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Jocabed colocó al bebé Moisés en una cesta

El Mito: Y fue un hombre de la casa de Leví y tomó por esposa una hija de Leví. Y la mujer concibió y parió un hijo, y viéndole muy hermoso, le tuvo oculto durante tres meses. No pudiendo tenerle ya escondido más tiempo, tomó una cestita de papiro, la calafateó con betún y pez, y poniendo en ella al niño, la dejó entre las plantas de papiro de la ribera del río. La hermana del niño estaba a poca distancia, para ver qué pasaba. Bajó la hija del faraón a bañarse en el río, y sus doncellas se pusieron a pasear por la ribera. Vio la cestita entre las plantas de papiro, y mandó a una de sus doncellas que la trajera. Al abrirla, vio al niño que lloraba, y compadecida de él, se dijo: «Es un hijo de los hebreos» (Ex 2,1- 6).

La Realidad: Este relato, inventado por los aliados de Moisés, fue diseñado a partir de un mito egipcio sobre el nacimiento de Horus (el único rey legítimo de Egipto) para otorgarle a Moisés una pretensión válida al trono de Egipto y para desafiar al gobernante que acababa de instalarse.

En la época en que nació Moisés, el faraón había decretado que todos los hebreos varones debían morir. La madre de Moisés, Jocabed, primero lo escondió, pero pasados tres meses lo colocó en una cesta que flotó por el Nilo. La hija del faraón vio la cesta y la recogió. Reconoció al bebé como uno de los niños hebreos, se apiadó de él y lo crió como si fuera suyo. Como miembro de la familia real, Moisés pasó a tener futuro derecho al trono egipcio, dependiendo de la línea de sucesión existente.

Se ha señalado con frecuencia que el relato del nacimiento de Moisés se parece mucho a la leyenda mesopotámica del nacimiento de Sargón I, rey de Acad, que conquistó Babilonia alrededor de 2300 a.C. y estableció uno de los primeros reinos semitas. Esta leyenda, que se conserva en algunos textos asirlos escritos mucho después de su reinado, dice que la madre de Sargón era una sacerdotisa y que se desconocía quien era su padre. Nacido en secreto, su madre lo colocó en una cesta de juncos sellada con betún y lo echó al río, de donde fue rescatado por Akki, el «que saca el agua». Akki le enseñó a ser jardinero, pero la diosa Ishtar le favoreció, y guiándolo en las batallas lo convirtió en un poderoso rey.

Los textos no ofrecen ninguna explicación de por que tuvo que nacer en secreto, aunque la vergüenza de su madre al ser una sacerdotisa preñada por un padre desconocido podía haber tenido algo que ver. En cualquier caso, aparte del tema del bebé en la cesta, la trama no tiene ninguna similitud más con el relato de Moisés y no es un buen modelo literario.

Un modelo literario mejor y más lógico aparece en la literatura egipcia, basado en las imágenes del mítico conflicto entre los dioses egipcios Horus y Set por el derecho a reinar. En el mito egipcio, Horus el Niño fue escondido por su madre en una isla flotante

después de que Set hubiese asesinado a su padre y se quedara con el trono. Cuando Horus se hace adulto, sale de su escondite y desafía a Set. Tras una serie de entrentamientos mágicos, Horus derrota al usurpador en un combate y se convierte en rey, persiguiendo a su enemigo por el desierto.

La imagen del verdadero rey egipcio flotando en el agua de niño es un tema importante en la teología egipcia. No solo flota Horus el Niño sobre el agua, sino que la divinidad creadora egipcia, Ra, aparece como un niño flotando sobre una hoja de loto. Este tema se usaba a menudo para describir los acontecimientos históricos relacionados con conflictos por el trono. El gobernante legítimo se identificaba con Horus El Niño, a quien se le otorgaba un pasado ficticio como un joven que huía de Egipto para evitar a un gobernante malvado y que posteriormente regresaba para enfrentarse al villano y recuperar el trono. E! historiador judío Josefo conserva dos excelentes muestras de este tema literario.

Citando de los escritos de un sacerdote egipcio del siglo 111 a.C., llamado Manethon, Josefo cuenta de un sacerdote egipcio llamado Osarseph que se hizo con el trono egipcio. El faraón desplazado y su hijo de cinco años tuvieron que huir del país mientras Osarseph oprimía cruelmente a los egipcios y profanaba el país y sus símbolos religiosos. Trece años más tarde, el hijo regresa encabezando un ejército y saca al sacerdote y a sus seguidores de Egipto.

Según una variante de este relato, atribuida por Josefo a un escritor egipcio llamado Chaeremon, el hijo del faraón nació en secreto después de que el cruel emperador subiera al trono y su madre lo escondió en una cueva para evitar que fuera ejecutado.

Estos dos relatos egipcios describen acontecimientos históricos actuales, pero de forma encubierta y exagerada. Nos hablan del reinado del laraón Akhenaton (h. 1372 a.C.), el gobernante monoteísta que trató de imponer, sin éxito, su punto de vista religioso sobre el pueblo egipcio y persiguió a sus principales opositores en el sacerdocio de Amón. Aunque los relatos tenían un núcleo histórico, el incidente del joven faraón escondido que regresa para expulsar al faraón hereje es ficticio. Está basado en el tema literario de Horus-Set.

Joseío, por cierto, añade una interesante declaración al relato. Según Manethon, este sacerdote cambió su nombre a Moisés y dirigió a sus seguidores egipcios hasta Jerusalén. Tanto sí uno elige creer este alegato sobre Moisés o no, demuestra que desde una perspectiva egipcia, el relato de Moisés se adapta fácilmente al tema Horus-Set.

¿Cuáles son las principales características de los relatos egipcios? Tenemos una ocupación ilegítima del trono egipcio; un niño oculto por su madre para proteger su vida; la persecución del pueblo por parte del usurpador; el regreso del niño ya convertido en adulto para enfrentarse al tirano; y la expulsión del tirano ai desierto fuera de Egipto. Estos son los detalles esenciales de la trama en los mitos egipcios referentes al conflicto entre Horus y Set por el derecho a gobernar Egipto. Los mitos, sin embargo, añaden el elemento de que el niño flotaba en el agua y que a su regreso se ocupaba en competiciones de magia contra el malvado rey.

Los escribas tomaron el mito egipcio de Horus y Set como tema, y lo lanzaron como un relato sobre acontecimientos actuales en el antiguo Lgipto, substituyendo las divinidades por figuras históricas, e identificando al rey legítimo con Horus y al rey

ilegítimo con Set. Con unos cambios leves pero significativos, esta adaptación del mito egipcio es también el relato de Moisés.

En los relatos egipcios, era el pueblo egipcio el que era perseguido y era su faraón el que huía para regresar posteriormente y liberar a su gente. En ei relato bíblico es el pueblo de Israel, que reside en Egipto, el que es perseguido y un israelita el que huye de Egipto para regresar después y liberar a su gente. Tanto en los mitos egipcios como en los relatos de la Biblia, ta madre del liberador esconde al niño-héroe, al principio dejándolo flotar sobre el agua, para evitar que sea ejecutado por un cruel tirano; el pueblo del liberador sufre bajo una cruel opresión; el liberador huye de Egipto; el liberador regresa a Egipto para liberar a su gente; el liberador y el malvado rey se baten en una series de enfrentamientos mágicos; y, por último, el liberador derrota al opresor.

En la versión bíblica del tema Horus-Set, la casa de Israel reemplaza a Egipto como centro de autoridad legítima. El papel de rey legítimo pertenece al Señor porque únicamente el Dios hebreo podía reinar sobre la casa de Israel, y Moisés hace de representante del rey. El faraón, aunque sea el legítimo rey de Egipto, hace el papel de «Set el Usurpador» porque no tiene ninguna autoridad moral para reinar sobre la casa de Israel y someterla a su tiranía. Moisés es Horus el Niño, el heredero legítimo que se esconde para evitar ser ejecutado por el malvado rey, y que más tarde regresa para derrotar al rey ilegítimo y liberar a su gente de la tiranía.

En la versión bíblica del relato, sin embargo, hay un pequeño pero importante cambio en la trama. Es Moisés, el victorioso, el que se va al desierto, y no el rey malvado. Este es el resultado de las inevitables circunstancias históricas. De modo que, para hacer que la historia se ajuste al mito egipcio, los escribas retratan a Egipto, diezmado por las diez plagas, como el desierto, y muestran el viaje al desierto como la verdadera victoria, porque el héroe guió a su pueblo al verdadero reino en la Tierra Prometida.

En el ámbito político, la Biblia muestra a Moisés como un miembro adoptado de la familia del faraón. Si ningún otro hijo hubiese sido designado como sucesor del faraón, entonces Moisés habría tenido un derecho legítimo para ocupar el trono como el siguiente faraón. Esto habría sido verdad si no hubiese habido ningún otro heredero de sangre para el trono.

Ese era el contexto histórico en el cual Moisés efectivamente se enfrentó al faraón. El Éxodo ocurrió en algún momento entre el remado de Horemheb y los tres siguientes faraones, Ramsés I, Seti I, y Ramsés II. Ninguno de estos faraones descendía de estirpe regia, la cual se acabó sólo cuatro años antes del remado de Horemheb. Estos gobernantes posteriores eran figuras militares que tomaron el control durante el vacío político.

Según el testimonio bíblico. Moisés regresó a Egipto al morir un faraón. Ya que el faraón muerto sería uno de los reyes sin sangre real, existía una cuestión legítima acerca de quién tenía el derecho a la sucesión. Un

miembro de la casa real anterior, como al parecer lo era Moisés, habría tenido un derecho superior para gobernar Egipto que cualquiera de esos reyes «usurpadores».

Cuando Moisés aparece delante del faraón, lo hace como posible pretendiente al trono. Esto lo identifica con Horus el Niño, el legítimo rey, y explica por qué la Biblia contiene un relato en el cual Moisés es escondido durante su infancia. En el contexto

Mito 74:

La hija del faraón le dio a Moisés un nombre