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En la construcción de sus representaciones colectivas el periódico de la Junta se propone intervenir en la producción de la actualidad, de ahí que los escritores públicos de la GBA advir- tieron que el modelo de prensa a desarrollar estaría destinado a un sector específico de la sociedad, por lo tanto la información del papel buscará imprimir en ella un cauce de pautas de com- portamiento propicio al gobierno:

Una exacta noticia de los procedimientos de la Junta; una continuada comunicación pública de las medidas que acuerde para consolidad la grande obra que se ha princi- piado; una sincera y franca manifestación de los estorbos que se oponen al fin de su instalación y de los medios que adopta para allanarlos, son un deber en el en el Gobierno provisorio que exerce, y un principio para que el Pueblo no resfríe en su confianza, ó deba culparse a sí mismo sino auxilia con su energía y avisos á quienes nada pretenden sino sostener con dignidad los derechos del rey y de la Patria, que se les ha confiado.158

El prospecto, en tanto relato gubernamental de transición, es el lugar donde la Junta se expresa públicamente y negocia un presente cuya aludida transparencia informativa hace del ocul- tamiento y la sospecha un delito grave. La prensa es parte del programa de una modernidad que desafía al aparato colonial y la reafirmación de esa actitud es uno de sus aspectos constitutivos. Tengamos en cuenta que la modernidad estableció, como asegura Zygmunt Bauman, el “síndrome de poder/conocimiento”. El sín- drome es entendido como la derivación de dos hechos coligados, por un lado “la emergencia de un nuevo tipo de poder estatal con los recursos y la voluntad necesarios para configurar y adminis- trar el sistema social de acuerdo con un modelo preconcebido de orden”, y por otro, “el establecimiento de un discurso relativamente autónomo y automanejable capaz de generar dicho modelo, inclui-

Museo Mitre, Buenos Aires: 1963. 158. GBA n° 1 del 7/6, p. 6.

das las prácticas exigidas por su implementación”.159 El gobierno de la Junta, que se decía transitorio pero que no se pensaba de esa manera, cumplía con ambos requisitos como ha quedado claramente establecido en el Plan: estaba convencido de concebir un nuevo orden y contaba entre sus integrantes con hombres instruidos, los sabios, los escritores públicos, que no solo eran capaces de organizar para la GBA artículos de carácter pedagó- gico e informaciones varias, sino también de invertir su sentido y orientarlos a favor del Plan, como veremos en este capítulo.

Aunque en la GBA se lo nombra apenas dos veces en siete meses, el espíritu de Rousseau (1712-1778) envuelve a los escri- tores públicos160; flota en su teoría del Contrato Social el concepto de pueblo, la idea de soberanía, el espíritu de rebeldía contra el opresor, su adhesión al pacto social que crea un cuerpo nuevo bajo la dirección de la voluntad general, sus reparos contra el sistema representativo confundido con el ejecutivo, la distinción entre gobierno y soberano, el lugar ineludible de la virtud en el Estado. De eso escriben los ilustrados en la GBA de 1810 porque Rousseau es irreprochable para ellos.161 ¿Qué hubiera pensado

159. Bauman, Zygmunt. Legisladores e intérpretes. Sobre la modernidad, la posmo- dernidad y los intelectuales, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires: 1997, p. 9-16.

160 GBA Extraordinaria del 6/11, p. 574 y en la GBA n° 24 del 15/11, p. 614. Moreno en sendos artículos referidos a la convocatoria al congreso lo cita. En ambas ocasiones lo apellida Rosseau.

161. Moreno, según Manuel, tradujo el Contrato Social.La introducción, escrita por el secretario, aclara que “como el autor tuvo la desgracia de delirar en materias religiosas, suprimió el capítulo y principales pasajes donde ha tratado de ellas”. Además suprimió la introducción, la conclusión y notas de varios capítulos. Por sugerencia de la Junta el Cabildo de Buenos Aires ordenó imprimir El Contrato Social “ya que todas las clases,

todas la edades, todas las condiciones participarán del gran beneicio que trajo a la

tierra este libro inmortal”. Furlong sostiene que se tomó de una reimpresión al caste- llano realizada en Inglaterra, que el secretario Moreno habría conocido a través de un préstamo del Deán Funes; el libro marca la manifestación más extrema del carácter utópico de la campaña de esclarecimiento ideológico de los ilustrados de mayo. El Cabildo adquirió 200 ejemplares pero en acuerdo del 5 de febrero de 1811 consideró un error destinarlo a libro de texto ya que “no era de utilidad a la juventud”. Se llamó al impresor y se le propuso devolverle los 200 ejemplares para que los vendiera por su cuenta, a lo cual accedió previa devolución de los 225 pesos que había pagado la tesorería.

Por otra parte también se editó el Tratado de las Obligaciones del Hombre de Juan

el ginebrino al ver su nombre inscripto en letras de molde en un periódico de los confines del mundo? No lo sabemos, sabemos, sí, qué opinaba de los periódicos:

Heos aquí señores, convertidos en autores de periódicos. Yo os declaro que vuestro proyecto no merece lo que vos; tengo el sentimiento de ver hombres hechos para levantar monumentos contentarse con llevar materiales y arquitec- tos hacerse peones ¿Qué es un libro periódico? Una obra efímera sin mérito y sin utilidad cuya lectura desdeñada y despreciada por las gentes ilustradas, no sirven más que para dar a las mujeres y a los tontos vanidad sin instrucción y cuya suerte, después de haber brillado a la mañana en el tocado, es morir a la noche el guardarropa.162

No es el único que piensa así, nada menos que Diderot (1713- 1784), otro ilustrado reconocido, le dedicó unas líneas a la prensa en La Enciclopedia:

Todos estos papeles son el pasto de los ignorantes, el re- curso de los que quieren hablar y juzgar sin leer; el azote y el asco de los que trabajan. Jamás han hecho producir una buena línea a un buen espíritu, ni impedido a un mal autor hacer una obra mala.163

Montesquieu (1689-1755) en Cartas Persas, uno de los prime- ros libros exitosos de la Ilustración, satiriza la sociedad francesa por su desapego hacia la literatura y el conocimiento, y su perso-

para 1811. (Recordemos que las aulas se clausuraban el 23 de diciembre y se reabrían el 7 de enero). El libro de Escoiquiz, presentado por Alfonso Passo y Juan Aguirre, se utilizó como texto básico en las escuelas argentinas hasta 1883 y se conocen más de 15 impresiones distintas. Consta de una breve introducción y tres capítulos referentes a las obligaciones del hombre: 1) para con Dios 2) para consigo mismo y 3) para con los demás hombres. En: Furlong, Guillermo. Historia y Bibliografía de las primeras imprentas rioplatenses (1770-1850),Librería del Plata, Buenos Aires: 1960, Tomo II, p. 271-279.

162. En: Vázquez Montalbán, Manuel.Historia y Comunicación Social, Bruguera, Barcelona: 1980, p. 141.

163. En: Vázquez Montalbán, Manuel.Historia y Comunicación Social, Bruguera, Barcelona: 1980, p. 140.

naje central, el aristócrata persa, refiere a su par, ésta impresión sobre la prensa:

Hay una especie de libros que no conocemos en Persia y que están muy de moda aquí: los periódicos. Al leerlos siéntese uno lisonjeado en su pereza y satisfecho de poder recorrer 30 volúmenes en un cuarto de hora.164

Es interesante reparar en el mordaz desprecio que muestran estos hombres ante los papeles públicos; una especie de náusea y altanería ensambla periódicos y lectores y a pesar de la reproba- ción, la burguesía que ya gozaba del poder económico convirtió a la prensa en una herramienta eficaz para que, antes de terminar el siglo XVIII, se abalanzara sobre el poder político. Ahora bien, en nuestro caso el criterio estético del buen gusto es secundario para la Junta; ha perdido la inocencia y sus integrantes –a des- pecho del ginebrino y de los dos franceses– conciben modos de coacción simbólica que son también modos de la acción. Una es la que proporciona desde la imprenta este nuevo papel público en letras de molde, original en todo sentido, y destinado por su natu- raleza a aguijonear, sustentar y manipular de cualquier manera [el énfasis es nuestro] una opinión pública que debe ser formada más adelante, porque se entiende que un exceso informativo llamaría a la confusión general de quienes todavía no estarían en condiciones de acceder a la nueva instancia. La revolución fue también pedagógica –aseguran los defensores de la Ilustra- ción– porque la sociedad todavía no era el pueblo ideal, y en vez del pueblo moderno formado por individuos libres y autónomos, pero unánime en la manifestación de su voluntad, “lo que existía era una sociedad que, como todas las sociedades en formación, respondía más a los impulsos que a la razón”. Sobre este concepto explica Francois-Xavier Guerra:

La irrupción del modelo ideal de esa sociedad hace que un régimen representativo quede en un segundo plano; toda

164. Montesquieu publicó Cartas Persas en 1721, sin comprometer su nombre y con pie de imprenta falso. La actitud parece premonitoria porque el libro fue tal éxito de público, que llevó a Luis XV a prohibir su circulación y lectura.

representación verdadera lleva consigo un reconocimiento de la heterogeneidad social, y, en esta época, del tradiciona- lismo de una buena parte de la sociedad ante esta realidad, los grupos que se adhieren a las nuevas referencias que son los únicos que se sienten ciudadanos como pueblo, se radicalizaron rápidamente.165