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Preocúpate por las Naciones

In document Reseña Querido Timoteo (página 157-165)

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EWTON Querido Timoteo,

¡Saludos en el nombre maravilloso del Señor Jesucristo! Estoy agradecido por la nueva puerta del ministerio que el Señor te ha otorgado. Pastorear una congregación de creyentes será desafiante y gratificante. El Señor te ha estado preparando para este tiempo y sé que serás fiel al llamamiento de Dios en tu vida para “apacentar la grey de Dios que está entre vosotros”.

Probablemente estarás empezando a acostumbrarte a lo que requiere de tu tiempo y de energía el servicio de pastor. Estoy seguro de que estás encontrándote con sorpresas cada día. Como siempre, quiero que sepas que estoy a tu disposición para ayudarte en cualquier forma que me sea posible.

Estarás ocupado con muchas cosas al mismo tiempo que vas conociendo a tu congregación – ministrándoles en tiempos de necesidad y de crisis, preparando sermones semanales y estudios bíblicos, organizando los ministerios de la iglesia, reuniéndote con comités y lideres y ocasionalmente apagando “incendios repentinos”. Pero como tu pastor

y tu amigo, quiero hacerte pensar en un área que podemos excluir fácilmente del ritmo frenético de la vida pastoral, a saber, las misiones. Yo sé que guardarás diligentemente el énfasis de nuestra denominación en las misiones pero esto se puede hacer casi inconscientemente. Los pastores tienden a relegar las misiones a la agencia misionera de la denominación o a organizaciones al margen de la iglesia, pero tú debes considerar esto como tu trabajo, llevando a tu rebaño a sentir pasión por el mundo. La iglesia local debe ser la plataforma de lanzamiento de las misiones mundiales. Como pastor de una iglesia local, eres la clave para lanzar misiones desde tu congregación.

Sin duda alguna, estas ministrando entre personas ocupadas y preocupadas. Ellos viven su rutina cotidiana con el ajetreo de la lucha con el tráfico, los transbordos para llegar al trabajo, llevando a los niños del colegio a las actividades deportivas y a las clases de música y apenas con el tiempo de ir a los cultos en la iglesia. Probablemente así en el proceso, sólo presten escasa atención a los acontecimientos del mundo, a menos que sientan que los eventos tengan relación directa con sus vidas diarias. Así, mientras que corren frenéticamente, el mundo alrededor de ellos languidece en la oscuridad del pecado. Cientos de cristianos son masacrados en Somalia y Nigeria. Una iglesia en Pakistán es atacada salvajemente durante el culto. Se suprime el trabajo misionero en todos los continentes. Muchos países islámicos prohíben cualquier tipo de evangelismo bajo pena de encarcelamiento o incluso la muerte. Terremotos, inundaciones, tifones, hambruna y enfermedades devastadoras diezman cientos de miles. Mientras tanto, miembros de tu congregación viven sus rutinas diarias acelerados y ajenos a todo excepto al tiempo, los resultados electorales y a los partidos políticos. Plantea el desafío de las misiones en el mundo y las voces se elevarán, “¿Y por qué tenemos que ir a otros sitios? Tenemos mucha gente perdida aquí en nuestra ciudad. ¿Para qué dedicar todo ese tiempo y dinero en ir a personas que no están interesadas?” Algunos se lo niegan argumentando que las misiones son para profesionales y no para los inexpertos miembros de la iglesia, así que déjalo para los otros.

Al conducir a tu gente en el reino de las misiones mundiales, tu confianza no debe estar en la capacidad humana, sino en la Palabra de Dios. Curiosamente, la iglesia del primer siglo tenía preocupaciones similares. Las primera obra misionera significante registrada en el libro de los Hechos no fue cuidadosamente planeada, sino más bien tuvo inicio como resultado de la persecución. Una vez golpeada por la muerte de Esteban apedreado, la iglesia empezó a dispersarse y a donde quiera que ellos iban, predicaban la Palabra. El término que Lucas utiliza para “predicar la Palabra”, viene de la misma raíz que la palabra “evangelio”. A mi me gusta usar la expresión “ellos anunciaban las buenas nuevas” o “ellos evangelizaban” (Hechos 8:4). La persecución ocasionó la proclamación espontánea del evangelio fuera del contexto familiar de Jerusalén. “Los padecimientos de la iglesia se usan por Dios para reestructurar las tropas misioneras en lugares donde no podrían de otro modo haber ido,” como expresa John Piper en ¡Alégrense las Naciones! Nuestro gran Soberano trajo esto para mover a la iglesia más allá de sus fronteras y hacerla entrar el mundo. Lo que es aún más importante, las personas que fueron esparcidas en el mundo no eran misioneros profesionales, sino la iglesia en general. Ellos adoptaron enseguida el reto misionero como su propio reto.

Para vergüenza nuestra, los cristianos en las zonas más oscuras del mundo parecen los más animados en anunciar las buenas nuevas. La persecución hace florecer lo mejor,

mientras que nuestra libertad parece engendrar auto-complacencia. Aun así, no debemos dejar que esto nos desanime o nos disuada de continuar con las misiones mundiales. ¡Aprendamos de nuestros hermanos y hermanas que viven en tierras difíciles!

El desafío al que los pastores nos enfrentamos sigue siendo el mismo “¿Cómo podemos motivar a nuestras iglesias para tener un corazón por el mundo?” ¡Empieza contigo mismo! Piensa en los misioneros que han pasado por la iglesia y que has escuchado hablar sobre su trabajo. ¿Te has olvidado de la visión apasionada de Carey por las misiones en el mundo, y particularmente entre los grupos de gente que todavía no han sido alcanzados? ¿Has podido olvidar la noche en la que un amigo respondió a tus preguntas acerca de su trabajo con los hombres de la tribu Masai en Kenya? ¿Recuerdas a nuestro querido amigo Philipe y su testimonio sobre la evangelización a los estudiantes post-modernistas en la universidad? ¿O el domingo que tuvimos pastores de otros países en nuestro culto y los acogimos en nuestras casas para cenar? ¿Has olvidado sus caras y sus historias? ¿Has olvidado a los muchos que han sufrido grandemente a causa del evangelio?

Se me llenan los ojos de lágrimas, y me pongo a orar cuando recuerdo la conversación con David, el sembrador de iglesias liberiano que está intentando alcanzar a los expatriados de países devastados por la guerra como Liberia, Sierra Leona y Burkina Faso. Me asombra mi auto-complacencia cuando considero a los pastores N. N. y Moisés en Ghana y Raymondo en Nigeria que han llevado el evangelio a pueblos musulmanes, arriesgando sus vidas por amor a las almas preciosas que viven en la oscuridad.

Recuerdo tu primera breve experiencia misionera – eras un adolescente. Te observé mientras que trabajabas a través de un traductor para comunicar la existencia de Dios con un estudiante de la universidad ateo. Aguantaste su menosprecio y respondiste pacientemente a sus preguntas. Aunque nunca admitió creer en nada de lo que le dijiste, tu continuaste a orar por él meses después de nuestra visita.

Debes transmitir este fuego a tu congregación. Ellos deben ver en ti un hombre con el mundo en su corazón. Como John Wesley que dijo “El mundo es mi parroquia,” debes sentir la carga de las naciones en tu corazón. A la vez que fortalezcas a tu congregación en la fe santa, debes asimismo proyectar la obra aún más extensa del reino de Dios hasta los confines de la tierra.

Esta visión empieza conociendo a nuestro Dios como un Dios misionero. Su promesa a Abraham, “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra,” demuestra la preocupación divina, no por una sola familia o una nación, sino por el mundo (Génesis 12:3). John Stott dice que esta expresión más que otra muestra que el Dios viviente de la Biblia es un Dios misionero. La panorámica de la Escritura demuestra lo que Dios ha hecho a través de Cristo para redimir a los hombres perdidos “de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9).

Puedes desarrollar el amor por las naciones en tu congregación mediante la exposición fiel de la Palabra de Dios. Al estudiarla pasaje por pasaje, te enfrentarás directamente al mandato misionero para la gente de Dios. Exponlo y aplícalo con pasión. Ábrete camino por Génesis 12, 17 y 22. Predica los Salmos, especialmente los Salmos mesiánicos 2 y 110, al igual que los Salmos de la realeza del 93 al 99. Haz exégesis de los múltiples

textos misioneros de Isaías en los capítulos 40 al 66. Estudia detenidamente el libro misionero de Jonás y luego la promesa de Habacúc de que la tierra será llena del conocimiento de Dios (2:14). Los Evangelios muestran la pasión de Cristo por todas las personas. Lucas da numerosos ejemplos de Jesús tratando con los gentiles (o las multitudes). Los prólogos en Juan y Romanos proveen una motivación misionera. Expón el libro de los Hechos y al hacerlo enseña a tu congregación a pensar de forma misionera. Las Epístolas presentan claros ejemplos del mensaje del evangelio siendo aplicado en entornos misioneros. Apocalipsis es un libro misionero extraordinario, particularmente los capítulos 4 y 5.

Permíteme compartir algunas ideas que han servido en la presentación del mensaje misionero de la Biblia:

Primero, al exponer un texto, enseña el mandato misionero dentro de su contexto bíblico.

De esta forma no te reducirás a la manipulación o a los trucos para motivar al pueblo de Dios a las misiones. Así, expones la Palabra eterna que se convierte en nuestra más alta motivación. Enseña a la iglesia la meta del ministerio de las misiones — llamar a las naciones a la adoración de Dios para que Su gloria sea expuesta por toda la tierra. John Piper explica que la adoración de Dios “es el combustible y la meta de las misiones. Es la meta final de las misiones porque laboramos para llevar a las naciones al incandescente deleite de la gloria de Dios. El objetivo de las misiones es el gozo de los pueblos en la grandeza de Dios.”

Segundo, demuestra con las Escrituras que las misiones son centrales para una verdadera

iglesia del Nuevo Testamento. Juan Calvino describe una iglesia neo-testamentaria como una iglesia que expone fielmente la Escritura, que hace un uso correcto de los sacramentos y que disciplina a sus miembros. Sin embargo, creo que debemos añadir que una iglesia neo-testamentaria tiene también un corazón misionero. Es parte de la pasión manifiesta por donde se lea del libro de los Hechos; las misiones aparecen desde el principio hasta el final. Más que ningún otro, el libro de los Hechos ilustra las dinámicas de las misiones como una parte natural del ministerio de la iglesia.

Tercero, exhorta a la congregación a involucrarse totalmente en las misiones. No todos

podrán viajar para hacer misiones a corto plazo o involucrarse en misiones vocacionales, pero todos pueden orar, animar y dar. En la famosa, Una Investigación sobre el Deber de los Cristianos de Usar Medios para la Conversión de los Paganos, William Carey indica lo que las iglesias pueden hacer en la obra de las misiones: “Una de las primeras y más importantes de las obligaciones nuestras es la oración ferviente y unida.” William Carey explica, “Sin embargo, no debemos contentarnos con orar sin hacer un esfuerzo por usar los medios para obtener las cosas por las que oramos.” En otras palabras, la oración conduce a la acción. Luego Carey propuso que se formara una asociación que evaluara el carácter de aquellos que irían en respuesta a la oración por las naciones. Por último exhortaba él a todas las iglesias a comprometerse en dar para la obra de las misiones cuanto como Dios les hubiera provisto. Carey escribe, “Si las congregaciones abrieran suscripciones de un céntimo o más por semana, de acuerdo con sus circunstancias, y lo depositaran en un fondo destinado a la propagación del evangelio, podría recaudarse mucho.”5 Nosotros hemos seguido este modelo en “Dos por Ofrenda” e instamos a la congregación a que dé dos dólares por persona cada semana además de las ofrendas

habituales para financiar misiones a corto plazo a través de nuestra iglesia. Cuando apliques tus textos misioneros a la iglesia, dales responsabilidades particulares a la luz de la Palabra de Dios: orando, dando, animando a otros en la obra y yendo. No todos encontrarán su sitio en cada área, pero todos pueden y deben hacer algo en la obra de las misiones, porque este es el espíritu de la iglesia del Nuevo Testamento.

Cuarto, la oración habitual por los misioneros y los pueblos del mundo debe ser parte de

tu disciplina personal y la de tu iglesia. Te animo a que crees una lista extensiva de contactos internacionales tanto de misioneros como de los creyentes. Proporciona nombres, direcciones físicas y direcciones de correo electrónico a la congregación para que establezcan contacto y oren por ellos. (Facilita solamente los nombres sin los apellidos de las personas que estén en países en peligro o situaciones delicadas.) Ora por estos misioneros y ciudadanos en tus cultos de adoración y las reuniones de oración. Lee sus cartas a la congregación para ayudarles a comprender las batallas con las que ellos se enfrentan y las victorias que se están obteniendo por razón del evangelio.

Nosotros encontramos muy útil, Operación Mundo de Patrick Johnstone como fuente para escribir una sinopsis regular de la obra y de las necesidades globales misioneras para nuestra carpeta de adoración de los domingos. En mi oración pastoral, dirijo a la iglesia en oración por el país que ha sido seleccionado en un domingo determinado. Con frecuencia conozco a un misionero o una persona del país y la oración adquirirá un carácter más personal. Esto le permitirá a tu iglesia a familiarizarse con pueblos y países (desde Andorra hasta Zambia), a comprender las complejidades religiosas de las naciones y a lidiar con los problemas políticos, económicos y espirituales con los que se enfrenten. Esto les permitirá ver que nuestro Dios es un Dios misionero que se preocupa por los pueblos del mundo. Además, les ayuda en identificar varios grupos étnicos para poder laborar en la oración y la posible participación. También podrías dirigir a tu iglesia a adoptar un grupo particular de personas etno-lingüísticas que aún no haya sido alcanzado. Puedes averiguar más cosas sobre ellos a través de las páginas web de International Mission Board (www.imb.org) o AD2000 (www.AD2000.org).

Como ya sabes, me encanta leer biografías misioneras. Así, con frecuencia he sido alentado e inspirado al ver cómo nuestro Señor ha obrado en sus vidas aún en los contextos más difíciles. Me ayudan a poner las cosas en una mejor perspectiva. Encuentro que tales biografías proveen un amplio material ilustrativo, no sólo al tratar cuestiones misioneras, sino en otros contextos expositivos. Esto ayuda a que la congregación se familiarice con nombres como William Carey, Adoniram Judson, Hudson Taylor, Jim Elliot y Nate Saint. Recomienda estos libros a tu iglesia. Podrías tal vez dejar algunas copias disponibles para tomarlas prestadas o para comprarlas, o incluso puedes reclutar la ayuda de algunos para redactar reseñas literarias de las de biografías misioneras para el boletín de la iglesia.

En el pasado yo daba por sentado que la mayoría de los miembros de la iglesia conocían nombres como Carey, Judson y Taylor; sin embargo, descubrí cuando estaba dando una clase introductoria a las misiones en la universidad local, que estos misioneros pioneros les eran desconocidos a muchos de los estudiantes cristianos. Me imagino que posiblemente te encuentres con el mismo conocimiento pobre en tu congregación. Decidí que Testigo Fiel: La Vida y Misión de William Carey de Timoteo George fuera una

lectura obligatoria para mis estudiantes, y quizás sea una buena idea que proveas copias de esta obra excelente a tus líderes. Por supuesto que no podrás imponerla como lectura obligatoria como yo puedo hacer en un aula, pero sí puedes exhortar a tus líderes a crecer en su entendimiento de la historia de las misiones con este libro. Tal vez puedas empezar tu reunión de diáconos o la reunión del comité de misiones con una discusión de quince minutos sobre Testigo Fiel, o John Paton: La Autobiografía o Portales de Esplendor. De esta manera ayudarás a los líderes a pensar de manera misionera utilizando material histórico para detallar ideas para desarrollar una iglesia con corazón misionero. Como dijo uno de nuestros ancianos, “La educación misionera conduce a una conciencia misionera.”

Quinto, quiero desafiarte a hacer de las misiones un área de estudio por vida. En los

pasados doscientos años, las fronteras misioneras se han estirado a todos los rincones del globo. Desde los primeros años de la “Sociedad Bautista Misionera” y “La Sociedad para la Promoción del Conocimiento Cristiano”, se han levantado cientos de organizaciones misioneras. Muchas de ellas harán buenos socios contigo equipando a tu congregación para movilizarse en las misiones. Pero debes recordar siempre que ninguna organización puede reemplazar a la iglesia local como la plataforma de lanzamiento para las misiones. Las iglesias producen el personal que finalmente terminará en el entorno de una misión. Debes valuar el rol de equipar y preparar a los misioneros para “el campo de batalla”. Nunca olvidaré lo que un líder misionero veterano le contó una vez a nuestra congregación. Dijo que valoraba él la instrucción que las iglesias imparten a sus misioneros más que la de los seminarios. Luego presentó la suplica de que instruyamos a nuestra gente de manera teológica y que les enseñemos a ser “teólogos” que sepan cómo desarrollar congregaciones bíblicamente sanas. Los seminarios no fueron diseñados para sustituir a la iglesia local en la preparación de los hombres y mujeres para el ministerio; existen para complementar a la iglesia. Si quieres ser eficaz en la enseñanza de potenciales misioneros vocacionales o misioneros a corto plazo en tu congregación, debes seguir una vida de estudios misioneros.

Comenzarás este rol comprendiendo la base teológica para la obra misionera. Esto es lo que empujó a William Carey, Andrew Fuller, John Sutcliff y John Ryland Jr al frente del movimiento. Todos estos pastores del siglo XVIII eran pastores – teólogos que lucharon en su conocimiento de la Palabra de Dios y sus implicaciones en la vida congregacional. Sus convicciones teológicas les permitieron confrontar abiertamente la pasividad sobre las misiones entre los bautistas ingleses. Estas mismas convicciones de la Palabra de Dios les sostuvieron durante los días oscuros de la sociedad misionera incipiente. Timoteo George explica las bases teológicas de la Investigación de William Carey que llegaron a ser el patrón principal para el movimiento misionero moderno: “Aunque su plan consistía en una llamada a la acción basada en la compasión genuina por los perdidos, estaba arraigado en algo aún más profundo; a saber, el carácter de Dios mismo – eterno, santo, justo, bondadoso, dador.” Para Carey y sus amigos la teología les motivaba a la acción misionera.

Aunque recomiendo leer libros que abordan la estrategia misionera, tu fundamento debe estar siempre en una base teológica, por las misiones, claramente articulada. Una vez el cimiento está puesto por la Escritura entonces puedes escudriñar las muchas publicaciones sobre la estrategia para los desafíos a que se enfrentan los misioneros.

Pronto podrás distinguir aquellas estrategias que son superficiales o manipulaciones que no dejan resultados duraderos.

En cuanto al estudio de las estrategias misioneras, sigo asombrado con cuán pertinentes son las obras, Investigación de Carey y Acuerdo de Serampore de 1805 aún en nuestros días. Carey trazó una visión clara para la participación de la iglesia local en las misiones. El Acuerdo resume los “grandes principios” que guiaron a Carey, Joshua Marshman y

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