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P REDICAR DE M ANERA E XPERIENCIAL

In document Reseña Querido Timoteo (página 122-124)

Aprende de los Puritanos

P REDICAR DE M ANERA E XPERIENCIAL

Los puritanos nos enseñan cómo promover la dimensión experiencial de la predicación reformada. La predicación puritana explicaba cómo un cristiano experimenta la verdad bíblica en su vida. El término experimental viene de la palabra experimentum en latín, la cual se deriva del verbo que significa “probar, examinar, demostrar o poner a prueba.” El mismo verbo también puede significar “encontrar o conocer por medio de la experiencia”, y por lo tanto da nacimiento a la palabra experientia, que significa “prueba, experimento” y “el conocimiento adquirido por las experimentación”. Calvino utilizaba experiencial y experimental intercambiablemente, ya que ambas palabras, desde la perspectiva de la predicación bíblica, indican la necesidad de examinar o probar el conocimiento experimentado según la piedra angular de la Escritura (Isaías 8:20).

La predicación experimental enfatiza la necesidad de conocer las verdades de la Palabra de Dios por medio de la experiencia. La predicación experimental se esfuerza en explicar en términos de la verdad bíblica, cómo deberían ir las cosas y cómo van en la vida cristiana, e intenta aplicar la verdad divina a todos los ámbitos de la experiencia del creyente: tanto en su camino con Dios como en su relación con la familia, la iglesia y el mundo a su alrededor. Podemos aprender mucho de parte de los puritanos sobre este tipo de predicación. Como escribe Paul Helm:

La situación requiere una predicación que comprenda la totalidad del campo de experiencia cristiana, y una teología experimental desarrollada. La predicación debe proporcionar una guía e instrucción a los cristianos en términos de su experiencia real. No debe tratar con irrealidades o considerar a las congregaciones como si vivieran en un siglo diferente o en circunstancias completamente diferentes. Esto implica tomar todas las medidas necesarias de nuestra situación moderna y entrar con toda comprensión en las experiencias, las esperanzas y los miedos reales, de las personas cristianas.

La predicación puritana se caracteriza por una aplicación juiciosa de la verdad a la experiencia. La predicación juiciosa describe la diferencia entre el no creyente y el cristiano. La predicación juiciosa pronuncia la ira de Dios y la condenación eterna sobre los incrédulos y los impenitentes. Asimismo, ofrece el perdón de pecados y la vida eterna a todos aquellos que adoptan por fe verdadera a Jesucristo como Salvador y Señor. Dicha predicación enseña que si nuestra religión no es experiencial, pereceremos, no porque la experiencia en sí misma salva, sino porque Cristo que salva a los pecadores debe ser experimentado personalmente como la Roca sobre la cual nuestra esperanza eterna se cimienta (Mateo 7:22–27; 1 Corintios 1:30, 2:2).

Los puritanos eran conscientes de que el corazón humano es engañoso. Consecuentemente, los evangelistas puritanos se esmeraron en identificar las marcas de la gracia que distinguen a la iglesia del mundo, los verdaderos creyentes de los meros profesantes, y la fe salvadora de la fe temporal. Thomas Shepard en Las Diez Vírgenes, Matthew Mead en El Casi Cristiano Descubierto, Jonathan Edwards en Afecciones Religiosas y otros puritanos escribieron docenas de obras diferenciando los impostores de los verdaderos creyentes.

Los predicadores puritanos conocían, en palabras de Thomas Boston, “el arte de pescar hombres”. Esperaban conseguir tanto una conversión inicial como una conversión continuada entre sus oyentes. Creían que el sermón era un medio de la gracia y que sería utilizado por el Espíritu para conseguir la conversión y el crecimiento en la gracia. De ahí que apuntaran a tratar de manera significativa con las luchas espirituales internas. Como escribe Sydney Ahlstrom, “Sin negar el carácter objetivo, puramente gracioso de los actos redentores de Dios, deseaban dejar sitio a los actos voluntarios, conscientes, arrepentidos, agradecidos, amantes de la persona humana… buscaban hacer sitio en la economía de la salvación para la subjetividad, para los actos de conciencia humana.” Esto explica la impresión que uno recibe de que sus sermones están firmemente basados en la teología Calvinista y simultáneamente llenos de los imperativos del evangelio bíblico y su exhortación al arrepentimiento y a creer.

¡Cuán diferente es esto de la mayor parte de la predicación contemporánea! Con frecuencia, hoy en día, la Palabra de Dios se predica de tal manera que nunca trasformará a nadie porque no discrimina y nunca aplica. La predicación se reduce a una conferencia, una forma de satisfacer los deseos y las exigencias de la gente o una forma de emocionalismo apartado del fundamento de la Escritura. Dicha predicación fracasa en exhibir de la Escritura lo que los puritanos llamaban la religión vital: cómo el pecador es despojado enteramente de su propia justicia, llevado sólo a Cristo para salvación, encuentra gozo en la obediencia y la dependencia de Cristo, tropieza con la plaga del pecado que habita en él, lucha contra los deslices y obtiene la victoria a través de Cristo. Timoteo, cuando la Palabra de Dios se predica experimentalmente, el Espíritu Santo la usa para trasformar a hombres, mujeres y naciones. Esta predicación transforma porque se corresponde con la experiencia vital de los hijos de Dios (Romanos 5:1–11), claramente explica las marcas de la gracia salvadora en el creyente (Mateo 5:3–12; Gálatas 5:22–23), proclama el llamamiento de lo alto de los creyentes como los siervos de Dios en el mundo (Mateo 5:13–16) y muestra la destinación eterna de los creyentes y de los incrédulos (Apocalipsis 21:1–9).

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