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Y llegaron a contradecir: más de dos décadas de lucha

2. La avanzada sobre el territorio chiapaneco

A fines del siglo xx en el sureste mexicano pocas cosas habían cambiado

en la relación entre el gobierno, el estado y los pueblos indígenas. La revo- lución mexicana y la modernización del Estado no formaban parte del hori- zonte de las comunidades, éstas sencillamente habían quedado al margen del proyecto de país hasta las postrimerías del convulsionado siglo pasado.13 A la discriminación más retrógrada, los mayores niveles de marginación dentro de México y relaciones sociales que remitían a la época medieval, había que agregar el embate sobre el territorio, sus bienes naturales y habitantes; in- cluso después de que estos habían sido desplazados a los sitios más inhóspi- tos de Chiapas y la Selva Lacandona.

El estado del sureste mexicano ante los ojos de los capitalistas ha lle- vado históricamente el signo del dinero, de la mercantilización voraz de los bienes naturales, (agua, petróleo, biodiversidad) materias primas (ganadería, café, maderas, miel) e incluso, de manera más reciente de los monocultivos (palma africana o aceitera) que son presentados como alternativa ecológica del capitalismo verde ante la crisis ambiental a través de los biocombusti- bles. Es por ello que desde el comienzo las zapatistas exigieron suspender el saqueo de las riquezas naturales denunciando la tala indiscriminada, el des- pojo agrario, la intermediación en la compra de productos conocido como

coyotaje, así como una serie de efectos sociales de la exclusión, la violencia

económica y estructural.

Al mismo tiempo, señalaron cuáles eran los mecanismos utilizados para profundizar este proceso de despojo. Teniendo como base el socavamiento de la soberanía, de manera temprana plantearon el desmantelamiento del Estado-nación como una condición necesaria para el nuevo proceso de acu- mulación que se abría. Dibujaron el desgajamiento de las tierras chiapane- cas a través del neoextractivismo, la planeación de oleoductos y gasoduc-

11 Entre las que destacamos la minería a cielo abierto o la fractura hidráulica, procesos que

literalmente destruyen el suelo y que requieren cantidades ingentes de agua al mismo tiempo que contaminan las fuentes de ésta.

12 HARVEY, David, El nuevo imperialismo, Akal, Estado español, 2004.

13 Con posterioridad al levantamiento zapatista y como parte de la Guerra de Baja Intensi-

dad desplegada por el Estado mexicano el desarrollo de infraestructura en las zonas antes mar- ginadas ha sido patente. Carreteras, hospitales, servicio de luz eléctrica, entre otras, han sido maneras en que el Estado intenta hacer presencia en las comunidades.

Y LLEGARON A CONTRADECIR: MÁS DE DOS DÉCADAS DE LUCHA ZAPATISTA... 131 tos, temas vigentes y agravados veintiún años después. En su momento, denunciaron el papel que tenía el reordenamiento del territorio a través de megaproyectos de infraestructura como el Plan Puebla Panamá y que de manera más reciente ha sido renombrado como Proyecto de Integración y Desarrollo Mesoamérica.14

Así, nos encontramos con que Chiapas ha tenido desde hace décadas una de las relaciones más asimétricas en México entre lo que se saquea y produce en el estado y las condiciones de vida de la población, absolutamente sumida en el olvido y la marginación. Similar al movimiento campesino del cual re- tomaron su nombre, la lucha por el acceso a la tierra fue y ha sido central. Los procesos de recuperación de tierras resultan también uno de los principa- les logros de la lucha zapatista, llevados a cabo con posterioridad al levanta- miento. Dos décadas después es un problema que no se ha resuelto y forma parte esencial del proyecto de contrainsurgencia para el estado de Chiapas. A través de «organizaciones campesinas» o grupos paramilitares creados ex

profeso y que tienen vinculaciones estrechas con los distintos partidos del es-

pectro político institucional han atacado y ocupado las tierras recuperadas por las bases de apoyo zapatistas, con una altísima cuota de violencia y ase- sinatos que se mantienen en la más absoluta impunidad.

Además de esta lucha cotidiana por la defensa del territorio, los zapa- tistas se adelantaron décadas, literalmente, a los estrechos atisbos de trans- formación del sistema político mexicano, agotaron vías, demostrando que aquellas al interior de las instituciones no funcionan: Que no hay alternati- vas dentro del sistema. De manera incansable han propugnado por la par- ticipación política de la población, promoviendo el encuentro y el diálogo social que han impulsado a través de múltiples iniciativas a lo largo de las últimas dos décadas; algunas de ellas con la intención de gestar alianzas so- ciales nacionales e internacionales (Convención Nacional Democrática, Mo- vimiento de Liberación Nacional, fundación del Frente Zapatista de Libera- ción Nacional, Plan la Realidad-Tijuana, La Sexta nacional e internacional y La Otra Campaña) y muchas otras como espacios de discusión y de encuen- tro (Encuentros Intergalácticos, Seminarios internacionales, Encuentros de mujeres, Festivales como el de la Digna Rabia o el de las Resistencias y las Rebeldías Contra el Capitalismo, entre otros). Han propuesto desde entonces

14 Sus objetivos son la creación de condiciones que posibiliten el acceso a recursos estra-

tégicos tanto en términos de su explotación como para el traslado de estas y otras mercancías. En términos de infraestructura implican la creación de corredores de carreteras, oleoductos, gaseoductos, represas e hidroeléctricas entre otras expresiones más. El Proyecto de Integración y Desarrollo Mesoamérica fue lanzado de manera oficial el 28 de junio de 2008 en el marco de la X Cumbre del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla. En dicho encuentro se completó el proceso de reestructuración del Plan Puebla Panamá que había iniciado el año an- terior en la «Cumbre para el fortalecimiento del PPP» llevada a cabo en Campeche. En la ac- tualidad esta iniciativa está conformada por México, Guatemala, Belice, El Salvador, Hondu- ras, República Dominicana, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia.

132 ALICIA DE LOS RÍOS Y DAVID BARRIOS RODRÍGUEZ

que la iniciativa esté en manos de la gente. Nos han insistido que considere- mos como posible y necesario un proyecto de vida frente al capitalismo de guerra, a partir del respeto a la diferencia, «un mundo donde quepan muchos mundos».

3. Los caminos de construcción de la autonomía, el mundo al que nos

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