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tradicionalmente se les había asignado.

En este sentido también “el género como condición de exclusión e inequidad se considera como un fenómeno multidimensional, que atraviesa los distintos ámbitos sociales y esferas institucionales” (Barquet, 2002:365), y que es manifestación de la reproducción de significados y símbolos, el poder, la división social y sexual en el trabajo y sin dejar de lado las normas jurídicas que la confirman. Esto conduce a pensar sobre el papel de la universidad, ya que se puede apreciar como reproductora cultural, pero al mismo abre nuevas posibilidades en el trato a la mujer. Las políticas públicas se han percibido como factor importante para superar la desigualdad, que han sobrellevado las mujeres en nuestra cultura. Ya que “la igualdad” es condición necesaria para referirse a la democracia social y política, es importante ante los miembros del mismo sexo, clase, etnia etcétera” (Hierro, 2003:17). No se puede pasar desapercibido que actualmente las mujeres han llegado a ocupar muchos de los espacios que la universidad ofrece, pues se trata de una preparación académica que es una de las condiciones necesarias para acceder a puestos de responsabilidad.

Uno de los puntos que se ha llegado a mencionar olvidado de las políticas, es la educación sexual, la cual se considera necesaria para que: “permita el pleno conocimiento de la sexualidad humana como fuente de placer y amor, sin tabúes que generen inhibiciones y malestares culturales” (Muñiz, 1994:104). Así mismo se reconoce que existe mucho camino por andar, pero es estos tiempos la universidad viene a representar un elemento significativo de empoderamiento de la mujer, ya que se trata de un contexto donde se concretan las políticas públicas y ello coadyuva a generar cambios sustantivos muy necesarios para las mujeres.

3.4. Universidad, elección de carrera e identidad de género

La idea de división de trabajos, espacios, modos de ser y responsabilidades como forma de organización cultural, ha delimitado no solo a la mujer, sino al hombre al desarrollo de determinadas tareas y responsabilidades, sino a formas de ser diferenciadas. Bajo la idea de

las aptitudes, disposiciones y capacidades se han impuesto modelos de desarrollo individual y social. La escuela también es un contexto donde las formas de educación se encuentran diferenciadas, debido a los símbolos que fueron aprendidos en el hogar, traspasan los muros escolares. Para Eguinoa (2008) la escuela:

Incorpora valores diferentes para las mujeres y los varones, lo que les permite posteriormente, enfrentar la vida, ya desde la agresividad o la afectividad. de allí que la identidad de las niñas en una primera etapa del sistema educativo, de las adolecentes y adultas en los niveles superiores, debe ser comprendida desde los denominados “códigos de género” que emplean las instituciones, es decir, los modelos de feminidad y de masculinidad que están presentes. (2008:60)

El trato recibido tanto mujeres como hombres en las aulas escolares, muestran las diferencias que como parte del género han definido. Con la transmisión de conocimientos, al mismo tiempo se ejerce una influencia hacia los significados socioculturales asociados an a cada uno. Delimitaciones que después del hogar continúan circunscribiendo en este caso a la mujer a formas de ser y de actuar ante los demás. Esto tiene relación B porque dice Lomas (2008) que:

La educación en las aulas escolares, no sólo traduce a las aulas el saber de las ciencias y el conocimiento humano e inicia en el alumnado en las destrezas y en las competencias que demanda la sociedad en cada contexto económico y tecnológico sino que, a la vez, refleja los modos y las modas de la interacción social , fábrica de éxito o de fracaso escolar, es sumisa o no ante los estereotipos socioculturales de unos y otros (o de unas y otros) y, en fin, difunde el capital cultural de los grupos sociales que ostentan la hegemonía y el poder en nuestras sociedades (2008:180)

Una cultura cristalizada en nuestro contexto, muestra el lugar correspondiente a cada uno y logra que los seres humanos se reconozcan y se sitúen. Para Morduchowicz (2004) “la cultura es una manera de posicionarse frente al mundo, frente a los demás y frente a uno mismo. Permite mirar de otra manera la realidad y pensar en el lugar que cada uno ocupa en ella” (2004:39). Bajo esta lógica de cultura, se ha ido construyendo y donde se refuerza, la identidad de género de las mujeres en este espacio.

Sin embargo, la mujer ha encontrado sentido a la educación superior, pues representa la oportunidad de realización personal y profesional. Se ha llegado a ver a la universidad como habilitadora para el trabajo. Ya que acceder a una profesión viene a relacionarse con el futuro diferente en aspectos que van más allá de los anhelos familiares.

Tiene que ver con la percepción generada en cada una de las alumnas acerca de sus capacidades, jerarquía y personalidad.

Sin embargo, expone Durkheim (1976), que la educación entendida de manera amplia, se vislumbra y se entiende como un “conjunto de influencias que la naturaleza o los demás hombres pueden ejercer, bien sea sobre nuestra inteligencia o bien sobre nuestra voluntad” (1976:89). Indica del mismo modo Durkheim (1976:96), que ningún espacio social puede abstraerse a ser alcanzado por ciertas ideas, prácticas y sentimientos ,la cual es responsabilidad de la educación inculcar, independientemente de la condición a que se pertenezca.

Entonces “el objetivo de la escuela es, por ello, dotar a los alumnos de un capital cultural que les permita descubrir los significados menos explícitos y dar sentido a aquello que ven, leen y escuchan, más allá de la literacidad de los mensaje”(Morduchowicz, 2004:40). Esta dotación según este autor de capital cultural, puede apreciarse como elemento favorable para abrir otras posibilidades de trabajo y de realización, lo que ha hecho que las personas se movilicen para encontrar en este caso por medio de la escuela conocimientos especializado, del cual la escuela es la responsable de brindar.

La definición encerrada por la educación superior, dice Chávez (2004:324), tiene relación directa con tres mundos, subjetivo, conocimiento científico y objetivo, como parte del desarrollo social llevando un fin claro de transformación de conductas, formas de interpretación de la realidad y las actitudes ante la vida cotidiana. Propuestas que muestran cómo el mundo universitario sobrepasa la transmisión de conocimientos encaminado a integrarse, conocer y la apropiación de una disciplina, en este entendido encierran esos paradigmas sobre la identidad de la mujer y el hombre que la cultura ha brindado.

En este sentido la elección de la carrera es importante, ya que es la elección de un paradigma y un modo de ser y de hacer que será aprendido mientras se cursa la carrera elegida. Estudios realizados por autores como Chaín y Jácome (2007), muestran las cantidades de mujeres que acceden a niveles superiores donde se percibe un aumento y la distribución diferenciada entre carreras, antes no eran apreciadas por ellas.

Para Chaín y Jácome los: “estudios previos han mostrado que las diferencias de género constituyen un atributo relevante cuando se exploran factores asociados a la demanda de estudios superiores (…) y demanda escolar” (2007:19) . En este sentido, hablar del género y elección de carrera, tiene relación con los razonamientos hechos los seres humanos, y en especial la mujer para elegir un determinado camino a seguir, en este caso particular, es la decisión de emprender un proyecto. Se ha llegado a relacionar el género con la elección de carrera, percibiendo que el pensamiento femenino quien puede definir en gran parte los proyectos a emprender, aunque también los hombres eligen sus áreas de estudio de acuerdo con sus concepciones de ser hombre. Como señala Chávez:

las mujeres (…) se han incorporado a los niveles de estudios profesionales dentro de ese conjunto de representaciones de género y surgen así las carreras de maestras, enfermeras, trabajadoras sociales, nutricionistas, médicas, psicólogas; estas profesiones se convierten en ramas de las actividades domésticas que la sociedad definió para mujeres: cuidar, ayudar, educar, apoyar, motivar, sensibilizar, alimentar, socializar y reproducir (Chávez, 2004:332). Autores como Bourdieu consideran la clase social, es elemento importante en la toma de decisiones y en este caso de las mujeres, pero para conocerlas: “no es suficiente establecer cómo participan en las relaciones de producción; también constituyen el modo de ser de una clase o una fracción de clase el barrio en que viven sus miembros, la escuela a la que envían a sus hijos, los lugares a los que van de vacaciones, lo que comen y la manera en como lo comen” (Bourdieu, 2000:16-17), características que ubican a los seres en un sociedad, los cuales también son generadores de las elecciones o de las excepciones que hacen los seres humanos. Esto podría atribuirse en el caso del género cuando se decide elegir una carrera profesional en la cual entran en juego reflexiones basadas en las condiciones, perspectivas, ambiciones que en este caso las universitarias poseen. Como dice Taborga (2003), para el 2004, hubo modificaciones importantes.

Del examen de la evolución de la matrícula (…) tomando en cuenta el género, se tienen los siguientes resultados: la participación de la mujer en el años 2001 crece en relación con 1994, de 43.5% a 47.5%, lo que significa una mayor inclinación de la mujer de seguir en ese tipo de carreras, que son predominantemente tradicionales. Sin embargo, si se coteja la participación femenina sobre el total de carreras, en el año 2001, la proporción fue de 47.8%. Esto significaría que la mujer no solamente es atraída por carreras de tipo tradicional, sino por muchas carreras de amplio universo curricular (Taborga 2003:154).

La educación como principal arma para equipararse con los hombres, puede ser utilizada para ocupar espacios y alcanzar oportunidades. La modernización viene a ser factor de renovación de pensamientos, como una reconstrucción de la identidad que conduce a asumirse de manera diferente. En este sentido López y Vargas aseguran: “la educación (…) ha significado (…) una revaloración como seres humanos, como individuos con las necesidad de crecer mediante el conocimiento, y también con el derecho de participar en el desarrollo de la sociedad” (López y Vargas, 1994:63)

Esto es importante aunque se puede cuestionar ¿Por qué se da la existencia de más enfermeras, doctoras, pedagogas, etc.? Los rasgos de la clase y el género, son motivos determinantes de la feminización de la matrícula en determinadas profesiones. Bajo este entendido, las posibilidades dependen de los capitales con que se cuenten, lo cual se encuentra en relación con el éxito o fracaso escolar. Entonces, “el éxito escolar está íntimamente ligado al medio familiar y la motivación alimentada en su seno, a la pertenencia a una determinada clase social, a un conjunto de factores que reagruparon bajo el concepto de capital cultural” (Bourdieu, Passeron Baudelot y Establet citados por De Garay, 2004:11). Se entiende como resultado de la educación espontánea y posiblemente inconsciente, adquirida en el seno familiar, en la convivencia cotidiana, la que lleva a imitar los roles establecidos y aceptados definitorios del deber ser. Consecuencia de los aprendizajes culturales del grupo de pertenencia, donde el lenguaje, las costumbres, las normas, etc. se cristalizan y se evidencian al elegir la carrera profesional.

Los jóvenes universitarios son un grupo social importante. Se distinguen de los otros sectores juveniles por haber obtenido éxito en su trayectoria escolar previa, en un país como México, donde la mayoría de los jóvenes quedan excluidos de la universidad, ya que ocho de cada diez sujetos de entre 18-24 años no llega a los estudios superiores. En este sentido, los universitarios “son una élite que ha destacado por su resistencia, permanencia, compromiso, dedicación y habilidad para sobrevivir en las escuelas (Casillas, citado en De Garay, 2004:12)

La representación de jóvenes universitarios en general y de la mujer es importante, pues se trata de la entrada a un campo bajo el reconocimiento institucional, así mismo proveedor de un reconocimiento social, familiar y personal. Estar en la universidad implica haberse esforzado y haber superado diferentes tareas que el mismo sistema educativo le provee. En este caso de trata de mujeres que han sabido encaminar su vida con proyectos alternativos

superando cargas, costumbres y formas de vida ancestrales. Pues al entrar en la dinámica estudiantil, van desarrollando nuevos roles y nuevas formas de ser y de hacer.

3.5. La integración a la universidad y la experiencia escolar de las mujeres