CAPÍTULO I: MARCO TEÓRICO
1.2. BASES TEÓRICAS
1.2.1. SUBCAPÍTULO I: LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
1.2.1.1. INTELIGENCIA EMOCIONAL
Según la versión original de Salovey y Mayer (1990), la inteligencia emocional consiste en la habilidad para manejar los sentimientos y emociones, discriminar entre ellos y utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y acciones.
Podemos decir con Mayer y Salovey (1997, p.10), que la inteligencia emocional incluye la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emoción, la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan pensamientos; la habilidad de comprender la emoción y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual. La inteligencia emocional se refiere a un “pensador con un corazón” “a thinking a heart” que percibe, comprende y maneja relaciones sociales.
Una de las formulaciones que se toman como referencia es la siguiente (Mayer, Salovey y Caruso, 2000; Mayer y Salovey, 1997,2007). La inteligencia emocional se estructura como un modelo de cuatro ramas interrelacionadas.
a) Percepción emocional. Las emociones son percibidas, identificadas, valoradas y expresadas. Se refiere a uno mismo, en otros, a través del lenguaje, conducta, en obras de arte, música, etc. Incluye la capacidad para expresar las emociones adecuadamente. También la capacidad de discriminar entre expresiones precisas e imprecisas, honestas o deshonestas.
b) Facilitación emocional del pensamiento. Las emociones sentidas entran en el sistema cognitivo como señales que influencian la cognición
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(integración de emoción y cognición). Las emociones priorizan el pensamiento y dirigen la atención a la información importante. El estado del humor cambia la perspectiva del individuo, desde el optimismo al pesimismo, favoreciendo la consideración de múltiples puntos de vista. Los estados emocionales facilitan el afrontamiento. Por ejemplo, el bienestar facilita la creatividad.
c) Pensamiento emocional. Comprender y analizar las emociones empleando el conocimiento son comprendidas, lo cual tiene implicaciones para la misma relación. Capacidad para etiquetar emociones, reconocer las relaciones entre las palabras y las emociones. Se consideran las implicaciones de las emociones, desde el sentimiento a su significado; esto significa comprender y razonar sobre las emociones para interpretarlas. Por ejemplo que la tristeza se debe a una pérdida. Habilidad para comprender sentimientos complejos; por ejemplo, el amor y odio simultaneo hacia una persona querida (pareja e hijos) durante un conflicto. Habilidad para reconocer las transiciones entre emociones; por ejemplo la frustraciones; por ejemplo de frustración a ira, de amor a odio.
d) Regulación emocional. Regulación reflexiva de las emociones para promover el conocimiento emocional e intelectual. Los pensamientos promueven el crecimiento emocional, intelectual y personal para hacer posible la gestión de las emociones en las situaciones de la vida. Habilidad para distanciarse de una emoción. Habilidad para regular las emociones en uno mismo y en otros. Capacidad para mitigar las emociones negativas y potenciar las positivas, sin reprimir o exagerar la información que transmiten.
Desde el punto de vista de Salovey y Mayer (2007). Proponen que la inteligencia emocional se desarrolle a través de procesos educativos en la familia, en la escuela, organizaciones y en todo lugar. La responsabilidad emocional es la tendencia a reaccionar emocionalmente de cierto modo y estos se aprenden en
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las interacciones con las demás. A través de la educación se puede desarrollar una responsabilidad emocional apropiada según las circunstancias.
En opinión de Pérsico L. (2007), la IE es la interacción con las demás personas es un elemento clave en la adaptación al medio urbano ya que es lo que permite conseguir mediante la educación, el trabajo, la constitución de la familia, todo aquello que necesitamos para vivir.
También Pérsico L. (2007), menciona a Goleman: La inteligencia emocional está relacionada con un conjunto de habilidades que se basan en la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos para que sirvan de guía al pensamiento y a la razón, como por ejemplo la capacidad de auto motivarse, de superar decepciones, demostrar empatía, etc. Estas habilidades son interdependientes y se utilizan en diferentes grados según el tipo de tarea que se lleve a cabo.
Quienes poseen este tipo de competencias tienen no solo más posibilidades de sentirse satisfechas y cómodas consigo mismas sino que son más eficaces en su trabajo y alcanzan más fácilmente el éxito. Son alegres, asumen sus responsabilidades, tienen un alto grado de solidaridad y expresan abiertamente sus sentimientos comunicándose claramente con los demás. Incluso poseen un tono vital que parece inmunizarle contra enfermedades y padecimientos que, en cambio, afectan a otras personas con mayor facilidad.
Según algunos estudios sobre salud mental, el riesgo de caer víctima de trastornos emocionales es de un 20 % para los hombres y de un 30% para las mujeres.
Nuestras emociones nos pueden proporcionar información sobre nosotros mismos, sobre otras personas y sobre determinadas personas y sobre determinadas situaciones. El punto está en utilizar las emociones de forma inteligente: Hacer deliberadamente, que nuestras emociones estén en beneficio propio, de modo que nos ayuden a controlar nuestra conducta y nuestros pensamientos para obtener mejores resultados.
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La inteligencia emocional se puede desarrollar, alimentar y aumentar, no es una cualidad que se tiene o no se tiene: La inteligencia emocional aumenta a medida que aprendemos y ejercitamos las capacidades de que ésta se compone, como la percepción reflexiva, el control emocional y la motivación propia.
Como lo señala acertadamente Goleman D. (1995), el término “inteligencia emocional” se refiere a “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos”.
Entonces se puede concluir que la inteligencia emocional es el uso inteligente de los sentimientos y emociones propios y de los demás, es hacer que nuestras emociones trabajen para nosotros utilizándolas adecuadamente, controlándolas o regulándolas, Para tener relaciones más productivas con quienes nos rodean. TIPOS DE EMOCIONES
Se sostiene que existen cientos de emociones, junto con combinaciones, variables, mutaciones y matices.
Para usar la expresión de Goleman D. (1995), señala que cada emoción ofrece una definida exposición a actuar; cada una nos señala una dirección que funciona bien para ocuparse de los desafíos de la vida humana.
Estas situaciones se repiten una y otra vez a lo largo de la historia de la evolución, el valor de supervivencia de nuestro repertorio nacional fue confirmado por el hecho de que quedaron grabadas en nuestros nervios como tendencias innatas y automáticas del corazón humano.
Tomando en cuanto la finalidad adaptativa de las emociones, Goleman en “Inteligencia Emocional” nos plantea que existen seis categorías básicas de emociones y que cada una de ellas tiene diferentes funciones.
IRA: Rabia, cólera, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad, exasperación, mal genio, hostilidad, animadversión, indignación, violencia y odio.
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La ira nos induce hacia la destrucción. La sangre fluye a las manos, y así resulta más fácil tomar un arma o golpear al enemigo; el ritmo cardiaco se eleva, lo mismo que el nivel de adrenalina, lo que garantiza que se podrá cumplir cualquier acción vigorosa.
MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad, desconfianza, fobia, recelo, nerviosismo, inquietud, terror, preocupación, aprehensión, remordimiento, sospecha, pavor y pánico. El miedo nos encamina hacia la protección. La sangre va a los músculos esqueléticos, en especial a los de las piernas, para facilitar la huida. El organismo se pone en un estado alerta general y la atención se fija en la amenaza cercana. Estas dos emociones, en su manifestación extrema, están asociadas con el bloqueo del córtex pre frontal gesto de la memoria operativa, obstaculizando las facultades intelectuales la capacidad de aprender. Mientras que en intensidades moderadas, son promotores del aprendizaje (la ansiedad como activación y la ira como “coraje”).
ALEGRÍA: Felicidad, diversión, euforia, gratificación, placer, alivio, deleite, dicha, estremecimiento, éxtasis, orgullo, satisfacción y manía, da una sensación de bienestar y de seguridad.
La alegría nos induce a reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien. Aumenta la actividad de los centros cerebrales que inhiben los sentimientos negativos y pensamientos inquietantes. El organismo está mejor preparado para encarar cualquier tarea, con una buena disposición y estado de descanso general. SORPRESA: Conmoción, sobresalto, asombro, desconcierto, estupefacción, maravilla, shock. La sorpresa nos ayuda a que nos orientemos frente a la nueva situación. Es muy transitorio. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa. El levantar las cejas permite un mayor alcance visual y mayor iluminación en la retina, lo que ofrece más información ante un suceso inesperado.
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TRISTEZA: Pena, soledad, aflicción, autocompasión, melancolía, pesimismo, desaliento, desesperanza, duelo, depresión y nostalgia.
La tristeza nos motiva hacia una nueva reintegración personal. Es descenso de energía tiene como objetivo contribuir a adaptarse a una pérdida significativa (resignación).
AVERSIÓN: Disgusto, asco, fastidio, molestia, insatisfacción, impaciencia, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.
La aversión nos produce rechazo hacia aquello que tenemos delante. La expresión facial de disgusto es igual en todo el mundo (el labio superior fruncido y la nariz fruncida) y se trataría de un intento primordial por bloquear las fosas nasales para evitar un olor nocivo o escupir un alimento perjudicial.