nerviosas”.

Aunque los sentidos psicosociales que son otorgados a los casos de violencia sexual perpetrada hacia mujeres adultas difieren a la de las/os niñas/os, la violencia ejercida sobre los cuerpos y subjetividades de las mujeres y niñas, afecta de tal modo que el daño perdura en el tiempo, afectando su salud mental y pleno desarrollo.

Como afirma Ana María Fernández “la niña víctima de un ataque sexual, (…) no tiene – mientras es chica- ninguna posibilidad subjetiva de oponerse. Esto –tan obvio– es uno de los argumentos que nuestra cultura tiene mayor dificultad de comprender. De hecho, cuando la niña llega a la adolescencia y su subjetividad logra cierta autonomía, e instituye su moral, a veces puede cortar la situación. De todos modos, el daño psíquico es muy grave y las acompaña toda la vida. Cuerpo y psiquismo han sido arrasados por

olvidar. (…) Para esa particular manera de intromisión de la sexualidad adulta –no sólo en el cuerpo, sino en el psiquismo de un/a niño/a- no hay exclusiones de clase o género. Sin embargo, en nuestro país el 80 % de los abusos recae sobre las niñas” (Fernández, 2009: 129).

Coincidimos con Rita Segato (2015) en que en la actualidad en occidente la violación tiene el sentido del asesinato moral, de un daño a la morar que destruye el prestigio y el valor de alguien. Vergüenza y perversidad están endosadas en la agresión sexual. Ésta, deshonra a la víctima y a sus figuras tutelares. La violencia sexual además de ser un castigo corporal, es percibida como un castigo moral, constituye una reducción moral de la víctima y, a través de ella, de su familia y comunidad (Segato, 2015: 122-123). En cuanto a la otra mitad de usuarias entrevistadas, muchas iniciaron su consumo por presión grupal o por tener una dependencia afectiva con un usuario de drogas.

Asimismo, 8 de las 10 mujeres relatan además, como causante de su adicción situaciones de violencia familiar y violencia doméstica, ya sea física, psíquica o ambas. Como dijimos anteriormente, si en los varones la ingesta de tóxicos está asociada a la integración grupal, a la conquista de “la calle”, de la noche y la fiesta, en las mujeres el consumo se liga a intentos de sobrellevar una vida traumática, ya sea fruto de un episodio violento o de una vida cotidiana signada por la violencia. En algunas también ligadas al tedio diario, al estar ubicadas socio-subjetivamente como las “amas de la casa” o como una informante dijo al preguntarle cuál era su ocupación: “saca pelo”103

. Para éstas el consumo, sirve para dar un poco de sosiego, tal como dice Mabel Burin (1990) para el caso de la ingesta extendida de psicofármacos entre las mujeres, se trata de una “tranquilidad recetada”.

Estos datos generan la necesidad de profundizar en futuras investigaciones de índole cuantitativo, la prevalencia de la violencia de género en la población de usuarias y su incidencia en el consumo, a fin de indagar la extensión de estas situaciones.

Por otro lado, observamos que la dependencia afectiva de la pareja es más intensa en el caso de las mujeres, iniciándose con frecuencia en el consumo para compartir experiencias con su pareja (Pantoja, 2007). También es frecuente que por la sensación de abandono o pérdida de la pareja incrementen el consumo o experimenten con otras drogas.

24° F-34: “y fue también en la separación de él, que yo también, que yo me quise perder definitivamente, eh, estuve muy mal y bueno me intenté suicidar”.

9.2.2. Periodificación del consumo de drogas en Argentina: etapas en la