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La entrevista en la comprobación de hipótesis

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garantías científicas y éticas de la evaluación psicológica

7. GArAnTÍAS éTICAS: EL CóDIGO DEOnTOLóGICO

2.2. La entrevista en la comprobación de hipótesis

A la hora de la comprobación de las hipótesis se puede recurrir a la entrevista, que, en este mo- mento, como técnica de segundo nivel, debe con- templar contenidos específicos relacionados con las hipótesis que se pretenden comprobar. Para esta finalidad suelen adoptarse formatos semies- tructurados y estructurados.

El conjunto de hipótesis que se generan en el proceso de evaluación y que han sido objeto de explicación en el capítulo correspondiente se basa en los supuestos de cuantificación, semejanza y asociación predictiva. La entrevista se utiliza pre- ferentemente para la comprobación de las hipóte- sis basadas en el supuesto de cuantificación y en el supuesto de semejanza y, en menor medida, para la comprobación de las hipótesis funciona- les, si bien existen algunas aplicaciones, como las

categorías funcionales de análisis (Hayes y Folle- te, 1992). En la comprobación de hipótesis basa- das en el supuesto de asociación predictiva, la utilización de otras técnicas específicas para la medición de variables concretas es muy superior a la utilización de la entrevista.

2.2.1.   Comprobación de hipótesis

basadas en el supuesto de cuantificación

El supuesto de cuantificación, tal como se ha expuesto en los capítulos 2 y 3, es el soporte de cualquier estrategia encaminada a probar si se produce un determinado fenómeno y a establecer la medida en la que se produce. Los desarrollos conductuales pueden considerarse preferente- mente centrados en el supuesto de cuantifica- ción, en tanto que ayudan a identificar la presen- cia o ausencia de comportamientos concretos en un sujeto determinado, por ejemplo comporta- mientos deficitarios o excesivos. Para contribuir a la comprobación de estas hipótesis se suelen utilizar propuestas conductuales estructuradas, de entre las que destacan las siguientes aporta- ciones:

— La Clasificación de Goldfried y Davidson (1976).

— El Sistema funcional de Bijou (1976). — La Clasificación de déficit y excesos con-

ductuales de Kanfer y Grimm (1977). — El Sistema de clasificación de McReynolds

(1979).

Adicionalmente se utilizan entrevistas especí- ficas para recoger la presencia, la cantidad, la duración, la frecuencia, la intensidad e incluso aspectos cualitativos de comportamientos, con- textos, estímulos o conjuntos de estímulo. Ge- neralmente se trata de entrevistas semiestruc- turadas, que intentan contrastar la hipótesis de ocurrencia de determinados comportamientos- problema, es decir, de acuerdo con la lógica de descubrimiento del momento de la generación de

hipótesis, se hace la suposición de que un deter- minado fenómeno —problema— existe y me- diante una entrevista se trata de detectar su pre- sencia o ausencia, en un determinado sujeto, así como su cuantificación, gravedad o severidad. De este tipo de instrumentos es un buen ejemplo la entrevista conductual de Fernández-Balleste- ros que se incluye en el CD.

2.2.2.   Comprobación de hipótesis

basadas en el supuesto de semejanza

En la comprobación de las hipótesis formula- das sobre el cumplimiento, en un fenómeno, de características semejantes a otro fenómeno, pre- viamente descrito e incluido en categorizaciones o descripciones más o menos operativizadas, la en- trevista ocupa un papel predominante.

La contrastación, en estos casos, consiste en falsar o probar que las características que definen un perfil o una categoría se cumplen suficiente- mente en un sujeto concreto, operación básica que rige tanto para las hipótesis diagnósticas como en la hipótesis de ajuste a un perfil basado en el análisis de puestos de trabajo.

La exploración de las características relacionadas con trastornos

Las entrevistas semiestructuradas y estructura- das que responden a esta estrategia son desarro- llos o aplicaciones que se han derivado de investi- gaciones categoriales y están basadas bien en las clasificaciones de la Americam Psychiatric Asso- ciation (APA), bien en las clasificaciones genera- das por la Organización Mundial de la Salud (OMS) o en ambas.

La evolución de la Clasificación Diagnóstica y Estadística de los Trastornos Mentales impulsa- da por la APA a partir de los años cincuenta (DSM-I y DSM-II) y, con efectos especialmente importantes, a partir de los ochenta —DSM-III (1980), DSM-III R (1987), DSM-IV (1995), DSM-IV TR(2000)— ha ido acompañada de ins-

trumentos extensos, máximamente estructurados y sistematizados, orientados a la investigación epidemiológica, cuyos resultados contribuyeron a la depuración de las clasificaciones y de instru- mentos más breves y flexibles orientados a la práctica clínica. Especialmente el avance sustan- tivo del DSM-III, consistente en la clarificación de los criterios diagnósticos, la postposición de criterios de clasificación etiológicos y la intro- ducción de la evaluación de los ejes o áreas de información, permitió diseñar una entrevista es- tructurada Diagnostic Interview Schedule (DIS) con una utilidad epidemiológica sin precedentes que, a su vez, da lugar a sucesivas versiones adap- tadas a la clínica entre las que destaca The struc- tures clinical interview (SCID) (Spitzer et al., 1992).

Paralelamente, la OMS, en la sexta edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), incluyó los trastornos mentales (CIE-6, CIE-7, CIE-8, CIE-9, CIE-9 MC y CIE-10) y también dio lugar al desarrollo de entrevistas, más o menos estructuradas, a partir de la Compo- site International Diagnostic Interview (CIDI) (OMS, 1992), orientada a la investigación epide- miológica, en la que se añadían a los contenidos contemplados en la DIS los trastornos relaciona- dos con el consumo de sustancias psicoactivas y los trastornos cognitivos, para los que se aportaba el Minimental como instrumento de evaluación específico.

Ambas líneas han ido produciendo entrevistas generales y específicas, estructuradas y semies- tructuradas, cada vez más coincidentes e inclusi- vas, que permiten detectar la existencia de uno o varios trastornos o comprobar una hipótesis res- tringida a un tipo concreto de trastorno (cogniti- vo, de personalidad, psicóticos, somatomorfos, de ansiedad, etc.) que, en cualquiera de los dos casos, son actuaciones dirigidas por hipótesis ba- sadas en el supuesto de semejanza. Adicional- mente se han desarrollado entrevistas para po- blaciones específicas, especialmente para niños y adolescentes (Eldelbrock y Costello, 1990). Las entrevistas más utilizadas se resumen en el cua- dro 5.2.

La comprobación del ajuste al criterio

Los datos obtenidos, mediante entrevista ini- cial y otros procedimientos o mediante assessment center (diseños múltiples que incluyen distintas técnicas para evaluar diferentes competencias, ca- racterísticas de personalidad, conocimientos y múltiples evaluadores, frecuentemente adminis- tradas y analizadas en soporte informático), per- miten una preselección de candidatos que, me- diante la aplicación de un algoritmo, pueden ser jerarquizados en función del ajuste al puesto de trabajo (McCormick et al., 1972). En este punto, el objetivo de la entrevista, en un proceso de selec- ción, es contribuir a garantizar ese ajuste entre una persona y un proyecto, una línea de actua- ción o un puesto de trabajo. Esto significa que la entrevista debe añadir a los resultados previos se- guridad en la selección, confirmando las caracte-

rísticas deseadas y comprobando que no existen otras características no deseadas asociadas al per- fil. Algunos de los contenidos más frecuentemen- te presentes en estas entrevistas son:

1. Los puntos débiles de los candidatos prese-

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