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A SPECTOS I NVARIANTES DE LOS P ATRONES DE F UNCIONAMIENTO

In document Guidano - La Complejidad Del Sí Mismo (página 194-200)

Muchas perturbaciones clínicas pueden originarse a partir de un número posible de patrones disfuncionales de vinculamiento. Por tanto, para una exposición más clara de los aspectos constantes que subyacen a la variabilidad de las características externas que estos patrones pueden asumir, serán analizados directamente.

12 Altan es un caricaturista italiano cuyos dibujos han adquirido gran popularidad en los

El elemento más notable de la vía de desarrollo de una organización consiste en el hecho de que estos aspectos invariantes, cuando se combinan entre sí, producen una experiencia discrepante específica en el desarrollo del sentido de sí mismo del niño. Por una parte, porque por un estilo de vínculo ambiguo e indefinido, el niño puede llegar a tener una percepción de sí mismo estable sólo a través de una relación enmarañada con una figura vincular; pero por otra parte, durante la niñez y la adolescencia el individuo invariablemente experimenta decepciones con la misma figura de vínculo. Esto hace nuevamente que la adquisición de un sentido estable de sí mismo sea problemática.

Una vez que se comprende la característica común, es posible, a través de un análisis del desarrollo, reconstruir los patrones específicos que ha asumido tal experiencia discrepante.

Patrones enmarañados de vinculamiento

El ambiente familiar típico de la mayor parte de los individuos con tendencia a la organización DAP, se caracteriza por una comunicación disfrazada, ambigua y contradictoria. Los padres son usualmente muy atentos en los aspectos formales de la vida, especialmente las apariencias sociales. Su propósito primario es proveer una imagen de un matrimonio perfectamente feliz, evitando cualquier expresión externa de emociones definidas u opiniones que pudiera indicar la existencia de algún problema o insatisfacción recíproca. Por lo tanto, existe una fuerte tendencia a esconder cualquier contradicción o dificultad personal, ya sea que pertenezca a la interacción con el mundo presente o con su pasado. De manera semejante, tiende a ofrecer unas imagen de sí mismos como padres enteramente dedicados al bienestar y la educación de sus hijos. Su conducta parental, sin embargo, está dirigida más a obtener una confirmación de esa imagen que al llenar las necesidades concretas de apoyo emocional de los niños. Las madres, por ejemplo, aunque usualmente extremadamente preocupadas por el niño (y muchas veces sobre-protectoras) no

obtienen placer del cuidado materno y el control prevalece sobre la ternura y la calidez emocional (Selvini-Palazzoli, 1978). En un marco de referencia interaccional en el que cualquier posibilidad de expresión directa de las emociones y opiniones son excluidas, las estrategias de control de los padres consisten en una redefinición constante de los sentimientos y emociones de los niños hasta que los experimentan de acuerdo al patrón familiar general. Más aún, esta forma de control subyace no sólo en las estrategias de educación exhibidas por los padres sino que son el fundamento real del estilo afectivo de la familia que debería ser descrito como: “Es a través de compartir las mismas opiniones y emociones que nos damos cuenta que nos amamos”.

Uno de los aspectos específicos más constantes de las familias de los individuos DAP es lo que Minuchin et al. (1978) llaman “enmarañamiento”:

Enmarañamiento se refiere a una forma extrema de proximidad e intensidad en las interacciones familiares... En un nivel individual, la diferenciación interpersonal en un sistema enmarañado es pobre... En familias enmarañadas el individuo se pierde en el sistema. Las fronteras que definen la autonomía individuales son tan débiles que funcionar de manera individualmente diferenciada está radicalmente bloqueado... Los miembros de la familia que se entrometen en los pensamientos y sentimientos de cada uno (p. 30). En tales condiciones, los niños desarrollan un sentimiento profundo y permanente de desconfianza respecto a su capacidad para reconocer y decodificar apropiadamente los propios estados internos. Por eso, sólo dentro de una relación emocional continua con una figura de vínculo pueden inferir lo que es “permisible” que sientan y piensen.

Susana era una agente viajera de 35 años que en su juventud había sufrido una clara anorexia nerviosa que requirió de intervención psicoterapéutica. La figura de apego principal era

su padre, que no se permitía a sí mismo ninguna demostración directa y definida de emoción. Éste tenía modales impecables y todos en la familia lo consideraron como un modelo de caballerosidad, distinción y elegancia. Desde su niñez temprana Susana se había mostrado juiciosa y de carácter maduro, prefiriendo la compañía de adultos a la de los niños de su edad. El padre de Susana, que tenía grandes expectativas respecto de ella, pensó que mandarla a kindergarten sería de inutilidad. Así, a los 5 años la mandó directamente al colegio básico, sin dudar que sería capaz de igualar a los niños mayores. Susana ya sabía leer y escribir y las dificultades que encontró no se relacionaron con el aprendizaje sino más bien con la socialización con compañeros y profesores, porque se encontró en una situación enteramente novedosa. Durante las primeras semanas se encontró un poco perdida e incierta e incluso su usual compostura y calma fueron menos evidentes durante un tiempo. Susana, sin embargo, no experimentó la situación como algo particularmente serio hasta que un día, cuando le estaba contando a su padre de sus dudas sobre su conducta en clase, ella pensó que pudo leer en su cara signos de honda preocupación. Por un momento entró en pánico ante el pensamiento de que estaba arriesgando la pérdida de la estimación de su padre si exageraba sus problemas escolares. Como ella lo reportó más tarde en el curso de su psicoterapia, este episodio fue una experiencia crucial para Susana. Le mostró, por una parte, que demostrar una actitud competente era esencial para mantener una relación preferencial con su padre; por otra, que los problemas de uno deben, en cualquier caso, ser mantenidos para uno mismo.

Los problemas de Brenda con su madre (ver pp. 60,62, 75) ilustran igualmente bien cómo un niño puede construir sus estados internos sólo a través de una relación enmarañada con una figura de vínculo preferente.

La percepción de decepción en la relación vincular preferente

En nuestra experiencia clínica, la vía de desarrollo de individuos DAP parece caracterizarse por experiencias más o menos intensas de decepción que involucran al padre o madre favorito. Esto ocurre la mayoría de las veces al final de la niñez y en el período de adolescencia (Guidano y Liotti, 1983). Resultados preliminares de otros investigadores confirman esta impresión clínica (Hawkins, 1983). Mientras esperamos más estudios controlados prospectivos-longitudinales, sólo señalaré una característica de esta experiencia, que en mi opinión es la más notable.

Como se discutió en el Capítulo 4, con la progresiva aparición del pensamiento abstracto, el individuo empieza a ver a sus padres de una manera totalmente diferente. Aunque durante la infancia, y en mayor grado en la edad preescolar, los padres eran considerados como los sostenedores de valores y verdades absolutas, en el relativismo de la adolescencia son percibidos como personas corrientes, con incertidumbres comunes, contradicciones, dificultades, etc. El cambio de imagen es un proceso fisiológico y usualmente no es percibido por los adolescentes como estresante porque apoya su emergente sentido de individualidad mientras que al mismo tiempo empieza el proceso de separación emotiva-cognitiva de la familia.

Sin embargo, como los individuos que tienden a las perturbaciones de ingestión alimenticia, para poder llegar a un sentido de sí mismo estable, están obligados a adherir a las expectativas de uno de los padres percibido como un modelo absoluto, una reevaluación de este modelo sólo puede ser experimentado como una decepción –tan intensa que cuestiona el propio sentido de sí mismo. Podríamos también decir que en el contexto de una vía de desarrollo de este tipo, experimentar el comienzo del proceso de separación de los padres como reacción a la decepción de éstos, y percibir el sentimiento emergente de soledad epistemológica como un sentido de sí mismo extremadamente confuso, “casi fisiológico”. Esto probablemente explica el hecho de que la experiencia de decepción se encuentra invariablemente en la reorganización

adolescente de los individuos DAP. En efecto, un examen de estas experiencias, a pesar de su variabilidad, siempre revela un elemento básico común, esto es, la relativización de la imagen del padre amado que hasta ese momento era percibido como absoluto.

Para Susana la decepción como lo quiso el destino, resultó de uno de esos escasos momentos cuando ella y su padre se salieron un poco de las usuales formalidades y tuvieron un momento de mayor intimidad. En esa ocasión el padre, quizás animado por la madurez de su hija de 15 a quien ahora consideraba una mujer crecida, le reveló en tono de alguien que da una lección sobre los secretos de la vida, que su mamá había quedado embarazada antes del matrimonio. Susana se sintió en extremo perturbada, aunque logró permanecer perfectamente calmada e impasible. Sus propias palabras al reportar el episodio durante la terapia pueden ejemplificar mejor que cualquier comentario tanto de la naturaleza de la decepción sentida como la influencia que esta revelación tuvo sobre su vida posterior:

“Durante diez días fui incapaz de mirar a mi madre o a mi padre, pero sentía mayor resentimiento hacia mi padre. Me pareció que me había engañado. Había traicionado completamente mi confianza en él. Para mí ambos personificaban la perfección absoluta, sin la más ligera debilidad. Adivino que hasta ese momento los había pensado como carentes de sexo. La revelación de mi padre estaba alterando todas mis teorías y al mismo tiempo me hizo pensar en él como culpable del ‘crimen’, mientras que mi madre parecía ser sólo la víctima... Una especie de desafío entre yo y mi padre ha perdurado desde entonces, y es prácticamente sin fin; sólo se ve interrumpido a veces cuando puedo mostrarme a mí misma y a él que soy autónoma, que puedo vivir incluso sin su aprobación... Puede sonar divertido, pero fue también en esa época que comenzaron mis problemas sexuales”.

En el caso de Brenda la decepción es una consecuencia de la relativización de la imagen de su madre, quien como hemos visto era su figura vincular más importante.

La madre de Brenda, una atractiva y dinámica mujer, tenía mucha confianza en sí misma en sus relaciones sociales.

Siempre tenía el rol de la persona cuyos intereses y aspiraciones están en un nivel cultural más alto, pero que está siendo impedida en su brío sólo por un marido conservador y anticuado. Siempre le había comunicado a Brenda que una mujer debía viajar, tener muchos intereses, y por sobre todo debiera dedicarse totalmente a su realización personal, implicando poco menos que su marido era para ella una carga. Cuando chica, Brenda estaba absolutamente segura de todo esto. Admiraba a su madre y consideraba a su padre –que estaba casi siempre lejos– como un extraño, a lo sumo como un invitado indeseable.

Cuando Brenda tenía 13 años, durante una de las poco frecuentes peleas entre sus padres, su padre usualmente controlado hizo su maleta y se fue de la casa amenazando con una separación final. Brenda se alegró; pensó que los sueños de la vida secreta de su madre finalmente podían volverse verdad. Pero a medida que pasaron los días, se volvió cada vez más claro que la madre había abandonado su usual donaire y ahora parecía aplastada y desesperada. Fue entonces que Brenda se dio cuenta que lo único que su madre quería era mantener su hombre, y que todos esos intereses y hermosas ideas de las que tanto hablaba en realidad no le importaban en absoluto. Se sintió totalmente perdida y confundida, y al mismo tiempo le pareció que era su deber proteger a su madre sin dejarla ver que estaba al tanto de su debilidad. En el tiempo que siguió, Brenda “inexplicablemente” engordó hasta que al cabo de dos meses había engordado 15 kilos.

DESARROLLO DE LA IDENTIDAD

La interferencia con la diferenciación rítmica temprana entre sí mismo y los otros parece estar, como hemos visto, al centro de la situación cognitiva existente del niño en desarrollo. Un estilo de vínculo familiar sano debería permitir a los niños adquirir un sentido de diferenciación mientras que al mismo tiempo se les provea de un adecuado nivel de identificación emocional con los padres. En otras palabras, mientras que poder percibir

In document Guidano - La Complejidad Del Sí Mismo (página 194-200)

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