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MARCO TEÓRICO

1.5 L A MUERTE Y LOS VALORES : VALORES Y MUERTE

El tema de los valores ha sido otro de los temas recurrentes a lo largo de la historia del pensamiento en torno a la humanidad. El hombre, como único animal al que se le concedía el libre albedrío sobre su conducta estaba sin embargo sujeto a normas propias y sociales que no siempre coincidían entre sí.

Muchos han sido los filósofos que han disertado en torno a estas cuestiones, sobre todo centrados en la juventud. Dos conceptos principales emergen de estas disertaciones en un principio: la ética y la moral.

Es a finales del siglo pasado cuando el estudio de los valores toma una real relevancia. El avance vertiginoso en todas las ciencias, así como en todos los apartados sociales, que se da a lo largo de todo el siglo XX, hace que este siglo sea percibido como una época de cambios, de revoluciones y de crisis. Una época en la que se acucia una falta de estabilidad en los saberes, en las creencias y en los valores. Una época en la que se retoman los estudios en torno a los valores por una renombrada “crisis de valores” que aqueja a toda la sociedad del momento y especialmente a los jóvenes. Son diversos los ámbitos a los que preocupa especialmente esta supuesta “crisis”: la educación, la política y la psicología, especialmente.

Pero falta concretar qué son los valores, cómo influyen en la conducta y qué manera tenemos de cambiarlos.

Para dar respuesta a estas preguntas retomaremos las definiciones que de valor hacen algunos autores.

Según Rokeach (1973) los valores son creencias personales organizadas jerárquicamente, consistentes, duraderas, de carácter evaluativo y que sirven como guía del comportamiento humano y se adquieren en procesos de socialización primaria (Castro Solano y Nadre, 2006 y Pedrero Pérez, Rojo Mota, y Olivar Arroyo, 2008). Para Duffy, los valores son criterios aprendidos que nos predisponen a actuar como lo hacemos, surgen de la interacción de los sistemas de creencias, afectivos y cognitivos y permiten una predicción futura. (Garcés Ferrer, 1988).

Montero (1994) señala que un valor “es un elemento o proceso mediador que relaciona las evaluaciones (componente afectivo) con la cognición (componente cognoscitivo) y produce alguna forma de comportamiento (elemento conativo)” (Pedrero Pérez et al. 2008).

Schwartz, siguiendo los trabajos de Rokeach establece que los valores son metas deseables, transituacionales, variables en su grado de importancia y que orientan la vida y la conducta, (Schwartz, 1992, 1994, 2001 en Castro Solano y Nader 2006) manteniendo una estructura universal (Schwartz y Blisky, 1987,1990).

A pesar de que los autores sostienen una relación directa entre los valores y la conducta, no está definitivamente claro cuándo actúan los valores y en qué tipo de conductas median como motivadores. Hay autores que sostienen que los valores interceden en todas nuestras conductas, sean conscientes o no (Allport, 1961 y Rokeach, 1973). Por otro lado, otros autores acotan la intervención de los valores sólo a aquellos comportamientos conscientes. (McClelland, 1985 en Bardi y Schwartz 2003)

Es durante la adolescencia cuando se consolidan los valores (Hechinger, 1992 en Sanz de Acedo Lizarraga, Ugarte y Lumbreras Bea, 2003) que suelen mantenerse relativamente estables a lo largo de toda la madurez, pero que también pueden verse influidos, especialmente en esta época de juventud, por la educación y los medios de masa, principalmente. Esto será muy importante para el tema que nos ocupa, la muerte, especialmente.

Como veremos no es hasta la adolescencia, con la adquisición del pensamiento complejo en el estadio de las operaciones formales, cuando el hombre toma verdadera consciencia de muerte. Igualmente veremos cómo la educación, las experiencias previas, la manera de vivir los medios de masa, pueden conformar o transformar nuestro concepto de muerte, aunque no de manera profunda, ya que la adquisición del concepto se produce en la adolescencia y se arrastra, con pequeños matices, hasta el final de nuestra vida.

Los valores son un concepto complejo, al igual que la muerte, conformados por la interacción de componentes afectivos y cognitivos, los valores se ven influidos por

múltiples estímulos que hacen que puedan variar y cambiar en las sociedades, y a su vez pueden cambiar y variar el estilo dinámico de interacción de dichas sociedades.

A veces se produce un desajuste entre el comportamiento normativo y los valores personales. Ya que los valores no son el único componente que influye en la elección de nuestro comportamiento. La norma choca frontalmente con los valores personales generando un malestar social, ya que nuestra tendencia es actuar conforme a nuestros valores para no generar esa disonancia. De este choque nace la “crisis de valores”, las revoluciones sociales y los cambios de paradigma, en nuestro caso particular cambiarían el modo de percibir, sentir y conocer la vida, el concepto de vida y por lo tanto, el concepto de muerte.

No se puede hablar abiertamente de una carencia de valores. Schwartz y Blisky (1987, 1990) establecen la naturaleza universal de los valores y el hecho de que los valores son inherentes a las personas y el componente motivacional que guía su conducta, por ello siempre que haya un comportamiento (consciente para algunos, únicamente) habrá una valor subyacente que motive esa conducta. Lo que en muchos casos se establece es esa disonancia entre la norma social o legal y el valor personal. Esto ha sido muy frecuente en una época, tan convulsa, como es el siglo XX, y lo sigue siendo en una etapa como la actual, inmersa en una profunda crisis económica, política y social.

Por eso, quizá el cambio de concepto de muerte, los miedos y ansiedades nuevas que ésta genera en los últimos tiempos se deba a un cambio en el sistema de valores que

considera positivos y deseables aspectos como la competitividad, el consumo, el culto al cuerpo y el éxito, mientras que valora como negativos y rechazables el fracaso, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte (Tomás-Sábado y Gómez-Benito 2003). Y el fracaso total y más absoluto sería la muerte, ya que supone el fin de las posibilidades de alcanzar todas esas metas y por otro lado sus signos visibles son las características más denostadas en ese perfil hedonista.