2. GUBERNAMENTALIDAD EN LA LEBECS DE LA UPN Y DE LA UDFJC
2.4. LA CONSTRUCCIÓN DE LA SUBJETIVIDAD EN TIEMPOS
POSDISCIPLINARIOS
La subjetividad en tiempos posdisciplinarios se desarrolla en gran medida a partir del neoliberalismo, racionalidad predominante que logra que la autorregulación en los individuos se potencie; esto marca una gran diferencia con la sociedad disciplinaria en la cual las instituciones eran las encargadas de la coerción sobre los individuos. Entonces, la subjetividad posdisciplinaria se caracteriza fundamentalmente, porque logra que las
personas se cohíban a sí mismas, y ya no es necesario que exista un ente externo recordando lo que se debe y no se debe hacer.
En esta sociedad la clave es la autonomía, que busca que los sujetos sean receptivos y modulados por las modificaciones del entorno social, así los sujetos se mueven por el deseo de optimizar el valor de su vida. Emerge una subjetividad que podría conocerse como el “yo empresarial” en el cual la identidad del sujeto, es una identidad con ideología neoliberal, una identidad que se basa en el autorreconocerse como un ser eficaz, autoexigente, autodisciplinado y responsable de los resultados buenos o malos que obtenga al trabajar. Además en el sujeto posdisciplinario “destacan sus ideas con respecto a la responsabilidad del ‘yo’ que es influenciado vía disposiciones o arreglos de una lógica del mercado” (Hernández, 2007, p. 6). En este sentido:
la autonomía de los gobernados –individuos, familias, empresas, etc.– se convierte en sí misma en objeto e instrumento de gobierno, de tal modo que la libertad individual es ahora entendida como “autonomía responsable”, al modo sartriano, enmarcada en una nueva forma de gobierno en la que se pone especial acento en las capacidades expresivas y creativas del sujeto. (Cayuela, s.f., p. 3).
Esta nueva forma en la cual el sujeto se percibe a sí mismo como un “yo empresarial” es afín a la privatización de los dispositivos poder-saber que el gobierno utiliza. En las sociedades disciplinarias se aseguraba una protección y defensa de la sociedad, pero en la sociedad de control el Estado se encuentra bajo una crisis, que como respuesta tendrá la reconversión de las tecnologías de asistencia social a tecnologías nacientes de las nuevas ciencias empresariales, donde los individuos deben hacerse cargo de sus resultados. Aquí se entabla una relación que une a los poderes de las políticas neoliberales con los saberes de las ciencias empresariales, que trabajando juntos en el binomio poder-saber logran crear
una nueva subjetividad basada en el self y el sujeto emprendedor, o como diría Foucault (2007):
En el neoliberalismo –que no lo oculta, lo proclama– también vamos a encontrar una teoría del homo económico, pero este no es en absoluto un socio de intercambio. El homo económico es un empresario, y un empresario de sí mismo. Y esto es tan cierto, que en la práctica, va a ser el objetivo de todos los análisis que hacen los neoliberales: sustituir en todo momento el homo oeconomicus socio del intercambio por un homo oeconomicus empresario de sí mismo, que es su propio capital, su propio productor, la fuente de sus ingresos. (Citado de Martínez, 2009, p. 90).
El fortalecimiento del self, es decir la idea de que “todo lo puedo por mí mismo” genera la consolidación de un nuevo tipo de subjetividad que aparentemente materializa la idea de sujeto formada en la ilustración: sujeto libre, independiente, autónomo, responsable, disciplinado, capaz, etc.; aunque parezca que este tipo de sujeto es el ideal, y que por lo tanto somos privilegiados al hacer parte de esta sociedad, es sólo una apariencia, pues nos enfrentamos a la sociedad de la deshumanización, la sociedad del desarraigo del ser humano como ser, del predominio del dinero sobre la vida; nos enfrentamos a la sociedad en la cual el ser humano es considerado una máquina de producción.
Este nuevo tipo de subjetividad crea al sujeto voraz, depredador y dispuesto a hacer lo que sea por ganar reconocimiento. Es la subjetividad de la competencia en la cual el valor del sujeto, y por lo tanto de su vida, se mide según los logros alcanzados; logros evaluados bajo parámetros capitalistas y mercantilistas que componen el modelo ideal de ser humano, que a larga es aquel que gane mejor sueldo, el que posea más propiedades, el que tenga más posibilidades de consumir, el que tenga más títulos académicos, el que demuestre tener un
mayor número de conocimientos, el que se gane el título de, como suelen llamarlo los libros de autoayuda: “hombre exitoso”.
En esta sociedad “el mercado, la revalorización de lo individual y el desprestigio de lo colectivo han devenido en los núcleos centrales de la práctica social” (Rodríguez, 2003, p. 91). Las identidades que produce esta sociedad del consumo se basan en la predominancia de la privacidad y el rompimiento de las relaciones sociales, de este modo las luchas sociales que durante la última parte del siglo pasado fueron potencialmente fuertes, en la sociedad actual se eliminan, pues se descarta la socialización de los intereses comunes y la agrupación para transformar la sociedad.
Acomodados, los sujetos inmersos en el neoliberalismo buscan la manera de sobrevivir diariamente dentro de este sistema competitivo. Cansados del arduo trabajo y el alto nivel de estrés al que se ven sometidos reconocen que no tienen tiempo para dedicarle a la familia, a los hobbies, al estudio o a la meditación. Entonces la subjetividad que impulsa el neoliberalismo se basa en la autorreflexión, pero únicamente la que lleva a mejorar el rendimiento laboral y el desempeño.
En las empresas se estimula a los trabajadores por medio de reconocimientos que apuntan a promover la competencia. Estos reconocimientos toman importancia para el sujeto, básicamente porque invitan a la persona a mejorar sus capacidades, pero es una invitación, pues no existe el castigo físico propio de la sociedad disciplinaria.
Aquí es donde toma importancia la educación, pues la escuela se convierte en un espacio de creación de subjetividades. Dicho en palabras de Grinberg (2008, p. 218) “la escuela ha sido, entre otras organizaciones, impelida a cambiar e innovar ya que en virtud del cambio
social la educación debía realizar sus propios procesos de adaptación y ajuste”, estos cambios a los cuales está atada la educación se materializan en las reformas educativas que se están consolidando a nivel mundial.