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1. Planteamiento del problema Justificación

3.2. Sobre violencias y jóvenes

3.2.4. Jóvenes y violencia, una estrecha relación.

Jóvenes y violencia: ¿victimarios o víctimas? Rosana Reguillo Al reflexionar sobre la relación entre jóvenes y violencias caben infinitud de variables

por considerar, por ejemplo: las casusas que motivan el accionar violento en ese segmento

poblacional, los efectos de las violencias en la cotidianidad y la subjetividad de estos, cómo

están vinculados en las diferentes manifestaciones de las violencias, cuántos de ellos son

agredidos y de qué manera, y cuántos más son los agresores y de qué tipo, entre muchas

inquietudes más.

Por eso quise iniciar con la pregunta que se plantea Rosana Reguillo frente a esta

relación: ¿son los jóvenes víctimas o victimarios de las violencias?, porque considero que es

un buen punto de partida para analizar estos dos aspectos y la manera como convergen.

Afirmar que lo jóvenes son únicamente víctimas de las violencias que están inmersas en su

entorno, es igual de reduccionista a los estereotipos de los jóvenes como agentes violentos.

No podemos olvidar que el entramado social funciona de manera articulada, por tanto, dar

respuesta a esta inquietud implica tener en cuenta múltiples variables.

Una de ellas es la vinculación de los jóvenes, como fuerza vital que representa este

grupo etario, a los distintos grupos armados: legales o ilegales, que responde, por un lado, a

las dinámicas propias de organización del estado que requiere de un ejército como

manifestación de la fuerza legítima que le fue conferida, y por el otro, el reclutamiento,

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Amador (2015) en su texto: Jóvenes, temporalidades y narrativas visuales en el conflicto

armado colombiano:

Luego de la conformación de la república, hacia 1810, y su consecuente cadena de

guerras civiles a lo largo del siglo XIX, fueron los niños, las niñas y los jóvenes

quienes constituyeron los ejércitos que se pusieron al servicio de las élites regionales

en su interés por alcanzar poder territorial. Por otra parte, las cifras del conflicto

armado muestran que han sido las gentes jóvenes, especialmente las de origen rural,

quienes han sido objeto de reclutamiento por parte de los ejércitos -fuerza pública,

guerrillas, grupos paramilitares y bandas criminales emergentes que han alimentado la

espiral de violencia de los últimos sesenta años. Por último, estudios recientes revelan

que el 63% de las víctimas del conflicto son jóvenes menores de 25 años (Garay &

Vargas, 2012), quienes han sido objeto de desplazamiento, secuestro, tortura, delitos

sexuales, extorsión y minas antipersonas. (p. 1317.)

Y complementa Ricardo Daza (1996) al decir:

La vinculación de los jóvenes a la violencia es importante pero por supuesto no es un

problema de ellos sino de toda la sociedad. Todos los contingentes armados que hay

en el país están compuestos por jóvenes, ya se trate del ejército nacional, de la

guerrilla, o del crimen organizado. Los muertos en el desangre crónico que vive el

país son predominantemente jóvenes. Es muy notorio que la principal causa de muerte

entre los varones menores de 30 años sea la violencia. (p. 3)

Otra variable a considerar es que su vinculación a estos distintos grupos responde a

factores económicos, políticos y sociales, la ausencia y eficacia del estado en ciertas regiones

significa no contar con la garantía de derechos básicos como: salud, educación, recreación,

trabajo, entre otros, y lleva a los jóvenes a acceder a esos derechos y “oportunidades” a través

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Las circunstancias de desigualdad, interpretadas como la falta de oportunidades

sociales, son el argumento con el que se explica que ante la situación de inestabilidad

social y económica, los jóvenes se conviertan en agentes propiciadores de conflictos y

violencia. (…) En los estudios revisados para el estado del arte (2004), observamos

que en muchos casos se responsabiliza a la pobreza como causa primordial de la

criminalidad juvenil y de otros problemas. Mediante esta operación, se estereotipa a

determinados jóvenes como susceptibles a la delincuencia y la violencia. Este

principio parece tener igual resonancia en la captación voluntaria o forzada de los y

las jóvenes al conflicto armado interno. De nuevo, la causa de su participación en la

violencia se focaliza en la falta de oportunidades con que cuentan. (Arango, 2005, p.

53-54)

Y una variable más a considerar es lo que las violencias representan para los jóvenes,

es decir, que en ese accionar o vinculación ven un ejercicio de poder, reconocimiento,

identidad, y también, un proyecto de vida, por supuesto, no es un elemento a generalizar, pero

si a considerar, hay de fondo a las condiciones sociales una construcción de subjetividades

para el joven que merecen ser tenidas en cuenta y analizadas. Así lo ha señalado Rosana

Reguillo:

No comparto la idea de que los jóvenes se “afilien” a las actividades de narcotráfico

por la falta de valores y la desintegración familiar, como suelen machacar algunos

expertos y muchos políticos. Esta lectura moralizante y psicologuita resulta simplista

y miope, porque niega, elude o invisibiliza las condiciones estructurales en las que

muchos jóvenes intentan armar y construir sus biografías. Y porque desconoce el

contexto real en que el narcotráfico opera como mecanismo de empoderamiento de los

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Ahora bien, al tiempo que son vinculados o se vinculan a las violencias, son también

receptores de todo tipo de manifestaciones violentas, viven en una condición de victimas

dadas las mismas dinámicas antes mencionadas: pobreza, desigualdad, falta de oportunidad,

la no garantía de derechos, entre otros, que llevan a que sean blanco de homicidios, secuestro,

hurto, abuso sexual, discriminación, exclusión, acoso escolar y laboral, lesiones, y demás.

Se calcula que en el mundo se producen 200.000 homicidios anuales entre los jóvenes

de 10 a 29 años, por lo que homicidio resulta ser la cuarta causa de muerte en este

grupo etario. Las tasas de homicidio entre los jóvenes son muy variables de un país a

otro, e incluso en un mismo país. A escala mundial, el 83% de los jóvenes víctimas de

homicidio son del sexo masculino, y la mayoría de los homicidas son también varones

en todos los países. Las tasas de homicidio juvenil entre las mujeres son muchos más

bajas que entre los hombres prácticamente en todas partes. Entre el año 2000 y el

2012, las tasas de homicidio juvenil descendieron en la mayoría de los países, aunque

el descenso ha sido mayor en los países de ingresos altos que en los países de ingresos

bajos y medianos. Por cada joven que muere por causas violentas, muchos otros

sufren lesiones que requieren tratamiento hospitalario. (Organización Mundial de la

Salud)

Como se ve, el entramado social que subyace a la relación entre jóvenes y violencias

lleva consigo varios elementos que funcionan como un sistema, un factor lleva a otro y este a

su vez genera uno nuevo. Los jóvenes no se vinculan porque sí a las violencias sino que hay

factores sociales y subjetivos mediando en esa decisión, a la vez que se enfrentan a

afectaciones contra su persona o entorno cotidiano por cuenta de acciones violentas

ejecutadas por un tercero, es decir, que son tanto víctimas como victimarios, y hay que

desentrañar las causas de uno y otro para poder trabajar sobre ellas y generar procesos de

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