Capítulo 4: Fundamentación teórica de la metodología de la investigación-acción
4.6. Investigación-acción: Fundamentos teóricos
Actualmente, a nivel nacional e internacional se desarrolla la línea de investigación- acción, que sostiene que el análisis cuantitativo no permite una comprensión lo suficientemente abarcativa y profunda de los fenómenos socioculturales, por lo que propone reconsiderar el análisis etnográfico para comprender cualitativamente los procesos.
El planteo de este diseño de investigación-acción en relación con el tema de estudio, posibilita una descripción, explicación y comprensión sobre el desarrollo y práctica de plataformas para educación virtual en diferentes contextos organizacionales.
Esta propuesta de investigación cualitativa, la investigación-acción, se sustenta en dos enfoques teóricos. Los mismos constituyen “fuerzas dominantes en las ciencias sociales y pertenecen a la tradición fenomenológica” (Taylor; Bogdan, 1986:24). La perspectiva fenomenológica (Hüsserl, 1973; Schutz, 1974) brinda un marco a esta metodología. En cuanto al primer enfoque, el interaccionismo simbólico, parte de las obras de John Dewey (1930), George Herbert Mead (1934), Blumer (1969) entre otros.
Dicho enfoque se preocupa por estudiar los significados subjetivos y las atribuciones individuales de sentido, atribuyendo gran importancia a los significados sociales, que las personas asignan al mundo. Es decir, “el punto de partida empírico son los significados subjetivos que los individuos atribuyen a sus actividades y sus ambientes” (Flick, 2004:31). Según Blumer el interaccionismo simbólico reposa sobre tres premisas básicas.
“La primera premisa es que los seres humanos actúan con respecto a las cosas de acuerdo con los significados que éstas tienen para ellos... La segunda premisa es que el significado de estas cosas se deriva o surge de la interacción social que se tiene con los propios compañeros. La tercer premisa es que estos significados se manejan en un proceso interpretativo utilizado por la persona al hacer frente a las cosas que encuentra, y este proceso los modifica” (Blumer, 1969, citado en Flick, 2004:32)
El interaccionismo simbólico es una de las orientaciones metodológicas que comparten las ideas básicas del proceso hermenéutico o interpretativo. Trata de
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comprender el proceso de asignación de símbolos con significado al lenguaje hablado o escrito y al comportamiento en la interacción social (Martínez Miguélez). En este sentido, se define el análisis de la acción humana, de cualquier acción humana, como “una ciencia interpretativa en busca de significado, no como una ciencia experimental en busca de leyes” (Geertz, 1995)
En las décadas de los años 1960-70, se realizaron diversas críticas a las metodologías empleadas en ciencias sociales, especialmente desde la sociología (Martínez Miguélez). En función de esto se fue generando una nueva metodología, llamada etnometodología, por ser algo elaborado por el grupo humano que vive unido, un etnos. La etnometodología no se refiere a los métodos de investigación sino al tema u objeto de estudio: cómo (mediante qué metodología) las personas mantienen un sentido de la realidad externa.
La etnometodología se interesa en las rutinas de la vida cotidiana y su producción. Los principales autores que han nutrido este enfoque han sido Garfinkel (1967), Cicourel (1964), entre otros.
La etnometodología es considerada la más productiva orientación metodológica que ha referido los procedimientos reales a través de los cuales se elabora y construye ese orden social: qué se realiza, bajo qué condiciones y con qué recursos. Esto ha constituido una práctica interpretativa: una constelación de procedimientos, condiciones y recursos a través de los cuales la realidad es aprehendida, entendida, organizada y llevada a la vida cotidiana. (Martínez Miguélez)
La etnometodología sostiene que en las ciencias sociales todo es interpretación y que “nada habla por sí mismo”; que todo investigador cualitativo se enfrenta a un montón de impresiones, documentos y notas de campo, a los que debe buscarle el sentido o los sentidos que puedan tener. (Martínez Miguélez)
Según Flick (2004:34) “las limitaciones de la preocupación del interaccionismo por los puntos de vista de los sujetos se superan teórica y metodológicamente en el marco de la etnometodología”, la cual “analiza el problema de cómo las personas producen la realidad social en y por medio de procesos interactivos”
La tarea del etnometodólogo es “examinar los modos en que las personas aplican reglas culturales abstractas y percepciones de sentido común a situaciones concretas, para que las acciones aparezcan como rutinarias, explicables y carentes de ambigüedad. En consecuencia los significados son un logro práctico por parte de los
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miembros de la sociedad”. (Taylor y Bogdan 1986: 26). Los etnometodólogos ponen entre paréntesis o suspenden su propia creencia en la realidad para estudiar la realidad de la vida cotidiana (Taylor; Bogdan, 1986: 27)
Garfinkel, considerado creador de la etnometodología, la define del siguiente modo: “Utilizo el término etnometodología para referirme a la investigación de las propiedades racionales de las expresiones indexicales y otras acciones prácticas como partes de las continuas realizaciones que logramos gracias a nuestra destreza en la organización de las prácticas de la vida diaria” (Garfinkel, H.,
Studies in Ethnomethodology, 1967:11)
Garfinkel busca estudiar las actividades prácticas, actividades de la vida cotidiana. Por esto considera la indexicabilidad, el contexto del lenguaje natural, como necesario para comprender el sentido de las cosas.
“La indexicabilidad refiere a la capacidad comunicativa de un grupo de personas en virtud de presuponer la existencia de significados comunes, de su saber socialmente compartido, del origen de los significados y su complexión en la comunicación” (Guber, 2001:45)
Sin embargo, las palabras y sus significaciones no son suficientes para conocer una realidad social. El orden social se constituye por las reglas sociales con las que los miembros de una sociedad se enfrentan a tareas cotidianas. Estas reglas sociales suponen un conocimiento práctico por parte de los actores, quienes las utilizan para manejar el día a día de sus interacciones.
A su vez, existe otra propiedad del lenguaje es la reflexividad. Las descripciones y afirmaciones constituyen la realidad. Por lo que la reflexividad señala la íntima relación entre la comprensión y la expresión de dicha comprensión. (Guber, 2001)
Guber señala que las descripciones del investigador son intencionales, representan una situación “pero estas comunicaciones no son “meras” descripciones sino que producen las situaciones mismas que describen” (2001:46). De este modo, la única forma de conocer o interpretar es participar en situaciones de interacción, por lo que el que investiga debe incorporarse a dichas situaciones y considerar que su presencia no es totalmente exterior.
El fin es especificar la esencia o el qué de las prácticas sociales dentro de dominios altamente circunscritos o especializados del conocimiento y de la acción.
El punto de partida básico de la orientación etnometodológica es que el contexto y el lenguaje, es decir, los escenarios sociales y las acciones que en ellos se producen, están
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determinados recíprocamente, conectados entre sí. En este sentido, igual que para el Interaccionismo Simbólico, para la Etnometodología el concepto de interacción es uno de sus pilares básicos, y se concibe como el fundamento de toda relación social. Esto se planteó al referirse a la interactividad en capítulos anteriores.
“la etnometodología no considera el lenguaje como algo neutro o como un instrumento sin más que describe la vida humana real, sino como un constitutivo de ese mundo humano o social, que revela, a su vez, la forma o modalidad en que la interacción produce ese orden o estilo social en que se da. No hay, en consecuencia, un lenguaje y una interacción, sino un lenguaje-en-interacción que posee una secuencia estructurante del contexto y su significado, lo cual diferencia la etnometodología del análisis del discurso (Heritage, 1984; Zimmerman, 1988 en Martínez Miguélez)
Evidentemente, como toda investigación, también la etnometodología trata de llegar a la construcción de estructuras del comportamiento humano, es decir, a sistemas explicativos que integren procesos y motivaciones, intencionales y funcionales, o patrones de conducta humana, individual o social, que nos dé una idea de la realidad que se tiene delante. Esta realidad puede ser única e irrepetible, propia sólo de ese grupo humano étnico o institucional (Martínez Miguélez)