La estetización es un neologismo un tanto cacofónico que se ha filtrado paulatinamente en el castellano a través del italiano (estetizzazione) y del alemán (Aesthetisierung) , deslizándose de un modo silencioso en la jerga estética y, cuando menos se espera, en la prensa diaria, sin que hasta ahora haya elevado un tono desafiante para hacerse oir en el concierto de los ídolos del foro, a no ser en el telemático. Precisamente, al pasar casi desapercibido en su penetración lingüística, lo que no deja de ser correlativo respecto al proceso social de la experiencia estética que designa, es lo que más me llama la atención y despierta mi interés. En particular, cuando se advierte que, por su propia onda expansiva, lo que en los primeros momentos era difuso o quedaba acotado a ciertos fenómenos, se generaliza a múltiples ámbitos de nuestras experiencias cotidianas o no.
La experiencia estética ha generado unas tensiones que oscilan entre dos polos. Por un lado, parece haberse especializado en las obras recluídas del arte autónomo, en cuyo caso estaríamos ante una experiencia estética que se concentra y potencia en el interior de sus estructuras. O mejor dicho, tanto en el interior de su propio marco físico como en el institucional. Estaríamos, por tanto, ante una experiencia introvertida o incluso centrípeta respecto a las mismas obras de arte. No obstante, como vengo insinuando, ello no empece reconocer tanto que el arte no posee el monopolio de lo estético cuanto que el ámbito de éste es más amplio que lo artístico. Por eso mismo, desde otro ángulo, no podemos obviar que la experiencia estética se generaliza en los objetos, las imágenes y las acciones, los acontecimientos o los comportamientos más dispares, no queda atrapada en las obras artísticas y puede afectar a amplios dominios de la existencia individual y colectiva, incluídos los cognoscitivos, éticos, sociales o políticos. Este segundo polo, que trasluce una experiencia estética centrífuga, es el escenario privilegiado de la estetización generalizada que nos envuelve.
A su vez la estetización, proclive a desplegarse en territorios que poco o nada pueden tener que ver con los del arte, acaba incidiendo sobre el destino del mismo, pues altera los equilibrios que venía manteniéndose entre la experiencia estética y la experiencia artística. Y es que la estetización, a medida que se generaliza, promueve como desenlace previsible un segundo fenómeno central en nuestra presente condición: la estetización contra el arte. En esta nueva oscilación de la balanza el proceso es desencadenado por las tensiones que se instauran entre la extensión del arte y la
estetización a través de lo que en su momento denominaré la desartización. A esta segunda hipótesis, comprimida en este triángulo, hasta ahora se le ha prestado todavía menos atención que a la estetización en general y , sin embargo, es la secuela insoslayable de la primera.13
La estetización trasluce una experiencia social cada vez extendida , tiñendo con su coloración a numerosas comportamientos y prácticas que hasta ahora no eran contemplados bajo su prisma.. Salta a la vista que la estetización tiene ante sí unos horizontes cuyos confines no pueden abarcarse fácil ni de un modo definitivo, pues su onda expansiva se propaga de continuo como si se consumarán las previsiones que postulaban una estetización del mundo.
Ahora bien ,¿qué queremos decir con el término estetización? La conciencia estética promueve la extensión de la misma a múltiples facetas de la vida humana, pero no elimina otros componentes de la misma. Lo que separa a la extensión estética de la estetización es,
precisamente, que en éste lo estético no es componente más, sino que deviene una función absorbente, suprema, en las respectivas actividades, en cualquier ámbito de la experiencia humana y del mundo que nos rodea. O, en términos más disciplinares, la función mediadora de lo estético es exaltada como función integral. Un desplazamiento hacia lo estético que tiende a tamizar y oscurecer todo lo demás bajo su diafragma único.
Aunque la estetización entra en escena desde el mismo momento en que se toma conciencia de que lo estético no puede ser monopolizado por el arte, posiblemente debemos una primera formulación explícita , relativamente reciente, al esteta Jan Mukarovský. En efecto, al abordar una tipologia fenomenologica de las funciones en una conferencia pronunciada en el Círculo Lingüístico de Praga el 30 de noviembre de 1942 con el título “Ellugar de la función estética entre las demás funciones”, introduce una inflexión en la identificación habitual de la primera con el arte: “Sin embargo, la vida fuera del arte iba estetizándose intensamente: como ejemplo recordemos la publicidad comercial de todas las clases, entre otras la luminosa, el hábitat o la estetización de la cultura física ( la gimnasia rítmica etc.)...Y lo estético fuera del arte toma conciencia de sí mismo, exigiendo ser normalizado y regulado. Así surge de nuevo, con una insistencia renovada, la cuestión de la situación de la función estética entre las demás, y con ella naturalmente también la cuestión de lo estético fuera del arte”. Pocos años antes, en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica W. Benjamin , a propósito de la crítica lanzada contra la estética de la guerra ensalzada por los futuristas italianos, sostenía por primera vez que el fascismo desemboca en una “estetización (Asthetisierung) de la vida política”, dando por sabido el sentido de esta categoría.14
Probablemente con independencia de estas filiaciones, en Italia la estetizzazione sedimenta como categoría a través de la interpretación de la noción kantiana de“belleza adherente” en la
Crítica del Juicio que lleva a cabo Luigi Pareyson durante los años sesenta. En efecto, esta belleza, asociada con los juicios estéticos impuros en su modalidad de “juicio lógico-estético expone la eventualidad de una estetización de elementos originariamente extraestéticos”, ya que “el concepto de belleza adherente, es decir, de tal belleza que incluya en sí la perfección sin por ello cesar de ser belleza, propone el problema de la estetización de elementos teóricos” Esta premisa le permitirá referirse tempranamente a una suerte de contaminación del motivo estético sobre los racionales- morales, a la “estetización de elementos teóricos” y a la “estetización de elementos prácticos”. . Poco antes, G. Dorfles se situaba en una perspectiva más integrada en la cotidianidad, abogando por una “estetización de la vida”en ambientes tan contrapuestos como el trabajo, el tiempo libre, el
loisir, el entretenimiento, la ludificación de la sociedad en suma 15.
Casi por los mismo años, en Alemania se imponían los neologismos latinos “Estetización/Desestetización” (Ästhetisierung/Entästhetisierung )gracias a los debates suscitados en la órbita del grupo de trabajo sobre “Poética y Hermeneútica”. Impulsado por autores de renombre en la crítica literaria como H. Blumenberg, W. Iser y H. R. Jauss, en su tercer Encuentro,celebrado en septiembre de 1966 en Lindau,se generaliza de un modo implícito o explícito el uso de ambos términos a partir de un amplio recorrido histórico que transita desde la función de lo horroroso y lo repulsivo en la literatura latina, la poesía cristiana, la obscenidad medieval o la afirmación de lo feo en el mundo ilustrado, pasando por la metáfora de la enfermedad y la teoría del inconsciente desde el siglo XIX, hasta la valoración reciente - desde el dadaismo al pop art- de lo indiferente, lo contingente etc.
Cuando, poco después, Peter Gorsen se esfuerza por elaborar una estética de lo feo adecuada a los tiempos que vivimos, asume y desarrolla esta misma contraposición. A través de documentados análisis sobre el “principio obsceno”, la estética del hedonismo y una estética sexual centrada en la recepción burguesa de la obscenidad y la pornografía llega a la conclusión de que la estética clásica de lo bello ha perdido su vigencia, siendo suplantada por una estética vanguardista de lo feo. En este marco, la estetización es interpretada implícitamente en un primer sentido como un proceso en el que nuestra experiencia estética queda circunscrita a lo bello , y, a su vez, el arte es
identificado con esta estética de la belleza. Sin embargo, la definición explícita de la misma señala de un modo contundente : “Estetización: Separación teorética y ( respectivamente o) práctica de lo estético de todos los puntos de vista ( antropológicos, políticos, sociológicos entre otros) de su comprensión y (respectivamente o) de su producción”16.
En esta segunda acepción , la estetización queda marcada por una exclusión radical de los contenidos extraestéticos, lo cual, pensando en su extrapolación al arte, deriva a un predominio exclusivo de la función o distinción estética o ,lo que es lo mismo, a una culminación de la estetización en la autonomía del arte. En esta renovada tensión entre la estetización y la desestetización Gorse sugiere un doble movimiento de consecuencias insospechadas: una “estetización de lo no estético”(o de lo feo) y un “afeamiento”(Verhässlichung) o “desestetización de lo estético” (de lo bello), que en el campo artístico se trasluce, por un lado, en el surrealismo y los territorios fronterizos del arte infantil y los enfermos mentales, el Art Brut, el expresionismo que se inspira en formas primitivas , el informalismo o el pop art como nuevo arte popular, y por otro, en las diversas manifestaciones del anti-arte desde Duchamp y el dadaismo hasta el “arte povera”, el Accionismo o los diversos movimientos de la “Destruction in Art” o “contra la forma”17
Cuando en los albores de los pasados años ochenta se reunía la plana mayor alemana de la estética filosófica y la crítica literaria en un coloquio triple sobre arte y filosofía en torno a la apariencia estética, la obra de arte y , sobre todo, la experiencia estética, la estetización había sido incorporada sin reservas como una nueva categoría en la jerga filosófica. Y así lo confirma el hecho de que nadie se tomara la molestia de definirla o se aplicara indistintamente a la estética de la existencia, la estetización del arte, de la política o la verdad, algunos de los ámbitos a franquear para trazar una cartografía. En paralelo, durante la década de los años ochenta se convertía en un tópico en Italia. Sobre todo, gracias a la “estetización general” de la vida y la existencia, a la estetización difusa o total, justificada filosóficamente por G. Vattimo, que sucede a la explosión de lo estético fuera de los confines tradicionales del arte bajo el impacto de las nuevas técnicas en los medios de comunicación de masas18.
Teniendo en consideración estos y otros antecedentes , en los umbrales de los años noventa “la actualidad de lo estético”, como rezaba el lema de un congreso celebrado en Alemania, proclamaba abiertamente unos nuevos “tiempos estéticos”, encumbrando la estetización a una categoría central en sus diversas justificaciones y campos de presencia. Posiblemente, quien más se ha ocupado de la misma, W. Welsch, tomando como punto de partida una genealogía que arranca en el mismo nacimiento de la estética como disciplina en la Ilustración, elabora de un modo reiterado una ambiciosa cartografía, sacando a la luz la fructífera tensión que se suscita entre la estetización y la “anestetización” ( Anesthetisierung) sobre la que había reparado O. Marquard , ahora trasvasada a un mundo transformado por las nuevas tecnologías en la percepción medial 19. El pensamiento francés se ha percatado igualmente de la “esthétisation galopante”, la “estética generalizada” o “ampliada”, que, permite rendir cuentas de una constelación de acciones, sentimientos, ambientes específicos del tiempo postmoderno. Precisamente, F.L. Lyotard, receptivo siempre al espíritu del tiempo y conocido teórico de la condición postmoderna, en la nota introductoria a sus Moralidades postmodernas las interpretacomo quince notas sobre “La estetización postmoderna . Y contra ella” , mientras considera a la “estética generalizada” o “proceso de estetización generalizada” como la “gran operación de este fin de siglo, del siguiente tal vez” en los diversos ámbitos de la filosofía, la cultura, la conurbación, el medio ambiente o los medios etc.. Por su parte, para J.Baudrillard la fascinación o alucinación estética de la entera realidad fue desde mediados de la década de los setenta el término que denotaba la estetización desde la óptica de la simulación y la hiperrealidad, mientras en unas conferencias pronunciadas en Caracas en 1994 clamaba de un modo explícito contra la estetización total del mundo, la estetización banal de los objetos cotidianos y la estetización general de la mercancía, la resimulación y la reproducción estética de todas las formas que nos rodean, pues suponen para la cultura “una amenaza más grave” que la comercialización del arte y la mercantilización de los
valores estéticos, “es el grado Xerox de la cultura”20.
13 Cfr. S.Marchán Fiz, “Las tribulaciones de la “diferencia” artística, en Tercera semana dearte en
Santillana del Mar. Qué hacer con el arte hoy?.,Santander, Gobierno de Cantabria, Consejería de Cultura y Deporte, 2000, pp.281-327.
14 J. Mukarovský : Escritos de estética y semiótica del arte, Barcelona, Gustavo Gili, 1975, p. 123.
Este ensayo traducido del checo , al igual que los restantes, apareció en Studie z estetiky, Praga, Odeon, 1966. En su traducción italiana :Il significato dell’estetica, Torino, Einaudi, 1973,
encontramos también el término l’estetizazzione, p. 102. W. Benjamin: Das Kunstwerk im Zeitalter seiner tecnichen Reproduzierbarkei, Frankfurt am Main, Sukrkamp Verlag, 1963, pp. 48,49, 51.En la edición castellana, sin embargo, el neologismo original Aesthetisierung fue traducido sin
explicación alguna por “Esteticismo” (Aesthetizismus), un término de claras referencias
historiográficas en el arte y la literatura. Cfr. Discursos interrumpidos I, Madrid, Taurus, 1973, pp. 56 y 57.
15 L. Pareyson : L’estetica di di Kant, Milano, U. Mursia, 1968, pp. 91 y 92; Cfr. pp.86-103. Cfr. G.
Dorfles : Nuevos ritos, nuevos mitos (1965), Barcelona, Ed. Lumen, 1969, pp.167-171.
16 Cfr. Peter Gorsen: Das Prinzip Obszön. Kunst, Pornographie und Gesellschaft, Reinbek bei
Hamburg, Rowohlt Taschenbuch Verlag, rororo, 1969, p.163.
17 Ibídem, pp.25,37-38, 99. En paralelo, el crítico norteamericano Harold Rosenberg aludía a la
“De-aestheticization”,New Yorker(24-01-1970),p. 62, y en The De-finition of Art,Nueva York, Horizon press,1972, pp. 28-38.
18 Cfr. W. Oelmüller, editor: Kolloquium Kunst und Philosophie 1: Aesthetische Erfharung,
Padeborn-Munich, Ferdinand Schöning,1981, pp. 39,147,151,232-233 y 3 Das Kunstwerk, ib. 1983, pp. 191-2, 205-207, 209-10, 214,245,269,283 ; R. Bubner :Ästhetische Erfahrung ,Frankfurt am Main, Suhrkamp,1989, pp.101-3, 143-155.
En Italia véase G.Vattimo : El fin de la modernidad. Nihilismo y hermeneútica en la cultura postmoderna, (1985), Barcelona, Gedisa, 1986, pp. 28, 50 ss. ; Pietro Kobau: “Justificar la estética, justificar la estetización”, en G. Vattimo, comp. : Filosofía y poesía:dos aproximaciones a la verdad, Barcelona, Gedisa editorial, 1999, pp. 75 ss.
19 Cfr. W. Welsch: “Ästhetik und Anästhetik”, en Ästhetisches Denken ,Stuttgart, Reclam, 1990,pp.
9-40 y “Ästhetisierungsprozesse- Phänomene, Unterscheidungen, Perspektiven”, en Grenzgänge der Ästhetik, Stuttgart, Reclam, 1996,pp. 9-62. O. Marquard : Aesthetica und Anaesthetica. Philosophische Überlegungen, Padeborn, Schöningh, 1989,
20 Cfr.. J.F. Lyotard, Moralidades postmodernas, Madrid, Tecnos, 1996,pp. 25,27161-163 ; J.
Baudrillard: El intercambio simbólico y la muerte (1976), Caracas, Monte Avila., 1992, pp.43,87- 889, 219 ; idem, La ilusión y la desilusión estéticas, Caracs, Monte Avila Editores, 1997, p.11 y cfr.pp. 20,28,39,49,66, 82. Posiblemente, esta obra ha sido una de las vías de penetración en el debate iberoamericano.