La propaganda en el Estado comunista
45. KAZIMIR MALEVICH,
Cuadrado negro, 1914-1915. Óleo
sobre lienzo, 79,2 x 79,5 cm. Galería Tretyakov, Moscú.
nacionalsocialismo surgió en parte como reacción frente a la inestabilidad producida por la rápida modernización de Alemania. Sin embargo, en la Unión Soviética, al igual que en otros países comunistas, como la República Popular China, Cuba y los estados marxistas del África postcolonial, la revolución política fue previa a una modernización substancial. El logro de la modernidad era una aspiración íntimamente ligada al establecimiento de la sociedad comunista.
«Organizando la psique de las masas»
La imposición del realismo socialista en 1934 marcó un aumento sustancial del control del Estado soviético sobre el arte, siendo un ejemplo característico del dominio que ejerció Stalin sobre el Partido desde finales de los años veinte. Pero este proceso se vio precedido en los años que siguieron a la Revolución de Octubre de 1917 por un período en el que los líderes políticos habían permitido y estimulado los experimentos de diferentes grupos artísticos comunistas y los acalorados debates entre ellos.
Estas discusiones trataban de aspectos relacionados no sólo con el estilo más adecuado para el arte comunista, sino también con la función de este arte en la nueva sociedad. Desde fuera estaba claro que la revolución que había creado el primer gobierno de obreros y campesinos del mundo había alterado por completo las condiciones de patronazgo, receptor y emplazamiento del arte. El arte soviético tenía que ser público, financiado por el Estado y dirigido a las masas. Pero ¿cómo se concebían las «masas»? ¿Cuál había de ser su papel en la producción artística, cuál el status de sus gustos, cuál el arte que supuestamente debía hacerse para ellas? Todas esas cuestiones provocaron una serie de preguntas nuevas: ¿La cultura debe ser «proletaria», o simplemente debe llamarse «socialista» y aspirar a no ser clasista? ¿Deberá incorporar los logros de la cultura burguesa, o deberán abandonarse todos los géneros tradicionales, teñidos irremediablemente de capitalismo?
Cuadrado negro, de Kazimir Malevich (1878-1935; fig. 45) encierra una visión radical de esta situación única. Se trata de un
cuadrado negro sin más sobre un fondo blanco. Pintado poco antes de la Revolución y expuesto en 1915, el artista lo concibió como un gesto de vanguardia extrema que anunciaba el fin de la tradición en la pintura y el comienzo de un nivel de percepción y representación trascendentales que él llamó «suprematista». Así, afirmaba: «Me he transformado en el cero de la forma y he rastreado en mí mismo, al margen de la charca llena de basura del arte académico». Los significados de la pintura se vieron alterados por el nuevo contexto de la Revolución de Octubre de 1917. A partir de este momento la 46. Kazimir Malevich y miembros del
UNOVIS camino de la primera Conferencia Panrusa de Profesores y Estudiantes de Arte en Moscú, 1920.
47. ISAAK BRODSKY, Lenin en Smolnyi,
1930. Óleo sobre lienzo, 1,9 x 2,87 m.
utilizó para simbolizar una ruptura en la historia, el fin del antiguo orden y el nacimiento del futuro tras la revolución. Para Malevich y sus seguidores del grupo UNOVIS (Afirmadores del Nuevo Arte, fig. 46), un acercamiento caduco al arte sólo podía confinar a la mente humana en unas estructuras de pensamiento conservadoras. Frente a esto, desarrollaron un arte abstracto, cuyo vocabulario de formas puramente geométricas y, por lo general, de colores brillantes estaba pensado para dirigirse a los sentidos del espectador con un efecto dinámico. La vanguardia rusa había descrito este efecto con el término
sdvig: una repentina iluminación o «cambio» en la percepción. Aunque las llamó «no objetivas», queriendo significar
abstractas, algunas de las pinturas de Malevich aluden en sus títulos y apariencia a un entorno cósmico o interplanetario expresivo de la trascendencia de los hábitos terrestres del pensamiento y de la creación de un mundo nuevo. Las ideas del pintor se apoyaban en las creencias apocalípticas que habían nutrido durante mucho tiempo a la cultura rusa, prediciendo la revelación de la voluntad de Dios a la Humanidad junto con el final del mundo material y la creación de un reino celestial del espíritu puro. Uno de los rasgos de esta creencia es la idea de que el conocimiento divino será revelado en forma abstracta, sin la mediación del lenguaje. Más allá de las revelaciones parciales del Antiguo y el Nuevo Testamento, un «Tercer Texto» se pondrá directamente en comunicación con el alma humana. Malevich vio en ello un modelo para la iluminación inminente de la conciencia del proletariado.
El líder bolchevique Lenin, más pragmático y suspicaz ante los extremos de la vanguardia, vio la función del arte dentro del marco más amplio de la educación, para la que el analfabetismo del 80 por 100 de la población y la carencia de habilidades técnicas básicas eran las principales prioridades. Conservador en el gusto, creyó que la cultura socialista debía construirse sobre los mejores logros del pasado para, a partir de ellos, «elevar» el nivel cultural de las masas. Esto se relacionaba con su concepción del papel del Partido, el principal elemento teórico del marxismo- leninismo. Para Lenin, las clases trabajadoras rusas, en su mayoría rurales, no estaban preparadas para crear por sí mismas una conciencia revolucionaria. El inicio en el invierno de 1916-1917 de las huelgas y motines que llevaron a la abdicación del zar había sido lo que Lenin había calificado con cierto desprecio de «espontáneo»: una rebelión prematura, desorganizada, carente de conciencia política. El propio Lenin, como otros bolcheviques, estaba exiliado por aquel entonces y tuvo que volver a Rusia para hacerse cargo del levantamiento y derrocar al gobierno provisional en el golpe de octubre. El Partido proporcionaría liderazgo y formularía su base política teórica. Como en Lenin en Smolnyi (fig. 47), de Isaak Brodsky (1884-1939), 48. YURI ANNENKOV, boceto para la
representación de la toma del Palacio de Invierno, 1920. Lápiz, tinta china y acuarela sobre papel.
que se pintó seis años después de su muerte de Lenin, muchos cuadros lo representan escribiendo o con un libro, confirmando su propia designación como intérprete legítimo de la doctrina.
La Revolución de Octubre fue seguida por casi cuatro años de guerra civil, en los que se produjo un aumento de la llamada «propaganda de agitación», término que describe las técnicas más inmediatas y emocionales de propaganda. De aquellas primeras prácticas, los festivales callejeros y el teatro de masas revelaron una versión del arte público que insistía en la implicación popular. Con objeto de mantener el entusiasmo revolucionario frente a las dificultades de la guerra civil, los grupos de agitación propagandística trataron de crear una atmósfera festiva y colorista. Además de carteles, murales, decoraciones de edificios y carrozas hechas en camiones, tranvías o carros tirados por caballos, hacían cuadros vivientes de temática revolucionaria. Derivados en parte de los festivales de la Revolución Francesa, combinaban la tradición de las procesiones ortodoxas rusas con los estilos carnavalescos del espectáculo folclórico, incorporando payasos, muñecos de tamaño natural, pregoneros callejeros y acróbatas circenses, así como el ballet del Teatro Bolshoi. El tercer aniversario de la Revolución de Octubre se celebró con una representación del asalto al Palacio de Invierno realizada por miles de grupos movilizados por la Armada y el Ejército Rojos. Fuera del Palacio se había construido un escenario con dos plataformas, una roja para los trabajadores y otra blanca para los aristócratas (fig. 48). En un puente situado entre ambas se libraba una batalla. Los aristócratas eran derrotados y huían en camiones perseguidos por los reflectores luminosos militares, acompañados por salvas de artillería y abucheados desde el barco de batalla Aurora, anclado en la desembocadura del río leva. Dentro del Palacio, en lo que el director llamó «efecto cinematográfico», cada ventana estaba iluminada por un foco que mostraba una secuencia de lucha. La victoria se anunció con fuegos artificiales sobre el tejado, mientras una banda inmensa tocaba La Internacional.
La reinvención dramática de la revolución como un carnaval se relacionaba con una tendencia del marxismo que se planteaba el futuro como un estado en el que todas las actividades humanas, armonizadas por el esfuerzo colectivo, se volvían creativas o festivas. A finales de los años treinta, ese espíritu lúdico empezó a decaer en los siniestros y severos desfiles de atletas y material pesado militar que caracterizaron los rituales de Estado estalinistas y que se parecerían cada vez más a las enfermizas ceremonias de la Alemania nazi. Pero, en sus primeros años y bajo el lema "la teatralización de la
49. En el umbral, dibujo, Los Angeles Times, 1920. La propaganda antibolchevique empleó
a menudo estereotipos raciales del «bárbaro ruso».
Este dibujo no es sólo un comentario a los acontecimientos de Rusia, sino que tiene una relevancia especial para la política interior americana en el período llamado «Alarma roja» de 1919-1920, una etapa de huelgas en las fábricas y desobediencia civil en todo Estados Unidos.
En la prensa conservadora se culpaba a la influencia de la revolución rusa y al flujo de inmigrantes, especialmente rusos, mexicanos y judíos del Este de Europa.
vida”, los dramas masivos, ideados por artistas más que por políticos, trataron de eliminar las diferencias entre actores y espectadores, y entre producción y recepción de propaganda.
Presagiaban los posteriores métodos nazis de participación de las masas en acontecimientos propagandísticos, pero la versión soviética estaba motivada por unos valores más igualitarios. El ideal implícito de terminar con el profesionalismo artístico e iniciar una cultura de creatividad universal estaba muy próximo al espíritu de la red de organizaciones culturales proletarias llamadas proletkults. Fundadas en 1917, constituían un movimiento de educación utópica de adultos, que trataba de generar una cultura de la clase obrera desde sus raíces. A finales de 1918, contaban con 400.000 miembros, 1.000 centros de aprendizaje y células en las principales fábricas. Su líder teórico, Alexandr Bogdanov (1873- 1928), fue un filósofo, escritor de novelas de ciencia-ficción y miembro disidente del Partido, que creía con fervor místico en los poderes sobrenaturales prestos a ser liberados por la colectivización de la clase obrera y el aprovechamiento de su potencial creativo. Insistía en que el arte se desarrolla al margen de las esferas económicas y políticas, y pretendía la autonomía de los proletkults respecto al control del Partido. Para Lenin, sin embargo, esto equivalía a cuestionar la autoridad del mismo, y en 1920 se puso en contra de estas organizaciones, limitando sus poderes y colocándolas bajo la jurisdicción del Partido. Bogdanov se vio obligado a abandonar los proletkults y dedicar su atención a los experimentos médicos. Estaba fascinado por las posibilidades de las transfusiones de sangre, que representaban su fe en la ciencia y la regeneración humana. Como si confirmara su creencia en el sacrificio del individuo por el futuro de la Humanidad, murió en 1928 mientras experimentaba consigo mismo.
Lenin conocía el valor de los dramas de masas, pero quería una mayor dignificación de las pautas culturales del bolchevismo. Su contribución a este respecto se conoció como el plan de propaganda monumental, que anunció en abril de 1918 en Pravda bajo un titular que llamaba a «La retirada de los monumentos erigidos en honor de los zares y sus servidores y la producción de proyectos de monumentos de la revolución rusa socialista». Lenin proponía que los desempleados se pusiesen a trabajar en el derribo y sustitución de las estatuas zaristas por nuevos monumentos que celebrasen a las venerables figuras del pasado. En una lista de más de sesenta se incluían revolucionarios históricos -Marx, Engels, Robespierre, Espartaco- así como figuras culturales - Tolstoi, Dostoyevski, Rublev, Chopin, Byron-. Las estatuas, de busto o cuerpo entero, se hicieron a toda prisa con materiales provisionales, como escayola o madera, y se descubrieron 50. VLADIMIR TATLlN,
Maqueta del Monumento a la Tercera Internacional, exhibido en
Moscú en 1920.
51. Octubre, dirigida por Sergei
Eisenstein, 1927, estrenada en 1928. Fotograma.
formalmente en numerosas plazas y esquinas calles.
El plan de Lenin estaba pensado para transmitir una serie de mensajes con sus propias ideas sobre el papel del arte. Su afán fue educar -cada estatua llevaba una placa con una breve biografía y una lección de historia- y, en contraste con la tendencia proletaria de base popular de Bogdanov, el de Lenin era un sobrio ejercicio didáctico dirigido a elevar el gusto popular. Es posible que con la inclusión de escritores y artistas políticamente conservadores se pretendiese tranquilizar a la burguesía no comunista respecto a la tolerancia estética y el respeto hacia la herencia rusa por parte del Partido. Lenin fue sensible a la reputación del bolchevismo en Occidente, donde la prensa lo describía a menudo como un movimiento de criminalidad bárbara (fig. 49). No estableció el estilo en que debían realizarse las estatuas; los escultores tuvieron las manos libres, con lo que, además, el programa sirvió de foro para la discusión de las virtudes de los diferentes estilos. Esta relativa libertad y la modesta escala de las esculturas contrasta con la posterior conformidad del monumentalismo estalinista, aunque el plan de Lenin se citaría como precedente de las monstruosas estatuas de dirigentes políticos que fueron la norma en los regímenes comunistas, y que miraban a sus ciudadanos como inquietantes recuerdos de la omnipresencia del poder y la vigilancia del Estado.
Los grupos rusos de vanguardia mantuvieron unas difíciles relaciones con la dirección del Partido. Pero en los primeros años, aunque pequeños en número, estuvieron bien organizados y se mostraron muy activos, incluyendo en sus filas a algunos de los relativamente pocos artistas que habían apoyado el bolchevismo. Eso les otorgó una poderosa posición en la primera administración soviética de las artes. Vladimir Tatlin (1885-1953) había sido la cabeza de la rama moscovita del IZO Narkompros (el Comisariado del Departamento de Bellas Artes) poco antes de concebir sus planes para su famosa Maqueta del Monumento a la Tercera Internacional, terminada en 1920 (fig. 50). Alternativa abstracta a los monumentos figurativos de Lenin, la torre de Tatlin era un modelo de lo que pretendía ser el monumento más alto del mundo. Interrumpida en su armazón estructural, se habían pensado una serie de edificios de cristal que debían acoger al gobierno del futuro. Como los engranajes de una máquina, los edificios girarían lentamente, al mismo ritmo que el movimiento de los planetas. El estudio del diseño de Tatlin ha revelado contenidos esotéricos simbólicos que incorporan códigos alquímicos y astrológicos. Pero la torre estaba también pensada para servir de centro de comunicación de masas. Estaría coronada por una emisora de radio, y toda la estructura serviría como transmisora de propaganda. La información de todo el mundo 52. VLADIMIR y GEORGY
STENBERG,
Cartel de la película Tiempo
de primavera (Vesnoi), 1930.
53. ALEXANDR RODCHENKO
Anuncio de chupetes infantiles, 1923. El texto, escrito por el poeta Vladimir Maiakovsky, dice: «No ha habido ni habrá mejores chupetes. Querrás chuparlos hasta que seas viejo».