La experiencia de literacidad en Bunko Papalote
4.1 El discurso de Bunko Papalote
4.2.2 La interacción al interior de los talleres de lectura y a propósito de ellos
4.2.2.2 Interacción en los grupos donde participan los colaboradores medianos (8 años)
Primer momento del taller de lectura: selección del libro para llevar a casa
Lorena y Rodrigo son los colaboradores del estudio que participan en este taller de lectura. La primera, lejana de la literacidad dominante, y el segundo cercano a la misma. Durante este momento del taller, entre los niños de ocho años de edad, no hay la actitud de competitividad y recelo que hay entre los más chicos (4 y 5 años). Así que los niños se sientan o acuestan boca abajo a hojear libros, de manera individual o por pares (en caso de que sean amigos que se conocen desde hace tiempo). Otros niños se dirigen directamente a la coordinadora para platicar acerca del libro que se llevaron a casa. Ernestina, por ejemplo, se acerca a Alba y “le comenta que leyó nueve veces el libro que se llevó a casa y le dice qué parte le gustó mas” (Ob 08 may 09). Debido a que los niños están tan concentrados hojeando los libros de su preferencia, solos o acompañados de algún amigo, no necesitan que la coordinadora los invite a compartir su libro. Sin embargo, en ocasiones los niños parecen sólo considerarla a ella como interlocutora válida para hablar acerca de sus impresiones sobre los libros. En este caso, la coordinadora anima a los niños a considerar como interlocutores a otros compañeros. En el ejemplo de Ernestina (cercana a
la literacidad dominante), Alba le sugiere que le recomiende el libro (que le gustó tanto y leyó nueve veces) a alguno de sus compañeros. Ernestina elige a Lorena (lejana de la literacidad dominante) y lo hace. “Lorena (la escucha, pero) sólo sonríe (y) no comenta nada, no le responde” (Ob 08 may 09). Al parecer, a los niños les cuesta trabajo tanto considerar interlocutores valiosos a otros compañeros de su edad, como asumirse como tales.
En la parte final de este momento del taller de lectura, en ocasiones hay oportunidad de conversar con todos los niños acerca de algo que resulte relevante para algún miembro del grupo. La muerte del papá de una niña, sin duda lo es. En uno de los talleres de lectura, mientras los niños hojeaban sus libros, Alba estuvo conversando con Carmen. Esta pequeña estaba parada, seria, y Alba se mantuvo de rodillas para establecer contacto visual con ella mientras hablaban. Carmen le hizo saber a Alba que quería que sus compañeros supieran que su papá había muerto hacía un par de semanas. Un poco antes de dar paso a la lectura en voz alta, Alba convoca a todos los niños y les comenta la inquietud de Carmen. En este ejemplo también podemos observar lo que notamos con los niños más pequeños durante las actividades plásticas libres: la sinceridad en la respuesta de Alba con respecto a un tema tan delicado. Acompañada, además, de una actitud muy cariñosa y confortadora. Por último, al mismo tiempo se propicia un espacio abierto a la expresión de distintas maneras de concebir la vida (o la muerte):
“Alba: –entonces (Carmen) ha estado un poco triste, hay que acompañarla. Así pasa, desde que nacemos estamos en esa posibilidad de poder morir y de irnos al cielo, convertirnos en una estrellita, ¿verdad Carmen? Entonces Carmen está triste y lo ha querido compartir con ustedes (…) y si le quieren decir algo a Carmen, se lo podemos decir. ¿Alguien le quiere decir algo?–” Ernestina: –Que no te preocupes porque mi tía ya se trasmutó. Mi mamá lloró mucho porque es su hermana–. Abril: – La mía también (su tía) y tuvo una hija y se quedó con mi abuelito–. Alba: (con voz muy suave) –vamos a estar bien Carmen y cualquier cosa que necesites…–” Raciel: –Y yo nunca conocí a mis abuelos paternos–. Ernestina: –Ni yo–. Alba le dice a Carmen: –Aquí tienes muchos amigos, mucho ánimo–” (Ob 08 may 09).
Segundo momento del taller de lectura: la lectura en voz alta
Los niños de ocho años también muestran un entrenamiento tanto en la observación, como en la expresión de sus ideas. La fuente de la información que poseen proviene tanto de libros, como de películas y de la televisión (abierta y privada). Tomemos el siguiente ejemplo: Alba va a leer con los niños el libro titulado La Antártida. Les pregunta a los niños que si vieron la película titulada La marcha de los pingüinos “y todos dicen que sí. Inclusive algunos dicen que la tienen. Alguien agrega: –Y la Antártida queda por el océano Pacífico”–. Durante la lectura del libro al mirar una ilustración en la que las madres pingüino emperador están alimentando a sus crías, Raciel sabe que estas mamás llevan la comida “en la panza” y que alimentan a sus crías “de boca a boca”. Otro niño agrega: “y no se ahoga (el pequeño)” (Ob 15 may 09). Es interesante notar que a esta edad, los niños cercanos a la literacidad dominante ya se han apropiado de una de sus nociones básicas, esto es que leer (libros) estimula el desarrollo de la inteligencia. En el siguiente ejemplo, Alba pregunta acerca de qué aspecto les gustó del libro de la Antártida y si sería un libro que recomendarían.
“Raciel levanta la mano dice: –a mí me gustó (piensa unos instantes) cuando se estaban alimentando–. Alba (...) pregunta enseguida: –¿y por qué lo recomendarías a tus amigas?– Raciel: –porque así aprenderían… de la Antártida. Aprenderían más de los pingüinos y de las focas y de por qué se comen las focas a los pingüinos–. Alba (…) vuelve a preguntar que si por esto lo recomendaría. Raciel asiente y dice además: –para que sean más inteligentes”– (Ob 22 may 09).
Por otra parte, si bien los niños de esta edad no se pelean por tener la palabra como los más chicos, sí es notorio que hay unos que participan con más intensidad que otros. En este caso, el reto para la coordinadora de Bunko Papalote es estar atenta para moderar las intervenciones y tratar de equilibrarlas. La idea es que los niños cercanos a la literacidad dominante, que tienen facilidad para expresarse aprendan a escuchar e interesarse por lo que los otros tengan que decir. Los niños lejanos de la literacidad dominante que regularmente escuchan, son alentados a participar y a tener confianza en tomar la iniciativa de hacerlo. En el segundo taller que observo de Alba, pide a los niños que le platiquen brevemente de qué trató el libro de la semana pasada a los que no asistieron.
“(Lorena tiene la iniciativa de participar) Alba: –¿Te acuerdas, Lorena?–. Antes de que Lorena comience, Raciel toma la palabra: –de que era un niño de…– y Alba le
dice: –¡Espérame tantito, tantito, tantito, es que iba a empezar Lorena y ahorita sigues tú–. Lorena señala con voz suave, pero segura: –que era un mismo niño, pero que eran siete–. Alba repite lo que dijo Lorena pero con tono de pregunta, como si quisiera estar segura de lo que Lorena acaba de decir. Lorena sigue: –¡Mmjj! (confirmando la idea) Y vivían en siete diferentes países–” (Ob 15 may 08).
A veces es fácil ubicar a qué compañero es necesario impulsar a participar. Lorena inclusive se convirtió en colaboradora de este estudio por ello. Sin embargo, a partir de la revisión conjunta de los registros de observación, quienes coordinamos Bunko Papalote nos damos cuenta que en ocasiones no es tan fácil identificarlos. Es, por ejemplo, hasta que Raciel falta a un taller, que notamos cómo se incrementa la participación de Abraham. En una reunión de trabajo Irene comenta: “es impresionante ahora que no vino Raciel, cómo participó Abraham”. Alba agrega además que, en general: “su participación ya es más sin temor. Al principio era muy tímido. Ha habido un avance con respecto a su participación y a su interés por leer” (Ob 29 may 08).
Hasta aquí el foco de atención ha estado centrado en los niños de ocho años de edad que asisten al taller de lectura donde participan Lorena y Rodrigo, dos de los colaboradores de este estudio. A continuación, traslado la mirada hacia los libros que leemos con ellos. Con respecto a la importancia que le hemos otorgado al lenguaje literario en Bunko Papalote, he dicho que compartimos la idea de que éste tiene un fuerte potencial subversivo. Así, a través de la literatura muchas de las cosas que consideramos Nora les y naturales, se convierten en materia de escrutinio, de reflexión y de resignificación (cfr 4.1.1). A continuación me gustaría poner dos ejemplos relacionados con esta idea. Uno se refiere al libro titulado El pájaro de colores, y otro al que lleva por título Imagina una noche. Escapa al objetivo de este estudio conocer si las reflexiones que llevamos a cabo con los niños, a partir de los libros, tienen un impacto más allá del taller de lectura. Lo que quiero mostrar a continuación es cómo la literatura infantil nos da la oportunidad a las coordinadoras de Bunko Papalote de hablar con los niños acerca de temas que difícilmente podrían ser tocados de otra forma. Por otra parte también nos permite imaginar, junto con ellos, posibilidades de existencia insospechadas.
El pájaro de colores trata de un enano y un gigante, “los últimos de su raza”, que se molestaban uno al otro continuamente. Lo que más deseaban estos dos personajes era convertirse en “uno de esos seres a los que llamaban personas”. En vez de consolarse uno a otro, el gigante y el enano se dedicaban a hacerse la vida imposible mutuamente. Cada uno tenía su estilo para molestar al otro. Uno desde las alturas y otro desde abajo. “Hacía tiempo que los animales del bosque habían huido de su camino”. El texto y las imágenes nos muestran que el enano y el gigante encuentran a un pajarito gris, “insignificante”, que imploraba ayuda con sus ojos. Ellos lo recogen y se alternan para alimentarlo. Tanto el enano como el gigante estaban tan ocupados atendiendo al pájaro, “que olvidaron atormentarse mutuamente y hacerse la vida imposible”. El enano se sorprendía del gigante y el gigante del enano (de cómo podían cuidar cada uno al pájaro y brindarle lo mejor de sí mismos). Estaban tan extasiados viendo cómo el pájaro se transformaba en un hermoso pájaro de colores, que ellos no notaban que también se estaban transformando: el enano crecía y el gigante decrecía. “El deseo de ambos se había cumplido, se habían transformado en personas”. El libro termina diciendo: “En aquel momento el pájaro extendió sus alas, abandonó el nido, voló rumbo al cielo y no regresó nunca más. Sólo cuando ambos caen en la tentación de mostrar los puños o sacar la lengua, vuelve sobre ellos un pájaro de colores que les recuerda la vida pasada.” Teniendo la lectura de este libro como referencia, los comentarios que se suscitan durante su lectura en voz alta (por parte de todos los integrantes del taller) son los siguientes:112
“Ernestina: –se parecen enojados–. Niña: –que no se llevaban bien–. Niña: –los animales les tenían miedo–. Yo pregunto: –¿a quién le gusta estar cerca de gente grosera–” Raciel: –yo no– Yo: –…que se está peleando e insultando, ¿a quién le gusta?– (…)Raciel: “en los bares hacen eso. En los bares y en las cantinas–” (...) Una niña dice: –uno le saca la lengua a otro…– Alba: –¿qué se imaginan ustedes que el enano le decía (al pájaro)?, ¿no han ustedes consolado a nadie, ni a su perrito o gato?– Una niña dice: –yo, una amiga en mi escuela, cuando estaba llorando, porque su mamá la iba a regañar, le dije que se calmara–. Alba: –y ¿qué creen que le decía entonces el enano al pájaro?– Raciel: –sana, sana, colita de rana– (risas). Cuando Alba enfatiza que –el enano se sorprendía del gigante y el gigante del enano–. Raciel comenta: –y el pájaro de los dos–. Luego pregunta Alba: –oigan, ¿pero quién más se estaba transformando– Los niños responden a coro: –¡el enano!– Raciel: –el gigante se hacía más pequeño y el enano más grande. Alba: –¿qué fue lo que realmente los
112 El lector notará a continuación una participación recurrente de Ernestina y Raciel. Estos dos niños ya conocían el
hizo convertirse en personas? Ernestina: –¿la magia del pájaro?– Alba: –¿fue la magia del pájaro?– Raciel: –¡no!, ¡que fueron amables entre los dos! Alba repite la frase e invita a Raciel a continuar. Él dice: –su actitud–. Alba repite y pregunta si alguien más quiere decir algo. Una niña dice: –el respeto que se tenían el uno al otro–. Alba repite y agrega: –…y además porque dice algo bien importante (señala a los personajes en la ilustración): cuando él encogió y él creció, se pudieron ver de cara a cara, verdad (de frente, a los ojos), como iguales, verdad, eso es muy importante” (Ob 22 may 08).
Antes de pasar al relato de la experiencia de lectura del segundo libro que he elegido, quiero enfatizar que esto último que Alba les dice a los niños, es precisamente lo que ella hizo al ponerse de rodillas frente a Carmen, cuando hablaban acerca de la muerte de su padre (cfr. primer momento del taller de lectura, de este apartado). En aquella ocasión, Alba respondió a la confianza de Carmen, poniéndose a su nivel, tratándola como igual. En este sentido, la interacción respetuosa, cariñosa y solidaria de la que nos habla la historia de este libro, está presente en el trato que Alba mantiene con los niños del taller de lectura.
El libro al que ahora haré referencia se titula Imagina una noche. Se trata de un libro con ilustraciones extraordinarias, en donde los distintos elementos que las constituyen van transformándose de una cosa en otra, de manera sutil y a la vez sorprendente. Se trata, además, de una poesía, cuyos versos van apareciendo página por página, acompañados de las ilustraciones. Dada la naturaleza de este libro, iré describiendo sólo algunas de las imágenes y/o citando textualmente algunos de los versos. En seguida me referiré a los intercambios que su lectura (escrita y visual) suscitó. Comienzo diciendo que cuando Alba les muestra por primera vez el libro a los niños, les comenta que sus autores, Sara Thompson y Rob Gonzalvez, “hicieron con anterioridad otro libro que se llama Imagina un día.” Alba les explica a los niños qué tipo de libro van a leer ese día y antes de que comiencen su lectura en voz alta, Abraham pregunta de manera muy propia: “¿aquí en Bunko tienen el Imagina un día?” Alba le responde que sí, que le va a preguntar a Marcela (una jovencita que es auxiliar en los talleres), para ver si para la siguiente sesión pueden traerlo al salón para prestarlo. Alba lee el primer poema y Lorena señala que “esas son camas”. Alba: “¡muy bien Lorena! ¿Ya observaron lo que dice Lorena?” Los niños comentan al respecto. Cuando me toca ver la ilustración comento: “…hasta ahorita me estoy dando cuenta que la palabra lechos, viene de camas. Yo decía: –bueno, a lo mejor
Alba se equivocó y eran helechos, ¿no?– pero no (…) ¡ah!”. Elsa lee la siguiente página y cuando nos muestra la ilustración, Claudia señala: “aquí se ve como pueblo, maestra”. Se trata de una ilustración en la que los cuadros que conforman las colchas de unas camas, se van transformando en un paisaje que ves, en perspectiva, desde arriba (como si fueras en un avión). Yo le comento a Claudia que “más que pueblo, (se ve) como un campo de cultivo, ¿no?” Ella asiente. Al mismo tiempo, Abraham dice: “aquí se ve como agua”. Alba le pregunta que “a dónde” y él señala en el libro y dice: “¡aquí!” Alba asiente. Lo que Abraham está señalando, es cómo los pasillos entre las camas, se convierten en ríos.
Ahora Ernestina sostiene el libro. Lee con tono de voz fuerte, fluido y dando a las frases que lo necesitan, énfasis de exclamación. En esta página está la palabra “nana”. Yo pregunto que si todos saben lo que es una nana. Varios niños, al mismo tiempo, responden que es una persona que cuida niños. Abraham, con su voz chistosa dice: “¡como una niñera!” Yo me quedo observando la ilustración y les comento: “¡Ah!, pero fíjense que en este contexto, muchachos, dice: “un granjero toca una nana”. En este contexto no significa la nana que tú conoces (le digo a Ernestina) si no… (antes de decir yo el significado, pregunto si alguien lo sabe, pero los niños dicen que no) una canción de cuna. Así se les dice a las canciones de cuna. Abraham tararea “duérmete niño, duérmete ya”. Alba: “y entonces, ¿a quién está arrullando?” Varios responden a la vez: “a los girasoles” (y es verdad). Alguien comenta que algunos girasoles están despiertos y que otros están dormidos (en la ilustración, los girasoles se han convertido poco a poco en mujeres. Unas con los ojos abiertos y otras con los ojos cerrados). De nuevo a Alba le toca leer: “Imagina que una noche… la oscuridad del terciopelo cuelga de cada ventana y nuestros sueños nunca acaban”. En seguida nos muestra la ilustración.
Alguien dice: “esas también son cortinas”. Alguien más: “¡y las están cortando!” Elsa dice: “y la luz del cielo va reflejando las estrellas…” Alba: “sí, pero ¿se dan cuenta que a un lado es de día, y es la cortina la noche?” Alguien dice: “lo voy a hacer en mi casa”. Yo, bromeando: “¡no, por favor, no lo hagas!” Itzel dice: “(las cortinas) se verían bonitas si las cortamos y nada más les ponemos cinta atrás…” Después Ernestina lee: “Imagina que una
espacio entre los árboles. Lo bastante ancho para dar un paseo entre ellos”. En la ilustración, las duelas de madera de una casa, se van convirtiendo en árboles que conforman un bosque. Después de un momento de silencio, Alba pregunta “qué hay ahí”. Respuesta de por lo menos dos niños: “árboles” Abraham (con voz chistosa): “una cabaña. ¡Bueno, el piso!” (parece que el piso de madera, le remite al piso de una cabaña). Alba: “¡exactamente! El piso se va convirtiendo en (…) grandes árboles, ¿verdad?”.
A través de libros como éste, quienes coordinamos Bunko Papalote invitamos a los niños a apreciar y disfrutar propuestas literarias y gráficas que cuestionan el sentido común: colchas que se transforman en campos de cultivo; pasillos que se convierten en caudalosos ríos; nanas que no sólo son niñeras, sino dulces canciones de arrullo con las que un granjero duerme a los girasoles de su sembradío. Cortinas estrelladas que cobijan nuestros sueños y palabras que nos invitan a deambular entre ellas… ¿Cuál es el límite de las cosas que podemos imaginar juntos? ¿Qué otros aspectos de nuestro sentido común (construido socialmente) son puestos en tela de duda?
Tercer momento del taller de lectura: las actividades complementarias Actividades plásticas libres y juego
Con los niños de ocho años las actividades plásticas libres son, al igual que con los niños pequeños, un espacio para alentarlos a que vayan más allá de los límites que ellos mismos se ponen. Esta invitación, además, va de la mano con que aprendan a apreciar las diferencias.
“Comienzo a dibujar un árbol en una tarjeta, con formato cuadrado, como me gusta. Carmen me pide que si le dibujo uno y yo la invito a que ella lo haga solita: – …porque es padre que cada quien intente hacer sus propias creaciones. Puedes tomar como referencia algo que te guste, pero tú hacerlo solita–. Un rato después Carmen dice: –¡No me sale!– (el árbol que está haciendo, tomando como punto de partida el mío) Yo le digo: –¡Sí te está saliendo, pero diferente, Carmen!”–
Las actividades plásticas libres también nos permiten bromear con los niños y generar un ambiente relajado y amistoso. Al mismo tiempo, es un espacio en donde las iniciativas juguetonas de los niños son apreciadas.
“Abraham dice con su voz chistosa: –¡maestra, maestra, aquí los niños ya están en proceso de extinción–. A Alba le cuesta trabajo entender a qué se refiere y Abraham le aclara: –¡en esta clase!– Alba le responde que sólo faltó Raciel. Abraham dice: –