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Ser cognitivo y mundo perceptual

3 IDENTIDAD CELULAR

4.2 Ser cognitivo y mundo perceptual

La naturaleza de la identidad neuro-cognitiva que acabamos de discutir, como la del ser celular básico, es de emergencia a través de un proceso distributivo. Lo que deseo traer a colación aquí es la relativamente reciente (¡y aplastante!) conclusión de que muchos agentes simples con propiedades simples pueden reunirse, incluso al azar, para dar nacimiento a lo que aparece ante el observador como un todo múltiple e integrado, sin necesidad de una super- visión central. Ya hemos tocado este tema cuando discutimos la naturaleza del proceso autopoiético y el modelaje autómata celular, y más adelante cuando discutimos el constante auge y caída del conjunto neuronal que está en el origen del comportamiento. Este punto es crucial para toda mi argumentación: he basado mis conclusiones en estudios contemporáneos sobre una variedad de sistemas complejos inspirados en la biología, que abarcan casi todo el campo de trabajo de los investigadores sobre IA. Introduce una alternativa explícita a la tradición computacional dominante en el estudio de las propiedades cognitivas, donde la idea central es el procesamiento de información externa sucesivamente elaborada

para reconstituir una representación central. Este paradigma fundamental del programa computacional no sirve para la biología, ni para la IA.

Me he detenido en este punto para advertir al lector sobre la fuerza acumulada en muchos años de dominación del lenguaje computacional, y su consecuente tendencia a identificar el ser cognitivo con algunos programas o descripciones computacionales de alto nivel. Esto no sirve. El ser cognitivo es su propia imple- mentación: su historia y su acción son una sola cosa. Ahora bien, esto exige que aclaremos el segundo aspecto del ser que nos interesa tratar: su modo de relacionarse con el medioambiente.

La vida cotidiana es necesariamente una vida de agentes situados, que llevan adelante sus quehaceres enfrentados a una constante de actividades paralelas en su variados sistemas perceptuo- motores. La continua redefinición de los quehaceres no es de ninguna manera un plan, guardado en un repertorio de alternativas potenciales, sino una realidad dependiente de la contingencia, de la improvisación, y más flexible que planificada. Estar situado significa que la entidad cognitiva tiene, por definición, una pers- pectiva. Esto significa que no está "objetivamente" relacionada con su medioambiente, que es independiente del sistema de locación, títulos y apartados, actitudes e historia. En cambio, se relaciona con el medioambiente desde la perspectiva establecida por la constante emergencia de características del agente mismo y en términos del papel que juegan tales redefiniciones en la coherencia del sistema.

Un vez más, tal como hicimos con el ser celular mínimo, debemos hacer una diferencia tajante entre medioambiente y mundo. Y una vez más la manera de acoplamiento es doble. Por una parte, este cuerpo-en-el-espacio claramente sucede a través de las interacciones con el entorno del cual depende. Estas interacciones tienen el carácter de encuentros macrofísicos —transducciones sensoriales, fuerza y rendimiento muscular, luz y radiaciones, etc.—, nada de qué sorprenderse. Sin embargo, este acoplamiento sólo es posible si los encuentros son asumidos desde la perspectiva del sistema mismo.

Esto equivale, rigurosamente, a elaborar una significación extrarrelativa a esta perspectiva. Todo lo que se encuentre deberá ser valorado de una u otra manera —gusto, disgusto, ignorancia— y recibido de una u otra manera —atracción, rechazo, neutralidad. Esta afirmación básica es inseparable de la manera en que el acto de acoplamiento se encuentra con una unidad perceptuo-motora en funcionamiento, y da lugar a una intención, esa cualidad única de la cognición viva.

Dicho en otros términos, la naturaleza del medioambiente adquiere para un ser cognitivo un curioso status: es la que se presta a un excedente de significación. Al igual que la improvisación en jazz, el medioambiente otorga la "excusa" para la "música" neural desde la perspectiva del sistema cognitivo involucrado. Al mismo tiempo, el organismo no puede vivir sin este acoplamiento constante y la igualmente constante emergencia de regularidades: de faltar la posibilidad de actividad asociaciativa el sistema se convertiría en un simple fantasma.

Por ejemplo, la luz y el reflejo (entre otros parámetros macro- físicos como bordes y texturas, pero simplifiquemos para argumentar mejor), se prestan a una gran variedad de gama de colores, depen- diendo del sistema nervioso involucrado en tal encuentro. Durante sus respectivos caminos evolutivos, los peces teleósteos, pájaros, mamíferos e insectos han generado diferentes gamas de colores, no solamente con distintas significaciones conductuales, sino, además, con diferentes dimensiones, de manera que no se trata de mayor o menor resolución de los colores (Thompson, Palacios, & Varela, 1992). Otro ejemplo patente de este excedente de significación y la sorprendente gestión del cerebro como generador de "narrativas " neuronales se puede encontrar en la tecnología de la realidad virtual. Lo que me parece más significativo, en este caso, es la veracidad del mundo creado: nos sentimos habitantes de un cuerpo en este nuevo mundo después de breve lapso de prueba (más o menos 15 minutos) y la experiencia es de un verdadero vuelo o de desintegración en universos fractales. Esto es así a pesar de la mala calidad de la imagen, la baja sensibilidad de los sensores y la limitada

interconexión entre las superficies sensorial y de imagen, a través de un programa instalado en un computador personal. En su completud, el sistema nervioso es un sintetizador de regularidades tan magnífico, que cualquier material básico le es suficiente como medioambiente para producir un mundo extraordinario.

Esta misma estrategia de estar-en-situación de un agente, que es progresivamente provisto de módulos cada vez más ricos de autoorganización interna, se está convirtiendo en un productivo programa de investigación, incluso en un campo tan pragmática- mente orientado como el de la robótica, como queda bien ilustrado en los trabajos de R. Brooks o L. Steels. Es interesante observar cómo Brooks rastrea también el origen de lo que describe como "la decepción de la IA" por la tendencia a la abstracción (no solamente en la IA, sino también en el resto de las ciencias cognitivas), por ejemplo, en la fabricación de percepciones situadas y habilidades motoras. Tal como he sostenido aquí (y como discute Brooks por sus propias razones), tal abstracción desconoce la esencia de la inteligencia cognitiva, que es encontrable sólo en su inscripción corporal o encarnación. Es como si uno pudiera separar los pro- blemas cognitivos en dos partes: una que puede ser resuelta mediante la abstracción y otra que no. La segunda incluye las capacidades motoras y de percepción-acción de agentes situados en medioam- bientes no especificados. Cuando nos acercamos al problema desde esta perspectiva autosituada, no hay un lugar donde la percepción pudiera entregar una representación del mundo a la manera tradicional. El mundo se muestra mediante la representación de las regularidades perceptuo-motoras. "Así como no hay representación central tampoco hay sistema central. Cada rango de actividad conecta directamente percepción y acción. Es el observador de la criatura quien atribuye una representación central o un control igualmente central. La criatura en sí misma no tiene ninguno: es una colección de conductas competitivas. Del caos local producido por sus interacciones, surge, a los ojos del observador, un modelo de conducta coherente" (Brooks, 1987, p. 11).

Para concluir, los dos puntos que he intentado aclarar en esta sección dedicada al ser cognitivo son los siguientes: primero, he

tratado de describir la naturaleza de su identidad como un cuerpo en movimiento-y-espacio, a través del cierre operacional de la red interneuronal. Esta actividad es observable como múltiples sub- redes, actuando en paralelo y entretejidas en complejos bricolages, generando de manera sucesiva e incesante modelos coherentes que se manifiestan como comportamientos. Segundo, he intentado aclarar cómo esta dinámica emergente, paralela y distributiva, es inseparable de la constitución del mundo, que no es otra cosa que el excedente de significado y de intenciones que aparece en los comportamientos situados. Si las conexiones con el ambiente físico son inevitables, lo que hace único al ser cognitivo es esta génesis constante de significado. O, invirtiendo la descripción, lo que hace único al ser cognitivo es su falta constitutiva de significación, que debe ser resuelta en el enfrentamiento permanente con las perturbaciones y rupturas propias de la vida perceptuo-motora. La cognición es acción referida a aquello que falta, visto desde la perspectiva de un ser cognitivo que siente aquella falta.