V ALENCIA EN LA OBRA DE G UILLERMO B OWLES
4.2. D E LA MINA DE MERCURIO VIRGEN DE V ALENCIA
4.3.2. L AS LABORES DE PROSPECCIÓN REALIZADAS POR
GUILLERMO BOWLES
La situación se mantuvo paralizada hasta 1752, año en que el Gobierno comisionó a Bowles para que visitara el yacimiento y determinase su posible rentabilidad y explotación a cuenta de la Real Hacienda (los trabajos de prospección minera realizados por Bowles en La Alcoraya han sido estudiados por Alberola, 1986, 2008. También puede consultarse Matilla, 1987; Garrigós y Pérez, 1994)16.
Bowles llegó a Alicante el 4 de noviembre de 1752 acompañado de sus tres colaboradores, Pedro Saura, José Solano y Salvador de Medina. El capitán Lucas Garrido y el caballero alicantino Nicolás Juan y Pascual del Povil fueron los encargados de conducirlos hasta el yacimiento, en donde efectuaron su primera toma de contacto sobre el terreno.
Una vez finalizado este primer reconocimiento del monte de La Alcoraya, Bowles elaboró un plan de prospección que se inició el día 26 de ese mismo mes. Básicamente consistía en excavar dos fosos de 35 varas17 de largo por 11 de ancho en dirección este-oeste y norte- sur respectivamente que se cortasen en ángulo recto, aprovechando para ello la excavación realizada años atrás por los vecinos del lugar. La finalidad era penetrar en el monte cortando las vetas en todas direcciones para así poder localizar la principal.
Los primeros trabajos pusieron de manifiesto que el foso del este, en donde se localizaban las labores antiguas, era el que mostraba mejores resultados. Tras examinar el yacimiento a finales de
la Biblioteca Virtual del Ministerio de Economía y Hacienda:
http://biblioteca.meh.es. [28 enero 2009].
16 Toda la información utilizada en la elaboración de este apartado procede de los
manuscritos que forman el legajo: “Informe de Salvador de Medina acerca del estado de la mina de La Alcoraya”, AGS, Secretaria y Superintendencia de Hacienda, leg. 803 (1754).
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diciembre, Bowles decidió que sólo se trabajase en este foso y en el extremo norte del contiguo, dando lugar a una excavación en forma de escuadra.
En esos días Bowles acompañado de José Solano, inspeccionaban los alrededores del lugar en busca de madera y materiales diversos que pudieran ser útiles para la mina. Como resultado de estos reconocimientos el citado Solano elaboró un mapa en el que se recogen con detalle los accidentes geográficos localizados en una amplia área próxima a la mina. En la parte superior derecha realizó un sencillo dibujo en el que mostraba el aspecto de la explotación18 (Figura 10).
A comienzos del mes de enero de 1753, Bowles, Saura y Solano abandonaron las prospecciones de La Alcoraya para desplazarse a la localidad murciana de Mula, con el objetivo de inspeccionar cierto terreno del que decían que los naturales extraían mercurio líquido. Mientras tanto, Medina continuaba con las labores en el foso del este aunque los hallazgos de cinabrio comenzaron a ser casi anecdóticos. Sin embargo el nivel de gredas y materia blanca
jabonosa al que parecía estar asociada la mineralización no había
desaparecido, lo que pensaban era una buena señal al considerar que éste era el verdadero filón que había que explotar.
De hecho, el 17 de enero Bowles escribió al Marqués de la Ensenada confirmándole
“ser verdadera mina de azogue y el verdadero philon,
aunque profundo, y que pasaria tiempo antes de sacar utilidad, y que el aseguraba la existencia verdadera del mineral que era lo que correspondia a naturalista, pero
18 “Mapa de las inmediaciones a la mina de la Alcoraya”, AGS, Mapas, Planos y
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Figura 10. Mapa de las inmediaciones a la mina de la Alcoraya, dibujado por José Solano en 1753. Archivo General de Simancas.
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que el seguir la veta pertenecía al ingeniero de minas y mineros inteligentes”19.
Tras su regreso de Murcia, Bowles notificó el 24 de enero a Medina una instrucción del Marqués de la Ensenada por la que debía hacerse cargo de los trabajos de explotación de la mina. El motivo de esta decisión fue el encargo hecho a Bowles, Solano y Saura de una nueva comisión, esta vez con destino a la ciudad de Valencia, hacía donde partieron el día 29 de enero de 1753.
Cinco días antes de su marcha, Bowles redactó en el mismo lugar de la excavación un detallado plan de trabajo en el que figuraban las instrucciones que Medina y Nicolás Juan debían seguir durante su ausencia:
“Que solo continúe los trabajos en los fosos del Este y N
hasta 100 pies de profundo y que no se trabaje en los del S y O recelando que el ingeniero alemán no quiera variar (según las marcas, que el filón muestre por donde deba seguirse) la disposición, que tenía meditada sobre la boca de la mina, y que el foso, que sirve de entrada se continúe, de suerte que el todo se halle acabado en 5 meses y que no conviniendo haya interrupción en el trabajo, que lo disponga, para cuando lleguen los primeros alemanes esté pronta la boca de la mina y que estos tardarían 4 o 5 meses desde la data”20.
Nada más recibir la orden por la cual se le nombraba superintendente de la mina, Medina tomó la decisión de edificar una pequeña vivienda en aquel terreno. Al poco tiempo un despacho real
19 “Informe de Salvador de Medina acerca del estado de la mina de La Alcoraya”,
AGS, Secretaria y Superintendencia de Hacienda, leg. 803 (1754).
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nombró a Nicolás Juan su ayudante quien también decidió establecerse junto a la mina. Ambos permanecían en La Alcoraya toda la semana salvo el domingo, día que aprovechaban para pasear por Alicante (Maltés y López, 1881). El propio Medina en un escrito en el que justificaba sus gastos económicos, comentó que le era indispensable disponer de dos caballos, un criado, un cocinero y una casa en Alicante para pasar las fiestas, despachar el correo y hacer las compras del material necesario.
De todos los comisionados que llegaron a La Alcoraya, Medina fue realmente la persona sobre la que recayó la dirección de la explotación aunque siempre bajo las órdenes de Bowles. Durante el tiempo que duraron los trabajos el resto de sus compañeros pasaron la mayor parte del mismo visitando otros yacimientos en cumplimiento de diferentes comisiones. Medina abandonó La Alcoraya sólo en dos ocasiones, regresando inmediatamente una vez finalizada su comisión. Continuando con el informe de Medina sobre el estado de las labores mineras, éste no señala novedades apreciables hasta mediados del mes de marzo de 1753. Las labores se siguen centrando en profundizar el foso del este en el que Bowles esperaba encontrar la veta principal a mucha mayor profundidad. En esos meses comenzaron los desprendimientos de rocas al interior del foso, en ocasiones inducidos como consecuencia del empleo de barrenos. Un problema habitual que les obligó en diversas ocasiones a realizar importantes desmontes en las zonas altas de la explotación, modificando la pendiente y reduciendo así el peligro de nuevos derrumbes.
Desde el traslado de Bowles a Valencia, Medina mantuvo con él una fluida correspondencia en la que intercambiaron información sobre el estado de las excavaciones y las directrices a seguir.
Ese mes de marzo una Real Orden comisionó a Medina para desplazarse a Xàtiva con el fin de examinar junto a Bowles otra
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posible mina de cinabrio, quedándose Nicolás Juan al frente de la explotación.
El día 17, antes de su marcha, Medina remitió a Madrid a instancias del Marqués de la Ensenada diez cajones con diverso material. Seis de ellos contenían muestras de minerales y plantas recogidos por Bowles en su viaje de Ronda a Alicante. De los cuatro restantes, dos contenían diferentes minerales reunidos por Medina y Saura en este mismo viaje, mientras que en los dos últimos enviaba
“las mejores piedras que habían salido de la mina de La
Alcoraya desde su principio en 26 de noviembre de 1752 hasta fin de febrero de 1753”21.
Una vez finalizada su comisión en Xàtiva, Medina se reincorporó a principios de abril a las labores de La Alcoraya, en donde fue puesto al día de los trabajos realizados durante su ausencia por Nicolás Juan, quien había estado informando puntualmente al Marqués de la Ensenada e incluso a Antonio de Ulloa con quien mantenía una estrecha relación de amistad (Alberola, 2008).
Medina comprobó que si quería alcanzar los objetivos propuestos por Bowles antes de la llegada del verano, necesitaba un mayor número de operarios. Urgía continuar profundizando en la excavación y desmontando las zonas inestables que eran peligrosas para los obreros. Por este motivo solicitó al Marqués de la Ensenada el permiso pertinente para contratar hasta trescientos obreros, el triple de lo previsto en un principio. El 11 de abril Medina contestó notificando la recepción de la autorización, puntualizando que en cuanto los trabajos lo permitiesen se limitaría a los trabajadores estrictamente necesarios para evitar gastos superfluos. Durante los siguientes meses Medina continúo informando al Marqués de la Ensenada del progreso
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en las labores, pero las referencias al hallazgo de cinabrio seguían siendo anecdóticas.
A finales de junio de 1753 Medina abandonó La Alcoraya con destino a Valencia, comisionado para reconocer ciertas máquinas para la utilidad y beneficio de las fábricas, quedándose una vez más Nicolás Juan al cargo de la explotación. A su regreso a Alicante el 7 de julio, Medina solicitó la suspensión de los trabajos hasta la segunda semana de septiembre debido al fuerte calor estival, una circunstancia que el Marqués de la Ensenada ya tenía prevista y que autorizó el día 18.
Con la llegada del verano las condiciones en el inhóspito cerro se endurecían, especialmente con la aparición de las fiebres tercianas (paludismo), tan habituales en todo el término alicantino. Precisamente gracias a la correspondencia mantenida entre Nicolás Juan y Antonio de Ulloa, sabemos que en ese verano tanto Medina como Pedro Saura enfermaron de paludismo (Alberola, 2008).
El 11 de septiembre, una vez pasados los rigores del verano, Medina solicitó la autorización para reanudar los trabajos que le fue inmediatamente concedida. El día 29 el Marqués de la Ensenada le escribía lo siguiente:
“Para poder destinar los fondos necesarios a la
continuación de las obras de la mina de Alcoraya, necesito que Vm me diga haciendo un cálculo prudencial, que cantidad será suficiente para seguir los trabajos, hasta el paraje que dejó señalado el físico D. Guillermo Bowles y mientras que no se libra el caudal suficiente puede Vm acudir al tesorero de este reino que tiene orden para facilitar a Vm lo que hubiese menester”22.
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A lo que éste contesto:
“no poder formar el cómputo prudencial de caudales,
porque la idea de dicho físico según su carta de 17 de marzo del mismo año, era de no sujetarme a los cien pies de profundo (que había dicho en su instrucción del mes de Enero) sino seguir el foso del E y N y el de la entrada en la inteligencia de no emplear mas que cien obreros y que todo estuviese practicado para fin de junio, que juzgaba llegarían los mineros alemanes y que no convenía hubiera interrupción en el trabajo”23.
Finalmente, determinó que si continuaba trabajando con unos cien obreros, necesitaría unos 50 pesos diarios para pagar los jornales y comprar el material necesario. Presupuesto que fue aprobado según una Real Orden de 6 de diciembre de 1753.
Los meses que restaban para concluir 1753 no ofrecieron avances dignos de mención, siendo únicamente reseñable el derrumbe producido en el foso de entrada el cual quedó obstruido tras la avalancha de más de 1.500 varas cúbicas de piedra y tierra.
Durante 1754 continuaron los trabajos encaminados a dejar la mina en condiciones de ser puesta en producción por técnicos mineros competentes, pero la realidad es que estos no hicieron acto de presencia y el cinabrio del yacimiento tampoco. Llegada la época de la cosecha, un buen número de los trabajadores contratados en Alicante y su término abandonaron La Alcoraya para trabajar en el campo. Por este motivo las obras, pese a no paralizarse en el periodo estival como sucediera el año anterior, no ofrecieron avances significativos, produciéndose un nuevo derrumbe a mediados del mes de junio.
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La situación llegó a tal extremo que Nicolás Juan recomendó, en agosto de 1754, la conveniencia de que los trabajos se suspendieran indefinidamente hasta que el tantas veces aludido ingeniero alemán se presentara en Alicante y se hiciera cargo de la explotación.
En esas fechas es probable que el Conde de Valdeparaíso que acababa de sustituir al depuesto Marqués de la Ensenada, quisiera ponerse al día de la situación en que se encontraba la explotación. Un motivo que justificaría la Real Orden de 3 de agosto por la cual se solicitaba a Medina la redacción de un informe sobre el estado de la mina. Además a comienzos de agosto también recibió en La Alcoraya la visita del Gobernador, cargo ocupado por el Marqués de Alos. Medina le enseñó la mina, le mostró el informe que había redactado así como la documentación generada en torno a la explotación, en especial la correspondencia mantenida con el Marqués de la Ensenada.
Este informe, al que se ha hecho alusión desde el inicio de este apartado, está redactado en Alicante y fue remitido a Madrid el día 21 de agosto. Según Medina, su contenido motivó que el Rey tomase la decisión de suspender los trabajos el 30 de agosto a la espera de un nuevo reconocimiento por parte de Bowles y del ingeniero alemán que debía acompañarle.
Una decisión que causó cierto malestar en Medina al considerar que los trabajos no estaban concluidos, pero fácilmente comprensible a tenor de lo expresado en el informe. Medina afirmaba que en casi año y medio de trabajos la cantidad de cinabrio obtenida era similar a la extraída furtivamente por los habitantes del lugar. Además se mostraba incapaz de estimar la cantidad de mineral que se podría extraer en el futuro. En definitiva una incertidumbre y unos resultados muy pobres que no se correspondía con la inversión llevada a cabo.
Finalmente Bowles en compañía del ingeniero alemán reconocieron las labores, informando a Medina de la decisión tomada:
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“me manifestaron no convenia en ningun modo, continuar
la expressada Mina, por ser mui íncierto su éxito, por no hallarse en la profundidad que tiene, las buenas marcas, que ofrecia en sus principios”24.
Con las labores definitivamente clausuradas, el 19 de septiembre de 1755 Medina escribió desde Madrid una carta al Conde de Valdeparaíso con el fin de cancelar todos los asuntos pendientes y concluir con los gastos que aún generaba la mina. En primer lugar le recordó que en el almacén aún se conservaban las herramientas y otros objetos de utilidad, vigilados por un sobrestante que cobraba 6 reales diarios. Calculó entre 3 y 4 mil reales de vellón el valor de lo allí guardado y propuso su venta o donación a determinadas instituciones, citando como posibles, el arsenal de Cartagena, el Hospital de Alicante, la Casa de la Misericordia o la de las Capuchinas. Referente a los edificios construidos, consistentes en “tres casillas y dos
almacenes, todo de poco valor por estar parte destruido, y hecho a la ligera de cañas y yeso”, opinaba que si no podían venderse lo mejor
era derruirlos. En relación al yacimiento y debido al escaso mineral existente, no consideraba que tuvieran que tomarse medidas para protegerlo, lo mismo que con el mineral guardado en el almacén.
De mayor importancia fue poner en conocimiento del Conde de Valdeparaíso que la orden que prohibía el uso de las leñas a los habitantes de los alrededores de la mina, estaba aún vigente. Considerando los perjuicios que ésta ocasionaba, solicitó que el Rey procediera a su anulación. Por último recordaba que dejaran de abonarle los 60 pesos mensuales que seguía recibiendo como gratificación y los 6 reales del sobrestante una vez donadas las herramientas.
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Después de ser cerrada la comisión, Medina continuó cobrando su gratificación de 60 pesos mensuales, lo que a fecha de octubre de 1755 representaba 17.447 reales o unos mil pesos fuertes (un peso fuerte = 20 reales). En este escrito Medina solicitó que se le perdonase la devolución de esta cantidad al justificar que durante el tiempo que duró la comisión estos 60 pesos no cubrieron todos sus gastos.
El 23 de octubre el Marqués de Alos de acuerdo al escrito de Medina recibió las instrucciones oportunas desde Madrid. En ellas el Conde de Valdeparaíso le comunicaba la decisión del Rey de donar al convento de religiosas capuchinas y al Hospital de la ciudad, todas las herramientas y maderas utilizadas en la mina. Ambas instituciones ya habían sido avisadas para que pasasen a recoger el material que se repartirían a partes iguales. Igualmente, le autorizaba a poner en conocimiento de los municipios afectados que el Rey anulaba la prohibición de usar las leñas de sus montes reservadas a la mina de La Alcoraya. Y por último, que también había decidido perdonar a Medina la devolución a la Real Hacienda de la cantidad cobrada de más.