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L A FUNCIÓN DEL DOLOR

In document Huarte 03 (página 110-113)

“El dolor y la muerte hacen parte de la vida, y rechazarlos es rechazar la vida misma”

HAVELOCK ELLIS

Buda decía que cualquier persona podía alcanzar la iluminación si estaba dispuesto a seguir el sendero de las “Cuatro nobles verdades”. La primera es una experiencia de miseria y sufrimiento universal. Sin impor- tar si somos príncipes o mendigos, todos estamos destinados a experi- mentar la misma desaparición, a envejecer, debilitarnos y enfermarnos; destinados a perder todo lo que hemos tenido o amado, incluyéndonos a nosotros mismos. En otras palabras, todos estamos condenados a mo- rir. Basado en este principio del pesimismo budista, Freud enunció otro semejante:

El sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo que, condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la an- gustia; del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e implacables; y finalmente de las relaciones con otros seres humanos.27

Como nuestras vidas están constantemente amenazadas por estas fuerzas oscuras, el dolor representa no sólo un fenómeno, sino una nece- sidad biológica. Al igual que todas las características que poseemos, sen- timos dolor porque cumple una función muy específica.

¿Qué es exactamente el dolor? Una sensación negativa que experi- mentan las formas orgánicas cuando se activan unos receptores específi- cos del cerebro. Los estímulos que pueden producir dolor, generalmente representan amenazas potenciales a la existencia de un organismo. Por ejemplo, el calor excesivo puede herirlo o matarlo, y por esa razón, mu- chos animales poseen receptores sensibles al calor que recubren la super- ficie de su piel. Cuando estos receptores entran en contacto con un calor excesivo, el animal percibe ese estímulo potencialmente peligroso como una sensación a la que llamamos dolor. Al experimentar el calor excesivo de un modo tan negativo o “doloroso”, los animales se ven obligados a evitar lo que pueda quemarlos. Por ejemplo, si un animal se acerca de- masiado a las llamas, la sensación negativa del dolor lo hará retroceder, evitándole así una lesión seria o irreparable. Por lo tanto, el dolor repre- senta una adaptación evolutiva cuyo fin es el de estimular a las formas orgánicas para que eviten todo lo que pueda amenazar su existencia. Esta función del dolor es la que nos hace permanecer alertas para no lastimar- nos, quemarnos, congelarnos, deshidratarnos o morirnos de hambre.

A fin de ilustrar cómo ópera esta función, citaré el ejemplo del ham- bre en los conejos. Para evitar que un conejo muera de hambre, su cuerpo desnutrido envía una señal de angustia al cerebro (más concretamente al tálamo, donde se produce la experiencia del dolor) informándole que requiere alimento. Esta sensación negativa hace que el conejo busque los alimentos que necesita. Si esta necesidad no es satisfecha en un lapso de tiempo determinado, el cuerpo del animal intensificará esta señal y esti- mulará más receptores del dolor, haciendo que su hambre sea más in- tensa. De este modo, lo que previamente era una leve molestia se trans- forma en un dolor agudo. Básicamente, el cuerpo envía señales de angus- tia como queriendo decir “¡Si no me alimentas moriré!” Para eliminar la dolorosa sensación de hambre, el animal se ve motivado a buscar alimen- tos. Supongamos que el conejo encuentra un poco de comida. Por medio de nuestro lenguaje inexacto, cuando el conejo finalmente consume ali- mentos, tendemos a decir que siente placer, pero si lo miramos desde una perspectiva exclusivamente biológica, el animal no siente placer sino la disminución de su molestia o dolor.

Así como la experiencia del dolor aumenta las probabilidades de su- pervivencia de un animal, cumple un papel igualmente importante en la

preservación de una especie. Por ejemplo, el estímulo negativo producto de la tensión sexual es lo que incita a que todos los animales se reproduz- can. Entre los mamíferos, la reproducción representa un obstáculo para la supervivencia individual, puesto que dar a luz y criar a los miembros de su camada significa que el animal tiene mucho menos tiempo para satisfacer sus necesidades individuales. Sin embargo, y puesto que la re- producción juega un papel tan importante en la preservación de una es- pecie, es una necesidad. Por esta razón, todos los animales están inclina- dos en términos bioquímicos al apareamiento sexual. La privación sexual produce tensión y malestar físico en los humanos (y puede aumentar las posibilidades de contraer cáncer de testículos entre la población mascu- lina). Por consiguiente, su satisfacción elimina la tensión sexual, demos- trando así que aunque el sexo es percibido generalmente como algo pla- centero, en términos más exactos representa la disminución del dolor.

Entre los órdenes sociales animales más “elevados”, particularmente en el homo sapiens, la experiencia que conocemos como soledad es otro ejemplo de un estímulo negativo o doloroso que sirve para fomentar el bienestar de la especie. Un individuo es más vulnerable cuando está solo y aislado de la comunidad. Como no hay ningún individuo que sea com- pletamente autosuficiente, cada uno depende de la ayuda, cuidado y pro- tección de los demás. Somos indefensos cuando estamos solos, pero si estamos en grupo, obtenemos seguridad y fortaleza. Por esta razón, la na- turaleza seleccionó un estímulo negativo o doloroso al que llamamos so- ledad, el cual hace que busquemos la compañía de otros.

Otro estímulo negativo que sirve para fomentar el bienestar de un individuo y el de su especie es lo que llamamos “ansiedad por la separa- ción”, un malestar físico que sentimos cuando estamos alejados de un ser querido. Ya que el amor romántico estimula la procreación, la seguridad y la crianza efectiva de los hijos, es necesario que sintamos malestar cuando nos separamos de nuestra pareja sentimental. Por consiguiente, cuando sentimos alegría al reunimos con un ser querido, lo que real- mente sentimos es una disminución de nuestra ansiedad por la separa- ción.*

* Un equipo de investigadores liderado por la antropóloga Helen Fisher, de la Uni- versidad de Rutgers ha trabajado para determinar la neuroquímica presente en las

En resumen, el dolor es lo que mantiene vivas e intactas a las formas orgánicas, es el campanazo de alerta que nos motiva a buscar lo que nos hace bien, y alejarnos de lo que puede hacernos daño. Por lo tanto, sen- timos dolor y molestia por una razón. El dolor representa el estímulo principal por el que todas las formas de vida se ven motivadas a sobrevi- vir.

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