Las y los acompañantes
Con la salida al claro llegaron las y los acompañantes de numerosos países que van a aportar un cierto carácter disuasorio a la represión pues acompañaron a la población en las comunidades y en sus salidas a Playa Grande y Guatemala. También con sus conocimientos técnicos en aspectos educativos, mecánicos, eléctricos, distraimiento… tanto como aspectos ligados a la salud al aportarles la posibilidad de relatar tes- timonios a personas de confianza, y hacer nuevas amistades de lugares desconocidos. La presencia de cooperantes vascos, catalanes, andaluces, gallegos, españoles, franceses, italianos, daneses, holandeses, norteamericanos, canadienses, alemanes y de otras nacionalidades fue masiva y siempre resultó simpático el relato de los acompañantes navarros en las CPR de la Sierra que siendo tantos, les preguntaban:
- “¿Qué tan grande es su país, Navarra? ¿Es más grande que los Estados Unidos? Son tantos ustedes los que vienen con nosotros. Eskerrik… ¿qué?”.
La pérdida del compañero Joxean es lamentable. Cuando lle- gues [Mariasun Sancho] a Primavera [del Ixcán] tendremos que or- ganizar con las autoridades y docentes un homenaje póstumo, así como escribirle una carta a la familia del compañero.
Ramírez [Pedro] miembro del Equipo de educación.
Sobre el fallecimiento [12 de septiembre 2013] de nuestro gran amigo Joxean, para el equipo del CCPI y para toda la comunidad es muy lamentable, porque es muy conocido en la comunidad y sobre todo de quienes recibieron clases con él en Santiaguito. Si pudiera comunicarse con los familiares le hacemos llegar nuestros condolencias por la pérdida de un luchador y solidario que vino a la comunidad a conocer la realidad y que aportó mucho en el tema de educación, por lo que él estará en la memoria de cada uno de los habitantes de la comunidad.
Consejo Coordinador de Primavera del Ixcán (CCPI)
Acompañantes
Cientos de personas de muchos países del mundo, acompañantes como nosotros, perma- necimos el tiempo suficiente en el Ixcán, y otros en La Sierra de los Cuchumatanes, hasta des- pués de la firma de los Acuerdos de Paz [y después], como para poder conocer de primera mano la historia reciente de estas comunidades, que es la historia de Guatemala, la historia del horror y la destrucción causada por su Ejército contra las etnias mayas.
En la acogida que recibimos como acompañantes, fuimos tratados como hermanos, hacía- mos la vida en sus champas y las familias… Algunas veces también tuvimos que ser atendidos por los promotores de salud que hacían un trabajo de gran responsabilidad y en innumerables ocasiones, durante esa larga intimidad, nos relataron y pudimos escuchar las atrocidades co- metidas contra sus seres queridos, la destrucción total de sus propiedades, el desalojo forzoso de sus tierras y la huída hacia México de los supervivientes.
Nuestra aportación al proceso de paz consistió en permanecer junto a las familias, acom- pañarlos en su desolación y su dolor, tratando de fortalecer así su lucha, por el reconocimiento de sus derechos y por la justa reparación del sufrimiento y los daños causados.
17 años después, sabemos que la recuperación de la memoria histórica y el resarcimiento siguen siendo hoy una necesidad urgente para poder encaminar a Guatemala hacia una con- vivencia en paz. La reparación por los daños morales y físicos infringidos a esas personas, fa- milias y comunidades, tiene que hacerse efectiva sin más demora.
El Estado de Guatemala tiene el deber moral y entendemos que también legal de indemni- zar a todas las familias que sufrieron el asesinato o la desaparición de sus seres queridos y la pérdida de todas sus propiedades y tierras, porque así lo reconoció y se comprometió a repa- rar en los Acuerdos de Paz.
Mariasun Sancho, Euskal Herria 2013
Desde la política de tierra arrasada, el ejército no cejó en su empeño de hacerse con el con- trol del territorio, asesinar, capturar a la población o sacarla definitivamente para México, y ahí estuvieron las ofensivas de:
“Victoria 1982”, “Firmeza 1983”,
“Reencuentro institucional 1984”, “Estabilidad Nacional 1985”, “Consolidación Nacional 1986”,
Plan de Campaña1987 “Fin de Año” con el lema de “Limpiar para reconstruir”, y continuado en enero de 1988 con “Unidad 88”,
“Fortaleza 1988” y ...
… “Lacandona 91” contras las CPR del Petén (CEH, 1999:244, Tomo III) aunque para otras fuentes la ofensiva era contra el narcotráfico.
“Diamante 1992”.
(IGE, 1989:16) (ODHAG, 1998:222 Tomo III)
Hasta finales de 1993 las áreas de asentamiento de las CPR, y en concreto las del Ixcán fueron atacadas repetidamente siendo habitual el uso de la fuerza aérea para el acoso de los asentamientos urbanos mediante mediante bombardeos y ametrallamientos (CEH, 1999:244- 245, Tomo III).
Nunca cesó en el control y cerco militar sobre la población de las CPR pero también de con- trol de toda la población del área. El ejército formó un cerco militar alrededor del área de CPR manteniendo destacamentos en Mayalán y Pueblo Nuevo, así como en Río Xalbal, Xalbal, Cuarto Pueblo, Mónaco y Cari (Garst, 1993: 28). El Ixcán es hoy Zona Militar Número 22 y con su cuartel de Playa Grande uno de los más importantes del país con la excusa de la frontera y ahora también del narcotráfico.
En junio de 1994 se formó una Comisión Técnica con dos representantes de las organizaciones de la po- blación desarraigada, Marcos Ramírez y el abogado asesor Alfonso Bauer Paiz, dos del gobierno y dos re- presentantes de la comunidad internacional. En ella se discutió la situación de los diferentes tipos de desarraigados de la que formaban parte las CPR como “Sectores Surgidos por la Represión y la Impunidad”. El 17 de junio de 1994, el Gobierno y la URNG firmaron el “Acuerdo para el Reasentamiento de las Pobla- ciones Desarraigadas por el Enfrentamiento Armado” por el que se reconocía oficialmente a las CPR de la Sierra, Ixcán y Petén como población civil.
En octubre de 1995 y tras múltiples problemas en el Ixcán Grande, con el apoyo de Cáritas y la Dióce- sis del Quiché, las CPR lograron obtener un crédito para la compra de parte de la finca San Rocnimá, a ori- llas del río Chixoy, a la que 315 familias se trasladaron en enero y febrero de 1996 formando la nueva comunidad de Primavera del Ixcán y su cooperativa La Resistencia. El cambio de lugar y traslado supuso un enorme sacrificio moral y físico, “separarse de la tierra que nos vio nacer y que fue escenario de la re- sistencia, fue desgarrador” (Véliz, 2008).
C
on la llegada de los españoles al continente y pre- via a su llegada física a la región mesoamericana, una epidemia de viruela se adelantó a modo detropas de asalto de las tropas españolas muriendo un tercio de la población enferma y facilitando la conquista de los sobrevivientes. Entre 1519 y 1632, en Guatemala se produjeron hasta ocho epidemias masivas que lleva- ron a “una despoblación indígena catastrófica donde se reconoce que de los diferentes factores, las enfermeda- des epidémicas fue la más crucial” (Lovell, 2002: 147) y que en algunos escritos de la época aparece nombrado por los indígenas como “el tiempo de la Gran Enferme- dad”.
Entre 1558 y 1559 se desató una pandemia de in- fluenza en la mayor parte de los territorios americanos
conquistados produciendo gran mortandad y que una crónica de los cakchiqueles de Guatemala refiere como una “enfermedad de sangre de las narices” (Estrella, 1993: 46-47). En Yucatán, las epidemias por su alta mortalidad fueron denominadas comooc-nakich-il,enfermedad cuyo significado ha sido traducido por “cuando los zopilotes [buitre negro] entran a las casas” (MacLeod, 1990: 34). El dolor de los vencidos fue grande y entre las voces desesperadas de los cakchiqueles se recoge: “Grande fue el hedor de muerte des- pués que sucumbieron nuestros padres y abuelos, la mitad de la gente huyó a los campos. La mortalidad fue terrible. Nuestros abuelos murieron, y con ellos el hijo del rey, sus hermanos y parientes. Así fue como nos quedamos huérfanos cuando éramos jóvenes” (McNeill, 1984:217).
Algunos de los sobrevivientes de las masacres de los 80 relataron la experiencia vivida con rasgos si- milares a los que debieron vivirse con la invasión española en el siglo XVI, el solapamiento de lo traumático de la vivencia con la incomprensión de lo sucedido y las razones de tal crueldad. Tal cúmulo de sufrimien- tos, enfermedades y penurias llevó a que algunas personas en la resistencia la nombraron como “el tiempo del Gran Susto”, debido a que miles de personas perdieron el espíritu o la fuerza vital, temporal o perma- nentemente con la muerte en este caso.
Con la salida a la montaña, el miedo a caer en manos del ejército, ser torturados y asesinados, el terror e incredulidad por lo vivido, la mala alimentación o el hambre, las enfermedades por las condiciones extre- mas de vida, acabaron con los más débiles, niños y ancianos. Para el sector de población que cruzó la fron- tera mexicana la vida también fue difícil en el campamento de Puerto Rico, cercano al río Lacantún, siempre sobrepoblado y de inicio sin agua potable ni instalaciones sanitarias básicas, llegando agotada y aterrorizada, presa del paludismo, dengue, tuberculosis, desnutrición y anemia severas. A ello se sumaron las enferme- dades diarreicas, respiratorias y de la piel además de las epidemias de hepatitis, sarampión y tosferina.
En Puerto Rico, Chiapas, de noviembre 1982 a enero de 1983 se reportó la muerte de 90 niños y 10 adultos entre una población de 3 mil personas, 2-3 niños diarios, y el director del hospital general de Comi- tán estimaba una mortalidad de 5-6% entre los refugiados en el periodo de 1981-1984 (Freyermuth y God- frey, 1993:28). En otros informes se habla de hasta 6 mil personas en 1982 [en Puerto Rico], que el 3 y 4 de julio de 1984 la Marina mexicana arrasó y quemó la infraestructura de Puerto Rico, junto a las medicinas y alimentos, con el propósito de intimi-
darlos para aceptar la reubicación a Campeche u obligarlos a regresar a Guatemala. Tras la acción violenta fue- ron obligados 3 mil refugiados al tras- lado forzoso a Campeche (Comisión de solidaridad con los refugiados gua- temaltecos, (1985 [1984]: 183) y lle- gando a 14 mil con los trasladados posteriores a Quintana Roo.