En nuestra opinión uno de los aspectos que más posibilidades ofrece a los individuos la posibilidad de generar y/o incrementar su capital simbólico, es sin duda su incorporación a una institución de educación superior en la que se formará como profesionista. Se trata específicamente de un capital que se genera a partir de las nuevos entendimientos que, desde luego, se expresa a partir de acceder a un proceso, a una etapa de estudios, a la que no todos los miembros de las sociedades occidentales logran llegar. Además, se trata de un capital cultural que determinará una mejor incorporación al mercado de trabajo, lo que evidentemente repercutirá en mejorar el satus quo que el individuo tiene en el mundo social en el que se desenvuelve.
Se trata entonces, de un espacio para el caso de los que acceden de realización personal, pues se trata de los logros que como persona se ha propuesto, esto tiene que ver con el conocimiento de las capacidades y de identidad. Es un planteamiento sobre ¿Quién soy? y ¿Adónde soy capaz de llegar? ya que , la realización se puede considerar como una necesidad para el bienestar interior y de crecimiento en aspectos como el personal y social. La escuela se observa como factor importante para acceder al trabajo remunerado, la estabilidad económica y en general la apertura a otras oportunidades.
Por ejemplo Fernández sostiene que: “Tradicionalmente, la profesión ha sido una forma privilegiada de actividad y la base de una categoría socioeconómica caracterizada por su diversidad de tareas y por altos niveles de ingresos económicos, de estatus social y de prestigio” (Fernández, 2001:27). Tal idea impera en las expectativas de los jóvenes universitarios como se puede observar en los siguientes testimonios de las alumnas entrevistadas en esta investigación.
Desde mi punto de vista personal y como mujer, yo creo que las mujeres estudiamos porque queremos mejores oportunidades y porque buscamos también ir dejando atrás también eso que la mujer sólo nació para trabajar en la casa, cuidar a los hijos y hasta ahí, que esa es su responsabilidad, yo creo que no. Yo creo que igual que los hombres tenemos las mismas capacidades, las mismas posibilidades y pues por eso que estudiamos, para demostrarnos a nosotras mismas y a los demás que aparte de poder cumplir con nuestras responsabilidades que ya tenemos como por ejemplo ser amas de casa, ser las madres de familia, y también podemos realizar actividades propias de un profesionista. (Lucía, 23 años, Químico Clínico)
Se entiende que la identidad es una configuración que se adquiere al incorporar los símbolos representativos de nuestra cultura. En este sentido, se observa cómo la profesionalización conlleva una representación simbólica que al ser interiorizada por las mujeres-alumnas, les provee de nuevas formas de entendimiento sobre sus capacidades, su desarrollo y sus alcances como seres humanos y al mismo tiempo las dota de nuevas habilidades que les permite ocupar un lugar social de mayor prestigio en comparación a las que tendrían si no realizan una carrera profesional. En el caso de esta entrevistada, se hace evidente el significado que le otorga a la educación universitaria, es importante y es determinante como referente primordial en la definición de su futuro, de su condición de mujer y su proyecto de vida.
Los estudios universitarios representan la posibilidad de que un joven universitario adquiera el bien simbólico que anteriormente no tenía. Cómo señala Bourdieu, se trata de una apropiación que permite al individuo, ver, hacer y creer en la posibilidad real de cambiar el mundo. Al respecto Lucía explica:
Para empezar me va abrir muchos caminos, voy a tener muchas ventajas frente a aquellas personas o aquellas mujeres que no han tenido una preparación universitaria, voy a tener la oportunidad de encontrar tal vez un trabajo más estable, que otras que no tienen por falta de preparación. Porque yo creo que si me preparo, puedo buscar trabajo en otros lugares que sin preparación o una carrera no podría. Además quiero o más bien ya no quiero tener un trabajo como mi mamá que es ama de casa, no porque no me guste, sino porque ya ahora tenemos la libertad de prepararnos para otras cosas diferentes y como le digo un trabajo más estable. (Lucía, 23 años, Químico Clínico)
En este mismo sentido corre el testimonio de Maricruz:
Ahora me doy cuenta que el hecho de ser mujer no me limita el conocimiento. Porque… lo que obtengo en la carrera, con los diferentes conocimientos me lleva a ser diferente, ha contar con algo que me abre muchas oportunidades de trabajo y de obtención de dinero si es
que encuentro un buen trabajo. Si me desempeño en cuanto a corrección… puedo irme acomodando como lo veo con mi hermano. Puedo apoyar a más gente en la corrección de trabajos, en cómo se escribe correctamente. Saber que tengo una carrera me hace sentir importante ¿no? bueno tengo el conocimiento. Es… sentirme orgullosa, de lo que sé y que me abre otras puertas. (Maricruz, 21 años, Lengua y Literatura Hispánicas)
En estos dos testimonios se observa cómo el hecho de ser universitarias permite a estas jóvenes elevar su autoestima, pues saben que están accediendo a un bien simbólico que otros jóvenes no poseerán. Estas jóvenes se ven en retrospectiva de una manera diferente a cuando eran estudiantes de bachillerato, su incorporación a una institución de educación superior acompaña su maduración como persona, acompaña el inicio de una nueva etapa en su ciclo de vida. Con los mismos elementos del capital simbólico que adquieren las jóvenes universitarias, éstas se observan diferentes a los jóvenes, hombres y mujeres que no tienen posibilidad alguna de cursar los estudios superiores que les conceda adquirir una profesión.
La universidad se observa como la culminación de la realización personal. Al acceder a ella, eleva la autoestima, ya que como juicio positivo a partir del lugar en que los seres humanos se encuentran., la apreciación de diferencias en comparación con otros, el reconocimiento a los nuevos conocimientos y hasta libertad, que hasta ese momento se perciben alcanzados.
Por ello, en este contexto la educación superior representa un cambio importante en las expectativas de los individuos, en el caso de los dos testimonios anteriores también se hace patente que estas jóvenes son un excelente parámetro del paso de nuestra sociedad a la modernidad. Se trata de identidades femeninas que provienen de contextos tradicionales y que por el solo hecho de someterse al proceso de educación superior, les permite resignificar su papel como mujer. Es decir, modificar o superar las expectativas que tenían hasta antes de acceder a la universidad.
Se trata de mujeres que por el solo hecho de estudiar una carrera profesional y por saberse mejor capacitadas para incorporarse al mercado de trabajo, desechan o pasan a un segundo plano el ser mujer a través del ser ama de casa. Este nuevo referente en la visión del mundo de estas jóvenes presume la posibilidad de generar nuevas formas de interacción con el sexo opuesto, dado que el poder simbólico adquirido al estudiar una carrera
universitaria las coloca en una posición muy diferente a la mujer tradicional, y por tanto, en un papel diferente para negociar su relación con los hombres empoderados por una herencia patriarcal todavía presente en el complejo proceso de cambio cultural que viven sociedades como la mexicana.
Se trata de una nueva etapa en la vida de las mujeres que las coloca en un camino más consistente para romper con la subordinación hacia los varones, pues se trata de un empoderamiento que brinda herramientas y capacidades para tomar nuevas actitudes. Como lo sugiere el siguiente testimonio:
No es tanto el hecho de decir yo tengo carrera y tu no, o sea que por ello menosprecie a alguien, sino la diferencia que yo tengo y posiblemente soy diferentes por tener la carrera. Por ejemplo hay escritores, famosos y muy buenos que se han esforzado. En mi caso es la satisfacción de seguir estudiando y de no estancarme en algo, de sentir que de alguna manera produzco algo, y ya no soy esa mujer que va a depender del hombre o algún pensamiento así. Es la satisfacción de seguir estudiando y preparándome. (Maricruz, 21 años, Lengua y Literatura Hispánicas)
Como sugería Martínez (2005) al explicar las causas que permiten a las mujeres acceder al poder, la formación universitaria es el instrumento más eficiente para alcanzar el éxito económico, la autonomía como sujeto y la capacidad reflexiva para negociar con el otro. Son las profesionistas la mejor expresión del paso hacia la Modernidad, y por ello, las universitarias, el preámbulo del complejo proceso de cambio cultural a partir del cual emergen nuevas identidades femeninas que proyectan imágenes de mujeres exitosas. Mujeres profesionistas con instrumentos y habilidades suficientemente solventes para resolver los diferentes dilemas que les plantea la vida.
A continuación el testimonio de Nayely, quien en este sentido expone:
Creo que, para empezar es una carrera nueva, que apenas se está dando a conocer y que me va a servir para mucho, en muchos aspectos como ganar dinero y mejorar. Porque la verdad espero que me ayude para encontrar un trabajo tal vez bien pagado o un trabajo en que me desarrolle como mujer y como profesionista. Como te decía, es difícil yo creo que para cualquier carrera pero sí creo que si hay campo para trabajar. Como le dije, ya para todo se usa estadística y… que para hacer estudios y todo eso. También para salir adelante y para mostrar que no solo los hombres pueden salir adelante sino las mujeres también. Pues al tener un trabajo bien y remunerado me puedo valer por mí misma y ya no depender tanto de mis padres. El trabajo de un estadista o un consultor en estadística es bien pagado, por lo mismo de que somos pocos estadísticos. Cuando salga, eso es lo que voy a hacer… es trabajar para ganar dinero. (Nayely, 23 años, estudiante de Estadística)
Como se observa, una carrera universitaria brinda a los jóvenes de una nueva identidad y los dota de posibilidades para entrar activamente en otros ámbitos que hasta hace poco le eran negados: En el caso de Nayely, por tratarse de la carrera de estadística, que obviamente exige una solida formación matemática y con ello, una carrera tradicionalmente asociada a lo masculino. En contraste con una mirada de Bonisú, quien estudia una carrera de enfermería, actividad asociada tradicionalmente a lo femenino.
Pues, yo creo que con una carrera, soy ya una persona un poco más preparada, no con todo el conocimiento, porque mientras más conocemos más nos falta y nos damos cuenta que somos más ignorantes. Pero creo que es algo que me ayuda y además noto cómo mis vecinas dicen: esa muchacha está en la licenciatura y otras dicen no, esa muchacha ya es enfermera. Bueno, algunos ya me dicen enfermera y eso un reconocimiento que te diferencia de los demás. Además esta carrera me iba a dar satisfacción personal y mucha ayuda económica. (Bonisú, 22 años, Enfermería)
Algunas de las intenciones primarias de esta alumna es la búsqueda de reconocimiento en su grupo social y la posibilidad de obtención económica, que tiene que ver con: mucha ayuda económica. El significado que de manera general y el valor que representa la carrera universitaria está relacionado con miembros de familias que ven en los estudios universitarios la única posibilidad de garantizar el bienestar personal y familiar, la posibilidad real de aspirar a un mejor nivel de vida en lo referente a lo material y a lo simbólico. A mejor colocación en el mercado de trabajo mejor ingreso; acceso a una educación superior y su correlato económico, mejor status quo. Es decir, dentro del propio sistema social al que se pertenece mejor percepción sobre el desempeño que como persona tienen los individuos que se plantean formarse como profesionistas.
Lo que pasa que en hospital los que son personal de base están muy bien pagados. Aunque ahorita ya no hay bases, pero ahora hay un programa que es: Nurses International, en Monterrey, el cual al terminar de estudiar la carrera, te piden dos años de experiencia en hospital para que te den un apoyo y puedas lograr obtener posiblemente una base o colocarte en un buen hospital y ganar mejor. Por eso me quiero ir a hospital, necesito hablar inglés, obtener mi cédula y mi título. Porque ahí te preparan seis meses en un hospital, es un hospital como los de Estados Unidos, adaptado más o menos así. Si no sabes inglés o no llenas al cien por ciento lo que te piden. También tienen escuela de inglés médico y te capacitan. Tienes que ir tres años a Estados Unidos y se puede renovar hasta seis años nada más al regresar a México te dan una base pero en un hospital privado y en hospital privado es mejor pagado. Bueno ahorita mi idea es esa, por eso estoy estudiando inglés para prepararme más y buscar esa oportunidad. Además tener una carrera yo creo que es algo muy importante, porque aunque no creas te tratan diferente, te reconocen lo que eres y pues
al menos a mí, aunque todavía no salgo, mis papás, mi familia y bueno, los que me conocen me tratan diferente, como que hay cierto respeto por lo que yo estoy estudiando y yo creo que cuando salga pues igual, la demás gente me va a reconocer. (Bonisú, 22 años, Enfermería)
En el caso de esta parte del testimonio de Bonisú, se observa cómo el esfuerzo, la superación de problemas, la motivación originada por los padres, los maestros, así como las exigencias vividas, dotan a los jóvenes universitarios, hombres o mujeres, de un entendimiento más profundo sobre su propia vida, sobre el futuro así como el definir estrategias para alcanzar con éxito los objetivos planteados.
Desde luego, y esto puede considerarse fundamental por el significado que tiene el acceder a estudios de educación superior en el caso de las mujeres, deja de ser prioritario en su perspectiva de vida el ser mujer a través de realizarse como madre-esposa. Es a partir de las expectativas de vida en estas jóvenes universitarias que se aprecia una parte sustancial del cambio cultural. Concretamente, del papel que juega la educación superior en la consolidación de un complejo proceso de cambio donde se hace evidente que la identidad de mujer que priva en el imaginario de este sector de la juventud femenina en las sociedades occidentales, se cifra fundamentalmente en un propio proyecto de vida, de un proyecto donde se privilegia la actividad profesional. Donde, ésta, determina la conformación de un sujeto visiblemente diferente a la mujer tradicional, sumisa, dependiente, inútil para lo que hoy parece exigir la vida moderna.
Evidentemente, con este señalamiento no se pretende establecer una generalización pues como se ha visto en el estudio sobre mujeres que adquieren habilidades antes tradicionalmente asociadas a los varones, se colocan, de antemano, en una posición muy diferente al “negociar” su posición personal que define la forma de su interactuar con el mundo circundante. Simplemente, se intenta destacar como la educación superior abre nuevas expectativas de vida en la universitaria, donde si bien no abandonan los referentes culturales respecto al papel de madre-esposa, la actividad profesional para la que se preparan será un punto fundamental en la reproducción de su vida futura. O por recurrir a las ideas vertidas por Berger y Luckmann (1978), se trata de referentes que marcan la reproducción cotidiana de los individuos, sus comportamientos, sus anhelos y desde luego, su pensamiento.