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2. Epístolas en la GBA: tentativa para manipular lectores

2.1. La carta al editor

2.1.1. La carta como prosa patriótica

El 27 de mayo la Junta de Buenos Aires informa su instalación y reclama el acatamiento de los pueblos a las nuevas autoridades; Montevideo, a través de su Cabildo, rechaza el pedido de Buenos Aires jurando al Consejo de Regencia el 6 de junio “reconocido por todas las Provincias, por la Inglaterra y Portugal con la esperanza de todos los españoles sobre el acierto, la energía y medidas del Consejo para salvar a España de la irrupción de los franceses”. El público se entera por la GBA que propala, en el mismo número, el intercambio de correspondencia oficial entre ambos Cabildos, y un segundo oficio de la Junta donde recomienda a Montevideo rever su posición: “V. S. se sirva observar con detención la duda suscitada con que la Junta Central fugitiva, despreciada por el Pueblo, insultada y con públicas imputaciones de traidora, nombró por si sola al Consejo de Regencia, sin consultar el voto de los Pueblos”.172 J. J. Paso, mientras tanto, enviado en misión secreta a la banda oriental para mediar en el conflicto, fracasa en el intento y retorna a Buenos Aires.

Poco después la GBA exhibe una Carta de un comerciante de Montevideo a un corresponsal de Buenos-Ayres, donde la intimidad entre el autor y el editor que propone el género sirve de campo fértil para ejercitar la escritura y agudizar el diálogo. Dueño de una solvencia expositiva impecable, el negociante apoya incondi- cionalmente el punto de vista de la Junta y descifra el verdadero sentimiento que habría llevado al Congreso de Montevideo [Cabildo Abierto] a jurar a la Regencia cuando dice: “Apuntare tres especies notables que exitaron al Comandante de Marina [Salazar]”. Unas líneas más abajo enumera cada una de ellas. La primera porque “la Junta había disminuido el sueldo de los Oidores”; la segunda deja ver que el Comandante de Marina “manejó a su antojo el

Congreso y repuso [ante el pedido del Dr. Pérez de proceder a la votación] que no era necesario pues su opinión era la del Pueblo”, y la última advierte que “cuando el Dr. Pérez al tratar de instruir a el Pueblo en las razones de derecho y de conveniencia á la unión a la Capital, se le increpó públicamente y se le insultó tratándolo de viejo chocho”.

La dilatada elocuencia del mercader remata con un argumento que legitima la perspectiva de Buenos Aires:

No, gran Capital de Buenos-Ayres: Los generosos hijos de Montevideo no pueden ser enemigos de los vuestros: los unen relaciones muy fuertes y muy sagradas, para que sean rotas al débil soplo de los pocos oficiales de Marina que se oponen a nuestros derechos; sabemos distinguir los del Rey y los de sus personas; y yo me lisongeo, de que no pasarán mucho días sin que los dos Pueblos se vean ligados con sus fuertes vínculos que deben unir á los vasallos de un mismo Monarca (…). Vd. conoce que la energía de sus habitantes no puede ser sojuzgada por Marinos (…) hay aquí más oficiales que en un Departamento (…) y se absorverán con sus sueldos los pocos ingresos que tengamos.173

En los primeros días de julio el Ejército Auxiliar marcha hacia el Alto Perú; la GBA había publicado en su primer suplemento un aviso de la Junta “a los buenos patriotas” para colaborar con la expedición a través del vocal Azcuénaga “quien recibirá los ofrecimientos que voluntariamente se hagan”.174 A medida que el ejército avanza hacia “las provincias de arriba” se publicarán largas listas con la contribución de los ciudadanos del virreinato, pero nada se dice en el periódico del Ejército Auxiliar que recién cobra entidad propia a principios de agosto con un oficio de Ortiz de Ocampo a la Junta anunciando su llegada “sin novedad al Quartel general de la Esquina”. La publicación de oficios des- criptivos es otra estrategia cuya función frente al lector consiste

173. GBA n° 5 del 5/7, p. 119-126.

174. GBA. Suplemento del n° 1 del 7/6, p. 17. El análisis detallado de las contribuciones merecerían un estudio paralelo que lamentablemente excede nuestro contorno.

en enaltecer la causa de Buenos Aires.175 Como preámbulo, y en previsión a las dificultades inevitables que sobrevendrán con la guerra aparece ese mismo día una Carta remitida de la Ciudad de Córdoba al Editor de la Gazeta.El autor anónimo, un hombre ilustrado, traza las dificultades de formar una conciencia verda- deramente patriótica:

Cada ciudadano debía ser un sabio para precaver el mal que nos amenaza, y ofrecer al público sus reflexiones (…) pero por desgracia se hallan los pueblos en tal ignorancia, que la mayor parte no sabe lo que debe á la sociedad como individuo de ella. Sumergidos en una inculta racionalidad ven los sucesos con la mayor indiferencia, y nada de lo que pasa les interesa, ni les arranca la menor reflexión (…) así reusan la ilustración como un delito.

El destino pedagógico del texto es palpable; advierte que la diferencia entre americanos y europeos podría desembocar en una guerra civil, llama a la unidad “ya que la discordia es solo nominal” y marca la filiación española de todo los pueblos que “unidos por estrechos vínculos de sangre, habitan el mismo país, usan un mismo idioma, forman una misma sociedad y profesan una misma religión”, por lo que la diferencia de sentimientos e intereses sería “de una monstruosidad inaudita, al ver la familia dividida, al Padre en oposición al hijo, al marido contra la esposa y tan solo por el frívolo motivo de no haber nacido todos en el mismo suelo”.

La división entre americanos y europeos es “el mayor mal para unos y otros” porque el enemigo es Francia que se apoderó de España “por la fuerza, la traición y a veces de la amistad”, y el autor previene que el desmembramiento puede ser aprovechado por “el enemigo común de la humanidad o alguna otra potencia extranjera”.176

175. GBA n° 9 del 2/8, p. 242-244.

176 Vale reproducir una clasiicación que el autor anónimo hace entre americanos y europeos. Según su terminología (y probablemente la de la época): “Americano no es otra cosa que un hombre nacido en la América, pero descendiente de padres españoles” y agrega, entre paréntesis, “(hablo de la superior clase del estado) y

La carta concluye con la necesidad de abordar un tema urti- cante: analizar la suerte de América perdida España, para lo cual propone la discusión de tres asuntos sustanciales, cuestiones que convendría trasladar a “los Sabios hombres juiciosos y de grandes luces que aplicarán sus talentos en esclarecer lo que tanto interesa al bien público, porque nada más despreciable que la censura de un vulgo sin ojos que blasfema porque ignora”. Sin embargo el autor toma la palabra y plantea dichos asuntos:

El primero es si nuestro amado Rey Fernando perdida la España (…) imposible su rescate o libertad, pierda el so- berano derechos a las Américas. El segundo si subyugada la Nación (…) los individuos de la Junta Central conserven la Suprema Autoridad, o si debe la América, crear una Junta Nacional que represente la soberanía de s Rey. El tercero si la Serenísima Princesa de Brasil Doña Carlota Joaquina deba, interín dura en prisiones Fernando, tomar la Regencia del Reyno como su única heredera. 177

Insistimos: la filiación de la GBA, hasta aquí, parece ser hacia España y no hay vestigio de pensarse fuera de la metrópoli lo cual nos induce a suponer que la Junta, en esa instancia, si no acordaba del todo con la carta, quedaba protegida ante cualquier imprevisto de su gestión.

La GBA del 21 de agosto fusiona pedagogía política e infor- mación, e imprime un giro periodístico donde ya Buenos Aires comienza a ser prevalente en su cotejo con España. Se publica una Carta que escribe un Americano Español, á un Español Europeo, cuyo primer tramo es prodigioso.178 El párrafo siguiente da un

Europeo aquel que, nacido en la Península, se halla arraigado en estas partes por su comercio, sus posesiones, sus hijos, y por una transformación civil en sus usos y costumbres”.

177. GBA Extraordinaria del 16/7, p. 167-175.

178. Dice la carta aparecida en la GBA que llega a Buenos Aires un convoy de buques

españoles y un Oicial de rango salta a tierra con el semblante cargado de dolor, y

exclama: “Señores todo, todo lo hemos perdido. Los franceses dominan la soverbia España”. Mientras habla de los barcos se desprenden lanchones y descienden numero- sísimas familias que han podido “escapar de los asesinos vencedores”, mujeres, niños y hombres, se posan de rodillas, besan la tierra, levantan la vista al cielo y exclaman:

vuelco sorpresivo: “Quando me despierto, reconozco mi aposento y advierto mi engaño” –reflexiona el autor– y complementa: “Siento amigo de mi alma haber molestado la atención de usted con la pesada relación de un sueño”.

La visión onírica expone un entorno concreto: los desastres de la península preanuncian que el sueño pueda permutar en reali- dad y si ocurriera así, el autor de la carta no dudaría un instante en respetar y amar al gobierno “que no tiene más objeto que nuestra felicidad, la religión santa de nuestros mayores, la conservación del patrimonio de nuestro desgraciado Fernando”. Buenos Aires será el refugio “de los emigrados españoles”, al tiempo que reclama por la unidad de los americanos y para los que huyen deberá crearse un banco de amparo y “dar a los labradores que vengan, tierras, instrumentos de labranza, bueyes y caballos, taller a los artesanos y protección a los sabios”, para que el mundo entero acabe por creer que “las cosas grandes están reservadas para los habitantes de Buenos-Ayres”.

La carta al editor es determinante por la propia organización interna del periódico, pues el mismo número publica otro Oficio de Ortiz de Ocampo del 11 de agosto redactado en Córdoba donde participa al gobierno que “electriza mi corazón la moderación que han observado [las tropas bajo su mando] desde su entrada a esta ciudad. Ninguna casa, ninguna propiedad ha sido violada: todo vecino se halla obsequiado por las calles por las civiles demostraciones de la tropa”. También se anuncia allí la noticia más relumbrante del período: una parte consistente, minuciosa y cargada de suspenso se convierte en una crónica periodística y en uno de los picos narrativos más altos de la GBA: firmado por el general Balcarce da cuenta, con fecha 5 de agosto, de la deten- ción de Liniers y todos los reos los cuales “hago conducir á que se reúnan en parage donde puedan seguir a la capital sin hacer rodeos”. La lectura de GBA alecciona sobre cómo los sueños se pueden convertir en realidad.

“Gracias Dios, por habernos dexado arribar a un país que no oprime el tirano”. Nosotros –sigue la carta– “como ejecutados de alguna irresistible atracción, nos mezclamos al tiempo que abrazábamos á los hombres, alhagábamos a los niños, consolábamos al bello sexo y diximos todos quanto inspiran la compasión y la hospitalidad”.

En el mismo número, la GBA anima a los porteños con la Pro- clama de Un Cordobés a sus compatriotas, que exalta la causa de Buenos Aires, la denigración de las aptitudes militares de Liniers y la aparición de la juventud como un sujeto histórico construido por el autor y al cual le hace un llamado imperativo:

Juventud cordobesa, jamás la felicidad de la Patria se ha presentado con mejores auspicios: no opongáis la debilidad de vuestros pocos años. Estáis en una edad donde el fuego de la sangre produce esos nobles esfuerzos de valor que llevan á las grandes acciones. Que las bellas calidades de que la naturaleza os ha dotado no tengan semejanza con esos fuegos fatuos, que brillan sin calor. Ya es tiempo de emplear vuestro corage á favor de tan noble designio.179

Intercalada con las anteriores se distribuyen dos cartas al editor provenientes de Potosí, el otrora centro económico más importante del territorio, firmadas por un tal Antonio Aristhogiton; la primera fechada el 16 de junio180 es una pieza pensada para dividir aguas y remover contrariedades; de un lado están los que adhieren a la Junta:

La historia de los pueblos cultos no reconoce otra sino la gloria y la inmortalidad (…) El deseo de eternizarse es el entusiasmo que dirige sus operaciones (…) que las plumas elocuentes y sublimen derramen sus nombres y su gloria en el universo entero. No ciñen su gloria al corto espacio de su vida porque no somos esclavos de la opinión.

Del otro, como en el Plan, asoman los opositores irreconcilia- bles, los otros, los que no forman parte de las ideas del gobierno, para los cuales “el oprobio será su recompensa; caminarán cubier- tos de ignominia y la posteridad se estremecerá al pronunciar sus nombres execrables”. La segunda, del 1 de julio, es la Carta escrita desde Potosí al Presidente de la Junta181 en la que el comedido

179. GBA Extraordinaria del 21/8, p. 319-321. 180. GBA Extraordinaria del 7/8, p. 253-255. 181. GBA n° 14 del 6/9, p. 355-359.

describe la situación de la región y los obstáculos que impiden la aceptación de la Junta; prefigura e individualiza a los enemi- gos de la causa y arma un envoltorio de exaltación neoclásica y fervor patriótico: “Alucinar á los incautos e ignorantes en contra de la Junta” [Cañete]; “Dos sujetos de los más condecorados, un plumario [Pablo Cornejo] y un asilado a su mesa como sucede con los ociosos y los vagos” [Ortubey]; “Producción fanática que disfrazando y tiznando la verdad, se vale de todos los colores de la mentira para fascinar a las almas ignorantes y sensibles” [La Pro- clama de Nieto]; “Salió para Cochabamba para reunir al vecindario a la protección de Nieto, detestado por todos estos pueblos” [El Obispo Terrazas] y al mismo tiempo reclama (y justifica) el avance de las tropas del Ejército Auxiliar que suben de la capital:

Imaginaos por un momento que todas las generaciones venideras de América tienen en este momento los ojos puestos sobre vosotros, y que os piden su salud. En éste crítico periodo vais a fijar su destino. Si las engañais, al- gún día ellas se pasearán con sus cadenas sobre vuestros sepulcros, y os cargarán de imprecaciones. Tened presente las varoniles lecciones de la historia y nuestra posteridad los leerá con profundo respeto y dira: ved ahí los que sal- varon la mitad del mundo.