Los más de 500 años de resistencia frente a la conquista, encuentro, descubrimiento, evangelización de Abya Yala 11, Iximulew, América.
Frontera mexicano-guatemalteca. La frontera mexicano guatemalteca. (Foto de Ricardo Falla)
11. Nombre que da a su territorio el pueblo kuna (Islas de San Blas/ Panamá) y por extensión a América. Guatemala es también conocida como Iximu- lew o Tierra del maíz.
“Las familias que decidieron quedarse resistiendo en la selva del Ixcán siguieron en contacto con los re- fugiados ya que muchas familias se dividieron” [unas refugiadas y otras resistiendo] (Muñoz Sánchez, 2008: 417). Pero la frontera sería también permeable al ejército guatemalteco y entre 1981 y 1984 se reportaron más de 70 incursiones en tierras mexicanas con 20 refugiados asesinados y otros tantos secuestrados (Fre- yermuth y Godfrey, 1993:43). La acción más grave fue la incursión de 100 civiles y 100 “pintos” 12, el 30 de
abril de 1984 en el campamento El Chupadero donde torturaron y asesinaron a seis refugiados (Comisión del Movimiento de Solidaridad con los Refugiados Guatemaltecos, 1985: 181), o siete (AVANCSO, 1992:48) sirviendo de justificación para el gobierno mexicano en su decisión de evacuar a los refugiados de la fron- tera chiapaneca hacia los estados de Campeche y Yucatán.
Como alternativa al refugio, familias de Zona Reyna y de las cooperativas del Ixcán Grande siguieron op- tando por caminar sorteando a “los ejércitos”, “dándoles la vuelta”, formando pequeños grupos que entrando en comunicación fueron ampliándose y a sus comunidades dada su provisionalidad y movilidad les llama- ron “campamentos”. El nombre lo tomaron de la guerrilla por compartir esas características e igualmente fue el nombre que dieron los refugiados a sus asentamientos en Chiapas.
Los campamentos fueron conocidos en los primeros años por los seudónimos de sus líderes, campa- mentos “Ruiz”, “Bonifacio”, “Chamorro”, “Palacios”, “Donal”, “Aguirre”, “Shulín” y los seudónimos se gene- ralizaron entre la población para evitar que el ejército represaliara a los familiares bajo control del ejército en el Ixcán o de sus lugares de origen.
…fui encontrando gente y decía, somos tantas familias, estamos en un grupo, estamos allá, tomamos contacto con otro grupo y así empezamos a establecer contacto con varios grupos, yo me sentía más contento… había más gente.
Marcos Ramírez (Muñoz Sánchez, 2008:414)
En los primeros meses bajo la montaña, la po- blación se había alimentado de las siembras y ár- boles frutales que como ellos habían sobrevivido al macheteo de “los ejércitos”, de lo guardado en los “buzones” 13 tras lo salvado de la quema de
las trojas y poco aprovecharon de los animales por haber sido muertos por el ejército. Los perros fueron sacrificados por el riesgo de ser detecta- dos con sus ladridos y porque seguidos por el ejército los llevaban con “sus cuidadores y ami- gos” escondidos en la montaña. El palo de juste, los frutos del zapote, los tallos del corozo y pal- mito, todos ellos primarios de la selva, fueron también alimentos que con sus frutos y tallos tier- nos comestibles sustentaron a la población en estas emergencias.
De estos primeros meses en la montaña es que Eulalia fue “a abrir hoyo” 14 cuando cabal en ese momento
“entraron los ejércitos”. Quedó aislada, se perdió en la selva y tardó mes y medio en contactar con los “com- pas”15. Cuando oía ruidos, ante la duda de si eran los ejércitos o los compas, se escondía. En ese tiempo
“dicen” que “agarraba los pescados con la mano”, pero ella no era amiga de contar su traumática experien- cia y a mí tampoco de preguntarle aún siendo por varios meses su alfabetizador personal.
12. Los pintos o kaibiles eran soldados de élite y crueles en extremo, entrenados en el cuartel El Infierno en Poptún, Petén.
13. Los buzones fueron una especie de trojas -donde se guarda el maíz, arroz, frijol cercano a los lugares de cosecha- escondidos y camuflajeados en la montaña para no ser detectados y destruidos por el ejército.
14. Abrir hoyo es defecar en el monte haciendo un agujero con el fin de enterrar los excrementos tanto por higiene como para no dejar huellas. 15. Las compañeras y compañeros guerrilleros.
Lo que prometía ser unos meses en la selva, pues “¿Acaso se puede vivir en la montaña? ¿Acaso somos animales para vivir en la montaña?”, se transformó en experiencia y expertaje en vivir “bajo la montaña”. “Entre los que íbamos juntándonos en la montaña comentábamos, por algunas informaciones que corrían, que esta situación posiblemente sólo iba a ser por seis meses y luego volvemos. Pero eso no fue así, fueron años y años de resistencia bajo la montaña” (Mateo Baltazar entrevistado por Macondo films: 2005).
Y ante las proclamas del ejército de que en la selva sólo había tigres y guerrilleros, cientos de familias de tres generaciones, niños, adultos y ancianos, construyeron un proyecto nuevo y alternativo, las Comu- nidades de Población en Resistencia, comunidades que nacieron en diciembre de 1983 como CPR del Ixcán. “Ya no se puede regresar [a las parcelas]. Entonces empezamos a ver cómo organizarnos mejor para poder mantenernos en la montaña” (Sosa, 2001:52) y en tiempos similares se formaron las CPR de la Sie- rra en la sierra de Chamá, en el departamento del Quiché, y en la selva del Petén.
Las prioridades en los dos primeros años, de1982 a inicios de 1984, estuvieron en la vigilancia o auto- defensa y la alimentación. La vigilancia para detectar movimientos del ejército y desplazarse si su cercanía los hacía peligrosos, y la alimentación que pasó poco a poco de la recolección y sobrevivencia unifamiliar a la producción colectiva en diversos “trabajaderos” 16, sembrando más de lo necesario para asegurar que
a pesar del macheteo y quema del ejército por tierra, y quema y bombardeo por aire, quedara a salvo algo de lo sembrado.
La alimentación planteada inicialmente como unifamiliar, al acabar lo guardado en la trojas y buzones fa- miliares pasó a ser colectiva, el campamento como nueva unidad de sobrevivencia en la vigilancia, defensa y en la producción y alimentación. La sobrevivencia unifamiliar fue dando lugar a la vida colectiva del cam- pamento entre otras razones por puro pragmatismo, los animales depredadores del maíz, como los loros, los “cochemontes”17y los “tepescuitles” 18se multiplicaron al desaparecer la caza y retornar la selva a los
claros de las antiguas parcelas; la movilidad de los campamentos dificultaba el cuidado de las siembras in- dividuales de los animales comedores de las milpas 19; las nuevas siembras eran en parcelas no propias y
la nueva conciencia de que la unidad de sobrevivencia era el campamento y la coordinación necesaria entre todos ellos.
16. Terrenos de siembra. 17. Una variedad de jabalí.
18. Tepescuintle o tepezcuintle es un roedor cuyo nombre significa “perro de montaña”. En otros lugares es conocido como paca, guartinaja, guanta, guagu molon, majaz, marioxys, conejo manchado, lapa, jaleb, picuro y jochi pintado.
19. Siembras de maíz.
Rabinal, Baja Verapaz
“Nosotros comíamos lombrices porque no había comida… En todas las casas de Dios, no había nada, hasta rompieron la piedra de moler”.
(CEH, 1999:368, Tomo III)
Algunas mujeres de la resistencia, al recordar ese periodo, manifestaron tener su corazón roto por el te- rror de lo vivido, los familiares y amigos muertos, la destrucción del trabajo realizado con tanto esfuerzo y el ver rotas sus piedras de moler. Otras recordaban los tiempos iniciales de colonización del Ixcán, los tiem- pos en que hubo que soportar el acoso de los zancudos como ahora, comer el maíz en forma de harina o totoposte y la vida bajo las champas de nailon, tiempos duros que ahora regresaban con el agravante del acoso del ejército, y la terrible experiencia de muerte masiva vivida que superaba lo imaginable hasta en- tonces.