Sé Valiente
L LAMADO A S ERVIR
Primero, debes recordar siempre que Dios te ha llamado a pastorear a Sus ovejas – aquellos que están resguardados sin peligro en el redil de la congregación y aquellos a quienes Él llamará en el transcurso de tu ministerio. Además, las ovejas que están bajo tu cuidado constan de ovejas pequeñas, ovejas heridas, ovejas que están madurando y ovejas que están errando, todas ellas con distintos apetitos con respecto a las comidas del evangelio que deseas darles. El pastor sabio cultivará pacientemente a las ovejas, dándoles de comer la verdad bíblica según sus capacidades para recibirla. Se necesita de valentía evangélica para cultivar a las ovejas en sus situaciones diversas, pues tendrás que afrontar distintas tentaciones en tus intentos de pastorear a tal variedad de ovejas.
Las ovejas pequeñas necesitarán ser alimentadas con la leche espiritual no adulterada de la Palabra (1 Pedro 2:2). Necesitarán porciones digeribles de las preciosas verdades del amor de Dios por los pecadores mostrado en la muerte sacrificial y suficiente de Jesús y en la victoriosa resurrección. Necesitarán ser enseñadas en la simplicidad de andar por la fe en la sangre y en la justicia de Jesucristo, una sangre y una justicia que están constantemente disponibles para ellos. Deben aprender que andar por la fe significa confiar en las promesas del evangelio como si estuviesen dichas personalmente a ellas. Será importante para ellas conocer que esta fe en Jesucristo es expresada de una manera más poderosa y más gozosa cuando produce un fruto que se convierte en una disposición a arrepentirse y a confesar sus pecados a otros cuando han pecado contra ellos, tanto como una disposición a perdonar a otros cuando otros pequen contra ellas. Hay muchas “primeras lecciones” que las ovejas pequeñas necesitan recibir, pero no pueden recibirlas todas de una vez. Tampoco será necesario que las dominen la primera vez que se les enseñan. Cultivar un “régimen de alimentación” saludable que provoque un apetito estable en un nuevo cristiano precisará de mucha paciencia y templanza. El ministro valiente luchará contra la tentación a volverse impaciente o a desanimarse con respecto al progreso del crecimiento en la gracia de la oveja pequeña. Hará falta mucha valentía evangélica para continuar ministrando el evangelio con pasión incentivado por un compromiso incondicional, sin tener en cuenta las consecuencias y sin importar cual sea el coste.
En cualquier congregación hay ovejas heridas – aquellas que han sido heridas profundamente por otras en la congregación, o peor aún, heridas por encuentros previos con aquellos que les servían en la función de pastores. No deberías sorprenderte de que esas ovejas heridas hayan aprendido a no confiar en aquel que ofrece su mano para alimentarlas con palabras de vida y de sanidad. Con toda probabilidad estarán inclinadas a mantenerse alejadas del ministerio como un todo o al menos tomarán una postura de espera con respecto al valor y la sinceridad de tu ministerio. Una vez más, se necesitará mucha paciencia para no impacientarse con ellas, mientras que al mismo tiempo luchas con la tentación de tomar su reticencia a beneficiarse de tu ministerio como un rechazo personal hacia ti – o peor aún, al evangelio. El tiempo tiene la habilidad de emparejar las cosas, y si el ministro del evangelio lo afronta de una manera redentora, el tiempo puede llegar a ser su amigo en el ministerio.
A su tiempo todo el mundo tiene que afrontar una gran necesidad, incluso las ovejas heridas. Con frecuencia es en el tiempo de una gran necesidad cuando Dios le permite al pastor fiel ejercer un cuidado pastoral crítico en la vida de una oveja herida. Una experiencia más grande y apremiante en el presente puede hacer que el miembro de la
iglesia profundamente herido, relegue a un segundo plano una herida del pasado. Es en ese momento cuando el ministro del evangelio debe armarse de una gran cantidad de valentía evangélica y estar dispuesto a proceder con dificultad por en medio de la herida, incluso a riesgo de tener que afrontar inicialmente un rechazo continuado por parte de la oveja herida. Digo inicialmente porque el corazón de cada una de las ovejas de Jesús late con Su amor y misericordia – no importa lo dañada que haya estado – y esta misericordia se expresará finalmente hacia aquellos que son misericordiosos. Cuando tú demuestres la sinceridad de tu amor a las heridas, te ganarás el derecho a hablarles de las cosas eternas. Cuando acumules esta clase de aval pastoral, te ganarás sus oídos tanto como sus corazones.
Algunas de las experiencias pastorales más deleitosas ocurrirán entre el pastor y las ovejas que están madurando – aquellas que demuestran un apetito saludable por la Palabra de Dios y que manifiestan una apreciación genuina por la sana doctrina. Idealmente, estas deberían ser los líderes de la congregación. Estas son aquellos que hacen las preguntas adecuadas, que extraen las conclusiones adecuadas y que exhiben un apetito creciente por la carne de la Palabra. Estas no se cansan de escuchar (o de contar) la “antigua historia de Jesús y de Su amor”. También expresan a menudo un “espíritu Bereano” en su disposición a escudriñar las Escrituras para ver si las cosas aprendidas bajo tu ministerio se enseñan allí (Hechos 17:10–11). No tienen temor de doctrinas bíblicas que no les han sido enseñadas previamente. Simplemente quieren conocer “¿qué dice la Escritura?” Las ovejas que están madurando serán las más dispuestas a ser celosas por la gloria de Dios en sus vidas y en la vida de la congregación, incluso si no saben como expresar esto con precisión teológica. Tendrán un deseo de ver a Jesucristo exaltado, convencidas de que Él debe crecer y ellos deben menguar. Los miembros de la iglesia que están madurando muy probablemente serán aquellos que son fieles para orar juntos por el progreso del evangelio a través del ministerio y quienes darán gracias a Dios por enviarles un fiel ministro del evangelio. Se podría preguntar: “¿Por qué se habría de necesitar valentía evangélica para ministrar a este tipo de personas?” La respuesta está en la tentación a pasar la mayor parte de tu tiempo con ellos, corriendo el riesgo de pasar por alto las necesidades de los menos maduros. No cometas un error en esto, los pastores han de equipar a los santos para hacer la obra de ministerio (Efesios 4:12), y hemos de enseñar las cosas que hemos visto y oído a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros (2 Timoteo 2:2). El trabajo del evangelio entre las ovejas que están madurando es deleitoso, incluso si el ministro se encuentra cansado de una manera satisfactoria. Sin embargo, otra tentación es que el pastor es susceptible de tomar las alabanzas dirigidas hacia él por parte de los miembros maduros y convertirlas en una ocasión para el orgullo, la jactancia y para pensar de sí mismo más alto de lo que debe. Es también entre este grupo que el ministro es más propenso a “bajar la guardia” en un sentido malo. Muy bien pudiera ser que algunos de aquellos que están más entusiasmados por tu ministerio ahora algún día se vuelvan contra ti y rechacen la verdad que tú expones.
Alégrate, Timoteo, si el Señor ha querido rodearte con un grupo importante de discípulos maduros que están hambrientos por la Palabra y que parecen quedarse prendados de cada palabra que tú pronuncias. Pero guarda tu corazón, no sea que te suceda lo que al Rey David que comenzó a “creerse sus propios recortes de prensa” (2 Samuel 8:13; 11:1–2).
Tal vez el grupo más difícil al que un pastor trata de ministrar son aquellos que son ovejas errantes. En un tiempo dieron toda la apariencia de tener un interés vital en el cristianismo bíblico y sinceramente parecían querer conocer en la gracia como discípulos del Señor Jesucristo. Pero ahora se han alejado. Tal vez su pecaminosidad se manifiesta en un descuido habitual del estudio bíblico, la adoración y otras reuniones cruciales de la iglesia. Como quienes profesan ser cristianos llevan sobre sí mismos el nombre de Jesucristo. Tal vez han traído vergüenza sobre el nombre de Cristo al emprender un estilo de vida destructivo que es al mismo tiempo peligroso para sus almas y escandaloso. Tal vez se han convertido en creadores de conflictos y están promoviendo disputas en la congregación. Cualquiera que sea la naturaleza de su patrón de pecado, las ovejas errantes pueden causar estragos en el pastor que se toma en serio su responsabilidad para intentar recuperarlas.
El pastor diligente puede descubrir en sus intentos por recuperar a aquellos que han sido sorprendidos en alguna falta (Gálatas 6:1) que no está tratando con alguien que es verdaderamente una oveja. Podría ser que el individuo “profesara” fe en Jesucristo pero realmente nunca haya “poseído” la verdadera fe salvadora en Jesucristo (Hechos 8:13– 23). Puesto que esto no puede necesariamente ser conocido inmediatamente, el pastor debe proceder cuidadosamente hacia el asunto como quien está tratando de recuperar a alguien que tiene la presencia interior del Espíritu Santo en su vida. Sin embargo, cuando se descubre que la “oveja errante” es en realidad un “cabrito” o incluso un “lobo con piel de oveja”, entonces la misión cambia de la disciplina redentora correctiva de un discípulo descarriado a la disciplina redentora correctiva de un miembro no convertido, al mismo tiempo que un testimonio evangelístico para ese miembro no convertido de la iglesia. Se necesita mucha valentía evangélica para esta tarea porque por momentos puede ser desagradable y puede dar lugar a la difamación del carácter del pastor que se atrevió a emprender el rescate según la enseñanza bíblica. El miembro errante con frecuencia está muy dispuesto a “morder la mano que le da de comer”, y no dudará en mancillar la reputación de aquellos que se aventuren a decirle que no todo está bien con su alma. Necesitarás grandes dosis de valentía evangélica para involucrarte en el ministerio de recuperar ovejas errantes. Las tentaciones son dobles. En primer lugar está la tentación a ser un cobarde y no intentar recuperar a la oveja errante. Las racionalizaciones para esto son muchas. Tal vez esta persona es muy influyente en la iglesia (o es pariente o amigo íntimo de una persona muy influyente en la iglesia) y tú no quieres disgustarla. Tal vez no quieres correr el riesgo de ofender a personas piadosas que tal vez no tengan el discernimiento bíblico para entender. Tal vez temes perder tu influencia o ¡incluso tu ministerio! Aquí es donde es importante recordar que la valentía evangélica es el compromiso incondicional para ministrar el evangelio con compasión, sin tener en cuenta las consecuencias y sin considerar el coste. Sin embargo, la otra tentación es igual de peligrosa. Es la tentación a tratar duramente con la oveja errante (o el cabrito o el lobo con piel de oveja), actuando como si la disciplina correctiva fuera cortarla, lavándote las manos con respecto a ella y no teniendo nada que ver con ella. Sin embargo, esta manera de hacer las cosas pone patas arriba la disciplina redentora y correctora de la iglesia y la convierte en una ofensa no sólo en la congregación sino también en el cielo.
Puesto que el errante puede resultar ser inconverso, es probable que profiera amenazas contra el pastor. El peligro que el pastor afronta en una situación así es entrar en el modo
de autodefensa. Sin embargo, el pastor está puesto sobre las ovejas por Dios para proteger a las ovejas de aquellos que quieran dispersarlas y desgarrarlas – no necesariamente para protegerse a sí mismo. (Esta es una razón por la que una pluralidad de ancianos puede ser una bendita configuración en una iglesia – ¡pero ese es un argumento para otra carta!) El pastor ha de poner su vida por sus ovejas. Timoteo, si te encuentras teniendo que afrontar el desafío de rescatar a una oveja errante, ármate de valentía evangélica para acometer el esfuerzo de tal manera que guardes tu corazón contra la cobardía, la dureza y el sutil peligro de ponerte a defenderte a ti mismo.