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EL JUGADOR DE AJEDREZ NO ES NADA

Lo sorprendente ha sido descubrir que el secreto de la capacidad cognitiva y adaptativa no está en las lógicas, no está en lo abstracto, no está en la simple manipulación: es la capacidad de desenvolverse

con el mundo, de buscar, de orientarse, de evitar. El conocimiento no es un conjunto de procesos mentales abstractos, cuya realización más pura serían los jugadores de ajedrez.

El jugador de ajedrez me parece, por el contrario, elemental. Las reglas son fijas, en un mundo que no se mueve, y dentro de esas reglas, sólo basta con calcular. Pero la vida no está regla- mentada de ese modo. Eso se comprobó en los años 60: en el MIT, se debía introducir un gran programa en una máquina que supuestamente podía resolver cualquier problema que se le planteara. La cuestión es que las preguntas por resolver no son enumerables en una lista finita. No se pueden escribir módulos de razonamiento y de acción para las diferentes funciones del cuerpo.

En 1989, un investigador del mismo instituto, Rodney Brooks, escribió un artículo que se llamaba La inteligencia sin representación. Preconizaba la construcción de un "bicho" que no tenía ningún saber acerca de lo que es el mundo, pero que sabía desenvolverse sobre la marcha. Este pequeño insecto podía no conocer nada acerca de las reglas de la física y de las reglas de inferencia. Estaba desprovisto de esquema esquemático o simbólico, y, sin embargo, podía ser eficaz porque estaba construido sobre la base del par percepción-acción. Inicialmente, ni siquiera tenía facultad de aprendizaje. Eso nos recuerda, naturalmente, al pequeño robot- insecto que fue enviado a Marte.

La batalla actual opone a los cognitivistas que trabajan siempre sobre un paradigma de representación de procesamiento de la información y los situacionistas que piensan que el cono- cimiento es una adaptación concreta, que se hace sobre la marcha y en cada situación. Para ellos, el héroe no es el jugador de ajedrez sino el bebé.

El matemático Turing había "cocinado" una definición de la inteligencia para un matemático: la máquina era inteligente cuando uno podía distinguir sus respuestas verbales de las de un ser humano. Según ese criterio, el computador Deeper Blue es inteligente.

Esa respuesta es poco satisfactoria para el biólogo: la inteligencia no es un conjunto de reglas, sino la capacidad de desenvolverse en un entorno cambiante.

Los objetos vivos tienen un sistema perceptivo que comanda un sistema de movimiento, el cual afecta la percepción: el animal tiene potencialmente la capacidad sensori-motriz de desenvolverse, y las soluciones para ello son sorprendentemente variadas. Obser- ven el mundo animal donde 1000 soluciones cumplen la misma función. El lenguaje, el imaginario, son prolongaciones ulteriores, soluciones de desenvoltura.

El gran invento de la vida es la unión captor-neurona-músculo. A partir de ahí, hay una complejidad creciente de la autoorganización cerebral. Interacciones suficientemente complejas, es decir, no lineales, hacen emerger un estado global del cerebro que están en el origen de las performances "superiores": la imaginación, la comunicación. La investigación intenta definir las reglas de emergencia de la represen- tación global. ¿Cómo se organizan las actividades locales de todas las neuronas en un todo comprensible? Es la primera vez en la historia de la neurobiología que los biólogos intuyen pistas para comprender cómo este enorme sistema puede funcionar de manera armoniosa y al mismo tiempo tener la capacidad de fluidez para pasar de una cosa a otra con flexibilidad y belleza.

P A T R O N E S D E V I D A

Entrelazando identidad y cognición

Este es un intento de desplegar en detalle una idea clave en mi trabajo: la radical inseparabilidad entre la individualidad y la facultad de conocer. Esta dupla, inaugurada con el origen de la vida, se repite como tema y variaciones en todas las escalas de la evolución, hasta configurar lo que llamo aquí una "galaxia" del cierre identitario.

1 . CONTEXTO

La vocación de la Vida Artificial (VA) es contribuir a una mejor teoría científica de la vida y de los organismos vivos. Considero que la VA está guiada por dos motivaciones principales:

1. La construcción de seres/objetos vivos como medio de prueba para las posturas en litigio respecto de distintos aspectos de la vida y distintos niveles de la organización viva. Esta es la misma motivación de la inteligencia artificial con respecto a la ciencia cognitiva. Se trata de una verdadera innovación en la ciencia, ya que la física, para probar y validar, dependía principalmente de la predicción. En estos casos, podemos

(Varela, E (1997), Patterns of Life: Interwining identity and cognition, Brain Cognition 34:72-87.)Este artículo fue concebido inicialmente para el discurso inaugural de la IIa Conferencia Europea sobre la Vida Artificial (ECAL), Bruselas (1993). La actual versión incorpora varios puntos que surgieron durante la reunión en San Sebastián. Algunas de las ideas han aparecido además en Varela (1991). Se agradece el apoyo del CNRS.

también llegar a una validación a través de la interpretación, lo que es algo bastante diferente.

2. La utilización de los resultados de la VA para fines prácticos y tecnológicos. Creo que la circulación entre investigación e innovación tecnológica es, en gran medida, lo que ha hecho atractiva esta nueva ola de VA. Existe, nuevamente, un paralelo con la IA de comienzos de los sesenta, cuando la circulación tecnológica se estableció con sistemas expertos y otros similares. En el caso de la VA, las aplicaciones en la nanotecnología y la robótica cumplen un papel similar, al menos a los ojos del público y de los empresarios.

Está claro que la VA tiene sólidas raíces históricas y que se ha alimentado, y a la vez ha alimentado, muchas búsquedas paralelas, de las cuales es una reencarnación reciente, por así decirlo. Estas raíces comprenden el movimiento cibernético de los años cincuenta y la ciencia congnitiva y la Inteligencia Artificial de los años ochenta, pero ciertamente se trata de un árbol complejo y de muchas ramas. Con esto no pretendo negar que la VA tiene actualmente una especificidad, ampliada de manera significativa por la convergencia de los resultados anteriores y las nuevas herramientas de investigación. Ahora bien, considerando la importancia en la ciencia de saber de donde se proviene, entre otras razones para evitar la repetición de errores, las raíces históricas de la Vida Artificial deben investigarse seriamente.

También está claro que existe una cantidad de opciones epistemológicas para los diversos programas de investigación en la VA. Debemos ser claros respecto a ellos. Mi propósito aquí es bosquejar las opciones que he estado manejando en los últimos 20 años y mis razones para hacerlo.