CAPÍTULO I: EMPRESAS RECUPERADAS EN ARGENTINA
1.5 Escenario coyuntural para la avanzada de la recuperación
1.5.2 Insurrección popular Huelga general
Entre los años 2000 y 2001, el modelo neoliberal comenzó a dar muestras de agotamiento cada vez más fuertes ante la situación económica, social y política que atravesaba el país.
Durante los años anteriores, la reproducción ampliada del capital se basó en la satanización del Estado, presentado como una carga, que debía ser reformado acorde a las demandas de la actualidad que imponía el proceso de globalización. El desmantelamiento al mismo fue por la vía de las privatizaciones, la desregulación, la apertura externa comercial, logrando la reducción de su tamaño y de sus funciones, fortaleciendo, en cambio, los mercados y las grandes corporaciones. A su vez se deterioraron las condiciones de trabajo tanto para hombres como mujeres, hubo un aumento del empleo no registrado y el salario de lxs trabajadorxs fue desvastado. De esta manera, fue cada vez más difícil presentar las condiciones de la expansión particular del capital como condiciones generales de expansión. Ya no alcanzaba con el control mediante los medios de comunicación, la credibilidad del dogma liberal iba perdiendo adherentes día, tras día.
19Letra del tema “I.P.H.G” del disco “Hasta las manos” (2002) de la banda Las Manos de Filippi. 47
Es bajo estos determinantes que irrumpen en la escena social distintos grupos organizados como la clase media, las asambleas barriales y lxs desocupadxs. Estos conjuntos venían a demostrar la fragilidad institucional, a través del cuestionamiento, por medio de rebeliones populares como por ejemplo corte de rutas, calles, redes de trueques, expansión de la forma asamblearia, entre otros. Prácticas sociales que necesitaban de una previa movilización política. Movilización política que no tenía lugar en el Estado ni en los canales tradicionales de disputa como eran los sindicatos y partidos políticos. La primer aparición del movimiento piquetero se da en el año 1996 ante la privatización de YPF, en Cutral-Có, Neuquén -misma provincia donde años más tarde se originaría la mayor empresa recuperada por sus trabajadores, Zanón- también en ese momento se produjeron puebladas y levantamientos populares en Tartagal y Mosconi que apelaron al corte de las vías de circulación como una forma posible de exteriorizar los conflictos, ya que las huelgas y otro tipo de manifestaciones carecían de sentido fuera del lugar de trabajo perdido. Estos procesos de organización para la defensa de la subsistencia, materializaron la resistencia popular, a través de la gestión colectiva, la producción y la organización social; si bien primó el espontaneismo, comenzaron a quedar restos de organización y conciencia (Katz, 2012). Se caracterizaron por ser espacios multiorganizacionales, policlasistas y políticamente heterogéneos. Lograron desafiar el status quo, a través de la lucha por la reapropiación del espacio barrial y laboral en busca de condiciones mínimas de subistencia.
En este marco de conflictividad es necesario pensar el papel de las feminidades con su participación social y política del momento. La situación de la clase trabajadora desmejoraba día tras días, en los hogares había malestar, preocupación y fatalismo producto de años de miseria y hambre. La situación de desocupación de muchos hombres, trajo aparejado varias situaciones de cambios y desequilibrios en las familias populares, las mujeres fueron las primeras que salieron a pelearla para conseguir el alimento de todos los días. Ellas, que en su mayoría se encontraban en el ámbito privado con trabajo doméstico, dejaron de
lado estas tareas adjudicadas a partir del ordenamiento social y salieron a las calles en busca de soluciones a la crisis sentida en sus hogares y barrios. Poco a poco las calles se vieron transformadas, el Estado con su corrimiento dejó espacio para la reconfiguración de lo público y con ello la subjetividad popular. Muchas se encontraron y comenzaron a organizar ollas populares, comedores y soluciones ante la precariedad en la que se encontraban. Esta nueva realidad resignificó la función de la mujer, presentando un nuevo quiebre en la subjetividad femenina y cuestionando la tradicional separación entre lo privado y lo público, entre el hogar y la calle. Las mujeres madres, esposas, compañeras, asumieron un rol activo en las organizaciones sociales y los movimientos piqueteros y sociales. Polemizando el rol histórico adjudicado de mujer= madre, hacia la mujer empoderada, como sujeto político, sostén y protagonista de los espacios de militancia y lucha (Abre brecha, 2011).
El estallido de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre fue el punto cúlmine de 30 años de postergación, de represión, de hambre y explotación de la clase trabajadora. Fue un punto de inflexión en la lucha de clases que consolidó lo construido hasta el momento con la movilización de masas y las fracciones de clase excluidas, cansadas ya de la desigualdad por la centralización de la riqueza y el capital. Lograron acabar con un modelo político- económico que se había instalado en el país para destrozar las condiciones de vida de la mayoría. Durante esos días, se expandió el saqueo a supermercados y comercios en general, hubo cacerolazos en todo el país desafiando la declaración del Estado de sitio; el grupo que predominó mostrando su inconformismo fueron lxs jóvenes, del otro lado hubo represión con armas de fuego, dejando un saldo de más de treinta muertos. Esos días cobró dimensión la fisura en el sistema de representación política del régimen democrático burgués, como los ámbitos de participación y democracia participativa reclamaban la renuncia del presidente y su Ministro de Economía, que no tenía nada que ver con sus intereses.
La insubordinación de los movimientos sociales en la escena pública cuestionó y quebró la reducción de la política como administración, re elaborando
la praxis colectiva de transformación de lo real. Además, supuso el fin como actividad específica y monopólica del gobierno de De la Rúa, cuyos únicos legítimos instrumentos residían en las mediaciones partidarias tradicionales cuestionando de esta manera la matriz política liberal. A partir de entonces comenzaron a gestarse transformaciones sociales y políticas con base en estos procesos de conflicto y organización.
La deslegitimación de la política, la satanización del Estado y la diatriba permanente en contra de los partidos, objetivos estos largamente acariciados por el proyecto neoliberal, tuvieron, sin embargo, un efecto inesperado al abrir un espacio al indeseable protagonismo ‘de la calle’, amenazante metáfora que en las
democracias liberales se utiliza para designar al pueblo movilizado. Esta imprevista presencia de las masas en la calle, refleja la
incapacidad de los dispositivos legales e institucionales de las ‘democracias’ latinoamericanas para resolver las crisis
sociopolíticas dentro de los procedimientos establecidos
constitucionalmente. Reaparece así el fantasma de ‘un país real’ divorciado del ‘país legal’, no sólo este ajeno al primero sino
incapaz siquiera de contener sus más elementales reivindicaciones. Debido a esta escisión la realidad de la vida política
latinoamericana se mueve en una ambigua esfera en donde las fronteras de lo legal y lo ilegal se diluyen peligrosamente. (Boron, 2007: 30)
En el marco de la más profunda crisis del país, en condiciones de dominio capitalista, se produce un proceso de avance de un conjunto de trabajadores sobre la producción. Fue fundamental el acompañamiento y los distintos espacios de lucha en los que se estaba llevando a cabo la confrontación popular. Comienza a gestarse por fuera del sistema institucional, la auto organización y procesos de acción colectiva, que junto a las fábricas recuperadas fueron las respuestas que lxs protagonistas y sobrevivientes de la época encontraron para canalizar sus necesidades y demandas.
La novedad histórica o característica disruptiva del momento (y por el que hay tantos escritos) fue el proceso de desobediencia a la normalización capitalista. Es decir, que ante el cierre de fábricas los trabajadores no se incorporaron de manera pasiva al ejército industrial de reserva tal como estaba previsto, en un contexto con protecciones frente al desempleo débiles y transitorias; la indemnización tarde o temprano se acaba y no da una solución efectiva al problema. Sino que en este contexto salieron a defenderse, algunxs se organizaron y formaron el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) por un lado, y otrxs comenzaron a ocupar y luego poner a producir las fábricas, dando surgimiento al movimiento de fábricas recuperadas por sus trabajadores. Como ya se mencionó, gran parte del movimiento sindical tradicional había perdido fuerza y capacidad de representación por lo que no podía dar respuesta a sus representadxs que se convertían en desempleadxs. A causa de esto, destaca la importancia de incorporar medidas no habituales y rupturistas a la hora de organizarse, respondiendo a diferentes finalidades y objetivos, surgiendo innovaciones y nuevas formas de protestas, como las ERT, estas se reconstituyen con lo que quedó de la gestión anterior.
El proceso de recuperación de empresas se constituye una fuerza material que tiene un origen y un efecto social, y que como tal produce el desplazamiento de un conjunto de relaciones sociales por otras, posibilitando el avance y afianzamiento sobre los espacios semi- abandonados por la dirección capitalista de la producción, comenzado su reemplazo parcial. (Rebon, 2004: 6)
Como resultado, en esta etapa hubo un fuerte dinamismo de la protesta social conjugando formas tradicionales y no tradicionales de manifestación. Las formas de acción llevadas a cabo, ya sea como emergentes o como respuestas a las transformaciones sociales,resultan una consecuencia de los cambios a nivel estructural. Nuevos actores y nuevas identidades surgen frente al retiro del Estado y la política en su dimensión tradicional, lo cual va a incidir en posteriores
procesos organizativos más amplios en los que se actualizan tradiciones sociales y políticas.
La emergencia de alternativas populares surgidas a partir de la organización de los sectores subalternos expresan, con sus prácticas colectivas que otro mundo es posible; que otro tipo de sociedad y de racionalidad es pasible de construcción si se ensayan nuevas relaciones de poder, basadas en la voluntad colectiva. Históricamente las crisis han sido el modo en que el capitalismo se expande y contradictoriamente también es el escenario en que se prefiguran las formas de su agotamiento.
CAPÍTULO II: IMPLICANCIAS DE UNA NUEVA ORGANIZACIÓN LABORAL