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Los bombardeos y ametrallamientos no cesaron y los puestos fijos instalados en las ruinas de Cuarto Pueblo, en Xalbal y Mónaco se ampliaron con destacamentos teóricamente móviles pero en realidad cuasi fijos en los Centros Tacaná de Cuarto Pueblo, en un cerrito de la antigua comunidad de CPR “23 de Enero”, y en el Centro de San Francisco en Mayalán. La guerrilla escuchaba las comunicaciones de estos desta- camentos con sus mandos y aunque les informaban de exploraciones, sus movimientos no eran tales pues no salían de los cerritos en que se habían posicionado.

En sus destacamentos fijos en las cimas de los cerritos estaban bastante seguros, pero tenían claro que bajar de la loma al río que estaba en sus faldas, ya fuera a recoger agua o al baño, eran bajas probables. Lo mismo les sucedía con frecuencia al entrar en las comunidades abandonadas y caer en las trampas de güiscoyol camuflajeadas, trampas que no mataban pero desmoralizaban a la tropa y retrasaban su avance a la vez que podrían requerir evacuación en helicóptero y ponerse a tiro.

Durante el día y repetidas veces “pasaban avionetas, bien bajas”, echando volantes en los trabajaderos y en áreas que suponían estaba la población, volantes que decían, “no hay que pasar hambre, ya hay paz en Guatemala, hay amnistía para ustedes” (Diócesis del Quiché, 2000b:234) y “no sufran mientras sus co- mandantes viven en hoteles de lujo y chupan whisky de calidad”. Ello se acompañaba a las pocas horas o días de bombardeos de la montaña o de los trabajaderos en los que se hacían grandes cráteres y las ma- zorcas salían carbonizadas.

Con la bomba de 500 libras se ocupan como una cuerda y como un metro de hondo. Suerte que no cayó dentro de la comunidad, porque nos terminan todo. Todos debajo de la tierra, como animalitos, y la gente se quitó el miedo a la muerte… Durante meses, diario, diario hacían bom- bardeo (Ixcán)

(ODHAG, 1998:163, Tomo I)

La situación más dramática fue la vivida el 2 de noviembre en la comunidad de “Costa Cuca” cuando un helicóptero detectó en la madrugada el humo que se mantenía entre los árboles, tras de lo cual llegaron los A-37 B lanzando sus bombas de 250 y 500 libras resultando muertos dos jóvenes y otro dos heridos.

Pasaban avionetas con bocinas di- ciendo `Dios es autoridad, y ustedes tie- nen que respetar a las autoridades´, y dejando volantes. `Ustedes son prisione- ros de la guerrilla, tienen que rendirse al Ejército´. El 2 de noviembre de 1987 a las seis de la mañana, llegó un helicóp- tero… Cada familia tenía un refugio en su casa. La gente se corrió pero llegaron los aviones que bombardearon hasta las nueve o diez de la mañana. Hubo muer- tos y heridos.

(CEH, 199:297, Tomo III)

Para fines de año, la población denunciaba la imposibilidad de salir a trabajar ante la presencia de miles de soldados en la región, así como los bombardeos, ametrallamientos, persecuciones, la destrucción de las casas, capillas, botiquines, siembras y trojas, pero “no han logrado capturar o terminar con nuestras comu- nidades. Hemos tenido experiencia de no caer en manos del ejército y somos un pueblo que resistimos con mucha firmeza, aunque con mucho sufrimiento” (IGE, 1989: 104-112). Los meses de enero y febrero de 1988 la ofensiva alcanzó sus momentos más álgidos instalando otro destacamento en el Centro Mirador, an- tigua CPR de “Los Limones”.

Si el 8 de marzo una avioneta sobrevoló con altoparlante hablando de amnistía para quienes se entre- guen, el día 21 un Pilatus entró bombardeando y los helicópteros ametrallando (IGE, 1989: 104-112) (Dió- cesis del Quiché, 2000b: 239-240). En otras, “saber que están tirando, huele feo, por si es algún químico o veneno, métanse en las trincheras y subterráneos y tapen la comida y los trastes con agua” pedían los en- cargados de salud y los comités locales.

La Iglesia Guatemalteca en el Exilio en marzo de 1988 denunciaba que “una fuerza de tarea especial in- tegrada por 800 kaibiles con tres cañones de largo alcance estaba instalada en las ruinas de lo que fue el asentamiento Cuarto Pueblo [desde el 21 septiembre de 1987] y desde entonces bombardean y ametrallan día y noche el Ixcán Grande” (Diócesis del Quiché, 2000:234).

Los kaibiles son unas tropas especiales particularmente sanguinarias y que toman su nom- bre de un término mam que significa: “aquel que tiene la fuerza y la astucia de dos tigres” y su lema es: “Si avanzo, sígueme; si me detengo, aprémiame; si retrocedo mátame”.

Entre septiembre de 1987 y mayo de 1988 se formó una coalición de tropas especiales, la Fuerza de Tarea Kaibil Balam (FTKB) que tomaba su nombre de un príncipe maya Kaibil Balam que nunca fue capturado por los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. La FTKB estuvo integrada por cuatro batallones uno de ellos de la Guardia de Honor, cinco com- pañías de Asuntos Civiles, una compañía Kaibil y una unidad paracaidista a la que se sumaba la Fuerza Aérea que transportaba y suministraba insumos de apoyo a las tropas de tierra (ODHAG, 1998: 103, Tomo II).

Los señores del Infierno, los señores de Xibalbá.

En el camino hacia el Infierno estaba jugando Cada Cerbatanero, Siete Un Cerbatanero y lo oyeron Una Muerte, Siete Muertes, señores del Infierno.

¿Qué es lo que se oye sobre la tierra?

Shikiripat, Sangre Carcomida su oficio era enfermar la sangre.

Ajalpuj Ajal On era la autoridad de la hinchazón que supura pus en los pies y brota aguadija hedionda, es pues la autoridad del pus y de la aguadija.

Había el señor de Bastón de Hueso y Bastón de la Calavera, eran los aguaciles del Infierno, eran de hueso sus bastones; éstos eran los que enflaquecían a la gente, de veras pura cala- vera eran sus cabezas cuando morían, caían de esqueléticos. Esta era la tarea de Bastón de Hueso y Bastón de Calavera.

Había otros llamados: El de la Basura, El que Puya, cuyos oficios eran vigilar a la gente pura basura tiradas atrás de las casas en los patios, se mantenían atalayándolas para espe- tarlas e ir a embrocarles para que se murieran, era la autoridad de El de Basura y El del Pu- yador, así le decían.

Ahora el oficio del Gavilán y el del Mecapal eran la autoridad de la gente que muere en el camino, muerte natural le decían; les sale sangre de la boca y se mueren vomitando hedionda sangre; era cada oficio que tenían, golpear la tranquilidad de la gente y así morían en el camino, este era el padecimiento ya sea caminando o sentados, este era el oficio del Gavilán y del Me- capal.

Estos eran los señores del Infierno Una Muerte Siete Muertes, Señor del Pus, Señor de la Aguadija, Bastón de Hueso, Bastón de Calavera Shikiripat, Sangre Carcomida, El de la Ba- sura, El Puyador, El Gavilán, El Mecapal eran los nombres de todos los señores del Infierno y de quienes en Guatemala provocaron el genocidio.

El día 27 de febrero en una mina-trampa falleció Francisco Pablo Matías de 47 años de edad dejando viuda y cinco huérfanos. En marzo del 88, el campamento del Centro San Carlos, Pueblo Nuevo, fue ata- cado por 350 soldados logrando la población salir entre los disparos. Quemaron las champas con la ropa, los trastes, las tablas. Machetearon las láminas, quebraron 15 piedras de moler, destruyeron 45 molinos, que- maron la capilla, robaron una biblia, comieron los coches y mataron o robaron cientos de gallinas (Diócesis del Quiché, 2000a: 240). Esta fue la única comunidad en que el ejército durante la ofensiva pudo sorpren- der y entrar pero donde la población pudo retirarse sin bajas.

La ofensiva de 1987-1988 resultó un fracaso para el ejército y también para el gobierno. Ante los cien- tos de bajas del ejército en el Ixcán, la guerrilla tuvo alrededor de 30 bajas, entre compañeros muertos y he- ridos, y en las CPR aproximadamente siete muertos y varios heridos, 37 dolorosos amigos y amigas que resultaron muertos y heridos. De los siete de CPR, dos murieron en el bombardeo del 2 de noviembre, va- rios en emboscadas del ejército, otros por errores en la vigilancia entre las propias CPR y/o la guerrilla.

Aunque la ofensiva movilizó miles de soldados, los guerrilleros del EGP codo a codo con los jóvenes de las CPR, se pegaron al ejército y lo controlaron en sus movimientos permitiendo así que la población saliera lo mejor parada en vidas y recursos materiales. Los campamentos abandonados previo a la ofensiva como “Pimienta 1” y “Pimienta 2”, “23 de Enero”, “Limones”, “Trapiches”, “Maravilla”, “Resistencia”… todos fueron destruidos por el ejército, tomando posiciones en varios de ellos pero no logrando incursionar en los nue- vas comunidades de emergencia salvo en marzo de 1988 en el ya citado Centro Los Altos.

MAPA IGLESIA GUATEMALTECA EN EL EXILIO. (1989: 108)

AREA DE LAS 5 COOPERATIVAS DE IXCAN GRANDE