1. El Plan, trifulcas y porfías
1.4. Enhorabuena, el Plan
1.4.1. Un piloto de tormentas.
Moreno se apodera de la palabra en primera persona y recurre al fraseo solemne de cualquier inauguración cortés que da lugar a la interacción con los miembros de la Junta, sus destinatarios;
36. Aristóteles. El Arte de la retórica, Eudeba, Buenos Aires: 1966, Libro III, Segunda parte, Capítulo XIII “Las partes del discurso”, p. 423-447.
a la par inicia la empresa de convencer/conmover y busca atraer- los con una prueba de complicidad: “Volar a la esfera de la alta y digna protección de V. U. los pensamientos de este Plan, en cumplimiento de la honorable comisión con que se me ha honrado (…) es a lo menos un reconocimiento de gratitud a la Patria que (…) debe ocupar las ideas de todo buen ciudadano”.37
La voz Patria ya había sido recuperada en el Semanario Patrió- tico y el Espectador Sevillano, los periódicos españoles que entre 1808 y 1810 acompañaron el levantamiento contra Napoleón, para indicar el lugar de nacimiento de uno o muchos individuos. Ahora bien, no el Plan, sino la GBA es quien traduce mejor que nadie qué es la patria en el Río de la Plata. Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, comandante general de la Expedición Auxiliadora para las provincias interiores lanza una proclama a su ejército fechada en el “Quartel general de la Esquina el 25 de julio” y manifiesta: “En este instante hermanos y compatriotas pisáis ya el terreno que divide a vuestra amada Patria de la Ciudad de Córdoba (…). Acordaos que es santa, y justa la causa que os ha arrancado del seno de vuestra Patria y de los dulces brazos de vuestras esposas y vuestros hijos”. Claramente: La patria era Buenos Aires y así lo expresa Ortiz de Ocampo –un arribeño riojano– porque han llegado hasta ahí para “liberarlos de tan vergonzosa esclavitud”; recuerda a sus hombres que todo “el continente americano tiene la vista fixa sobre vuestra conducta”. El continente real queda lejos, allá, en los confines y Ocampo lleva en sus faltriqueras la instrucción precisa –y secreta– de no atravesar el Desaguadero, límite del virreinato. Mas adelante estipula: “Tened presente que vuestra Patria, vuestra amada Patria Buenos-Ayres está pendiente de vuestros triunfos (…) volveréis á vuestra Patria, volveréis si, cubiertos de honor y gloria”.38
37. El vocablo Patria, como metacolectivo singular, es el vínculo inmediato de proximidad entre los presentes en el fuerte; Moreno se presenta a sí mismo como un ciudadano que agradece a la Patria nombrándola 14 veces en el exordio (libertad de la Patria; gratitud que debo a la Patria; miremos solo a la Patria; adhesión a la Patria; salvación de la Patria, los intereses de la Patria; la santa Patria, etc.).
38. GBA n° 9 del 2/8, p. 243-244. Este texto ha sido en general desatendido por los investigadores.
La patria era asumida como un punto de apoyo y de legitima- ción; apelar a ella desde la GBA era trazar un espacio cotidiano de circulación de noticias donde convergía el orden natural y el orden social y en ese espacio, la patria oficiaba como un disposi- tivo retórico de legitimación política de Buenos Aires. El sentido de identidad que prevalecía en 1810 era lugareño al no existir todavía una nacionalidad argentina y ese posicionamiento era aceptado con orgullo por la sociedad porteña. Coincidía con la visión política de la Junta y traducía a términos propios el senti- miento de Buenos Aires, segura de su natural supremacía sobre las provincias, no solo por ser capital del virreinato y foco central de la resistencia contra los ingleses sino también por su posición geográfica estratégica, centro visible de la Ilustración y de los principios revolucionarios en el Río de la Plata.39
Aplicado al Plan, el vocablo Patria excede el campo estricta- mente político territorial porque el Plan lo anuda al patriotismo, una postura ética basada en aquella virtud mítica de la antigüedad que llega desde el fondo de la historia con la cultura greco romana, entendida como la entrega abnegada a una causa colectiva por la cual es posible abandonar bienes y familia, ahora encarnado en la Junta, el cuerpo del que todos forman parte. El patriotismo será pasión excelsa y foco moral del nuevo sistema que expande
39. Patria no admite cuantiicación ni fragmentación y funda la identidad del texto. La idea de confín, el último lugar al que es capaz de acceder la vista, el límite del territorio, es fuerte en el imaginario porteño. La resolución de la Junta, que impidió a la expedición atravesar el Desaguadero, fue una decisión errada que dio tiempo a los godos para reorganizarse después de Suipacha e impidió para siempre consolidarse en el alto Perú. Asegura Manuel Moreno olvidando la historia y el territorio: “Llegando
a contar las fuerzas de Buenos Aires, cuando tocaron los conines del virreinato, más
de seis mil hombres”. Moreno, Manuel.Memorias de Mariano Moreno, Carlos Pérez editor, Buenos Aires: 1968, p. 153. Aclaremos: solo algo de más de 1000 hombres habían salido de Buenos Aires.
Para Halperín Donghi, Patria y Nación son vocablos similares que no son propiedad exclusiva de los grupos revolucionarios y señala: “Patria y nación son nociones que innovan radicalmente el pensamiento político tradicional en la medida en que se ven de modo cada vez más decidido como entidades capaces de subsistir al margen de las organizaciones estatales en donde se expresan políticamente”. Halperin Donghi, Tulio. Tradición política española e ideología revolucionaria de mayo, Eudeba, Buenos Aires: 1961, p. 177. Sobre el tema véase también Chiaramonte, Juan Carlos. Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la nación argentina (1800-1846), Espasa Calpe, Buenos Aires: 1997, p. 61-86.
las virtudes cívicas: el interés público, la participación política, la opinión pública, el odio a la tiranía y al despotismo. Es por la patria naciente que Moreno se dispone, como un deber impostergable, a sacrificar sus propios conocimientos en “obsequio a su libertad”; la Junta le confió un asunto y sus ideas servirán “para regir las operaciones que han de poner a cubierto el sistema continental de nuestra gloriosa insurrección”. La frase es perentoria. La unanimidad y la totalidad son un ideal inalcanzable y una buena parte de los conflictos que desgarrarán el continente americano ya están implícitos en ese tramo del Plan. El orden porteño de los letrados construye la producción de “alteridades” y excluye de su propio imaginario en nombre de la razón y el humanismo, a la multiplicidad, la hibridación, la ambigüedad y la contingencia de las formas de vida concretas. Expandir tamaña tarea requiere de hombres de bien (Moreno se considera un hombre de bien) “cuyo signo inconfundible es la verdad”. La verdad como singularidad articuladora, es la condición que acompaña desde su esencia las ideas de patria y patriotismo, la “de los verdaderos patriotas que buscan la libertad de su patria”; un atributo escoltado por “la resignación, el honor y la grandeza de ánimo en las arduas empre- sas”, fundamento que le ha permitido reflexionar profundamente: se trata nada menos que de socorrer la patria a la que entregará, además del Plan, su sacrificio personal como culto del deber.
De su actitud vacilante en las jornadas mayas concede: “Yo titubee en medio de las dificultades, contenido por los escrúpu- los y agitado entre la esperanza del éxito y el temor del malogro”. Parece acertado, entonces, el criterio de sus contemporáneos que lo vieron atribulado en los días tormentosos. Pero ahora ha tomado una resolución drástica; basta de aprensiones y cuidados donde huelgan los recelos:
Puesto en manos de la Providencia y habiéndome hecho cargo de todo, resolví entregarme a la marea de los aconteci- mientos (…) porque las empresas arduas siempre presentan grandes dificultades, y por consiguiente grandes remedios (…) los ánimos generosos se desenvuelven en medio de las más horrorosas tempestades (…) donde se cifra la vida de un hombre y el destino de un estado.
El párrafo por un lado recurre a la profecía desatendiendo la razón y por otro, si bien es admisible la metáfora no es menos cierto que, decidida la ruptura con España, el océano será el tránsito obligado para cumplir con el anhelo ilustrado de ser universal. Es la manera de restaurar el lazo con Occidente; para España en su retraso, no hay roles cardinales en la conformación histórica de la modernidad.
Hay tanta firmeza en su conversión, tanta tensión entre lo que había sido y la lectura de su discurso en el fuerte que vaticina: “El 25 de mayo hará célebre la memoria de los anales de América”, a lo que agrega: “No se me podrá negar que en la tormenta se maniobra fuera de regla, y el piloto que salva el bajel, sea como fuere, es acreedor a las alabanzas y los premios”. Son palabras que fijan un sujeto de enunciado poderoso e imprescindible, dis- puesto a todo y capaz de arriesgarlo todo: “No hay lugar para los medrosos” y así debe ser, en definitiva, un piloto de tormenta en medio del vendaval.
En mayo se ha modificado radicalmente la percepción del tiempo y el presente se hará cargo de dividir la historia: hacia el pasado para explicar 300 años de ignominia española, que va desde el despotismo (poder ilegítimo por su ejercicio) hasta la tiranía (poder ilegítimo por su origen) y hacia el futuro, para describir con trazo fuerte, aunque con cierta reticencia, la de los tiempos por venir. La Junta como institución se alza vigorosa y las pruebas están al alcance de la mano: Gran Bretaña, aliada a España contra Napoleón, hace un guiño cómplice a través de Strangford; se expulsó a Canarias nada menos que a un virrey y a los miembros notables de la Audiencia, máximas autoridades de la corona en América; marcha hacia el Alto Perú un Ejército Auxiliar que se conformó en menos de 60 días; en la mira figura descabezar los integrantes del Cabildo que han jurado fidelidad en secreto los primeros días de julio al Consejo de Regencia en Cádiz, con quien mantenían una comunicación fluida a través de Montevideo; llegó a Buenos Aires la “buena nueva” de los fusilamientos en el Monte de los Papagayos y los cadáveres de Liniers y los complotados de Córdoba yacen bajo tierra en una fosa común.
El gobierno tiene capacidad para actuar de acuerdo con la consecución de sus propósitos e intereses y posee herramientas
para intervenir en el curso de los acontecimientos y afectar sus resultados; los resortes del estado están a su disposición y, si el sujeto que se está fundando, el sujeto de la modernidad, se descu- bre como tal en la interacción con otros sujetos, nada impedirá que la porfía entre los conjurados de la Junta sea más que probable; saben que cada decisión reparte diferentes formas de un poder que, sin abandonar algunos de los beneficios del Antiguo Régimen, se complementará con las renovadas prácticas de socialización de la modernidad incipiente y ninguno está dispuesto a perder esas mercedes. El antagonismo flota en el aire y el deseo de gloria no se ha extinguido; ahora se encubrirán detrás de la reivindicación del bien público.40