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L AS POTENCIAS Y SUS REPRESENTANTES L OS PROTAGONISTAS

EL CONGRESO DE VIENA Y EL «CONCIERTO EUROPEO», 1814-

2. El Congreso de Viena

2.3. L AS POTENCIAS Y SUS REPRESENTANTES L OS PROTAGONISTAS

Las potencias que deciden en el Congreso de Viena son las que componen la Cuádruple Alianza, a las que se une la Francia borbónica restaurada, formando la Pentarquía. Sus características principales y los representantes que dirigen las conversaciones son:

2.3.1. Austria

La potencia anfitriona es la gran potencia centroeuropea de la época y el eje de la «Pentarquía», la abanderada del equilibrio continental. Austria mantiene su hegemonía, no sólo en su propio imperio, complicado y heterogéneo conjunto de pueblos, sino también en los pequeños Estados de la Confederación germánica y en los Estados del norte de una Italia dividida. Al frente del Imperio austríaco se encontraba el emperador Francisco 1, y su ministro de Asuntos Exteriores era el príncipe Clemens Lothar von Metternich, que fue el auténtico organizador del Congreso y el máximo político de la Restauración. Metternich ha dado su nombre al período de la historia europea que va de 1814 a 1830, la «era de Metternich» e incluso al sistema de Relaciones Internacionales de la época: «el sistema Metternich».

Para algunos autores, Metternich es simplemente un gran reaccionario y ponen en duda la existencia de un sistema político internacional conscientemente diseñado. Del personaje también nos ha llegado la imagen de un arrogante, intrigante, incluso oportunista. Como los demás participantes en el Congreso de Viena, observaba la revolución liberal como un gran mal y consideraba que el auténtico antídoto contra ella era la «estabilidad». Pensaba que el equilibrio sólo podría lograrse en una Europa conservadora, de ahí su antiliberalismo. Creía en la existencia de unos intereses generales por encima de los intereses particulares de los Estados y también en la necesidad de un «Concierto de Europa». En ese sentido escribió:

Puesto que ya no puede existir en lo sucesivo un Estado aislado, que sólo se encuentra así en los anales de un mundo bárbaro [...], debemos considerar siempre la «Sociedad,, de Estados como la condición esencial del mundo moderno [...]; sobre estos intereses generales descansa la garantía de su existencia. El establecimiento de relaciones internacionales sobre la base de la reciprocidad y con la garantía del respeto a los derechos adquiridos constituye en nuestro tiempo la esencia de la política.

Continuidad, equilibrio e intereses generales son las palabras sagradas para Metternich, que sobrevivió a todos los líderes europeos de su generación, presenció el triunfo de las revoluciones de 1848 y el derrumbe de lo que consideraba su obra.

En el Congreso, Austria aspiraba a asegurar su lugar central en el continente, a contener las ansias expansionistas rusas y a incluir a la Francia restaurada en el directorio de las potencias.

2.3.2. Rusia

Era la gran potencia de la Europa oriental en pleno proceso expansivo. La política exterior del zar Alejandro I era muy activa, quería aumentar su influencia en los asuntos europeos al tiempo que continuaba su expansión hacia el Pacífico y Asia central. El zar Alejandro se consideraba el auténtico vencedor de Napoleón. Era un místico, con inquietudes espirituales pero poca firmeza en sus convicciones, de personalidad inestable. Se había rodeado de reformistas, como el prusiano Von Stein, pero no acometía los cambios necesarios para modernizar las viejas estructuras de Rusia. Su auténtico interés estaba más en la política internacional que en su propio Imperio.

La delegación rusa en Viena era la más numerosa y variopinta del Congreso. Alejandro, que prefería llevar personalmente las negociaciones, fue acompañado por su ministro de Asuntos Exteriores Nesselrode, y otros consejeros como Stein, antes de estar al servicio del zar había sido uno de los impulsores de las reformas en Prusia, el polaco Czartoryski, el griego Capo d'Istria, el corso Pozzo di Borgo, entre otros. Cada uno de ellos se ocuparía de las cuestiones de su dominio (Polonia, Oriente, Italia, etc.).

Rusia aspiraba a controlar el Báltico a través de su influencia en una renacida y dependiente Polonia. Uno de sus objetivos era su expansión hacia Europa central. Por otro lado, los intereses rusos en los Balcanes y en una salida hacía el Mediterráneo chocarán con los intereses del Imperio austro-húngaro. La «Cuestión de Oriente», es decir, la zona balcánica, y el entramado de intereses que allí confluían, será otro tema conflictivo en el futuro.

2.3.3. Gran Bretaña

Es la gran potencia atlántica de Europa. Realmente no tiene demasiadas afinidades con las demás potencias de la Alianza, incluso aparece como antagónica respecto a Rusia. Gran Bretaña está construyendo, con una continua expansión colonial, un gran imperio ultramarino que se va a convertir en el centro de su política exterior .Vive, además, una revolución industrial que alimenta un creciente poder económico y, por último, tiene un régimen parlamentario y el absolutismo de origen divino no es su modelo político.

Los británicos constituían una legación pequeña en Viena. Su representante fundamental es Castlereagh, uno de los negociadores más influyentes y respetados del Congreso. En el Congreso de Viena, el representante británico comparte con Metternich sus ideas sobre el equilibrio europeo de poderes, ambos lograron una gran sintonía y mantuvieron excelentes relaciones. Castlereagh estaba muy volcado sobre los asuntos europeos, de hecho se declaraba un "europeísta convencido", y propició que Gran Bretaña jugara un importante papel en la definición de la Europa del momento. Que Gran Bretaña no tuviera intereses en el continente le daba libertad de acción. La decisiva participación británica en la derrota napoleónica le daba además importantes bazas negociadoras.

Los puntos más importantes de la postura británica son dos: la vieja idea sobre la balanza de poderes en el continente, es decir, la idea de que no debe haber una potencia continental hegemónica, de ahí sus recelos respecto a Rusia. El segundo punto es el mantenimiento de las rutas marítimas bajo su control, asegurándose las vías comerciales y coloniales.

2.3.4. Prusia

Representa la potencia emergente. Su papel es el menos importante entre las grandes potencias pero con una gran proyección hacia el futuro. La importancia de su actuación en la victoria aliada sobre Napoleón, el impulso nacionalista que vive en ese momento y la política interna de reformas constituyen factores para su crecimiento. Su papel entre los distintos Estados alemanes se consolida con los resultados del Congreso; de hecho, se convertirá en el núcleo de la construcción nacional alemana y en la futura gran potencia de la Europa central. El

rey de Prusia era Federico Guillermo III. Asistió al Congreso acompañado por su canciller el príncipe de Hardenberg, político veterano, y por el lingüista Humboldt, hermano del famoso geógrafo. La delegación prusiana era la más preparada técnicamente y su trabajo en las co- misiones fue decisivo.

En estos momentos Prusia está en fase de expansión y aprovechará las reticencias de los demás aliados respecto a Rusia y la idea de contención de una Francia de nuevo activa internacionalmente. Prusia recibirá tierras en el este, a costa de Polonia, y en el oeste hasta llegar más allá del Rhin.

2.3.5. Francia

Es la nación vencida, por el primer Tratado de París había vuelto a sus fronteras de antes de 1792. Aunque las condiciones de paz serian peores después del segundo Tratado de París, la situación de Francia es de rápida recuperación de su papel de gran potencia europea. Con la restauración borbónica y Luis XVIII en el trono, Francia aparece como un nuevo Estado, modelo de aplicación de las ideas de la Restauración, y participará en las aventuras intervencionistas en persecución de las revoluciones liberales que se suceden en Europa.

El artífice del regreso de Francia al protagonismo político es Talleyrand, ministro de Asuntos Exteriores y representante francés en Viena. Se trata de un personaje controvertido. Se le ha acusado de acomodaticio y de no tener más ideas firmes que el mantenimiento de su propia posición. Su formación y su talla política son, sin embargo, indiscutibles y quedaron patentes en su intervención en el Congreso, donde consiguió, como se ha visto, que Francia figurara entre los grandes. Hay que decir, sin embargo, que buena parte de su éxito en el Congreso de Viena se debió a Castlereagh, que quería el apoyo de Francia para algunas de sus propuestas.

Las demás potencias y sus representantes no tuvieron un papel relevante; mencionaremos que el embajador español, Pedro Gómez Labrador, tuvo una desafortunada intervención. No sólo se manifestó poco eficaz para los intereses de España, sino que fue un elemento molesto en el Congreso, fue descrito como "el más irritante de todos los plenipotenciarios". España quería el tratamiento de la gran potencia que ya no era y su alejamiento de los centros de poder era patente.

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