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Arquitectónico

4.2. La arquitectura nacional

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f.089 Monumento conmemorativo y sepulcral de la Batalla de Maipú. Proyecto de titulación de Roberto Dávila Carson.

f.090 Arte decorativo aborigen.

f.091 Catedral de Valparaíso Alberto Cruz Montt y Ricardo Larraín Bravo, arquitectos, c 1913. f.092 Fachada lateral Palacio de los Tribunales. Emi-

lio Doyére, arquitecto, c 1913.

f.093 Banco Santiago. Emilio Doyére, arquitecto, c 1913.

f.094 Palacio de Bellas Artes. Emilio Jecquier, ar- quitecto, c 1913.

255 El volumen consultado de la biblioteca de Lo Contador de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que reúne a los números correspondientes a: RA: 1913, junio N°1; RA: 1913, noviembre N°2; RA: 1914, f.094

mentación, sino de arquitectura representativa de instituciones de poder, simbolizado por la monumentalidad que imprimía todo estilo. Los edi- ficios de vivienda seguían también esta misma tendencia. La atmósfera resultante revela que la arquitectura nacional no hacía aún su aparición, pero en cambio, como se ha visto en capítulos anteriores, sí se habían introducido las tecnologías de los nuevos materiales.

Una de las razones que favoreció la búsqueda de una arquitectura nacional fue la necesidad de dar sustento a una profesión recientemente introducida en los países americanos, en un contexto cultural híbrido que yuxtaponía las existencias aborígenes con las realizaciones creadas duran- te la colonia256. Chile no contaba en arquitectura con un patrimonio pre-

colombino semejante al hallado en otros países americanos, circunstancia que hizo más aguda la necesidad de un soporte cultural que sustituyera esa carencia en una profesión fundada hasta entonces en la tradición. Esta situación coincidió en el tiempo, con el impacto de las oleadas de modernidad que comenzaron a hacerse presente en el país como efecto de las transformaciones culturales que esa misma modernidad venía in- troduciendo desde fines del siglo pasado en los ámbitos de la economía, la política, la educación, la tecnología y la producción, que se hicieron notar en los emergentes cambios sociales y en los nuevos requerimientos en el campo de la arquitectura y el urbanismo y, a su vez, en la crisis de la validez de los estilos257. De esta manera, la búsqueda de una arquitectura

nacional fue la respuesta a la necesidad de dar soporte cultural a una pro- fesión joven en un continente carente de la tradición en que se sustenta la profesión, coincidiendo con la irrupción de la modernidad cultural que se afirma precisamente en la ruptura con esa tradición. En una primera

febrero N°3; RA: 1914, mayo N°4; y RA: 1915, mayo N°5, incluye un conjunto de imágenes, sin numera- ción de página, de distintas obras de arquitectos de la época entre las que se encuentran las de los proyectos y obras mencionados.

256 Valdivieso Barros, Fernando; El Arquitecto. Su importancia en la Sociedad Moderna; RA: 1923, año I, s/mes N°4, s/p. “Hasta hace pocos años en la mayor parte de los países de Sudamérica, la profesión de arquitecto era una de aquellas actividades que se miraban con un marcado menosprecio. Estos pueblos jóvenes, nacidos en tierras desprovistas de monumentos arquitectónicos y cuyos pobladores descienden de esforzados pero rudos conquistadores hispanos, no comprendían la importancia vital de la ciencia y del arte arquitectónico.

La carencia casi absoluta de grandes construcciones monumentales, vestigios de otras épocas, que sólo existían en algunos países y no en gran abundancia, hacía que las poblaciones no se dieran cuenta de la manera cómo las piedras de los edificios y monumentos de otras épocas, relatan la historia de los habitan- tes desaparecidos, de la forma elocuente cómo esos mismos monumentos nos dejan ver la manera de vivir y las costumbres de los hombres que los elevaron y nos enseñan la historia de las civilizaciones extinguidas. En una palabra, no han podido, por falta de obras arquitectónicas legadas por los antepasados, apreciar la importancia del cerebro que las concibió y la habilidad de los artífices que las ejecutaron”.

257 Vargas Stöller, Alfredo; Nuestra Arquitectura; RA: 1923, año I, s/mes N°4, s/p. “Es imposible encontrar racional el procedimiento de seguir desarrollando en nuestras obras estilos que hicieron su época y que

etapa, iniciada en la segunda década del siglo XX, la búsqueda de una arquitectura “nuestra” se vinculó con el reconocimiento del entorno na- tural como requisito del proyecto. El clima, la geografía y el régimen de soleamiento, por ejemplo, abrieron paso para que en reemplazo de una tradición arquitectónica local inexistente el proyecto se respaldara en la naturaleza258, “para que, de acuerdo con las condiciones de la tierra en que

nace, vaya grabando en sus líneas los caracteres de la nacionalidad que representa”259.

Entre noviembre de 1924 y marzo de 1927 en la revista El Arquitecto no se hizo presente la preocupación por una arquitectura nacional. En cambio, se mantuvo la adhesión a los estilos y, particularmente, a la orna- mentación, en obras residenciales y monumentales.

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Otra vía de desarrollo que tuvo la búsqueda de la arquitectura nacional fue como resultado del impacto de la modernidad. Ya en 1928 circuló en las revistas la idea de la modernidad asociada a la valoración del “arte primitivo”260 de culturas ajenas a la evolución del arte occidental (f.095

y f.096). El arte moderno buscaba en las expresiones aborígenes más antiguas la recuperación de un sentido que ya no se encontraba en el arte clásico261. Esta actitud servirá de apoyo a los arquitectos que verán en aunque le rindamos fervorosamente un culto amplio de admiración y respeto, no pueden ser hoy día tras- ladados a nuestras construcciones, porque no pueden reflejar el sentir de nuestra idiosincrasia”. 258 Vargas Stöller, Alfredo; Nuestra Arquitectura; RA: 1923, año I, s/mes N°4, s/p. “El arquitecto que no

aprecie la obra de la naturaleza y que no deje impresionar sus sentimientos por la serena armonía de las obras naturales, no podrá aprovechar en toda su amplitud la incomparable colaboración que encuentra en las bellezas naturales para la obra arquitectónica que ejecute. (...) Estamos desarrollando la escasa arquitectura que existe en nuestras ciudades, (...), sin cuidarnos de adaptar las enseñanzas o estilos de arquitectura a nuestra tierra, trasladando a veces sin mayor esfuerzo caracteres de arquitectura que no armonizan con las circunstancias naturales de nuestro clima, de nuestro carácter, de nuestra raza y más que todo, con las indiscutibles exigencias económico-sociales que vienen con violencia renovando la vida de los pueblos. Necesitamos los arquitectos proceder con un criterio más nacionalista, debemos abarcar sin temores el estudio de los innumerables factores de nuestra tierra que tienen influencia en la composición de nuestra arquitectura, para encauzar con un criterio más lógico, más consecuente con nuestra vida, las fuerzas creadoras de los arquitectos”.

259 Ibidem.

260 AAD: 1928, sin mes y sin N°; Documentos de Arte Decorativo Aborigen, p30- 34. “Nunca como en la época actual se había notado en Chile y en toda Sudamérica, tan inusitado entusiasmo por el arte autócto- no, genuino de estas tierras”, p30. Véase las imágenes tanto en este número como en AAD: 1929, marzo sin N°, p114- 117.

261 AAD: 1928, sin mes y sin N°; Documentos de Arte Decorativo Aborigen, p30- 34. “El arte moderno trajo de actualidad las artes primitivas, fuente inagotable de creaciones, y hasta en Europa el arte primitivo Sudamericano que allá se llama Precolombiano (sic), es conocidísimo y continuamente lo vemos renacer, f.095

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f.095 Página de artículo sobre arte Chino. f.096 Página de artículo sobre la pintura africana,

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la aplicación de decoración inspirada en elementos del arte aborigen, la posibilidad de ser modernos sin abandonar los recursos composicionales con que resolvían la configuración de la forma262 (f.097,f.098,f.099,f.100

y f.101). El Pabellón de Chile en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929) fue un ejemplo de este tipo de obras, donde el arquitecto Juan Martínez Gutiérrez supo mezclar el aspecto exterior basado en referencias formales de la tradición española con detalles ornamentales inspirados en elementos del arte aborigen263 (f.102). Según Harding

Carrasco, esta obra había “de iniciar una nueva época en la historia de la arquitectura chilena”264. El libro “Dibujos Indígenas de Chile” del ar-

quitecto Abel Gutiérrez, publicado en 1929, fue una contribución a esta tendencia265.

En algún sentido, la búsqueda de la arquitectura nacional representa esa etapa ambigua en que se desenvolvió la arquitectura moderna en ciernes, de modo tal, que por una parte el uso de elementos formales del arte aborigen fue síntoma de modernidad porque este arte rompía con la tradición de los estilos históricos y abría la creatividad decorativa a una raíz cultural “propia” y, por otra, esos mismos elementos darían un nuevo impulso a la vigencia de la ornamentación como recurso propio de la estética de los estilos266 (f.103). En Chile se reconoce la búsqueda de

transformado pero inconfundible, en creaciones del arte moderno”, p30.

262 AAD: 1928, sin mes y sin Nº; Documentos de Arte Decorativo Aborigen, p 30-34. “Nuestro deseo es poner al alcance de los artistas y artesanos documentos que puedan inspirarlos para crear un arte moderno chileno. (...) Nosotros creemos que de nuestras artes precolombianas (sic) puede nacer igualmente un arte moderno, particular de estos países del Sud Pacífico”, p30. Véase Feuereisen P., Carlos; Hacia una Arqui- tectura y una Decoración Autóctonas; AAD: 1929, octubre N°6 y N°7, p312- 314.

263 Harding Carrasco, Luis; Pabellón de Chile en Sevilla; AAD: 1928, sin mes y sin N°, p12- 15. “Su decora- ción, así como en los demás interiores, se ha inspirado en los elementos del arte aborigen, pero haciéndose creacionismo actual, chileno y según las tendencias nuevas. A propósito, aquí en Chile, este nacionalismo ya está plasmando un arte genuino, moderno, inconfundible (...)”, p13.

264 Ibidem. Es la primera obra que se ha concebido “inspirándose en la integridad de nuestro ambiente, en lo típico, en lo más noble de la tradición, y todo con vigorosa sinceridad artística fluye de las severas líneas de este edificio”, p14.(...) “por eso este arquitecto es un verdadero valor representativo de la tendencia vivificadora del arte que llamamos nacionalismo”, p15.

265 AAD: 1929, marzo s/N°. “Se trata de una obra de particular interés para arquitectos y artistas en general que deseen imprimir a sus concepciones cierta tendencia verdaderamente nacionalista. (...) constituye una valiosa contribución, tanto al estudio del arte aborigen como a su apropiado empleo en la composición arquitectónica y decorativa, (tapices, alfombras, cerámica, fierro artístico, tallado y mueble). Así mismo lo vemos de gran utilidad para los arquitectos y especialmente para los profesores de dibujo”, p119. 266 AAD: 1929, abril sin N°; La Tendencia Nacional en el Arte Decorativo, p146- 148 (El artículo aparece

firmado con las iniciales I.C. de R.). “El arte decorativo es como un soplo de animación y de gracia desti- nado a impregnar la estructura arquitectónica.

La ornamentación florece tanto en la pesada fábrica exterior de las construcciones como en el tibio seno de los interiores. Sin las galas del decorado, los edificios, aún los grandes palacios de líneas bellísimas y

puro estilo, aparecen fríos y opacos.

Este arte suaviza los contornos, alegra los espacios vacíos e imprime carácter al conjunto, dándole toques de nobleza y embellecimiento armónicos”, p146.

267 AAD: 1929, abril, s/Nº, p147 y 148.

268 Ibidem, p146. “El mayor anhelo de un artista, que comprende y ama su tierra es alcanzar un arte nacional. Un arte inextinguible que cante la emoción emanada del solar nativo, que refleje en sus líneas, en los de- corados y en el colorido las palpitaciones de la naturaleza, llevando los nobles sellos ancestrales, derivados de la historia y las tradiciones. El arte nacional, es lenguaje racial y espejo perenne de primores; también posee un sentimiento de verdad y amor, para con los elementos dominantes del suelo, los árboles, las flo- res, las montañas, los cielos diáfanos, u ornamentados por nubes, etc.”

269 AAD: 1929, abril sin N°; La Tendencia Nacional en el Arte Decorativo, p146- 148 (El artículo apa- rece firmado con las iniciales I.C. de R.). “Este arte nacional no está en oposición con las innovaciones modernas de la arquitectura y la decoración; es un bello complemento, que permite distinguir y fijar las condiciones espirituales de la cultura propia”, p148.

un arte nacional a lo menos desde 1909; entre los arquitectos precursores de esta tendencia se encuentran Ernesto Ried y Alfredo Cruz Pedregal, este último autor del diseño de muebles que se usó en el Pabellón de Chile en Sevilla267 (f.104). Ese arte se relaciona con la historia, la “raza”,

la tradición local y la geografía268. Por esto, no deja de ser paradójico que

simultáneamente haya servido el mismo movimiento para introducir la idea de lo moderno269 que, en general, ya se asociaba con el internaciona-

lismo del progreso de la ciencia, el bienestar y la técnica.

f.100 f.101

f.102

f.103

f.097 Página del artículo Documentos de Arte Deco- rativo Aborigen.

f.098 Página del artículo Documentos de Arte Deco- rativo Aborigen.

f.099 Página del artículo Los Tejidos Araucanos como Base para una Arquitectura Típica Nacional.

f.100 Página del artículo Hacia una Arquitectura y una Decoración Autóctona.

f.101 Página del artículo Hacia una Arquitectura y una Decoración Autóctona.

f.102 Bosquejo de la entrada del pabellón de Chile en Sevilla. Juan Martínez G., arquitecto. f.103 Página del artículo La Tendencia Nacional en

el Arte Decorativo.

f.104 Sillón de la Sala de Pasos Perdidos del Pabe- llón de Chile en Sevilla. Alfredo Cruz Pedre- gal, arquitecto, 1929.

En ninguno de los seis números publicados por ARQuitectura entre agosto de 1935 y abril de 1936, hay referencias a la arquitectura nacional en el sentido en que fue abordado en los años anteriores por otras revis- tas. Esto hace pensar que en el periodo que va entre el último número de Arquitectura y Arte Decorativo en septiembre de 1931 y el primer número de ARQuitectura desapareció este interés, posiblemente porque en esa época irrumpe la reforma de la enseñanza de la arquitectura en la Universidad de Chile y habría influido en el ambiente local, sumándose a la evolución que la propia modernidad arquitectónica venía siguiendo. En 1937, José M. Cruz, vuelve a tratar el tema de la arquitectura nacional al afirmar que en Chile “la arquitectura no tiene ningún carácter nacio- nal”270.

270 Cruz, José M.; Notas de Arte. Arquitectura; UA: 1937, año I, sin mes N°8, p28 y 29. “Somos hijos de una raza fuerte, es cierto, pero que nos dejó ningún vestigio de cultura que no fuera aprendido d las razas del norte, y de la cuales algunas aprendió a hacer cacharros y algunos tejidos, pero que en arquitectura no salió de la ruca primitiva. (...) Arquitectura han tenido todos los pueblos de Europa, Asia y Norte de África. La han tenido en América los Aztecas y los Incas y la tendremos nosotros, cuando, buscando nuestros propios elementos raciales y naturales, y armonizándolos los unos con los otros, creemos una manera especial de construir. (...) Sólo entonces podremos decir, hemos creado una arquitectura propia, hemos creado el estilo Chileno de Arquitectura”, p28.