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Los comportamientos generados por la mujer en estos últimos diez años, es muestra de la importancia de la educación superior en Veracruz, situación que a la fecha continua generando gran demanda. En buena medida en las dificultades y alcances, el género ha sido definitorio en las alternativas y el éxito escolar de quienes acceden. Ya que “los

resultados encontrados indican, o cuando menos permiten suponer, que la existencia de diferencias responde a los patrones culturales asociados a la condición de género, los cuales contribuyen al despliegue de diversas estrategias, recursos, expectativas y condiciones familiares de hombres y mujeres” (Chaín, 2007:19). Lo anterior se ve reflejado en el lenguaje, actitudes, habilidades, conocimientos internalizados, que invariablemente crean un imaginario en ellas y los demás, de lo que son y pueden lograr ser en el ámbito escolar.

Otro inconveniente enfrentado por la mujer hoy día, es el poco reconocimiento dado a la preparación profesional, ya que “económicamente, hombres y mujeres constituyen dos castas; igual de condiciones, los primeros tienen situaciones más ventajosas, salarios más elevados, más oportunidades de triunfar que sus competidoras recientes; los hombres ocupan en la industria, la política, etc., mayor número de puestos y siempre son los más importantes” (De Beauvoir, 1989:55). Es decir, el desarrollo competitivo de mujeres que han escalado puestos importantes, se observa reflejado el escaso reconocimiento y un mínimo alcance a puestos involucrados en la toma de decisiones y con los sueldos, los cuales no son equiparables a los ganados por los hombres. Martínez, quien retoma la noción de techo de cristal desarrollado por Burín (2008) expone que: “representa un límite simbólico que resguarda para los hombres, las posiciones más altas en las que se ejerce la toma de decisiones” (Martínez, 2008:46). Pero ¿qué ofrece la Universidad Veracruzana, para que muchas mujeres y hombres apuesten hoy día, un capital económico, esfuerzo y los anhelos en esta institución?

Se ha partido de la idea que: “existe una educación ideal, perfecta, instintivamente válida para todos los hombres” (Durkheim, 1976:91) Mientras autores como Dubet y Martuccelli (1998:26) exponen a la educación y la escuela como “funcionalista”, la cual encuentra relación con un sistema de creencias compartidas, que se suscriben a tres funciones: valor, provecho y categoría social. La educación también se concibe como una oportunidad de liberación de cargas culturales, por otro lado, también se plantea como una imposición, la cual continúa circunscribiendo al ser humano a una cultura manteniendo la dominación sobre la mayoría de la sociedad. Bourdieu y Passeron (1977) dicen que una AP (Acción pedagógica) es:

“objetivamente una violencia simbólica, en un primer sentido, en la medida en que las relaciones de fuerza entre grupos o las clase que constituyen una formación social son el fundamento de poder arbitrario que es la condición de la instauración de una relación de comunicación pedagógica, o sea, de la imposición y de la inculcación de una arbitrariedad

cultural según un modelo arbitrario de imposición y de inculcación (Educación)”(1977:46).

Teóricamente se propone que la escuela por medio de su práctica pedagógica refuerza las formas culturales sociales imperantes. Además de la segregación que por las diferentes capitales culturales tienen los que acceden a estos niveles escolares, situación que pasa desapercibida por la naturalización desarrollada por los seres humanos. Sin embargo para Trujillo (2008:152), el papel de la universidad adquiere cada vez mayor importancia, Veracruz no es la excepción.

A pesar de la preparación profesional, dice Belausteguigoitia (1999:14) la mujer hoy día, se encuentra limitada todavía por las formas culturales donde cualquier acción que ejerce requiere legitimación. Continúa siendo apreciada socialmente, como aquella a la que le demandan múltiples cualidades y obligaciones. A pesar de la profesionalización y los lugares a los que tienen acceso, al mismo tiempo se exige atención y acatamiento a los demás. Es un proceso que va viviendo, donde poco a poco se van generando cambios, aunque en gran parte se encuentra entre la demanda social y familiar, la educación superior y el desempeño laboral. No puede actuar, sin que exponga lo que desea realizar, muestre las intenciones y la dirección a tomar. Aun cuando toma decisiones, no debe quebrantar el orden social, por ello es importante, dice este autor, no desobedecer los valores del lugar que va dejando, ni trasgredir las normas al cual va accediendo.

Los cambios que trajo consigo, el proceso histórico-social, pueden llegar a ser determinantes para la sociedad y, en particular, para las mujeres de Veracruz, “si es usted mujer, debe saber que no va a poder volver atrás. Que si su mente ha cambiado y si los valores de la sociedad aceptan ahora su autonomía, no hay otro camino que atreverse a andar solas hasta encontrar un compañero o compañera por un sendero compartido aun por descubrir. Aunque solo sea por un tramo de ese recorrido. Y si es usted hombre, tiene usted que aceptar que se nos pasó el tiempo en que éramos los dioses del hogar, que ya no creen en nosotros como dueños de vidas. Pero que aún así nos pueden respetar como o personas.

Difícil de aceptar, pero necesario, porque cualquier otra alternativa está fuera de tiempo histórico” (Castells y Subirats, 2007:46).

No sería arriesgado afirmar que la educación vino a posesionarse en la jerarquía de valores, que hoy logra apreciarse en las estadísticas, donde se muestra la evolución de la matrícula universitaria femenina, aunque esto se puede prestar a controversia. La entrada a la universidad abrió puertas para incorporarse al mundo educativo y laboral, muchas de las que hoy se preparan en la Universidad Veracruzana, mantienen un ideal sobre lo que les brinda como profesionistas y como mujeres. Representa una alternativa legítima para luchar contra lo que el ser humano ha llegado a concebir como importante para transformar las condiciones de vida.

Se ha llegado a pensar que las políticas públicas en la educación superior pueden tener incentivos para que la universidad desarrolle de manera más equitativa oportunidades tanto para el género femenino como el masculino. Sin embargo, son las mismas instituciones las que pueden modificarse mediante su organización, brindar coyunturas para que en este caso las mujeres encuentren nuevos caminos. La gran controversia sobre las políticas públicas implementadas hacia la población femenina, ha llevado a los autores a descalificar y extrañar lo que según ellos se ha realizado u omitido. Para Barquet (2002) “las políticas públicas no aparecen en el ámbito de nuestro escrutinio desde la mirada de las mujeres, sino hasta hace poco tiempo relativamente” (2002:345). Lo cual indica que a pesar de lo tardío que pueden haber surgido, poco a poco van apareciendo para dar a la mujer un trato un tanto diferente a la mujer.

La idea sobre políticas públicas tiene que ver con la dinámica social, la cual va generando nuevas formas de vida y de relaciones. En el cual el Estado como encargado de velar por el bienestar y la armonía de la gente, tiene la obligación de implementar estrategias para equilibrar y beneficiar a los grupos sociales de manera racional. Afirma Bello, las políticas públicas implementadas en México, “mostraron carencias y limitantes en sus formas concretas de diseño y su instrumentación en la equidad de género y respeto a la diversidad” (Bello, 2008:225). Reformas que no han causado impacto en la forma de proyectar a la mujer, afirma Belausteguigoitia (1999:16), debido a que no se hicieron

consideraciones especiales y muchas de ellas seguían y siguen ocupando el lugar que tradicionalmente se les había asignado.

En este sentido también “el género como condición de exclusión e inequidad se considera como un fenómeno multidimensional, que atraviesa los distintos ámbitos sociales y esferas institucionales” (Barquet, 2002:365), y que es manifestación de la reproducción de significados y símbolos, el poder, la división social y sexual en el trabajo y sin dejar de lado las normas jurídicas que la confirman. Esto conduce a pensar sobre el papel de la universidad, ya que se puede apreciar como reproductora cultural, pero al mismo abre nuevas posibilidades en el trato a la mujer. Las políticas públicas se han percibido como factor importante para superar la desigualdad, que han sobrellevado las mujeres en nuestra cultura. Ya que “la igualdad” es condición necesaria para referirse a la democracia social y política, es importante ante los miembros del mismo sexo, clase, etnia etcétera” (Hierro, 2003:17). No se puede pasar desapercibido que actualmente las mujeres han llegado a ocupar muchos de los espacios que la universidad ofrece, pues se trata de una preparación académica que es una de las condiciones necesarias para acceder a puestos de responsabilidad.

Uno de los puntos que se ha llegado a mencionar olvidado de las políticas, es la educación sexual, la cual se considera necesaria para que: “permita el pleno conocimiento de la sexualidad humana como fuente de placer y amor, sin tabúes que generen inhibiciones y malestares culturales” (Muñiz, 1994:104). Así mismo se reconoce que existe mucho camino por andar, pero es estos tiempos la universidad viene a representar un elemento significativo de empoderamiento de la mujer, ya que se trata de un contexto donde se concretan las políticas públicas y ello coadyuva a generar cambios sustantivos muy necesarios para las mujeres.

3.4. Universidad, elección de carrera e identidad de género

La idea de división de trabajos, espacios, modos de ser y responsabilidades como forma de organización cultural, ha delimitado no solo a la mujer, sino al hombre al desarrollo de determinadas tareas y responsabilidades, sino a formas de ser diferenciadas. Bajo la idea de