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La crítica de Dewey a la Educación Tradicional

IMPLICACIONES Y CONSECUENCIAS EDUCATIVAS

3.3 Hacia una teoría general de la experiencia educativa

3.3.1 La crítica de Dewey a la Educación Tradicional

Aunque las críticas que Dewey hace sobre la educación tradicional son, en sentido general, las mismas sobre las que se sustenta el movimiento europeo de la Escuela Nueva, se concentra en señalar los efectos nocivos que tiene sobre la experiencia de los estudiantes.

Dewey critica su concepción de la educación como una preparación para el futuro, su metodología fundamentada en la rutina y la costumbre, su aislamiento del entorno social y cultural, lo artificial de sus métodos y contenidos que no parecen estar en armonía con los principios del desarrollo mental de los estudiantes. Sintetizando, la educación tradicional es para Dewey un nombre genérico con el cual se ha querido definir un tipo de educación que se ha regido habitualmente, a pesar de las singularidades propias de cada discurso educativo, por tres grandes principios (Moreno & Poblador, 1986):

Magistrocentrismo: El maestro es la base y condición del éxito de la educación y es a quien le corresponde organizar el conocimiento que ha de ser aprendido, trazar el camino para lograrlo y guiar por él a sus alumnos mediante la disciplina severa y el castigo físico que estimula constantemente el progreso del alumno.

Enciclopedismo o intelectualismo: todo lo que el niño tiene que aprender se encuentra ya determinado por un plan de estudios inflexible, regulado y debidamente organizado para evitar la distracción y la confusión. Todo esta allí consignado y su exacto cumplimiento garantiza el éxito del proceso educativo.

Verbalismo y pasividad: El método de enseñanza será el mismo para todos los niños y en todas las ocasiones. El repaso entendido como la repetición de lo que el maestro acaba de decir, tiene un papel fundamental en este método.

Si bien Dewey señala varios aspectos negativos que se desprenden, en general, de estos tres elementos, su crítica se centra en los efectos que la educación tradicional genera en los alumnos. Hay experiencias que producen falta de sensibilidad y reacción, lo cual restringe la posibilidad de tener experiencias futuras más ricas en significado; una experiencia dada puede aumentar la habilidad de una persona en una dirección determinada, y sin embargo conducir a ningún lado; hay experiencias que pueden ser

interesantes, vivaces pero desconectadas entre sí, lo cual puede generar la formación de hábitos poco reflexivos que impedirían controlar las experiencias futuras. Para Dewey la educación tradicional ofrece una gran cantidad de ejemplos donde experiencias de este tipo frenaron o perturbaron el desarrollo de experiencias ulteriores en los estudiantes que fueron educados con un sistema de enseñanza que les exigía una actitud dócil, receptiva y obediente.

La imposición de modelos, materias y métodos no correspondían con el desarrollo mental de los alumnos y excedía su capacidad intelectual; simplemente se limitaban a adquirir lo que estaba ya incorporado en los libros de texto y en la memoria de sus maestros, sin participar de manera activa en el proceso de aprendizaje. Lo que se enseñaba en este tipo de educación se mostraba como un producto cultural estático, valioso por sí mismo y sin tener en cuenta la manera en que fue creado ni los problemas o situaciones originales a los que intentaba dar respuesta6.

Así, para este tipo de educación las materias de enseñanza consistían en exitosos sistemas de información, destrezas, modelos y normas de conducta que habían sido elaborados en el pasado y, por consiguiente, el principal quehacer de la escuela es transmitirlos a la nueva generación. En tanto los objetos de enseñanza como también los modelos de buena conducta eran tomados del pasado, los libros de texto se convertían en los principales representantes de ese saber y en el único modo de acceder al conocimiento sobre el mundo. Asimismo, el maestro se alzaba por un lado como el órgano mediante el cual el alumno era puesto en relación efectiva con las materias de conocimiento, con las destrezas intelectuales; y por el otro como un modelo de conducta y comportamiento.

6¿Cuántos estudiantes no llegaron a ser insensibles a las ideas y cuántos no perdieron el ímpetu para

aprender por el modo en que experimentaron la instrucción? ¿Cuántos no adquirieron capacidades especiales por medio de un adiestramiento automático de suerte que quedó limitada su facultad de juzgar y su capacidad de actuar inteligentemente en las situaciones nuevas? ¿Cuántos no llegaron a asociar el proceso de aprender con el fastidio y el cansancio? ¿Cuántos no encontraron que aprendieron de un modo tan ajeno a las situaciones de la vida exterior a la escuela que ésta no les dio poder de control sobre aquellas? ¿Cuántos no asocian los libros con el esfuerzo estúpido que los condicionó para todo menos para

Vemos como Dewey señala que el carácter de las experiencias que se viven en la educación tradicional es defectuoso y erróneo desde el punto de vista de la relación de éstas con las experiencias posteriores. En efecto, para Dewey la cualidad de toda experiencia tiene dos aspectos: un aspecto inmediato de agrado o de desagrado y la influencia sobre las experiencias ulteriores. De ahí que la educación tradicional no parecía incitar al alumno ni provocar la vivencia de experiencias futuras deseables; antes bien, parecía impedir la creatividad e iniciativa individual desmotivando el interés por el aprendizaje.

Frente a esta manera tradicional de entender el proceso educativo, surge como reacción crítica la llamada educación progresiva, planteamiento pedagógico que aunque parte de una idea compartida sin reservas por Dewey, como es la existencia de una íntima y necesaria relación entre los procesos de la experiencia real y la educación, se formula sobre la base del rechazo y la pura oposición a lo planteado por la educación tradicional. Así, al rechazar los fines y métodos de esa educación que se pretende sustituir, la nueva pedagogía establece sus principios de modo negativo y no constructivo generando, en la práctica, efectos antieducativos análogos a los ocasionados por la educación tradicional. Según Dewey la nueva educación identifica unos problemas educativos fundamentales pero se equivoca cuando pretende darles solución apoyándose en unos principios generales que se fundamentan en el simple rechazo a las ideas y prácticas de la antigua educación. Veamos con mayor detalle la crítica de Dewey a la educación progresiva.