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L A D INÁMICA DE LA D ISFUNCIÓN C OGNITIVA

In document Guidano - La Complejidad Del Sí Mismo (página 147-154)

La característica esencial de una OSP cuya reorganización adolescente fue completada en un nivel de capacidad de abstracción relativamente bajo, es un grado significativo de discrepancia y falta de congruencia en la relación tácita – explícita. Por una parte, el individuo elabora modelos de sí mismo y del mundo basados en la exclusión al acceso consciente de aspectos desafiantes y menos controlables de sus límites profundos; pero por otra parte, la calidad de la

conciencia individual permanece en cierta medida en función de esos mismos aspectos que él o ella intentan excluir. Esto es porque los procedimientos conscientes no pueden impedir una responsividad tácita al influjo continuo en términos de esquemas emocionales y memorias sentidas.

Una tendencia de este tipo, si se deja estar, llevaría a una especie de falta de unidad en la conciencia del individuo, la que puede ser compensada por la habilidad sintetizadora propia siempre que el acceso a los dominios tácitos propios no esté restringido a través de la estructuración de una actitud engañadora hacia uno mismo. Una actitud rígida, estrecha y concreta hacia sí mismo usualmente hace difícil a la persona explicarse los procesos tácitos, en particular los más desafiantes –a decir, aquellas que realmente le entregarían la información más significativa para reestructurar los actuales patrones de sí mismo y del mundo, concordantes con su experiencia. Por esta razón, el angosto margen de equilibrio de una OSP tal puede alcanzar niveles críticos de inestabilidad e incoherencia cuando quiera que se vea confrontado con la necesidad de integrar las fluctuaciones que surgen de la articulación y transformación de los procesos de significado personal en curso como un resultado de la asimilación de la experiencia.

La disfunción cognitiva, por lo tanto, puede ser considerada como un proceso regresivo de reordenamiento evocado por oscilaciones desafiantes profundas que no calzan con los modelos conscientes de sí mismo, que ha logrado un nivel de elaboración tácita tan alta que puede rodear la actitud auto- engañadora hacia uno mismo y ejercer una presión directa sobre los modelos conscientes. La actitud hacia uno mismo, estrecha, una estructura ligada al objeto, sin embargo, fuerza al individuo a considerar “reales” sólo los aspectos actuales de su percibida identidad personal. Por lo tanto, esto lo hace experimentar cualquier oscilación hacia un cambio en la percepción de sí mismo como una pérdida del propio sentido de la realidad de uno. En una situación tal, existen sólo dos posibles direcciones para reordenar el movimiento de los

procesos: (1) hacia un aumento en la reducción del acceso a la conciencia de los dominios tácitos de uno, y (2) hacia considerar los ya emergentes datos como extraños a nosotros mismos.

El intento por mantener la identidad personal percibida contra las presiones desafiantes para revisarla, subyace a la característica crucial de la disfunción cognitiva: una suerte de “fraccionamiento” entre los procesos de conocimiento tácito y explícito; es decir, entre la experiencia inmediata de sí mismo, y la atención consciente y la cognición. Esta peculiar característica de la emergencia de una disfunción cognitiva puede ser esquemáticamente ejemplificada con una ilustración clínica:

“Alberto era un ingeniero de 33 años, quien solicitó tratamiento porque en meses recientes había estado experimentando ataques de pánico durante los cuales sentía miedo de volverse loco. Para nuestros propósitos, será suficiente analizar el mecanismo inicial del primer ataque de pánico de acuerdo con la reconstrucción obtenida durante la evaluación clínica.

La historia del desarrollo de Alberto se caracterizó por un vínculo ansioso e intenso con una madre rígida, poco demostrativa (la única figura accesible para él) que limitaba su comportamiento exploratorio y su autonomía con controles rígidos y amenazas de deserción y retiro del amor. Más aún, la situación económica de su familia lo forzó a considerar el estudio como la única manera posible de alcanzar un grado aceptable de auto-competencia y valía propia en la relación vincular, que definió el limitado esquema referencial de su situación particular. Como resultado, creció sin contacto con pares de ninguno de los sexos, apoyándose únicamente en su madre, marcado por un bajo grado de calor emocional y fuertes ideas sobre el trabajo y las obligaciones. Durante su reorganización en la adolescencia, su experiencia pasada le influyó induciéndole a elaborar la imagen de un hombre racional y lógico sin emociones o nada que pudiera aparecer como ‘irracional’ o ‘impredecible’. Esta visión lo orientó hacia los intereses matemáticos cuando ingresó a la universidad.

Cuando comenzó a trabajar para un conocido instituto de investigación, se sintió convencido de que el único objetivo en su vida era llegar a ser un hombre de pensamientos únicamente abstractos y lógicos. ‘Yo quería ser pensamiento puro’, fueron sus palabras.

Muy pronto, tras el fallecimiento de su madre, Alberto que estaba acostumbrado a trabajar solo, con el apoyo silencioso de una figura femenina en el fondo, se casó con una mujer más bien fría, distante y pasiva. Mucho antes de sus primeros ataques de pánico, su relación marital se había estancado completamente. Nunca tenían intercambios afectivos o comunicativos, y su vida sexual –muy pobre desde el comienzo– era casi inexistente. Durante los días de semana, él generalmente llegaba tarde a la casa habiendo estado todo el día en el instituto de investigación donde trabajaba. Su esposa e hijos ya estaban en cama, y él usualmente cenaba en la cocina casi a oscuras porque, por supuesto, sentía que era necesario ahorrar energía.

Un día, mientras se dirigía al laboratorio con algunos colegas, de repente el ascensor se bloqueó por uno o dos minutos. En el momento no sintió ningún temor y continuó conversando con sus colegas cautivos hasta que el ascensor siguió funcionando. Un mes más tarde estaba cenando solo en la cocina durante la noche y súbitamente se le apareció la imagen del ascensor, y al mismo tiempo sintió una fuerte sensación de constricción. Lo que asustó a Alberto, más que esta sensación desplaciente, fue el descubrimiento de una comparación que estaba haciendo en su mente en la forma de una pregunta y una respuesta: ‘¿Qué diferencia existe entre el ascensor bloqueado y mi hogar? Todo considerado, son muy semejantes: no hay manera de salir de ellos’.

En otras palabras, un conjunto profundo de datos desafiantes relacionados con su vida afectiva se habían tornado accesibles. Hasta ese momento, nunca habían tenido la oportunidad de tomar una forma que él pudiera reconocer. En el mes que siguió al episodio del ascensor, aparentemente, había habido una

elaboración tácita posterior de las imágenes reverberantes del ascensor bloqueado, convirtiéndose en claves para un andamiaje útil para estos sentimientos emergentes. Sin embargo, la misma emergencia de este tipo de consideraciones ‘irracionales’ representaba para Alberto un evento crítico, ya que era insoportable para él aceptar que surgieran de su sí mismo consciente. La aparente falta de lógica de comparar su casa con un ascensor fue experimentada por Alberto como un colapso de sus facultades mentales, era la evidencia de que se estaba volviendo loco, es decir, irracional e ilógico, algo que siempre había igualado con la muerte. En ese mismo momento experimentó el primer ataque de pánico”.

El quiebre entre los procesos de conocimiento tácito y explícito impide la decodificación posible del significado del sentimiento que ha emergido (crucial para la estructuración de los aspectos percibidos de sí mismo en curso, y por tanto inescapables) e interfiere con la capacidad de auto-síntesis basada en funciones inhibitorias y amplificadoras de los procesos de explícitos conscientes (Posner y Snyder, 1975). Este estado de cosas produce un nivel estable de hiper-emotividad. El consiguiente desequilibrio, a su vez, lleva al individuo a intensificar más todavía los procesos de reordenamiento tentativos en curso, dirigidos a manejar los sentimientos discrepantes de significados impidiéndole darse cuenta totalmente de ellos.

Dentro de esta perspectiva, entonces, la característica principal de una disfunción cognitiva consiste en el interjuego continuo y oscilante entre dos grupos de procesos de conocimiento opuestos en competencia que generalmente van más allá del rango de posibilidades del individuo para alcanzar un balance integrador más adaptativo entre ellos. Los dos grupos de procesos en competencia pueden resumirse de la siguiente manera (Guidano, en prensa; Van den Bergh y Eelen, 1984): 1. Procesos relacionados a procesar lo explícito consciente

centrados en la tentativa de mantener lo más posible la auto- imagen acostumbrada.

Estos procesos se llevan a cabo, generalmente, en dos direcciones al mismo tiempo:

a) La elaboración de cogniciones que niegan la naturaleza misma del significado discrepante del sentimiento que permiten al sujeto experimentarlo como algo alienado a la naturaleza de sí mismo consciente. En la revolución tecnológica, que actualmente transforma la civilización occidental, la noción de “enfermedad” se está convirtiendo cada vez más en la única explicación aceptable, tanto en el nivel existencial como en el social, en algo que –aunque se sienta alienado– de cualquier manera tiene una profunda influencia en la conciencia y la emoción. Como en el caso de Alberto, una multitud de teorías y creencias sobre la enfermedad acompaña generalmente en estas circunstancias la apreciación subjetiva de la emergencia de una crisis personal.

b) La elaboración de actividades distractoras (Bowlby, 1980a) tendientes a reducir la posibilidad de ejecutar en el medio presente las auto-imágenes alternativas en competencia que se activan por el mismo significado sentido como discrepante y experimentado como desafíos insoportables y atemorizantes. La constricción que Alberto había experimentado sin desear en su vida familiar estaba casi automáticamente siendo igualada por la producción de fantasías e imágenes de liberación de su matrimonio. Pero, para Alberto, estas representaciones confirmaban su inminente locura y producían el efecto totalmente contrario: sentía que era capaz de controlar la ansiedad únicamente cuando estaba con su mujer –como si sólo la formación a través de actividades distractoras de “ligarse a la esposa” le pudiera confirmar la naturaleza “irreal” de aquellas otras auto-imágenes flotantes.

2. Procesos relacionados con la activación inconsciente de significados personales que intentan revisar la auto-imagen acostumbrada a través de una asimilación estable de datos tácitos ahora accesibles.

Aunque la discrepancia con los procesos conscientes que se van dando socavan las posibilidades de sostener la activación tácita en emociones más decodificables, el significado discrepante del sentimiento se manifestará a través de un continuo surgimiento de explosiones emocionales que tienden a agravar el equilibrio existente. Faltando una mediación cognitiva apropiada, el componente motor que acompaña la activación de sentimientos intensos e incontrolables tiende a realizarse directamente, la excitación no tiene retardo procediendo inmediatamente a su terminación (Luria, 1976; citado por Van den Bergh y Eelen, 1984, p. 196). Por ejemplo, en el caso de Alberto, la sensación de constricción que acompañó la activación del significado sentido como discrepante fue tan intenso e incontrolable que pudo ser emitido de inmediato (y causar crisis importantes de ansiedad) en todas aquellas situaciones en las que no podía escapar con rapidez. Estas situaciones eran, por lo tanto, sentidas como limitaciones insoportables a su libertad de movimiento (ascensores, peluquerías, autopistas, etc.).

El curso de la disfunción cognitiva puede tener tendencias variables que dependan tanto de la calidad de la OSP específica involucrada como de los sucesos de la vida que tienen lugar en respuesta a los desequilibrios que surgen.

En algunos casos el interjuego oscilante entre procesos de conocimiento en competencia, puede a la larga conducir a un balance integrado, con un cambio progresivo resultante en el auto-conocimiento del individuo. Esta es, obviamente, en la que una disfunción cognitiva es meramente una manifestación de una crisis existencial que dará lugar a un proceso de crecimiento personal. En circunstancias menos favorables el resultado es la realización de una especie de equilibrio paradójicamente estable capaz, al menos, de proveer un control relativo al continuo alto nivel de hiper-emotividad. Este era el caso con Alberto; la intensidad de sus ataques de pánico

iniciales pudo ser mejor controlada tan pronto como su actitud de ligazón a su esposa se volvió bastante estable.

Para concluir, debiera especificarse que en el curso temporal de una disfunción cognitiva, cuando el interjuego oscilante resultante del quiebre entre los procesos de conocimiento se vuelve tan intenso como para sobrepasar completamente la capacidad de auto-síntesis de la OSP del momento, las condiciones están dadas para la emergencia de disturbios psicóticos. En otras palabras, para que una OSP desequilibrada pueda mantener su continuidad funcional, es necesario que la tendencia hacia la desunión de la conciencia (causada por el quiebre entre sentimientos y pensamientos) sea constantemente juntada dentro de la unidad provista por los procesos de identidad. La advertencia dada en el epígrafe, en este punto, adquiere su máxima claridad de significado si consideramos que la neurosis y la psicosis son distintos estados de coherencia sistémica –que se llevan a cabo por diversas dimensiones correspondientes de conciencia reflexiva– que una OSP determinada puede asumir como función de la habilidad de auto-síntesis inherente a sus procesos de identidad.

Después de esbozar algunos de los procesos y patrones básicos podemos ahora proceder a un análisis más detallado de las OSP que mencionamos brevemente en este capítulo. Este estudio está basado en las observaciones clínicas de un total de 270 relaciones psicoterapéuticas, la mayoría de las cuales fueron personalmente supervisadas o dirigidas personalmente por el autor. La composición de la muestra de los clientes, como las características de la OSP que se discutirán puede apreciarse en la Tabla 6-1.

Tabla 6-1

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