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L A ESCULTURA DEL R ENACIMIENTO

In document 1. LA ARQUITECTURA GRIEGA (página 35-38)

La escultura renacentista, al igual que la arquitectura, nace apoyada en los mo- delos clásicos. Se advierte un gusto por el desnudo, por la utilización de materiales nobles (mármol y bronce) típicos de la Antigüedad y por un gran interés por lo monu- mental y lo severo. Esta fidelidad al clasicismo hace que se aplique un esquema racio- nalista de proporción y simetría, con un detallado estudio anatómico que se funda- menta en un gusto por el desnudo.

Al mismo tiempo se amplía la temática, y además de la religiosa surge una temática profana que se manifiesta tanto a través de la escultura funeraria como a través del retrato. Se exalta al individuo, algo muy propio del Humanismo, y progresi- vamente se va sustituyendo la narrativa religiosa medieval por un arte que busca la belleza de las formas y el placer estético. El Hombre y la Naturaleza serán los protago- nistas, reapareciendo el desnudo, y los temas religiosos se presentarán con tipos figu- rativos paganos. La escultura renacentista es idealista y naturalista, y utiliza composi- ciones caracterizadas por la curva. Los materiales utilizados serán diversos: piedra, mármol, terracota, madera, yeso y bronce.

Los principales escultores del Quattrocento fueron dos: Ghiberti y Donatello. Ghiberti, como buen humanista, es un claro ejemplo del nuevo artista que se diferen- cia del maestro medieval. Fue arquitecto, pintor y escultor. Entre sus obras destaca Las

puertas del Paraíso, realizada en bronce. En estas puertas logra la perspectiva al traba-

jar el bronce como si se tratara de una pintura, utilizando el bajorrelieve para obtener así la profundidad.

Por su parte, Donatello va a ser el escultor más significativo del Quattrocento. Cultivó la orfebrería y supo de arquitectura y pintura. Su escultura oscila entre la búsqueda del equilibrio clásico y la belleza, y el cultivo de un cierto expresionismo, de valores dramáticos. Con Donatello se introduce el elemento popular en la escultura. Dos serán sus obras claves: David y El Condottiero Gattamelata.

En el David, Donatello interpreta al personaje bíblico desde un punto de vista humanista, acorde con los nuevos tiempos. Con esta obra, Donatello representa el triunfo de la lógica y de la razón sobre la fuerza bruta, representada por Goliat. David tiene a sus pies la cabeza de su enemigo y se apoya sobre su pierna derecha al tiempo que dobla su cuerpo hacia la derecha, formando suavemente una S, conforme al estilo clásico de Praxíteles.

Así, la escultura broncínea del David, presenta, a través del naturalismo y del naturalismo, un gran interés por la figura humana, mediante esquemas de composi- ción basados en la unión y contraposición de las curvas.

Por su parte, El Condottiero Gattamelata es una escultura ecuestre de 3’40 me- tros de altura, que se levanta sobre un doble basamento con relieves incrustados. Está situada enfrente de la basílica de San Antonio de Padua. Esta escultura en bronce es de temática profana, ya que estamos ante la exaltación del individuo, algo característico de la ideología humanista. Sus principales características serán su naturalismo y el rea- lismo en la representación del personaje y del caballo. Igualmente se detecta una clara tendencia a la monumentalidad, y su tamaño y perspectiva responden al lugar donde se ubica. Se aprecia un movimiento contenido y apacible, equilibrado y armonioso con los valores clásicos.

En el Cinquecento continúa el sentido clasicista de equilibrio y armonía, pero poco a poco surge una tendencia a la agitación en la composición, a la búsqueda cons- tante del movimiento y a la monumentalidad. A partir de 1520-1530 la tendencia será la búsqueda de la tensión frente al equilibrio clásico, la volumetría frente a la gracili- dad y la expresividad frente al idealismo. En resumen, inquietud, sorpresa y zozobra frente al orden clásico.

El siglo XVI está marcado por la figura de Miguel Ángel, máximo representante del clasicismo y al mismo tiempo pionero del lenguaje manierista. Miguel Ángel es el prototipo de hombre renacentista: arquitecto, escultor, pintor... Su obra es variada y compleja, pero donde destaca es en la escultura. Utiliza siempre el mármol blanco de Carrara.

Su fuerte personalidad queda reflejada en la escultura más que en otro campo. Dota a la escultura de una fuerza y viveza excepcionales, conseguidas a través del do- minio de la técnica. Sus figuras son grandiosas, verdaderos titanes que tienen una gran fuerza contenida que surge del interior y aplasta al espectador: es la terribilitá.

De entre sus grandes obras destacan especialmente la Piedad del Vaticano y

David. La primera es una obra maestra de equilibrio entre la concepción monumental

de volúmenes puros y cerrados, y el acabado detallista y delicado. El Cristo yacente es un perfecto ejemplo de realismo y dominio anatómico, mientras la Virgen representa una adolescente, señal de su virginidad eterna. Ambos personajes se conciben bajo una composición piramidal. El estudio de las telas, cuidadosamente trabajadas con abundantes efectos de claroscuro, se ajusta a las formas anatómicas de la Virgen Mar- ía.

Respecto al David, Miguel Ángel trata el mismo tema que tratara Donatello en su día, solo que en esta ocasión el personaje demuestra una enorme fuerza contenida no exenta de belleza. Es más bien un héroe mitológico que un personaje bíblico, lleno de tensión y con una mirada que refleja agresividad y determinación. Es una escultura abierta y ligera. Se trata de una obra descomunal de 4’10 metros de altura con una enorme fuerza contenida, concentrada en la mirada y en la tensión de sus miembros. Es una figura realista y naturalista, destacando el estudio anatómico de un cuerpo humano vigoroso que nos lleva a la búsqueda de la belleza del desnudo clásico. Desta- ca también su imponente musculatura y su expresión firme y segura. Ningún miembro del cuerpo se encuentra relajado, pues los músculos están en tensión y se aprecian incluso los tendones y las venas, muestra del detallismo propio de Miguel Ángel. No obstante, la musculatura resulta algo plana debido a la estrechez del bloque de mármol, de ahí que Miguel Ángel se viera obligado a desarrollar una visión casi exclusi- vamente frontal sin poder permitirse ninguna contorsión del cuerpo.

Otras obras escultóricas destacadas en la obra de Miguel Ángel fueron el

Moisés, la Tumba de los Médicis y la Piedad Rondanini. La primera, pensada como una

más de las que debían ubicarse en el mausoleo del papa Julio II, está representada en un momento de plena furia, al bajar del monte Sinaí con las Tablas de la Ley y advertir la traición idólatra de su pueblo. En la segunda, se manifiestan ya rasgos manieristas: formas retorcidas que rompen el equilibrio, partes sin terminar ni pulir, tratamiento erótico de las imágenes... Por último, en la Piedad Rondanini, Miguel Ángel culmina su interpretación manierista. Estamos ante un artista octogenario, preso de una profunda crisis espiritual. La obra se encuentra inacabada debido a su propia muerte, pero sus rasgos son claros: alargamiento de las figuras, ligereza, inexistencia de terribilitá... La composición no tiene ya ese equilibrio renacentista, las figuras parecen resbalar entre sí, acentuando el dinamismo. Igualmente, el tratamiento diverso del mármol (partes pulidas y partes sin pulir) conlleva una doble interpretación: la despreocupación de la belleza externa y el misterio de su expresividad sin concretar.

In document 1. LA ARQUITECTURA GRIEGA (página 35-38)

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