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El juego del sentido común como imaginario social instituido

Criterios y discusiones sobre imaginarios

2.3. El juego del sentido común como imaginario social instituido

Toda sociedad crea sus propias significaciones imaginarias, según Castoriadis, instaura y crea su propio mundo. A través de este proceso se crean sentidos dentro del espectro

       

37 La crisis orgánica es una ruptura entre la estructura y la superestructura, es el resultado de contradicciones que se han agravado como consecuencia de la evolución de la estructura y de la ausencia de una evolución paralela de la superestructura. (Cfr. Portelli; 1974:121)

social, es decir se propicia una organización por medio de las significaciones, que a su vez provocan una estructura por medio de las instituciones. Castoriadis explica al respecto que:

(...) es la organización propia de la sociedad (significaciones e institución) lo que define [una sociedad], por ejemplo, aquello que para la sociedad considerada es “información”, aquello que es “estrépito” y aquello que no es nada, o lo que define la “pertinencia”, el “pero”, el “valor”, y el “sentido” de la información; o lo que define el “programa” de elaboración de una información y el programa de respuesta a esa información dada. (Castoriadis, 2005:69).

En síntesis, la institución determina aquello que es “real”, y aquello que no lo es. Crea sentido de mundo en los individuos con la ayuda de las significaciones.

El individuo solo “existe en la sociedad y por la sociedad” (Castoriadis, 2005:66); y al ser ésta una forma particular y singular, implica una organización u orden; que se da gracias a la institución38 de la sociedad como un todo, que permite que ésta se mantenga cohesionada. Las instituciones aseguran su validez por medio de la adhesión, el apoyo, el consenso, la legitimidad, la creencia. Que solo es viable en tanto que el individuo social incorpora las instituciones y los mecanismos que hacen posible se perpetúe el desenvolvimiento de éstas.

2.3.1. Institución del sentido común

La institución de significaciones creadoras de sentido, son las que dibujan el marco referencial de la construcción de los imaginarios. Por lo que continuaremos con la revisión de cómo ciertos contenidos se instituyen como sentidos comunes hegemónicos para mantener el orden de la sociedad, desde la lectura que hace Bourdieu de esta categoría. Para esto, entenderemos los distintos campos de la actividad humana como microcosmos, como el fruto de un proceso histórico de diferenciación de acuerdo a los tipos particulares de legitimidad y poder. Por lo que planteamos el problema del sentido común, considerando que estos campos sociales tienen límites que se plantean siempre desde el mismo campo; es decir, en su interior se definen las reglas del juego del campo social. Por eso es que los referentes alrededor de los imaginarios son construidos dentro de la sociedad misma, con sus propios códigos y lenguajes.

       

38 “La palabra institución está empleada en su sentido más amplio y radical pues significa normas, valores, lenguaje, herramientas, procedimientos y métodos de hacer frente a las cosas y de hacer cosas, y desde luego, el individuo mismo, tanto en general como en el tipo y la forma particular que le da la sociedad considerada (por ejemplo, en las diferenciaciones: hombre/mujer)”. (Castoriadis; 2005; 67)

Entre estos campos, Bourdieu destaca el “campo de poder”, por las relaciones que los otros campos sociales tienen con él y en él. Éste es “un campo de fuerzas definido en su estructura por el estado de la relación de fuerza entre las formas de poder o las diferentes especies de capital” (Bourdieu, 2000:20). Este es el campo donde se da la lucha por imponer el “principio de dominación dominante” o el “principio legítimo de dominación”. Esto a su vez crea un sentido de vida que se arraiga en toda la sociedad, es decir, se va construyendo el sentido común como concepción de mundo a través de estos elementos; posibilitando la naturalización de los imaginarios que son introducidos desde el poder dominante, representado en los discursos hegemónicos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos campos están en conflicto permanente por el control de los significantes, es decir, hay luchas constantes por deconstruir, construir y sostener sentidos comunes. Las relaciones de dominación en una sociedad, desde la visión de Bourdieu vienen dadas por la estructura de distribución de ese campo de poder donde luchan quienes están en las posiciones de dominación en los diferentes campos. “La dominación es el efecto indirecto de un conjunto de coacciones cruzadas que cada uno de los dominantes, igualmente dominado por la estructura del campo a través del cual se ejerce la dominación, sufre de parte de todos los otros” (Bourdieu, 1994:67).

Esta dominación se encuentra en una lucha constante, que constituye el funcionamiento de los campos, y se sostiene sobre una forma de consenso entendido como:

(…) la adhesión del conjunto de los agentes, tanto dominados como dominantes, a lo que hace el interés propio del campo considerarlo, su interés genérico, es decir una apuesta fundamental cuyo valor es reconocido y buscado por todos (…). Las disensiones se manifiestan sobre un fondo de consenso. La contestación supone de lo incontestado. (Bourdieu, 2000:22-23).

Así, esta dominación se ejerce en los diferentes campos y con la utilización de varios elementos, entre éstos, el discurso, que es una de las formas en que el sentido común se va instituyendo en la sociedad. Va estableciendo explicaciones, o simples “así es” que intentan limitar la posibilidad de cuestionar, naturalizando concepciones y formas de ser en el mundo, construidas de acuerdo y por los grupos hegemónicos. En éstas prácticas, implementadas por el campo y por el habitus, se objetiviza el sentido común, donde la construcción particular de prenociones del pensamiento ordinario que hacen que las cosas sean tales, dan orden al mundo y se conviertan en genéricas. Es un lugar donde no opera la reflexión, y la voz hegemónica posiciona sus lecturas y posturas de la realidad.

Esta voz hegemónica que evita el cuestionamiento, también la podemos leer en Bourdieu como doxa, que son aquellos esquemas cotidianos, no reflexionados y considerados como naturales, que encuentra su interrelación en el habitus. Al ser el habitus un mecanismo estructurante que opera desde el interior del individuo, sin estrictamente ser individual, determina la conducta de los agentes (Cfr. Bourdieu y Wacquant, 2005:46). Es decir, la doxa, al ser un elemento que no reflexiona, contribuye a la construcción de sujetos por medio del habitus. En otras palabras, las prácticas generadas a partir del habitus mantienen su contraparte de apoyo en la doxa. Por tanto se manifiesta como un sistema de disposiciones transferibles y durables en los sujetos.

Retomando el tema del habitus39, éste permite incluir en el objeto el conocimiento que los agentes –que forman parte del objeto– tienen del mismo, y la contribución que ese conocimiento aporta a la realidad del objeto. Pero eso, según Bourdieu, no es sólo imponer a lo real que se trata de pensar un pensamiento de lo real que contribuya a su realidad, sino, es también conferir a ese conocimiento un poder propiamente constituyente, el mismo que se le niega cuando, en nombre de una concepción objetivista de la objetividad, se hace del conocimiento común o del conocimiento erudito un simple reflejo de lo real (Cfr. Bourdieu; 2003:478).

Todo conocimiento del mundo social es un acto de construcción que elaboran unos esquemas de pensamiento y de expresión, que entre las condiciones de existencia40 y las prácticas o las representaciones, se interpone la actividad estructurante de los agentes que responden a los llamamientos o a las amenazas de un mundo, cuyo sentido ellos mismos han contribuido a producir. Éste es “un sistema de esquemas incorporados que, constituidos en el curso de la historia colectiva, son adquiridos en el curso de la historia individual, y funcionan en la práctica y para la práctica (y no para unos fines de puro conocimiento)” (Bourdieu; 2003: 478).

       

39 Las estructuras cognitivas que elaboran los agentes sociales para conocer prácticamente el mundo social son unas estructuras sociales incorporadas. El conocimiento práctico del mundo social supone la conducta “razonable” en ese mundo elabora unos esquemas clasificadores, esquemas históricos de percepción y apreciación que son producto de la división objetiva de clase y que funcionan al margen de la conciencia y el discurso. (Cfr. Bourdieu, 2003:479)

40 Los esquemas de habitus, formas de clasificación originarias, deben su eficacia propia al hecho de que funcionan más allá de la conciencia y del discurso, luego fuera de las influencias del examen y del control voluntario. (Cfr. Bourdieu, 2003:477)